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366. PARTES TELEGRÁFICOS DE 1811. La crónica del asedio francés.

14 10 2010

Desde el mes de julio de 1811, los periódicos gaditanos “El Redactor General” y “El Conciso” publicaron diariamente un resumen de las observaciones de los vigías militares que, con la ayuda del telégrafo óptico, vigilaban la Bahía de Cádiz desde 1805. Durante el asedio francés, sólo funcionaba una línea telegráfica entre Cádiz y San Fernando con una ampliación de sus puestos de vigilancia desde el castillo de Sancti-Petri hasta el Arsenal de la Carraca.

GENTECADIZ 1TelegrafoLa maquinaria del telégrafo óptico en la Bahía de Cádiz. Presentamos más partes telegráficos de 1811 en los que se detallaban algunos aspectos de este asedio que los franceses realizaron a la Isla de León (actual San Fernando) y a Cádiz:

Día 15 [de agosto de 1811].- Desde las doce de ayer a las de hoy.- Han cesado en ambas líneas los trabajos [de fortificación].- Fort Luis [en Puerto Real] ha hecho fuego a un barco nuestro, y el castillo de Santa Catalina [en el Puerto de Santa María] a tres cañoneras.- Los pinares de Chiclana arden por varias partes.- Del Puerto a Puerto-Real y después a Chiclana han pasado quince carros cubiertos; de Puerto-Real al Puerto noventa acémilas cargadas, y dos carros cubiertos, y del Puerto a Puerto-Real cuarenta acémilas cargadas.”

Día 22 [de agosto de 1811].- Desde las doce de ayer a las de hoy.- Continúan los trabajos.- A la espalda de la casa del Coto [en Chiclana] está ardiendo el pinar.- Ayer tarde, desde las dos hasta las tres y media, estuvieron batiendo con bastante actividad todas las lanchas nuestras de los apostaderos de la punta de la Cantera [actual Fadricas] y Carraca, a las cañoneras enemigas que estaban varadas en Puerto-Real y nuestras baterías del Arsenal [de la Carraca] a todas las enemigas de aquel frente, contestando ellos con las suyas.”

Día 17 [de septiembre de 1811].- Desde las doce de ayer a las de hoy.- Siguen los mismos trabajos en ambas líneas. Ha habido algún fuego en ellas, y paso de carros y acémilas en la enemiga, sin cosa notable.- Cruzan frente de Rota dos cañoneras españolas. Se ha perdido sobre las piedras del castillo de San Sebastián un bergantín-polacra.”

Día 24 [de septiembre de 1811].- Desde las doce de ayer a las de hoy.- Continúan los mismos trabajos en ambas líneas. El castillo de Santa Catalina del Puerto ha hecho fuego a un barco de la expedición, que salió ayer tarde, la que regresó a la noche, hallándose la tropa de esta acampada junto a la iglesia de San José, como también parte de la columna de cazadores y batallón de Carmona, que ha venido de la Isla [actual san Fernando].- Cerca de veinte infantes con dos piezas de artillería, varios carros y bagajes con equipajes han pasado de Chiclana al Puerto de Santa María.”

Día 4 [de octubre de 1811].- Desde las doce de ayer a las de hoy.- Continúan los trabajos en ambas líneas; en la enemiga ha habido algún tránsito de acémilas y carros.- La batería de San Genís [en San Fernando] hizo fuego a la casa del Coto [en Chiclana]; el castillo de Santa Catalina del Puerto, a una fragata mercante inglesa que salía y a otra americana que entraba y fue llevada por la corriente bien cerca del expresado fuerte, saliendo a darle auxilio once botes ingleses que la remolcaron a Bahía.”

Día 3 [de noviembre de 1811].- Desde las doce de ayer a las de hoy.- Continúan los enemigos en la reparación de las cañoneras de Puerto-Real y en la batería del arrecife de Chiclana.- Una corbeta bombardera inglesa y veintiuna cañoneras de dicha nación hicieron fuego a un místico mercante varado junto al castillo de Santa Catalina del Puerto correspondiendo éste al fuego; y en la acción se voló la popa de una cañonera, que después se fue a pique y, aunque algunos botes se dirigieron a recoger la tripulación, no pudieron efectuarlo a causa de la mucha metralla que tiraba el enemigo.”

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El código del telégrafo óptico utilizaba 24 señales, que podría ser alfabética o numérica.

