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332.- LA GALEONA DE LA VIÑA. La Divina Pastora

3 09 2010

pastora-verticalLa imagen de la Virgen del Rosario que se denomina popularmente como “La galeona”, no es la única en nuestra ciudad que ha surcado el Atlántico y navegado en este tipo de naves en el transcurso del siglo XVIII. Así la crónicas apuntan a otra que se donó a la Capilla de la Divina Pastora, siendo en esta ocasión su donante D. José de Rojas Recaño, quien era natural de Cádiz y había recibido de sus padres lo que denominaba “su casa principal” en la entonces calle de la Amargura (luego Capuchinos y actual Sagasta). Su educación castrense se había configurado en el Castillo medieval como Guardia Marina y en su trayectoria militar llegó al rango de Teniente General de la Real Armada, Capitán General y Gobernador político y militar de la ciudad de Cartagena en el Levante, donde falleció el 7 de octubre de 1794. Ostentaba además los títulos de Marqués de Casa Rojas y de Conde de Casa Recaño y Caballero de la Orden de Santiago. En la foto de “Pasión y Gloria”, la imagen de la Divina Pastora.

Así pues y centrándonos en el tema que nos ocupa, señalan las crónicas que en 1753 fue cuando “habiendo arribado a este puerto el navío de guerra El Fuerte, que la traía a su bordo como patrona, su comandante D. José Rojas solicitó y obtuvo de la referida corporación trasladarla a la citada capilla, la cual se llevó a efecto el día 14 de octubre del citado año, siendo conducida desde el muelle con asistencia de la cruz parroquial del Sagrario, una diputación del Cabildo secular, el cuerpo de la hermandad y multitud de jefes, oficiales y personas distinguidas: teniendo lugar al siguiente día una solemne fiesta en su obsequio, lo que contribuyó en alto grado a propagar en esta ciudad su culto y devoción”.

galeona-cara-verticalAquella imagen quedó emplazada en el Panteón de la referida Capilla, y sólo se tiene constancia que saliera en procesión en 1867 cuando la guía local informa que “Este año la Archicofradía de la Divina Pastora sacó procesionalmente en la tarde del 15 de agosto, en cuyo día celebra su fiesta, la imagen de su titular que se venera en el panteón de la capilla de su nombre, cuyo religioso acto tuvo lugar en el mayor lucimiento.”

Era tradición que el 15 de agosto la Archicofradía de la Divina Pastora sacara en procesión la imagen de su titular

La misma fuente de información nos indica que a partir de 1868, ya fue la titular del templo la que presidiera aquella procesión de culto externo. Por su emplazamiento en la cripta posiblemente no sufriera desperfectos en los acontecimientos y saqueos que precedieron a la Guerra Civil, aunque desconocemos su estado actual estimamos que entrarán dentro de la restauración que se está llevando en aquella capilla. Sobre este aspecto llamar la atención, de la paralización que ha sufrido este proyecto de rehabilitación sin que se conozca una fecha para su conclusión. Por otro lado se hace necesario que la opinión publica sepa también las expectativas de futuro que planean sobre otro edificio religioso como es el Convento de Santa María del que se desconoce el momento de inicio de sus obras, después de 9 años de permanecer cerrado. En nuestra memoria está el proceso que siguió el tristemente desparecido Convento de los Capuchinos después de años de abandono, allá por la década de los ochenta del pasado siglo. Hemos de pensar sobre todo en la cercanía de una fecha tan significativa como el 2012 cuando la ciudad debe vestir sus mejores galas para enseñar a los visitantes.

José Antonio Fierro Cubiella



315.- EL HALLAZGO. Por Miguel Ángel Castellano Pavón y Francisco Manuel Ramírez León

17 07 2010

cristoLa muy sonora voz de un enorme cataclismo, interrumpío el silencio y la calma con el que acometían el delicado trabajo. Un grave y seco retumbo proveniente de la Sacristía, acababa de romper la paz, el ambiente sosegado y relajado, que acompañaba a aquel pequeño grupo que con entusiasmo, mimo y entrega, preparaban el bosque de cera que daría luz al siempre cuidadísimo altar de cultos cuaresmales que preparaban para sus Titulares. Al unísono, no pudieron evitar dar un respingo ante lo que era seguro y violento aviso de que el causante del sobresalto común, por lo aparatoso y fortísimo del estruendo, no debia de ser cosa pequeña.

