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341. EL CEMENTERIO DE LOS INGLESES.

14 09 2010

La fantasía popular aseguraba que la primera persona enterrada en el cementerio de Cádiz era un hombre cuyo exclusivo oficio era afeitar a los negros que los mercaderes de esclavos desembarcaban en las playas de Puntales. Las autoridades eclesiásticas de la época decidieron darle sepultura en un alejado patio perteneciente a la iglesia de San José.

Sin embargo, en 1932, una investigación demostró que no había constancia oficial de dicho enterramiento ya que el primero correspondía al gaditano Miguel María Chacopianete, sepultado el 9 de junio de 1802.

El cementerio de Cádiz contaba con un patio, convenientemente separado del resto, destinado a los no católicos. Sin duda debido a las malas condiciones del lugar, la colonia británica residente en Cádiz decidió adquirir unos terrenos al final del callejón de la Figurina (actual avenida de Portugal), lindando con las vías del ferrocarril, para destinarlo a cementerio.

Según Eva María Prieto, en un documentado estudio sobre el cementerio de los ingleses, los terrenos fueron adquiridos por el cónsul de la Gran Bretaña, Macpherson Brackenbury, hacia el año 1876.

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El cementerio de los ingleses estaba situado al final de la avenida de Marconi, junto a las vías del ferrocarril.

Cien años más tarde los terrenos pasaron a manos del Ayuntamiento de Cádiz, que lo destinaría a parque público. El embajador de la Gran Bretaña llegó a nuestra ciudad en abril de 1976 para formalizar la cesión con el alcalde Emilio Beltrami.

El 13 de mayo de 1978, un anuncio del consulado británico a través de Diario de Cádiz hacía saber que los restos de los allí enterrados serían trasladados al cementerio municipal si antes no eran reclamados por sus familiares.



339.- LO QUE VA DE AYER A HOY. El paseo de Canalejas

11 09 2010

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A la vista de que ya van terminando las obras de Canalejas, o por decirlo en términos modernos “el frente urbano portuario” de Cádiz, recordamos cómo era aquel paseo en los primeros años sesenta del siglo pasado merced a esta espléndida fotografía.

Es una imagen muy distinta de lo que fue Paseo Isaac Peral en solar del derribo de las murallas y plataformas que guarnecían la ciudad en esa zona. Todo el andén de las edificaciones estaba destinado a inolvidables establecimientos perdidos: la Casa Dorada, el Café Español, El Triunfo, La Ibérica, La Camelia, El España, Don Pablo y hasta el Cine Gades.

En el flamante paseo de pavimento crema y rosa, la parada del inolvidable autobús de dos pisos y la cola de veraneantes hacia la playa. Entonces había sitio para aparcar, permanecían los raíles del tranvía y el tránsito de coches escaso. Hoy es otra cosa.



329.- PICOS Y TARZAN. ¡Vamos al cine de verano!

31 07 2010

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Para los nostágicos, del verano perdido: el Cine de Verano. Más típico no lo había: los cines Mar, Delicias, Brunete, España, Maravillas… Familias y pandillas a las dos sesiones, muchos paquetes de pipas y películas de Tarzán, Fantomas, Louis de Funes o de uno al que le seguían llamando Trinidad. Para combatir los atracones de pipas en el ambigú el encargado de la barra se guarnecía de una batería de vasos de agua y cuando la película era aburrida los más “golfos” ensayaban diabluras y gritos jocosos para martirio de los acomodadores, y los más pacíficos miraban esas salamanquesas grandes que se movían por los encalados muros.

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El Caleta y el Brunete fueron los últimos de Filipinas de esta larga lista de cines que comenzó con los cines La Palma en la Caleta y San Carlos en las Murallas, dos sesiones calurosas en los días de levante y frescas y de rebequita en los días de poniente. Algún lector se habrá fumado el primer Píper o el primer Bonanza en estas cines sin nevería, con las localidades de general, preferencia o butaca, sillas de madera con brazos.

Nada mejor que irse al cine de verano en aquellos años en los que estas salas competían con las primeras discotecas, el Cortijo de los Rosales o los bailes y veladas. Una imagen tan nostálgica como de Cádiz de aquellas vacaciones añoradas, con las primeras novias y que nos sirven para despedirnos hasta septiembre porque “gentedecadiz.c0m” se va de vacaciones.

Hasta septiembre, disfruten del verano y no nos olviden, les esperamos en Gente de Cádiz.