Como se aprecia en estos partes, los partes telegráficos, con la autorización del gobernador militar de Cádiz, presentaban en la prensa gaditana una información muy exhaustiva: sobre los trabajos de construcción de defensas en ambas líneas; sobre los fuegos de artillería y otros combates entre la línea francesa y la española; sobre los desplazamientos de personas y mercancías; y finalmente sobre los movimientos de buques y lanchas en la Bahía de Cádiz. En conjunto, una crónica diaria de los que ocurrió en este episodio gaditano de la Guerra de la Independencia.

(Texto: Carlos Sánchez Ruiz)



307.- JOSÉ FERRADANS IGLESIAS. Pepiño el del Anteojo

9 07 2010

ferradans-portadaLe gustaba decir que era el único gaditano nacido en Galicia y sin embargo vio las primeras luces en La Estrada, un pueblo cercano a Santiago de Compostela en 1926.

La Estrada es la patria chica de la mayoría de los gallegos que magistralmente han frito el pescado en nuestra ciudad.

A fuerza de trabajo y con los ahorros, aquel simpático aprendiz que llegó a Cádiz con 13 años adquirió en 1948 un restaurante en La Alameda que ya existía desde principios de siglo: El Anteojo. (José Ferradans Pepiño, popularísimo y muy querido en Cádiz).

Lo financió con sus ahorros, la hipoteca de la casa de sus padres y asociado con un amigo que trabajaba en la Cafetería Andalucía. Muy pronto José Ferradans, Pepiño , supo atraer a familias y reuniones y El Anteojo se puso de moda, albergando además bodas, botaduras, celebraciones.  Diez años después ya era único propietario.

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1963, 17 de marzo, excursión de cadistas clientes de El Anteojo a Valencia. El Cádiz juega con el Levante y estuvo durante 15 minutos en Primera División, el tiempo que fue ganando. Un grupo de cadistas, directivos y aficionados, fletó un avión de Spantax, en la foto, para el desplazamiento. El piloto también era de Cádiz: Luis Machuca Ruiz. En la foto, entre otros, el presidente Paco Márquez, Pepiño, Diego Grimaldi, Eduardo Lumpié, Rafael Grimaldi, Pepe Murillo, Ángel Íñiguez, Manolo Escalante, Eduardo San Juan, Arturo Fernández de la Puente, Rafael de la Torre, Miguel Alfaro, Juaneli Fernández y Miguel Sibón. En aquellos años la afición no se vestía de amarillo pero era de altos vuelos.

El género que servía Pepiño era el mejor de las lonjas. Fue el primero que trajo género desde Galicia: mariscos, carnes y el imprescindible lacón con grelos. A ello había que sumar el afable trato de Ferradans, verdadero número uno con los clientes de la casa. El viejo restaurante se quedó pequeño y su fama se extendió por España. Mientras derribaba el viejo restaurante para edificar otro más moderno, se trasladó a una edificación efímera en frente, junto a la desaparecida Cruz de los Caídos.

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Navidades en el primitivo Anteojo. Todavía Pepe Ferradans, el mejor restaurador de Cádiz, no había emprendido la reforma del edificio El Anteojo, en la Alameda. Detrás del mostrador, y festejando las Navidades, aparecen de izquierda a derecha: Martínez, Pepiño, Miguel Sibón, Manolo Cano-Manuel, Jesús Ascorve, Angel Benavides, Katete Durio y Valentín Lasanta.

Otro triunfo. En 1975 inauguró el nuevo restaurante ante dos mil personas, en uno de los banquetes más extraordinarios y espléndidos que se han servido en nuestra ciudad. Otra de sus pasiones fue el Cádiz CF.

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Ambiente carnavalesco en los años setenta del siglo pasado en la terraza de El Anteojo.

Buena parte del éxito del establecimiento se debe a la dependenci: nombres que permanecen y son muestra de una verdadera escuela hostelera de sello propio y que se desvivía por el cliente: los hermanos de Pepiño , Albino y Rolando; José Gil Basteiro, Papi; Daniel Loureiro; los mâitres Iglesias, Quintero, Galisteo y Emilio Martínez; cocineros como Jesús Frende, Manuel Rivadavia, Jesús Pazos y José López , además de verdaderos ases de la barra como el apreciado Ángel Benavides, el eficaz Ambrosio Gómez de Vejer; Antonio Naranjo, España; Juan Melero, Chozas; Sebastián Flor Mejías; Juan Guerrero; Diego Mena, Manuel Zarzuela; Fernando, El Cateto; Manuel Mura; José Leal, Couto; el chófer de la casa José Luis Morillo, y el imprescindible Martínez, hoy retirado en La Viña y muchos otros profesionales inolvidables que recordamos pero que no podemos citar con precisión sus nombres.Todos fueron ejemplares atendiendo al cliente. Que los imiten.



