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324. El ORIGEN DEL NOMBRE DE LA PLAYA VICTORIA

26 07 2010

El origen de la denominación ‘Playa Victoria’ es objeto de frecuente controversia. Muchos opinan que el verdadero nombres es ‘de la Victoria’, otros que ‘Reina Victoria’ y otros pocos ‘Reina Victoria Eugenia’.

Lo cierto es que su nombre procede de una tienda de vinos. A mitad del siglo XIX existía un establecimiento llamado ‘La Victoria’ en la calle Arrecife, hoy avenida de entrada a la ciudad. La tienda estaba situada enfrente del solar que hoy ocupa la Residencia Sanitaria. La zona comenzó a conocer por ‘la Victoria’ y hasta la actual calle Fernández Ballesteros llevaba el nombre de ‘La Victoria’.

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El Balneario Victoria a comienzos del siglo XX

La playa era conocida simplemente por ‘playa del Sur’. Así por ejemplo, todas las noticias publicadas con respecto a la aparición de los ‘duros antiguos’ (1904) hacen referencia exclusiva a ‘la playa del Sur’.

La confusión surge con la inauguración del tranvía a San Fernando en marzo de 1906. Comienza entonces la costumbre de acudir a pasear a la playa y los pasajeros se apean en la parada conocida como ‘La Victoria’. Poco a poco la playa pasa a ser conocida por los gaditanos como ‘playa de la Victoria’. Mientras tanto comienza la construcción de un Balneario frente a la playa. Al mismo tiempo, el Rey de España, Alfonso XIII, contrae matrimonio en mayo de 1906 con la princesa inglesa Victoria Eugenia de Battemberg. Esta boda hizo que los propietarios del establecimiento decidieran bautizarlo como ‘Balneario Reina Victoria’.

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Muchos años después, cuando el edificio llamado Hotel Playa pasó a manos privadas, volvió a plantearse la polémica sobre el nombre de aquella zona. El entonces cronista de la ciudad, Serafín Pro Ruiz, recordó que el nombre del Balneario y el de la playa eran distintos. El primero respondía al nombre de la Reina de España y el de la playa a la pequeña tienda de vinos que había estado situada en el siglo XIX en la calle Arrecife.



316. EL BALNEARIO DE LA PALMA.

18 07 2010

En la zona oeste, la playa de la Caleta fue uno de los primeros lugares para el disfrute del mar al que acudían sobre todo los vecinos de los barrios de La Viña y Santa María. En esta ensenada, fueron inaugurados el 15 de julio de 1868 los Baños del Real, así conocidos por el precio de su entrada: un real de vellón.

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El Balneario de la Palma, en los años 30.

Estaba construido sobre estacas de madera y poseía dos partes diferenciadas para señoras y caballeros. Pero fue el 16 de julio de 1926, pasada la festividad del Carmen, ya que no estaba bien visto acudir antes a la playa, cuando fue inaugurado lo que se conoce actualmente como el Balneario de La Palma. Este nuevo edificio contaba en su interior con un salón de fiestas, baños calientes y duchas, así como de un restaurante donde se celebraron importantes banquetes y bailes. Costó 250.000 pesetas y se construyó a iniciativa de la Diputación, para sustituir a unos barracones ruinosos. Tras tres proposiciones presentadas a concurso se acordó adjudicar el servicio del ‘restaurant’ del Balneario de la Palma a Antonio Lobatón Reyes, que presentó la oferta más beneficiosa para los intereses del Municipio.

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Tarifa de precios, en 1949.

Lobatón ofreció hacerse cargo de los citados servicios por la cantidad de 6.106 pesetas anuales. Asimismo se comprometió también a explotar un servicio de autobuses para el transporte de viajeros hasta los baños. Para su puesta de largo, el lunch, servido por el bar España, contó con un servicio de 150 cubiertos, con langostinos al natural, emparedados de crema de anchoas, foiegrás, queso, crema de lomo y pasteles de ternera y salmón. También hubo pastas, dulces finos y mantecado de vainilla. Todo regado con Carta Blanca y Champagne Royal. Mientras que la instalación eléctrica del recinto fue efectuada por el aparejador mecánico de Diputación Enrique García Movellán. (D.J.P)



311. JUAN CEBALLOS y GÓMEZ. Introductor de la anestesia con éter y cloroformo

13 07 2010

Ceballos_1La escuela médica de Cádiz ha gozado en toda España de merecida fama. Uno de los grandes médicos que contribuyeron a ello fue Juan Ceballos y Gómez, cuyo nombre fue dado a la calle de la Bomba al ocurrir su fallecimiento, en diciembre de 1875.

Según una biografía publicada en la revista ‘Cádiz’, que dirigía Patrocinio de Biedma, Ceballos fue el primer operador en España en introducir la técnica de la anestesia con éter y cloroformo, sin tener un solo caso desgraciado.