Se miraron los unos a los otros, con el susto terrible aún reflejado en cada uno de los rostros, queriendo buscar que el compañero cercano le diese crédito y respuesta, a aquel estallido que provino de la Sacristía. “¡Ay, ay, ay, …, que no sea por culpa nuestra!, ¡ay, ay , …, que nos mata el Padre Germán!.”, dijo el de más edad, un cofrade veterano que a pesar de su ya larga edad, volaba mas que corría hacia la Sacristía. Con más miedo que curiosidad, adentró su cabeza en el ámbito oscuro del recinto; el temblor nervioso de sus manos le impedía atinar con la llave de la luz. Una mano más joven logró llenar de luz a aquella habitación, perfumada con el siempre grato olor del incienso quemado. No encontraron lo que más o menos llevaba cada cual en su mente: la ruina por desplome del antiguo y achacoso techo, mostrándoles como testigo unas vigas rotas ya vencidas por los siglos. Muy al contrario de lo esperado, en el suelo yacia boca abajo el enorme armario de las ropas litúrgicas: un imponente, colosal, antiguo y muy bello trabajo de ebanistería, que desde hacia por lo menos 300 años, guardaba el ajuar ceremonial y cultual de los padres de la Orden. Se acercaron todos, rodeando al rendido mueble que les mostraba sus heridas de madera: las viejas tablas rotas o desenclavadas. A pesar de la aún generalizada consternación, hubo quién suspiro de alivio: “¡Para nada hemos tocado el armario!, ¿verdad?”, interrogó el veterano cofrade.

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“¡Ha sido la carcoma, que se ha comido las patas!.¡Mira, mira,…, como está todo esto lleno de agujeritos!”, contestó uno de los presentes, que en cuclillas les mostraba al resto del grupo, una de las que ahora era desgajada y astillada pata delantera. “¡Os lo dije desde que las detectamos en el retablo del Santo Cristo, que no debian de ser las únicas!. ¡Mirad ahora!, ¡que lástima: las roidas patas no han podido soportar el peso del armario, se han quebrado y se venido para delante el mueble!. ¡Y suerte, de que no había nadie aquí, porque si no…!. “¡Anda, déjame tu navajita!”, interrumpió uno de los cofrades, ya entretenido en desprender un pequeño sobre que se encontraba fijado al envés de las maderas que formaban el suelo del armario, ahora visibles tras el vuelco. No hizo falta la navajita, pues la cola que fijaba el sobre a las maderas apenas puso resistencia: “¡Aquí dentro debe de estar, la firma del maestro que hizo el mueble!”, dijo incorporándose y mostrando el hallazgo a los demás.

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Ante la atractiva naturaleza del nuevo hecho, una más poderosa curiosidad que hasta el entonces reinante desconcierto, se apoderó del grupo. Se encaminaron hacia la mesa grande, donde había mejor luz. “¡Manéjalo tú, que estás acostumbrado a tratar con los papelotes antiguos!, le indicó el cofrade veterano a uno del grupo. Como si fuese de cristal y no de papel, con enorme cuidado, lo tomó, y sobre la mesa empezó a observarlo: no se veia huella de un sellado con lacre, ni había referencia escrita alguna, pero tampoco parecía que hubiese sido manipulado. Abrió el sobre por la solapa, despegándola; de su interior surgieron unas cuartillas primorosamente dobladas. Empezó a desdoblarlas, muy despacito y muy delicadamente, casi sin forzarlas; contaron hasta 4 hojillas, no más grandes que la mitad de un folio, coloreada la tez de amarillo por los muchos años que debían de contar. Se distinguían dos elegantes caligrafías, formadas por letras menudas y largas, escritas con una tinta que aún más ennoblecida por el transcurrir de los siglos, ya se habían tornado parda. ¡Traedme mi maletín, que deben de estar mis gafas para el cerca,… y la lupa grande!”, espetó nervioso el experto. Con el refuerzo de la más clara y blanca luz de una lámpara portátil, y al amparo de las expectativas que se abrían, iniciaron una esforzada lectura:

Notas del cuaderno de bitácora del navio que nos trajo la nueva hechura del Santo Xto. Cádiz. Abril, 1775.