245.- TRAGEDIA EN EL CAMPO DEL SUR. La muerte de Jaime Ballesteros

8 05 2010

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Esta espléndida fotografía ha sido conservada por José Luis Olano y durante muchos años estuvo en la pared del legendario e inolvidable establecimiento ‘El Pedrín’, abierto a la plaza de San Juan de Dios, antes, como se puede ver en la fotografía “Isabel II”
Se trata del entierro del torero aragonés Jaime Ballesteros “Herrerín” , que fue corneado por el toro Almejito, de la ganadería de López Plata, en la plaza de toros del Campo del Sur en septiembre de 1914, uno de los últimos festejos celebrados en aquel coso.
El torero falleció pese a que los doctores le aplicaron, como último recurso, “enemas de champagne helado”, según las crónicas de Diario de Cádiz. 
En la esquina de la plaza de San Juan de Dios aparece la pastelería Brun, sucursal de la situada en la calle Buenos Aires y que han conocido nuestros lectores como tal confitería, hasta convertirse en restaurante.
En 1936 este local pasaría a manos de la familia Olano y abriría sus puertas con el nombre de Bar ‘El Pedrín’, cuyos magníficos vinos de Chiclana han alimentado no pocas reuniones, tertulias y anécdotas. Los caldos se servían en pulcros vasos y medias limetas que la casa enjuagaba en un fregadero de zinc como los que hoy se ven en antañonas tabernas madrileñas, pilas hoy perdidas en nuestra ciudad.



239.- CÁDIZ, PUERTA DEL TOREO MEXICANO. La llegada de Ponciano Díaz (y III).

2 05 2010

corrida-mexico-vConcluye la serie sobre la llegada a España del primer torero mexicano con esta entrega donde se reseñan algunas curiosidades de su visita a Jerez y de su debut en la plaza de toros de El Puerto.

En el número del 18 de agosto siguiente, la noticia fue que Ponciano había visitado en Jerez de la Frontera las bodegas de Carrasco Hermanos y de Mr. Buck, antes Pemartín. También estuvo en el museo taurino de Iñigo Ruiz y en la bodega de González Byass. Al día siguiente el torero debutó en la plaza de El Puerto de Santa María, recién estrenada en 1880. Se jugaron novillos de Ibarra que mataron diez caballos. El Tortero fue uno de los novilleros, y estuvo desgraciado; el otro fue Torerito, que tuvo una buena tarde. Oropesa y González picaron muy bien al segundo astado. En una vara el novillo le quitó los arreos al caballo y el charro -no aclara el diario cuál de ellos- picó a pelo. Ponciano, vestido de azul y plata, solamente salió a picar a caballo. (Al lado una antigua fotografía de la lidia en México. Los picadores todavía iban ataviados a la usanza de la charrería).

corrido-vEsa fue la actuación en El Puerto de una de las figuras históricas del toreo mexicano, más tarde, en octubre, Frascuelo le confirmaría la alternativa a Díaz, el protagonista junto con Bonilla de un raro folleto que vio la luz en una imprenta de Cádiz en esta orilla del toreo. (Francisco Orgambides).

Junto a estas líneas un pliego de cordel, editado en México y contemporáneo al éxito profesional del torero Charro, donde se recoge la letra de uno de los muchos corridos que cantaron las vicisitudes de la vida de un torero que en México amasó una fortuna y que fue propietario de una plaza de toros.



237.- CÁDIZ, PUERTA DEL TOREO MEXICANO. La llegada de Ponciano Díaz (I)

30 04 2010

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Por este puerto entró el toreo mexicano en España, toreo de ida y vuelta. Ese viaje de retorno lo protagonizó el diestro Ponciano Díaz, y la arribada a nuestra ciudad se puede rastrear por una pequeña joya, un libro que es muy buscado por los bibliófilos de tema taurino.

banderillas-dos-manos-vEn 1889 se publicó en Cádiz, en la tipografía de Díez y Sánchez, un folleto de 14 páginas en octava titulado “Biografía del célebre torero mexicano  Ponciano Díaz, con todos sus hechos muy notables y las cogidas que ha tenido”. Esta figura histórica de la lidia llegó a España el mismo año de esta edición, presentándose en Madrid el 28 de julio de 1889. Ponciano Díaz Salinas fue el primer diestro de verdadera fama procedente de América y uno de los primeros matadores extranjeros que actuaron en Madrid. (Las banderillas a dos manos a caballo era una suerte de la charrería que practicó Ponciano en los ruedos españoles, aunque toreaba a pie. Durante la lidia montaba a caballo en el tercio de banderillas y ejecutaba alguna de las suertes del rodeo mexicano). 

