301.- DEL RUEDO A LA ARENA POLÍTICA. Consecuencias parlamentarias de una corrida en Cádiz
3 07 2010
Se discutía en el parlamento el artículo 33 de la futura Constitución Española de 1869, la que surgió de la revolución antidinástica que iniciaron, entre otros, Topete y Prim, en nuestra Bahía, en septiembre del año anterior. El ministro de Ultramar, López de Ayala, atacó despiadadamente a sus adversarios políticos de la minoría republicana. Dijo que cuando el gobierno que presidía el gaditano González Bravo -que con los criterios de hoy sería considerado como tránsfuga- desterró a Canarias a los liberales contrarios a Isabel II y a la monarquía, en el momento de embarcar en nuestra ciudad en el vapor “Vulcano”, lo hicieron con la indiferencia de los gaditanos, y eso que se les presumía de demócratas. López de Ayala exasperó a un buen número de curules poniendo como ejemplo la indiferencia de los republicanos de nuestra ciudad, y dijo que quienes luego abordaron el cambio dinástico que se consumó con la batalla de Alcolea, fueron objeto del silencio de los gaditanos, solamente roto por los entusiastas aplausos y olés procedentes de la plaza de toros del Campo del Sur. (El Palacio de las Cortes).

En lugar de despedir a los desterrados, la masa llenó las 11.500 localidades de la plaza de toros. No era para menos si se comprende la afición que había en la ciudad a la fiesta nacional, y que en ese 25 de julio de 1868 en que, entre otros, embarcaba para el exilio el general Serrano, había otro enfrentamiento, además del de los partidarios de los Borbones con los demócratas: competía en nuestro ruedo Antonio Carmona “El Gordito” y Antonio Sánchez “El Tato”, quienes con máxima rivalidad y máximo cartel dividían a la afición gaditana. (La plaza de toros de Cádiz a la que se hace referencia en este artículo)
Como si torearan José Tomás y Perera. La bronca en la cámara fue tal que tuvo que dimitir el ministro, que antes en política no se podía decir cualquier cosa. Por desgracia El Tato resultaría cogido en Madrid, precisamente en la corrida que se ofreció por la aprobación de aquella Constitución. Perdió una pierna, y tuvo que dejar los ruedos. (Antonio Sánchez “El Tato”, torero del barrio de San Bernardo de Sevilla que contó con dos toreros gaditanos, hermanos, en su cuadrilla: Manuel y Francisco Ortega Díez , Lillo y Cuco. El Tato fue yerno de Cúchares).
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Concluye la serie sobre la llegada a España del primer torero mexicano con esta entrega donde se reseñan algunas curiosidades de su visita a Jerez y de su debut en la plaza de toros de El Puerto.
Esa fue la actuación en El Puerto de una de las figuras históricas del toreo mexicano, más tarde, en octubre, Frascuelo le confirmaría la alternativa a Díaz, el protagonista junto con Bonilla de un raro folleto que vio la luz en una imprenta de Cádiz en esta orilla del toreo. (Francisco Orgambides).
En 1889 se publicó en Cádiz, en la tipografía de Díez y Sánchez, un folleto de 14 páginas en octava titulado “Biografía del célebre torero mexicano Ponciano Díaz, con todos sus hechos muy notables y las cogidas que ha tenido”. Esta figura histórica de la lidia llegó a España el mismo año de esta edición, presentándose en Madrid el 28 de julio de 1889. Ponciano Díaz Salinas fue el primer diestro de verdadera fama procedente de América y uno de los primeros matadores extranjeros que actuaron en Madrid. (Las banderillas a dos manos a caballo era una suerte de la charrería que practicó Ponciano en los ruedos españoles, aunque toreaba a pie. Durante la lidia montaba a caballo en el tercio de banderillas y ejecutaba alguna de las suertes del rodeo mexicano).
El folleto, que se vendía a diez céntimos de peseta, abre con un elogio del éxito alcanzado en las corridas de Madrid por el toreo mexicano con el “jarifeo” (Sic.) y Manganeo, así como la suerte de banderillear a caballo, poniéndolas a la altura de las suertes que puedan ejecutar Lagartijo y Frascuelo. (Una viñeta de la época representando a Ponciano,el torero de Atenco, en un brindis. Es una figura muy popular aún en México, donde todavía se cantan corridos relatando sus hazañas en el ruedo).
Tal vez la respuesta al enigma de la autoría del folleto está en que la tercera parte de esta breve obra está dedicada a Julio Bonilla. El escritor jalapeño contaba entonces 34 años, y era propietario, fundador y director de “El arte de la lidia” que se publicaba en México sin interrupción desde 1884. Esta revista taurina fue según mis datos la primera que se publicó en el continente, o mejor dicho, en tierra firme, porque en 1883 apareció en Cuba la revista “La lidia en La Habana”, a la que seguirían en la misma década “La revista de toros”, “El tío Camama”, “El Puntillero”, “Toros en La Habana”, “La Muleta”, “La Garrocha” y “La Bronca”. “El arte de la lidia” sí que fue una revista duradera, no como las cubanas que apenas vivían una temporada. Bonilla la dirigió hasta este año de 1889 en que le sucedería Antonio Calvo, lógico si iba a emprender un viaje largo a España, ya que acompañó a Ponciano a Europa. (Ponciano, puro México, vestido de charro, el atavío que utilizaba en su periplo español).