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Nos hizo la muda a la lengua castellana que nos es propia, el Excmo. y Muy noble Sr. Francesco Maria Enmanuel Doménico Maratta di Guidi, natural de Savona, y hermano y bienhechor de esta nuestra muy Venerable Hermandad de la Vera Cruz. Que el Stmo. Xto., Ntra. Sra. Mater Misericordae y el Sr. San Jorge, de quienes siempre fue fervoroso devoto, lo acogan.

Dia 17 de octubre de 1773. En la ciudad de Nápoles, yo Francesco Maria Cruze Nadales, hijo de Giovanni Batista Cruze Rossi y de Úrsula Nadales Guiducci, fui contratado para transportar desde dicho puerto 10 kilos de seda de Ceilán a Génova. El importe estipulado sería de 148 onzas de plata. Allí una vez que el navío Santo Spirito partió por el Mediterráneo rumbo a Génova y entregada la mencionada mercancía tomará la ayuda de Aniello Paoli Marona, para el envío de un enigmático cargamento que debería ser transportado con sumo cuidado, desde dicho puerto a la vieja ciudad de Cadice, ciudad costera del sur de la España y puerto rico donde los haya, al ser punto de embarque hacia las Indias Occidentales.

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Génova, 20 de octubre de 1773. Mercancía descargada y entregada sin tropiezo alguno. Cantidades cobradas. En la aduana se realiza las firmas pertinentes en presencia del que sería desde ahora mi acompañante el mencionado Aniello Paoli. Un bulto perfectamente embalado de unas 120 libras es embarcado para ser entregado en el puerto arriba citado.

26 de octubre. Día tranquilo. Falta un día para concluir la travesía. Durante toda la noche se celebró en cubierta el final de la singladura con una bulliciosa fiesta hasta el amanecer cuando el gallo cacareó tres veces, cantaron las ninfas del mar y bailaron los centauros. Por la ventana de la cocina se alzaba vapor de agua blanco, cuya forma recordaba la cola de algún espíritu, y se esparcía un delicioso olor a hervido. También se oían los animales, voces de los cocineros y el alegre entrechocar de los cacharros de cocina. El sol poniente hacia resaltar cuatro gigantescas columnas de mármol, dispuestas para adornar cualquier plaza de la ciudad a la que iban destinadas.

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27 de octubre. El puerto de Cádiz es avistado cuando desde lo alto del mástil de nuestra goleta se anuncia la arribada a la ciudad. Un hecho de resaltar a la llegada a la ciudad de Cádiz, que no sucede como en otras ciudades que a su llegada sobresale las torres o cúpula de su iglesia mayor o catedral; sino todo un sinfín de torres miradores que le da un aire a mi entender como de ciudad medieval. Como sucede en Siena y que yo recordaba, pues la visité con mi padre siendo yo aun un muchacho; y que aunque su llegada no se hiciera por mar, siempre me impresionó. En Cádiz, y una vez desembarcada la mercancía, desde el muelle y transportada en un carro arrastrado por dos mulos seria desviada por la Puerta de San Carlos. Otra de las cosa a destacar de esta antigua ciudad es que a no tener espacio para crecer a lo ancho lo hace hacia lo alto como le sucede a los jóvenes en llegando la edad.