Practicando la moderna lidia a pie, fue uno de los primeros matadores mexicanos que actuaron en Europa. Más tarde vendrían el torero millonario Vicente Segura y Rodolfo Gaona, pero ya en el Siglo XX. Este volumen editado en Cádiz puede ser el primero dedicado exclusivamente a este legendario torero mexicano, discípulo del portorrealeño Bernardo Gaviño y que en 1889 tenía diez años de alternativa. Desconozco una monografía más antigua dedicada al primer torero mexicano con categoría de figur del toreo.

brindis vEl folleto, que se vendía a diez céntimos de peseta, abre con un elogio del éxito alcanzado en las corridas de Madrid por el toreo mexicano con el “jarifeo” (Sic.) y Manganeo, así como la suerte de banderillear a caballo,  poniéndolas a la altura de las suertes que puedan ejecutar Lagartijo y Frascuelo. (Una viñeta de la época representando a Ponciano,el torero de Atenco, en un brindis. Es una figura muy popular aún en México, donde todavía se cantan corridos relatando sus hazañas en el ruedo).

El autor es un histórico del periodismo taurino mexicano Este pequeño texto, se publicó sin firma de autor. El título, nos arroja la primera aunque pobre luz de que quien lo escribió bien pudiera ser mexicano, ya que emplea la palabra mexicano con la grafía “x” del castellano antiguo, fórmula muy desusada en España en la época, donde siempre se utilizaba la forma Méjico y mejicano. Sigue la biografía breve de Ponciano con léxico mexicano como “caporal” o expresiones que conducen a la sospecha como “Del celebre Bernardo Gaviño” -el torero muerto en Texcoco no era tan conocido en España entonces como en México- o “Hay motivos para que este torero sea simpático a los españoles”.

ponciano-retrato-vTal vez la respuesta al enigma de la autoría del folleto está en que la tercera parte de esta breve obra está dedicada a Julio Bonilla. El escritor jalapeño contaba entonces 34 años, y era propietario, fundador y director de “El arte de la lidia” que se publicaba en México sin interrupción desde 1884. Esta revista taurina fue según mis datos la primera que se publicó en el  continente, o mejor dicho, en tierra firme, porque en 1883 apareció en Cuba la revista “La lidia en La Habana”, a la que seguirían en la misma década “La revista de toros”, “El tío Camama”, “El Puntillero”, “Toros en La Habana”, “La Muleta”, “La Garrocha” y “La Bronca”. “El arte de la lidia” sí que fue una revista duradera, no como las cubanas que apenas vivían una temporada. Bonilla la dirigió hasta este año de 1889 en que le sucedería Antonio Calvo, lógico si iba a emprender un viaje largo a España, ya que acompañó a Ponciano a Europa. (Ponciano, puro México, vestido de charro, el atavío que utilizaba en su periplo español).

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Su revista fue el vivero de posteriores publicaciones mexicanas de tema taurino, ya que nada menos que siete se contabilizaban en la ciudad de México en 1887: “La banderilla”, “La voz del toreo”, “El toro”, “El Correo de los toros”, “El monosabio”, “La muleta” y “La divisa”. Bonilla murió en 1909.



224.- TOLSÁ Y FERNÁNDEZ GUERRERO. Unidos en Cádiz (Y II)

17 04 2010

ecce-homo-verticalFueron Fernández Guerrero y el grupo de ayudantes y discípulos de Cayón los que involucraron al artista valenciano con Cádiz y, en concreto, con el templo de la calle Ancha, que estaba siendo reconstruido con gustos neoclásicos. La iglesia de San Pablo, alineada con el caserío, acogía -y acoge- a la archicofradía del Ecce-Homo, vinculada en aquellos tiempos al Hospital Real de Cádiz, que estaba bajo jurisdicción castrense. Una antigua fotografía del paso de misterio de la archicofradía del Ecce Homo.

Fernández Guerrero había recibido el encargo de tallar una dolorosa implorante para la hermandad, bajo la advocación de las Angustias. Y de Cayón -cuyos proyectos materializó después su sobrino Torcuato Benjumeda- eran los planos del nuevo templo. Faltaba el retablo del altar mayor, en el que se iba a situar -en lugar preferente- al titular de la Archicofradía, un Ecce-Homo realizado décadas atrás por el sevillano Montes de Oca.