Fruto de un estudio detallado de ellas y aplicándolas el método heurístico de investigación histórica, pude descubrir que el toreo a pie, la llamada «Fiesta Nacional», se inició en Cádiz, en la plaza de San Antonio, en 1661, (Libro 33, Folio 213), setenta años antes de su aparición en Sevilla o Madrid. De esta forma Cádiz cuenta con el título de «cuna del toreo», uno más y no el menor, de entre los muchos que ha alcanzado entre sus pasadas grandezas. Los toros que se lidiaban en Cádiz, pastaban unos días en la dehesa de Soto (actual Campo Soto), alquilada por nuestro Ayuntamiento en la Isla de León y desde allí eran conducidos hasta Cádiz por los «encerradores» gaditanos, valiéndose de un cabestro que abría el cortejo. «Vara de encerrador», fueron entre otros, Alonso de Ortega, su hijo Juan y su nieto el famosísimo Laureano Ortega, y a su muerte, en los años de la francesada, el gran torero Jerónimo José Cándido. Obtenían pues la «Vara de encerrador» de la ciudad de Cádiz, los más famosos picadores españoles del siglo XVIII e incluso entre los matarifes de la Casa de Matanzas matadero), que siempre estuvo junto a la Cárcel Real, había picadores que se estrenaban allí mismo, como nos relata el padre Labat en su viaje a Cádiz. (La legendaria Casa de Matanza de Cádiz, cuna del toreo y del flamenco en Cádiz y lugar de empleo de los gitanos del barrio de Santa María ya que el sacrificio y despiece de las reses fue considerado un oficio infamante por manchar las manos de sangre, y por ser un emploe impropio de cristianos viejos, dio lugar a que trabaran con la “jifa” mestizos, mulatos y gitanos, personas desfavorecidas en aquellas épocas).
El matadero de Cádiz fue «caldo de cultivo» de grandes artistas del toreo y del flamenco. Los Lavi, el Cuco, el Marinero, Agualimpia, Enrique el Mellizo o Curro Dulce por citar a los más conocidos, trabajando, viviendo y derramando su gracia y su arte, en el corazón del barrio de Santa María. Esto también es historia de Cádiz. En las actas del Ayuntamiento del año 1810 (Libro 166, folio 337 vuelta y 338), se cuenta una queja del recaudador de hacienda municipal contra el encerrador del ganado que venía de la dehesa de Soto por el camino de la escollera. Dicho vaquero, refrenaba el ganado antes de su entrada por la puerta central de las Puertas de Tierra, (no existían entonces los grandes arcos laterales) y dejaba que el cabestro entrara casi en solitario. Luego aguijoneaba al ganado para que entrara en tropel, dificultando así las tareas de recuento del recaudador de hacienda municipal. Pura picaresca gaditana pagada posiblemente por los «tablajeros» (carniceros) de la ciudad. (Enrique el Mellizo trabajó en el matadero de Cádiz y como puntillero en las plazas de toros).




Manuel Irigoyen había accedido a la presidencia del Cádiz en la temporada 78/79, con el equipo en Segunda y tras la etapa del presidente Manuel de Diego. Durante su presidencia, quince años, el equipo de la ciudad militó diez temporadas en Primera, ocho de ellas de manera consecutiva.Estas permanencias del Cádiz en la máxima categoría era siempre objeto de comentarios en toda España y origen de la simpatía que despierta. Un cartel del torneo de fútbol que recuerda a esta figura del cadismo.
Otra faceta de la vida de Irigoyen fue la de torero. Se inició en la Escuela Taurina de la calle Mateo de Alba, junto a otros jóvenes como Chano Rodríguez, Pacorrito, Manteca o los hermanos Villodres. Manuel Irigoyen, que debutó en la plaza de toros de Cádiz, fue un fino y valiente banderillero que estuvo varios años intentando abrirse camino en la profesión Lejos del fútbol, Manuel de Irigoyen fue un constructor de prestigio que alcanzó muchos éxitos profesionales y que ocupó cargos representativos entre los empresarios del sector de la construcción. El recordado presidente cadista falleció a los 65 años, víctima de un accidente cardíaco cuando conducía su automóvil en la autovía de Chiclana. Irigoyen en la cuadrilla del exraordinario muletero gaditano Chano Rodríguez. De perfil, el matador granadino afincado en Alcalá de los Gazules Curro Montenegro.






















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