escudoAl desembarcar, unos niños pedigüeños se nos ofrecen para empujar el cargamento. Deambulamos por la plaza de las Cuatro Torres, paseo de las Nieves, y por allí desembocamos a la calle del Camino que nos llevaría hasta la plaza de Loreto, en el llamado barrio de la Observancia llegando a las doce de la mañana tocando las campanas la hora del Angelus. En la puerta del convento franciscano, se encontraba Fray Benito Huerta Punsert guardián de dicha casa y una comitiva compuesta por cuatro señores y el donante de la mercancía un tal don Juan Gómez de Figueroa, según manifestó, todos entrados en años, que se hicieron cargo de la mercancía reseñada. Una vez bajada del carro y siempre llevado con sumo cuidado, fue introducida por el patio columnado hasta unos aposentos que presentaban aspecto de Sacristía, al comprobar su similitud con otros conocidos en mi ciudad natal. En el silencio del claustro se escuchaban ecos de campanillas. Un lego sacaba agua del aljibe más cercano a la puerta dando sus sones la garrucha con su continuo chirriar de abajo arriba. Tras la firma y su consiguiente entrega de la documentación reglamentaria a la entrega de la mercancía mi compañero y yo, y una vez cobrada la cuantía estipulada nos dirigimos de nuevo según nos indicaron por el camino del Baluarte de san Felipe, desde donde divisaríamos de nuevo el puerto de la ciudad.

Al dorso de la última hoja, escrito con peor letra, se pudo leer:

Por mandato de Fray Jerónimo de la Cruz, hizo la hechura de este armario para el Convento del Sr. San Francisco de esta ciudad de Cádiz, el maestro Juan Nicolás Silva y López, con la ayuda de su hijo Pedro Juan Nicolás Silva.

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Os suplico que delante de la muy antigua hechura del Stmo. Xto. de la Vera Cruz, del cual soy fervoroso devoto y siempre así ha de ser pues jamás a otro he de reconocer, mandéis decir misas por mi alma, que por esta soberbia mía, no ha de estar limpia antes los ojos del Padre. Ni tranquila tampoco anda mi conciencia, por el hurto y extravío que he cometido de estas hojas. Os lo ruego por caridad cristiana. Que Dios Ntro. Sr. en su infinita Misericordia y su Sta. Madre me perdonen.

Ante aquellas palabras sinceras, hubo quien ya no pudo contener más la emoción ante los momentos vividos en aquella ya inolvibable y accidentada tarde. El hallazgo, corroboraba las antiguas historias que hablaban de rencillas, de unas heridas abiertas hace siglos en el seno de la decana hermandad. Traía al presente, el amor, la devoción inquebrantable, que los hermanos de los pasados siglos, le habian profesado a la dramática y tosca hechura del antiguo titular. Así pues, para muchos que no necesariamente entendían de estéticas, ni atendían a las corrientes artísticas dominantes de su tiempo, que en definitiva, solo sabían atenerse a sus devociones, únicamente aquella talla indiana, podía ser su Cristo de la Vera-Cruz. Y aún quedando en las muy malas condiciones, que el detrozo de una aciaga y lluviosa tarde de un Jueves Santo, le ocasionó a su frágil hechura de papel.

Claro estaba, que aún quedaba mucho por estudiar de aquel documento; pero, ahora, ante todo, lo que más debía de preocuparles a aquellos cofrades de su futuro más inmediato, iba a consistir en las muchísimas explicaciones que ante los sucesos acaecidos aquella tarde, tendrían necesariamente que ofrecerle al Padre Germán. ¡¡Que ya se le oía venir, llamándolos a gritos, por las naves de la Iglesia!!. CADITALIA.



314.- PREMIO LITERARIO. Semana Santa 2010

16 07 2010

MACP leyendo El hallazgo

Uno de los autores del trabajo literario prenmiado, Miguel Ángel Castellano Pavón, leyendo la obra.

El pasado lunes 31 de Mayo, y en la sede de su patrocinador, el Consejo de Hermandades y Cofradías de Cádiz, se reunió el jurado del II Certamen Literario “Semana Santa de Cádiz”, el cual eligió la obra ganadora en esta edición.

Posteriormente, y en el Restaurante “Arte Serrano”, tuvo lugar la cena de proclamación y apertura de la plica ganadora de la obra premiada con el primer premio, la cual ha correspondido a la titulada “El hallazgo”, cuyo autores son los señores Miguel Ángel Castellano Pavón y Francisco Manuel Ramírez León. El premio obtenido es de 2.500€ y placa.

La trama del interesante relato se centra en la llegada a Cádiz, en el Siglo XVIII de la imagen del Santísimo Cristo de la Veracruz. En la próxima entrega publicamos la obra premiada.