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Tolsá trazó aquel retablo en mármol, pero jamás vio la obra terminada porque el 26 de febrero de 1791 embarcaba en la Santa Paula -una fragata de la Marina de Guerra que años antes había sido incautada a los ingleses en las Azores- rumbo al puerto de Veracruz, acompañado por su ayudante Baltasar Pombo y una sobrina de nueve años -huérfana de padres-, que había sido acogida como una hija en ese tiempo por Lucía Cruzado y Suárez, la esposa del escultor. Los planos y las instrucciones sobre el templo se quedaron en Cádiz, desde donde fueron enviados a Génova para su definitiva construcción. (Arriba Veracruz, el puerto de entrada en Nueva España y donde desembarcó Tolsá para su fructífera estancia en México).

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En México, Tolsá terminó las obras de la catedral metropolitana, diseñó cementerios y plazas de toros, reforestó alamedas y jardines, proyectó el Hospicio Cabañas, en Guadalajara, esculpió el busto de Hernán Cortés que se elevaba sobre su primitiva tumba, en el Hospital de Jesús, y realizó el baldaquino de la catedral de Puebla. Pero su legado más importante se encuentra en el centro histórico de la capital mexicana: el Palacio de la Minería, obra maestra del neoclasicismo en la América hispana. (La Catedral metropolitana de México)

Pese a que rara vez utilizaba la madera, tuvo tiempo también para emplear la gubia y, en recuerdo de la dolorosa gaditana de su amigo Fernández Guerrero, dejó para la posteridad a principios del siglo XIX en San Luis Potosí otra de hermosa estampa y de curioso parecido, hecha en cedro y de 1,80 metros de altura, que entregó a la comunidad carmelita bajo la advocación de la Soledad.

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Esta Soledad de Tolsá, inspirada en la imaginería gaditana, es contemporánea a otra Soledad que un misterioso autor, de nombre José Fernández Pomar -supuesto seudónimo del mismísimo Fernández Guerrero-, entregó en 1803 al mayordomo de la hermandad del mismo nombre de Jerez de la Frontera, con sede en la Iglesia de la Victoria. (El busto de Hernán Cortés en el hospital que fundó en la antigua Tenochtitlán).

E igualmente de corte parecido es otra talla, bajo la advocación de los Dolores, que está en depósito en la iglesia parroquial de Santa María la Blanca, de la localidad sevillana de Fuentes de Andalucía. La imagen, también de principios del siglo XIX, fue adquirida en Cádiz por un benefactor del citado pueblo, que ordenó -para su culto- levantar un retablo neoclásico bajo la supervisión del erudito académico Ceán Bermúdez, amigo personal de Fernández Guerrero y por entonces director del Archivo de Indias.

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Puedo dar fe que existe una relación más allá de lo visual entre estas cuatro imágenes, que me permite llegar al supuesto de que Tolsá y Fernández Guerrero -que nunca firmaron sus obras de imaginería religiosa- intercambiaron técnicas de estilo, aunque no sería extraño que hubiera una tercera persona en liza con influencias en ambos. (Arriba, una espléndida imágen del “caballito”, como se conoce en México a la estatua ecuestre de Carlos IV, ante el Palacio de la Minería, en la plaza Manuel Tolsá).

Sería el viejo Fernández de Pomar, maestro en el arte religioso, en cuyo taller de carpintería artística se formó Fernández Guerrero y de quien se supone recibió -antes de su muerte en 1794- bocetos y dibujos inéditos sobre este tipo de imaginería, barroca de origen pero que acoplarían ambos académicos a los cánones neoclásicos. (Del discurso de entrada de Fernando Orgambides en el Ateneo de Cádiz).



223.- TOLSÁ Y FERNÁNDEZ GUERRERO. Unidos en Cádiz (I)

16 04 2010

tolsaEn la calle Ancha existe una pequeña iglesia llamada de la Conversión de San Pablo, cuyo retablo mayor, de estilo neoclásico, fue diseñado sobre planos en 1790 por el escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá, de quien recientemente se han cumplido 250 años de su nacimiento.

El retrato de Manuel Tolsá, obra de Francisco de Goya.