325. LA INAUGURACIÓN DEL BALNEARIO VICTORIA

27 07 2010

El tranvía, inaugurado en 1905 y el Balneario Victoria, abierto al público en 1907 fueron los dos principakles acontecimientos que hicieron que los gaditanos salieran del recinto de sus murallas y que la ciudad se extendiera hacia los extramuros.

La inauguración del Balneario Victoria tuvo lugar el 2 de agosto de 1907 a las cuatro y media de la tarde. Pese a los numerosos detalles previstos, la inauguración quedó deslucida. A finales de julio llegaron a Cádiz noticias de que las obras de construcción del puerto sufrirían un nuevo retraso debido a la falta de empresas constructoras. El alcalde, el gobernador civil, el presidente de la Diputación y las llamadas ‘fuerzas vivas’ de la ciudad’ decidieron trasladarse a Madrid para presionar al Gobierno para que las obras del puerto no sufrieran un nuevo retraso.

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La terraza del Balneario Victoria en 1907

De esta manera la ceremonia de inauguración del Balneario Victoria quedó deslucida. A pesar de ello a las puertas del magnífico establecimiento se contaron hasta 16 carruajes y un automóvil, propiedad de la familia Pemartín.

Las obras de construcción del Balneario Victoria dieron comienzo en enero de 1907 y para la cimentación del edificio se utilizaron piedras procedentes de las antiguas murallas situadas en lo que hoy es el paseo de Canalejas. La compañía del tranvía preparó una vagonetas especiales para trasladar la piedra desde el interior de la ciudasd hasta la playa.

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El Balneario Victoria en los años veinte del pasado siglo XX

Inaugurado el Balneario, cuya sociedad propietaria estaba presidida por Fernando García de Arboleya, miles de gaditanos acudieron a conocer sus instalaciones utilizando para ello un servicio especial de tranvías. De esta manera los habitantes de Cádiz comenzaron a frecuentar una zona hasta entonces desconocida, la playa de la Victoria.



324. El ORIGEN DEL NOMBRE DE LA PLAYA VICTORIA

26 07 2010

El origen de la denominación ‘Playa Victoria’ es objeto de frecuente controversia. Muchos opinan que el verdadero nombres es ‘de la Victoria’, otros que ‘Reina Victoria’ y otros pocos ‘Reina Victoria Eugenia’.

Lo cierto es que su nombre procede de una tienda de vinos. A mitad del siglo XIX existía un establecimiento llamado ‘La Victoria’ en la calle Arrecife, hoy avenida de entrada a la ciudad. La tienda estaba situada enfrente del solar que hoy ocupa la Residencia Sanitaria. La zona comenzó a conocer por ‘la Victoria’ y hasta la actual calle Fernández Ballesteros llevaba el nombre de ‘La Victoria’.

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El Balneario Victoria a comienzos del siglo XX

La playa era conocida simplemente por ‘playa del Sur’. Así por ejemplo, todas las noticias publicadas con respecto a la aparición de los ‘duros antiguos’ (1904) hacen referencia exclusiva a ‘la playa del Sur’.

La confusión surge con la inauguración del tranvía a San Fernando en marzo de 1906. Comienza entonces la costumbre de acudir a pasear a la playa y los pasajeros se apean en la parada conocida como ‘La Victoria’. Poco a poco la playa pasa a ser conocida por los gaditanos como ‘playa de la Victoria’. Mientras tanto comienza la construcción de un Balneario frente a la playa. Al mismo tiempo, el Rey de España, Alfonso XIII, contrae matrimonio en mayo de 1906 con la princesa inglesa Victoria Eugenia de Battemberg. Esta boda hizo que los propietarios del establecimiento decidieran bautizarlo como ‘Balneario Reina Victoria’.

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Muchos años después, cuando el edificio llamado Hotel Playa pasó a manos privadas, volvió a plantearse la polémica sobre el nombre de aquella zona. El entonces cronista de la ciudad, Serafín Pro Ruiz, recordó que el nombre del Balneario y el de la playa eran distintos. El primero respondía al nombre de la Reina de España y el de la playa a la pequeña tienda de vinos que había estado situada en el siglo XIX en la calle Arrecife.



316. EL BALNEARIO DE LA PALMA.

18 07 2010

En la zona oeste, la playa de la Caleta fue uno de los primeros lugares para el disfrute del mar al que acudían sobre todo los vecinos de los barrios de La Viña y Santa María. En esta ensenada, fueron inaugurados el 15 de julio de 1868 los Baños del Real, así conocidos por el precio de su entrada: un real de vellón.

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El Balneario de la Palma, en los años 30.