308.- PLAZA DE LA CANDELARIA. La plaza que fue convento

10 07 2010

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La plaza Candelaria poco antes de cumplir veinte años, cuando aún no se había erigido en su centro el monumento a Castelar, que se reputa nacido en uno de los edificios que se abren a lo que fue convento de Candelaria

La plaza de la Candelaria es otro de los rincones de nuestra ciudad cuya estructura y fisonomía apenas rebasan los cien años. Allí se encontraba el convento de Nuestra Señora de la Candelaria, levantado en la segunda mitad del siglo XVI y que tenía un amplio jardín para uso de las religiosas agustinas.Frente al edificio religioso estaba situada una pequeña plaza pública.

salvocheaEn 1873 uno de los muros del convento de la Candelaria se encontraba en mal estado y con numerosas grietas. El entonces alcalde de Cádiz, Fermín Salvochea, ordenó el inmediato derribo del convento, lo que se llevó a cabo pese a las protestas de los representantes de la Iglesia. Un oficio suscrito por el alcalde Salvochea solicitando al obispo que permitiera al arquitecto municipal  la entrada al convento de Candelaria. Poco después ordenó su derribo.

Las agustinas siguieron siendo las propietarias del solar varios años después del derribo. En 1879, el Ayuntamiento de Cádiz fue autorizado a adquirir el amplio solar para destinarlo a plaza pública.Hasta 1884, la plaza de Candelaria sirvió para albergar el Circo Teatro Gaditano, donde se representaban toda clase de espectáculos artísticos.

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El momento en que se iniciaron, en el centro de la plaza, las obras del Monumento a Emilio Castelar, presidente de la República Española.

En el citado año de 1884, el alcalde José Ramón de Santa Cruz acometió una amplia reforma y urbanización de la mencionada plaza. Derribó el Teatro y ajardinó el solar. A principios del siglo XX y tras la muerte de Emilio Castelar, todas las ciudades de España acordaron levantar en Madrid un monumento al ilustre político.

El Ayuntamiento de Cádiz acordó separarse de tal proyecto para erigir su propio monumento frente a la casa donde nació el orador, en el número 1 de la plaza de Candelaria. La escultura fue encargada a Barrón.El día 5 de octubre de 1905, otro ilustre político gaditano, Segismundo Moret, llegó de Madrid para inaugurar el monumento.

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El monumento, poco después de su instalación, en lo que se llamó Plaza de Castelar.

Desde el Ayuntamiento se organizó una procesión cívica hasta la plaza de Candelaria, donde Moret pronunció un emotivo discurso.Posteriormente, Moret acudiría al Gran Teatro para pronunciar otro discurso.En el escenario se colocó la mesa ante la cual habló Castelar a los gaditanos en el Casino Gaditano, en una de las dos únicas ocasiones que visitó la ciudad.

Entre los edificios situados en la plaza de Castelar destaca la Casa de Oviedo, antigua sede del Banco de Cádiz. El filántropo gaditano Ramón de Oviedo, fallecido el 11 de diciembre de 1901, fundó en ese edificio el Asilo del Dulce Nombre de María, que fue inaugurado el 24 de septiembre de 1895.Al frente de tal institución Oviedo puso a las hermanas de la Caridad.



DE GUBIA GADITANA. El Resucitado de Conil

25 06 2010

resucitado-verticalPor gentileza de Miguel Ángel Castellano Pavón publicamos esta instantánea de Rovira de una de las últimas obra del brillante imaginero gaditano  Luis González Rey.

Se trata de una talla en madera de cedro con ojos de cristal para el Consejo de Hermandades de la localidad Conil. Pertenece a la segunda etapa comenzada por este joven escultor a raiz de la realización del Santísimo Cristo de las Siete Palabras donde se adentra en postulados mas clásicos dejando de lado los neobarrocos. Sin duda se trata de una obra de gran realismo y gubiado en una perfecta anatomía.



289. JUAN CLAT SACACHINI. Fragela

21 06 2010

Cádiz ha contado a lo largo de los años con numerosos benefactores cuyos nombres nos son hoy casi totalmente desconocidos.