Tolsá es el autor de la única estatua ecuestre que se conoce del Rey Carlos IV, padre de Fernando VII, monarcas ambos de triste recuerdo en la historia de España. La estatua se encuentra en la capital de México, entonces Nueva España, y nación hoy que le debe a este escultor valenciano las mejores obras monumentales -civiles y religiosas- que se levantaron en su territorio en los años previos al grito de Dolores.

caballito-verticalAmigo de Tolsá era un escultor nacido en 1748 en Ubrique, de nombre José Fernández Guerrero, que se había afincado en Cádiz en el último tercio del siglo atraído por un familiar artista, pero también por la época de esplendor que vivía la ciudad. Era éste Gonzalo Fernández de Pomar, tío-abuelo de lado paterno, nacido también en Ubrique y reconocido maestro escultor al que se le adjudica gran parte de los retablos religiosos del Cádiz de la época, entre ellos el que da culto actualmente a la popular imagen del Nazareno. (La estatua ecuestre del rey  Carlos IV que se conserva en Ciudad de México. Hoy está frente al Palacio de la Minería).

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La ciudad, dedicada exclusivamente al comercio con Ultramar y en un enclave estratégico entre el Atlántico y el Mediterráneo, vivía su siglo de oro. La decisión de Felipe V, en 1717, de trasladar a Cádiz la Casa de Contratación, elevó su prestigio, que no se mermó con la eliminación de las restricciones comerciales, ya en el último tercio del siglo, que fueron asumidas por los gaditanos como una manera distinta, pero igualmente fructífera, de hacer el negocio marítimo.

san-pablo-verticalEn el siglo XVIII la ciudad se acercaba a los 90.000 habitantes, de los cuales un diez por ciento eran franceses y genoveses. Existían tres teatros con funciones regulares y se contabilizaban más de treinta cafés y billares. En un principio salían al año dos flotas -una a Nueva España y otra a Nueva Granada-, ambas escoltadas por buques de guerra, pero pronto se sustituyó esta organización por otras y se dieron años en que la ciudad registró la entrada en sus aguas de hasta un millar de buques. (La iglesia de la Conversión de San Pablo, en la calle Ancha)

Tolsá y Fernández Guerrero se habían conocido en Madrid, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, controlada entonces por la nobleza y que en aquellos tiempos tenía su sede en la Real Casa de la Panadería, hoy dependencia del Ayuntamiento de la Villa. Y desde entonces mantenían una estrecha amistad.

Compañeros de estudio eran también Cosme Velázquez, director de Escultura de la Academia gaditana, José Sócrates Rodríguez, que años más tarde sería nombrado maestro escultor del Arsenal de la Carraca, y Miguel de Olivares y Guerrero, que llegó a ser aparejador de la Colegiata de Jerez de la Frontera y uno de los siete arquitectos que dirigieron las obras de la catedral de Cádiz.

carlos-III-verticalEn este centro enseñaban profesores franceses e italianos traídos ex profeso por los primeros Borbones, muy proclives al refinamiento y al arte en su expresión más exquisita. No sólo era la Academia un centro de enseñanza o de rigor artístico, sino también un foco receptor de nuevas corrientes, entre las que destacó el neoclasicismo, que tuvo su momento cumbre en los reinados de Carlos III y Carlos IV y que devolvía a España -como lo había hecho en Francia a partir de 1750- los gustos grecorromanos. (Un grabado del Rey Carlos III)

El escultor Fernández Guerrero, primer eslabón de la saga gaditana a la que me voy a referir, es autor -para situarnos en su legado- de las estatuas de Balbo el Menor y Columela que se encuentran en el Ayuntamiento de Cádiz, además de diferentes obras de orfebrería en plata para imágenes religiosas y otras de dorado de retablos que, con casi toda seguridad, compartió como discípulo con su pariente Pomar, que llegaría a ser maestro mayor de carpintería de la ciudad.

panaderia-horizontalTolsá había llegado a Cádiz en septiembre de 1790, con 41 años, soltero y recién nombrado director general de la nueva Academia de Bellas Artes de San Carlos, de México. Cádiz era su puerto de partida para América, pero la estancia se le hizo infinitamente larga al tener que esperar casi seis meses para embarcar en un buque capaz de albergar en sus bodegas el volumen de piezas que traía consigo: 66 cajas con moldes de figuras del Museo Vaticano y otros materiales de grandes proporciones, además de 154 quintales de yeso blanco en piedra. (En la Real Casa de Panadería de Madrid estuvo la Academia de Bellas Artes).