Estaba construido sobre estacas de madera y poseía dos partes diferenciadas para señoras y caballeros. Pero fue el 16 de julio de 1926, pasada la festividad del Carmen, ya que no estaba bien visto acudir antes a la playa, cuando fue inaugurado lo que se conoce actualmente como el Balneario de La Palma. Este nuevo edificio contaba en su interior con un salón de fiestas, baños calientes y duchas, así como de un restaurante donde se celebraron importantes banquetes y bailes. Costó 250.000 pesetas y se construyó a iniciativa de la Diputación, para sustituir a unos barracones ruinosos. Tras tres proposiciones presentadas a concurso se acordó adjudicar el servicio del ‘restaurant’ del Balneario de la Palma a Antonio Lobatón Reyes, que presentó la oferta más beneficiosa para los intereses del Municipio.

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Tarifa de precios, en 1949.

Lobatón ofreció hacerse cargo de los citados servicios por la cantidad de 6.106 pesetas anuales. Asimismo se comprometió también a explotar un servicio de autobuses para el transporte de viajeros hasta los baños. Para su puesta de largo, el lunch, servido por el bar España, contó con un servicio de 150 cubiertos, con langostinos al natural, emparedados de crema de anchoas, foiegrás, queso, crema de lomo y pasteles de ternera y salmón. También hubo pastas, dulces finos y mantecado de vainilla. Todo regado con Carta Blanca y Champagne Royal. Mientras que la instalación eléctrica del recinto fue efectuada por el aparejador mecánico de Diputación Enrique García Movellán. (D.J.P)



308.- PLAZA DE LA CANDELARIA. La plaza que fue convento

10 07 2010

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La plaza Candelaria poco antes de cumplir veinte años, cuando aún no se había erigido en su centro el monumento a Castelar, que se reputa nacido en uno de los edificios que se abren a lo que fue convento de Candelaria

La plaza de la Candelaria es otro de los rincones de nuestra ciudad cuya estructura y fisonomía apenas rebasan los cien años. Allí se encontraba el convento de Nuestra Señora de la Candelaria, levantado en la segunda mitad del siglo XVI y que tenía un amplio jardín para uso de las religiosas agustinas.Frente al edificio religioso estaba situada una pequeña plaza pública.

salvocheaEn 1873 uno de los muros del convento de la Candelaria se encontraba en mal estado y con numerosas grietas. El entonces alcalde de Cádiz, Fermín Salvochea, ordenó el inmediato derribo del convento, lo que se llevó a cabo pese a las protestas de los representantes de la Iglesia. Un oficio suscrito por el alcalde Salvochea solicitando al obispo que permitiera al arquitecto municipal  la entrada al convento de Candelaria. Poco después ordenó su derribo.

Las agustinas siguieron siendo las propietarias del solar varios años después del derribo. En 1879, el Ayuntamiento de Cádiz fue autorizado a adquirir el amplio solar para destinarlo a plaza pública.Hasta 1884, la plaza de Candelaria sirvió para albergar el Circo Teatro Gaditano, donde se representaban toda clase de espectáculos artísticos.

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El momento en que se iniciaron, en el centro de la plaza, las obras del Monumento a Emilio Castelar, presidente de la República Española.

En el citado año de 1884, el alcalde José Ramón de Santa Cruz acometió una amplia reforma y urbanización de la mencionada plaza. Derribó el Teatro y ajardinó el solar. A principios del siglo XX y tras la muerte de Emilio Castelar, todas las ciudades de España acordaron levantar en Madrid un monumento al ilustre político.

El Ayuntamiento de Cádiz acordó separarse de tal proyecto para erigir su propio monumento frente a la casa donde nació el orador, en el número 1 de la plaza de Candelaria. La escultura fue encargada a Barrón.El día 5 de octubre de 1905, otro ilustre político gaditano, Segismundo Moret, llegó de Madrid para inaugurar el monumento.

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El monumento, poco después de su instalación, en lo que se llamó Plaza de Castelar.

Desde el Ayuntamiento se organizó una procesión cívica hasta la plaza de Candelaria, donde Moret pronunció un emotivo discurso.Posteriormente, Moret acudiría al Gran Teatro para pronunciar otro discurso.En el escenario se colocó la mesa ante la cual habló Castelar a los gaditanos en el Casino Gaditano, en una de las dos únicas ocasiones que visitó la ciudad.