Es el caso de Ramón de Oviedo, fundador de un asilo en la plaza de Candelaria; Esteban Chillón y Fantoni, que legó numerosos bienes a gaditanas huérfanas; o Francisco Martínez Larraz, fundador de la Casa Cuna.

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Patio de la Casa de Viudas fundada por Fragela.

Algo más conocido que los anteriores es Juan Clat y Sacachini, Fragela, comerciante armenio que falleció en Cádiz el 23 de marzo de 1756, con cien años de edad. Fragela se estableció en nuestra ciudad en 1683 para dedicarse al tráfico de mercancías con América. Hizo una gran fortuna y levantó la casa de las Cuatro Torres, en la actual plaza de Argüelles.

Hacia 1750, Juan Clat compra unos terrenos cercanos al Hospital Real de Cádiz para dedicarlo a la acogida de viudas y doncellas pobres. A su muerte legó numerosos bienes para sostenimiento de la citada casa de viudas.

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Fachada principal de la Casa de Viudas, en la plaza de Fragela.

El edificio ideado por Fragela era modélico en su género. Las albergadas disponían de pequeñas habitaciones y numerosos servicios comunes, como cocinas, lavabos y capilla. También llegó a disponer de un establecimiento de ultramarinos que suministraba alimentos a las asiladas.

Conforme a las disposiciones testamentarias de Fragela, para ser acogida en la Casa de Viudas era necesario ser natural y vecina de Cádiz, de limpia y honrada familia, desvalida, y contar con informes del párroco acerca de su buena vida, virtud, honestidad, recogimiento y costumbres. También se exigía a las mujeres para poder acogerse a los beneficios de la casa fundada por Fragela que no hubieran sido “revoltosas, ni inquietas, ni de mala vida”. Cumplidos esos requisitos, las vacantes se cubrían por riguroso sorteo.



281.- MARÍA, PRIMER SAGRARIO. Aproximación y recuerdo a una obra perdida (y III)

13 06 2010

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Uno de los trabajos de Goya en la Santa Cueva de Cädiz

Con fecha martes 8-12-1987, vuelve a parecer en el Cultural del ABC, y esta vez firmado por J.Félix Machuca, el siguiente artículo “A los tres años de la polémica se sigue sin saber el autor de la Concepción de Écija”. En dicho articulo se puede leer: “la Junta de Andalucia, a través de una comisión de especialistas, fiscalizó en 1984 la Feria de Antigüedades sevillana con la sana intención de que nada de lo que fuera interesante para el patrimonio andaluz pudiera salir de su potestad, La citada obra, sucia y con huellas indudables de abandono y deterioro fue adquirida por un particular residente en Cádiz…

gran-retrato-verticalCon la polémica en la calle en los círculos artísticos andaluces, ni la Junta ni los especialistas del Museo del Prado, que fueron invitados por la Delegación de Cultura Y Turismo de Écija, se plantean la necesidad de analizar la obra y descifrar su autoría. Tan sólo un matrimonio zaragozano a título personal, se personó en Écija para ver la exposición y familiarizarse con el cuadro. Este matrimonio compuesto por Carlos Barboza y Teresa Grassa, son restauradores de arte y expertos en temas devocionales goyescos. En su día restauraron los frescos de la cúpula del Pilar, así como los de de la Cartuja Aula Dei… (Francisco de Goya y Lucientes)

Sobre la autoría del mismo no dudaron en señalar que pertenecía a la etapa de plenitud de Goya”.