Durante el tiempo de espera, Tolsá se reencuentra en la capital gaditana -disparada en cuanto a construcciones civiles- con varios compañeros de estudios de Madrid, en su mayoría agrupados en torno al taller del que fuera maestro mayor de la ciudad, Torcuato José Cayón, fallecido unos años antes y en ese momento reemplazado por su sobrino, Torcuato Benjumeda.A ese grupo pertenecía Fernández Guerrero, académico por la rama escultórica como Tolsá y teniente director de la Escuela de Nobles Artes -luego Academia- de la ciudad, creada años antes a instancia del gobernador Alexander O’Reilly, el hombre del Rey en Cádiz.

balbo-menorEn aquel tiempo, España vivía un momento de apogeo artístico. Lucía ya esplendorosa en Madrid la Puerta de Alcalá, obra de Sabatini. Acababan de ser instaladas las fuentes de Cibeles y Neptuno, obras de Francisco Gutiérrez y Juan Pascual de Mena, respectivamente. Y en la Isla de León se ultimaban los trabajos que iban a configurar la nueva población naval de San Carlos, bautizada así en honor del rey arquitecto y sobre la que trabajaban ya en algunos proyectos el marqués de Ureña y el propio Sabatini. balbo el Menor. Su estatatu, que se conserva en el Ayuntamiento, es obra de Tolsá)

En Cádiz, la mano de Carlos III también se había hecho notar. Y la ciudad incrementaba, por deseo del monarca, su patrimonio arquitectónico con el nuevo Palacio de la Aduana, obra del ingeniero Juan Caballero, el baluarte de San Carlos y el barrio de su mismo nombre, que se levantaron siguiendo los cánones del neoclasicismo reinante. A ello uniríamos la Cárcel Real, una catedral en construcción y el deseo -más tarde materializado- de levantar un nuevo consistorio.

Antes de obtener el título de académico, Fernández Guerrero combinaba sus trabajos artísticos con la enseñanza. De hecho, durante un tiempo fue profesor de una escuela privada de dibujo, aritmética y geometría – a la que asistían los plateros de la ciudad-, cuyo director era el propio Torcuato José Cayón, por otra parte suegro de Ventura Rodríguez, el arquitecto que terminó las obras de la Basílica del Pilar.

columela-verticalCayón tenía mando sobre la Milicia de Cádiz y unió en torno a este batallón de civiles -que hacía la instrucción los domingos- a la mayoría de sus discípulos y colaboradores. Fernández Guerrero no fue la excepción e ingresó como oficial de mérito, lo que le permitió alcanzar estatus militar, lucir uniforme en actos oficiales y pasar a depender eclesiásticamente de la parroquia castrense. Una réplica de la estatua de Columela, obra de Tolsá, se instaló en la plaza de las Flores)

Esta vinculación al estamento militar no sólo le proporcionó acomodo social sino también cercanía en la toma de decisiones del Ejército y la Marina borbónica en cuanto a la plaza gaditana y su departamento, necesitados en aquellos tiempos de maestros artistas. Era el caso de los profesores de dibujo con conocimientos de geometría, a los que se solían encargar trabajos topográficos.

O de los Astilleros de La Carraca, donde se botaban con regularidad buques de gran tonelaje para la ruta de Indias. En ellos se empleaban maestros carpinteros, de jarcia y de lona, pero también imagineros y ensambladores, que eran los encargados de diseñar los mascarones de proa, además de otras ornamentaciones externas e internas.  (Del discurso de entrada de Fernando Orgambides en el Ateneo de Cádiz).



222. HOTEL FRANCIA Y PARÍS. Más de un siglo de lujo y confort.

15 04 2010

h f y p fachada ante de su estreno

Señorial. La elegante fachada del hotel poco después de su estreno.

El nuevo establecimiento, inaugurado en 1902, representó una importante mejora para la ciudad y un atractivo para forasteros y “touristas”. El negocio se ha caracterizado por el buen servicio al público y en la actualidad sigue en primera línea de la oferta hotelera gaditana. El éxito ha coronado en el esfuerzo de la familia Paredes que ha sabido mantener el encanto de un hotel centenario en pleno corazón del Casco Histórico de Cádiz. El fundador fue el gaditano José Paredes Pastrana, un emprendedor para la época y, sobre todo, una persona muy atenta y amable que sabía causar a sus huéspedes una magnífica impresión.