Entre los edificios situados en la plaza de Castelar destaca la Casa de Oviedo, antigua sede del Banco de Cádiz. El filántropo gaditano Ramón de Oviedo, fallecido el 11 de diciembre de 1901, fundó en ese edificio el Asilo del Dulce Nombre de María, que fue inaugurado el 24 de septiembre de 1895.Al frente de tal institución Oviedo puso a las hermanas de la Caridad.



307.- JOSÉ FERRADANS IGLESIAS. Pepiño el del Anteojo

9 07 2010

ferradans-portadaLe gustaba decir que era el único gaditano nacido en Galicia y sin embargo vio las primeras luces en La Estrada, un pueblo cercano a Santiago de Compostela en 1926.

La Estrada es la patria chica de la mayoría de los gallegos que magistralmente han frito el pescado en nuestra ciudad.

A fuerza de trabajo y con los ahorros, aquel simpático aprendiz que llegó a Cádiz con 13 años adquirió en 1948 un restaurante en La Alameda que ya existía desde principios de siglo: El Anteojo. (José Ferradans Pepiño, popularísimo y muy querido en Cádiz).

Lo financió con sus ahorros, la hipoteca de la casa de sus padres y asociado con un amigo que trabajaba en la Cafetería Andalucía. Muy pronto José Ferradans, Pepiño , supo atraer a familias y reuniones y El Anteojo se puso de moda, albergando además bodas, botaduras, celebraciones.  Diez años después ya era único propietario.

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1963, 17 de marzo, excursión de cadistas clientes de El Anteojo a Valencia. El Cádiz juega con el Levante y estuvo durante 15 minutos en Primera División, el tiempo que fue ganando. Un grupo de cadistas, directivos y aficionados, fletó un avión de Spantax, en la foto, para el desplazamiento. El piloto también era de Cádiz: Luis Machuca Ruiz. En la foto, entre otros, el presidente Paco Márquez, Pepiño, Diego Grimaldi, Eduardo Lumpié, Rafael Grimaldi, Pepe Murillo, Ángel Íñiguez, Manolo Escalante, Eduardo San Juan, Arturo Fernández de la Puente, Rafael de la Torre, Miguel Alfaro, Juaneli Fernández y Miguel Sibón. En aquellos años la afición no se vestía de amarillo pero era de altos vuelos.

El género que servía Pepiño era el mejor de las lonjas. Fue el primero que trajo género desde Galicia: mariscos, carnes y el imprescindible lacón con grelos. A ello había que sumar el afable trato de Ferradans, verdadero número uno con los clientes de la casa. El viejo restaurante se quedó pequeño y su fama se extendió por España. Mientras derribaba el viejo restaurante para edificar otro más moderno, se trasladó a una edificación efímera en frente, junto a la desaparecida Cruz de los Caídos.

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Navidades en el primitivo Anteojo. Todavía Pepe Ferradans, el mejor restaurador de Cádiz, no había emprendido la reforma del edificio El Anteojo, en la Alameda. Detrás del mostrador, y festejando las Navidades, aparecen de izquierda a derecha: Martínez, Pepiño, Miguel Sibón, Manolo Cano-Manuel, Jesús Ascorve, Angel Benavides, Katete Durio y Valentín Lasanta.

Otro triunfo. En 1975 inauguró el nuevo restaurante ante dos mil personas, en uno de los banquetes más extraordinarios y espléndidos que se han servido en nuestra ciudad. Otra de sus pasiones fue el Cádiz CF.

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Ambiente carnavalesco en los años setenta del siglo pasado en la terraza de El Anteojo.

Buena parte del éxito del establecimiento se debe a la dependenci: nombres que permanecen y son muestra de una verdadera escuela hostelera de sello propio y que se desvivía por el cliente: los hermanos de Pepiño , Albino y Rolando; José Gil Basteiro, Papi; Daniel Loureiro; los mâitres Iglesias, Quintero, Galisteo y Emilio Martínez; cocineros como Jesús Frende, Manuel Rivadavia, Jesús Pazos y José López , además de verdaderos ases de la barra como el apreciado Ángel Benavides, el eficaz Ambrosio Gómez de Vejer; Antonio Naranjo, España; Juan Melero, Chozas; Sebastián Flor Mejías; Juan Guerrero; Diego Mena, Manuel Zarzuela; Fernando, El Cateto; Manuel Mura; José Leal, Couto; el chófer de la casa José Luis Morillo, y el imprescindible Martínez, hoy retirado en La Viña y muchos otros profesionales inolvidables que recordamos pero que no podemos citar con precisión sus nombres.Todos fueron ejemplares atendiendo al cliente. Que los imiten.