Con motivo de la celebración del Dia Internacional Mundial de los Museos, se expuso la obra al público en el Palacio Episcopal de Córdoba en el mes de Mayo del 2005, en una muestra titulada “La Inmaculada Concepción y Goya”. La prensa local, en concreto el Diario de Córdoba, recogió la noticia, ilustrándola con las palabras de D. José María Palencia Cerezo, conservador del Museo de Bellas Artes de la capital cordobesa. No sólo toma Palencia Cerezo lo concluido por Zueras, sino que además, aporta la hipótesis de que la obra fuese pintada, para formar parte del estudiado conjunto decorativo diseñado para exaltar al Santísimo Sacramento de la Sala Alta de la Santa Cueva; aunque finalmente, en su lugar se colocase el retrato que el pintor alemán afincado en Cádiz, Franz Xavier Riedmayer, le hiciese a Valde-Íñigo tras el fallecimiento de éste en 1804. A este respecto, cuan rompedor y disonante nos resulta, en cuanto a su relación con el simbólico lenguaje que maneja el repertorio iconográfico del Oratorio, la inclusión de un retrato del Padre Santamaría en la Sala Alta. Y más aún, si aparece el dicho retrato, simulando coronar la Capilla mayor de la Sala Sacramental; en principio, sitio de privilegio normalmente reservado a una grave representación divina. Por supuesto que no ha de significar ésto, que estemos abogando por un cambio en la disposición del sistema iconográfico -a la sazón, andar trastocando los bienes artísticos que allí se atesoran-, y menos aún, si éste se varia a capricho o argumentando dudosos motivos estéticos. Muy al contrario: la Santa Cueva ha de mantenerse siempre intacta en este sentido, pues salvando lo apreciado con el retrato del mentor, la mayoría del conjunto -desde el encuentro con su fachada, pasando por la Sala Baja, hasta llegar a la Alta-, están pensados y diseñados con el sólo fin de mostrar al creyente, un camino de Salvación a través de la penitencia y la Eucaristía. Piadoso trayecto que se iniciaba con la visión de la Virgen del Refugio de Riedmayer, y que habría de culminar, si finalmente es certera la hipótesis, con la contemplación de la goyesca Inmaculada, acentuándose la figura de María como mediadora según dictan los postulados católicos.

cueva-verticalSiguiendo con nuestro estudio, no podemos obviar el magnífico trabajo publicado por Palencia Cerezo en el 2005, “La Inmaculada Concepción y la pintura religiosa de Francisco de Goya”. Se detiene en un más que pormenorizadado análisis de la obra, que justifica la mano de Goya en su realización: el modelo compositivo que lo aleja de lo murillesco y por ende, de lo sevillano; la pintura “soterrada” presente en la obra (por ejemplo, un medallón que sujeta María), rasgo típico, y casi exclusivo de Goya que ya observó Zueras; la clara filiación estilística con las pinturas de la Santa Cueva; el poco movimiento de los ropajes, puesto que el propio Goya consideraba inadecuado para la representación de este icono, un vuelo excesivo vuelo de los mantos; el rostro de María Inmaculada, de clara filación goyesca, asi como el descuido en el modelado de las manos. Y podríamos continuar enumerando características de la goyesca obra -ya sea particularidades en su ejecución, colorido, acabado, estilo, o incluso referencias claras a los modelos artísticos imperantes en la época-, que para Palencia Cerezo acercan, y no poco, el lienzo a la producción que D. Francisco de Goya.

retrato-verticalSuponiéndola además, obra ejecutada en el exclusivo momento histórico en el cual el pintor estuvo avencidado en nuestra ciudad; pues esta representación de la Inmaculada Concepción, al contrario de lo que se ha concluido con los magníficos medios puntos de la Santa Cueva, sí cabe pensar que pudo haber sido realizada en Cádiz, y tal vez en casa de Sebastián Martínez, según hipótesis lanzada por Zueras y recogida por Palencia. Y pintada por Goya, ya fuese con el objeto de regalársela a su anfitrión Martínez, o a sus hijas como tambien apuntó Zueras, en señal de agradecimiento por el exquisito trato recibido durante su convalescencia. O con el menos altruista fin, de ser obra destinada al Oratorio de la Santa Cueva, como adorno y complemento de un muy rico repertorio simbólico, que nunca debería de perder, y que bien se nos está mostrando desde la misma calle Rosario con la Virgen del Refugio de Riedmayer.

Quede aquí pues, testimonio de otra gran pérdida: una Inmaculada Concepción de Goya, correspondiente a su estancia en Cádiz y que se englobaría sin duda, dentro de lo mejor de la producción religiosa del afamado pintor de Fuendetodos. (Miguel Ángel Castellano Pavón y Francisco Manuel Ramírez León).