El fundador del hotel, José Paredes Pereda, y su hijo José Paredes Monje j.braza hoy. Fachada del 'Francia y París', en la plaza de San FranciscoEl propietario actual del hotel es su biznieto, Manuel Paredes Gómez. El hotel ha acogido a los personajes más relevantes de la sociedad española y mundial, incluso a inquilinos de ficción, como un personaje de la novela ‘La carta esférica’, del escritor Arturo Pérez Reverte, que se aloja durante una temporada en el Francia y París, y que detalla minuciosamente las instalaciones del hotel y la plaza de San Francisco. Una de las personalidades que se alojó en el hotel gaditano fue el filósofo español José Ortega y Gasset, acompañado de su padre Ortega Munilla, en el año 1916. La estancia de tan prestigioso personaje se debió a que el pensador embarcó en Cádiz rumbo a Buenos Aires (Argentina). La visita de José Ortega Munilla fue un acontecimiento en la ciudad. Se trataba de un reconocido periodista y novelista, perteneciente a la Real Academia Española, y gozaba de gran prestigio entre argentinos y españoles, hasta el punto de que Ortega Munilla era más reconocido en Argentina que su hijo, el autor de ‘La rebelión de la masas’. Ilustra este artículo una factura (1916) de la estancia de José Ortega y Gasset y su padre en el hotel Francia y París. En ella se puede comprobar el gusto de ambos por el buen vino. El edificio, 600 metros y con dos plantas, fue construido expresamente para hotel en la antiguamente llamada plaza de Loreto, con vistas a San Francisco y a la calle Vargas Ponce, antigua del Tinte. En diciembre de 1902 concluyeron las obras del gran hotel. El fundador del hotel, José Paredes Pereda, y su hijo José Paredes Monje.

 

al timón. Manuel Paredes, junto a su tía Cándida


Manuel Paredes, junto a su tía Cándida.

La fachada tenía hasta el primer piso un revestimiento de piedra jaspeada; el resto de estaba pintado de color fresa y las pilastras en pizarra. La azotea estaba rodeada por una balaustrada de hierro. La planta baja recibía luz del exterior por siete ventanas; el primer piso por cinco balcones y tres cierros a la plaza de Loreto y siete balcones a la calle del Tinte. En el segundo piso todo son balcones con cierros tallados estilo Renacimiento.

1916. Documento de la factura de alojamiento en el hotel del filósofo español José Ortega y Gasset y su padre, antes de partir hacía Buenos Aires. Rioja no faltó.La escalera de la entrada principal era de mármol de Italia y los zócalos de mármol abrillantado; la pared del primer descansillo la cubría una hermosa jardinería de nogal con dos lunas biseladas y las iniciales doradas del hotel en el centro. Cada planta constaba de 22 habitaciones, cinco daban al patio del hotel y el resto a la calle. El comedor ocupaba un espacio de 126 metros cuadrados, con suelo de mármol, zócalos de azulejos en orden arabesco y paredes estilo renacentistas. El techo, decorado en cuero, en tonos dorados y con molduras estilo Luis XV. El salón de lectura se encontraba frente al comedor y estaba tapizado con papel de seda en tono verde y oro. Lo decoraban cuatro magníficos espejos de marcos dorados. había sillerías tapizadas de seda modernistas, cortinaje con la misma tela que las sillas, alfombra inglesa de terciopelo, piano de Gavain, donde el compositor gaditano Manuel de Falla realizó exibiciones, y un aparato eléctrico con 12 bombillas.A continuación se encontraba el despacho del director, tapizado con papel de Lyon en fondo azul, espejos y mobiliario de nogal y alfombra de terciopelo. Junto a la dirección estaba el despacho del conserje, con mobiliario también de nogal. Las tapicerías de las habitaciones estaban decoradas de seda con diferentes colores y dibujos, alfombras de terciopelo, cortinajes de Holanda bordados y doseles de terciopelo gránate. El mobiliario era de nogal y ébano, abundando la decoración de espejos. Los cuartos de baños ofrecían un tocador de mármol, pila de piedra artificial catalana y grifos de níquel rotulados. Los trabajos de distribución del hotel se verificaron a iniciativa del director, Eduardo Román, dirigiéndola en la parte técnica el maestro García Soto y actuando como aparejador Manuel Maure. La parte de decoración y pinturas estuvo a cargo de Manuel Pastrana; el herraje, monteras, ventanas, ascensor y demás fue construido en los talleres de José Corripio y los aparatos eléctricos fueron adquiridos en Madrid. Según la crónica de DIARIO DE CÁDIZ, del 1 de diciembre de 1902, “ayer desfilaron por el Gran Hotel de France et Paris numerosas personas conocidas de Cádiz admirando la esplendidez de la obra, celebrando la construcción del nuevo edificio que viene aumentar la industria gaditana con honroso puesto”. En 1957 se llevó a cabo una importante rehabilitación en el hotel, con la ampliación de dos plantas.  Imagen de arriba. Documento de la factura de alojamiento en el hotel del filósofo español José Ortega y Gasset y su padre, antes de partir hacía Buenos Aires. Rioja  no  faltó.  (D.J.P.).