Juan Ceballos había nacido en Cádiz en 1817. Hijo de padres muy modestos, estudió con brillantez la carrera de Medicina y con apenas 26 años obtuvo una plaza de catedrático en la ‘Escuela de prácticos del arte de curar’ de Sevilla. Al año siguiente es nombrado catedrático de la Facultad de Medicina de Cádiz. Miembro de numerosas academias nacionales y extranjeras, Juan Ceballos tuvo una destacada participación en la lucha contra la epidemia del cólera que se declaró en Cádiz en 1854. También destacó en su atención a los soldados heridos de la guerra de África que fueron ingresados en los hospitales de nuestra ciudad. El Gobierno recompensó a Ceballos con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

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La antigua calle de la Bomba pasó a denominarse Ceballos en homanaje al médico gaditano. En esta calle estuvo durante muchos años Diario de Cádiz. En la foto, un grupo de trabajadores del periódico y de la familia Joly ante la lápida que fue colocada en recuerdo del periódico.

Desde 1839 a 1860 dirigió la prestigiosa Revista de Ciencias Médicas. Escribió numerosas obras de carácter científico, entre las que destacan, Elementos de Fisiología general, y, sobre todo, De las tallas perineales y del cateterismo perineal forzado, traducida a varios idiomas. Fue también presidente del Ateneo de Cádiz.

Ceballos murió a los 58 años de edad. Antes de morir quiso despedirse personalmente de sus alumnos, acudiendo una comisión a su domicilio, en la calle Rosario número 12. En su entierro hablaron a los alumnos los profesores Cambas, Alsina y Rocafull.



310. EUSEBIO ROCHA y VICENTE EL LARGO. Dos entrañables gaditanos.

12 07 2010

Vicente_1En la foto aparecen dos entrañables y recordados gaditanos. Eusebio Rocha afeitando a Vicente el Largo. La foto es de mala calidad ya que se trata de una reproducción de un viejo periódico. Pero tiene mucho valor para aquellos que gustan de recordar a esos personajes que hicieron de Cádiz una ciudad singular.

Eusebio Rocha era el propietario de la barbería situada en la calle San José, enfrente del Bar Liba. Trabajaba junto a su hijo Manolo y otro barbero también llamado Manolo. Era una de las más acreditadas barberías de la ciudad y muchos gaditanos acudían allí en busca de animadas tertulias. Durante muchos años la esquina de San José con Ancha, donde estaba la barbería, era el centro de la vida de la ciudad.

Vicente el Largo es uno de los personajes más emblemáticos del Cádiz de la mitad del siglo XX. De él se cuentan infinidad de historias, la mayor parte de ellas inventadas. Son muchos gaditanos los que le recuerdan en sus paseos por Ancha y San José con sus grandes botas y su enorme bastón. Contaban que había donado su cuerpo para ser estudiado en la Facultad de Medicina.



307.- JOSÉ FERRADANS IGLESIAS. Pepiño el del Anteojo

9 07 2010

ferradans-portadaLe gustaba decir que era el único gaditano nacido en Galicia y sin embargo vio las primeras luces en La Estrada, un pueblo cercano a Santiago de Compostela en 1926.

La Estrada es la patria chica de la mayoría de los gallegos que magistralmente han frito el pescado en nuestra ciudad.

A fuerza de trabajo y con los ahorros, aquel simpático aprendiz que llegó a Cádiz con 13 años adquirió en 1948 un restaurante en La Alameda que ya existía desde principios de siglo: El Anteojo. (José Ferradans Pepiño, popularísimo y muy querido en Cádiz).

Lo financió con sus ahorros, la hipoteca de la casa de sus padres y asociado con un amigo que trabajaba en la Cafetería Andalucía. Muy pronto José Ferradans, Pepiño , supo atraer a familias y reuniones y El Anteojo se puso de moda, albergando además bodas, botaduras, celebraciones.  Diez años después ya era único propietario.

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1963, 17 de marzo, excursión de cadistas clientes de El Anteojo a Valencia. El Cádiz juega con el Levante y estuvo durante 15 minutos en Primera División, el tiempo que fue ganando. Un grupo de cadistas, directivos y aficionados, fletó un avión de Spantax, en la foto, para el desplazamiento. El piloto también era de Cádiz: Luis Machuca Ruiz. En la foto, entre otros, el presidente Paco Márquez, Pepiño, Diego Grimaldi, Eduardo Lumpié, Rafael Grimaldi, Pepe Murillo, Ángel Íñiguez, Manolo Escalante, Eduardo San Juan, Arturo Fernández de la Puente, Rafael de la Torre, Miguel Alfaro, Juaneli Fernández y Miguel Sibón. En aquellos años la afición no se vestía de amarillo pero era de altos vuelos.

El género que servía Pepiño era el mejor de las lonjas. Fue el primero que trajo género desde Galicia: mariscos, carnes y el imprescindible lacón con grelos. A ello había que sumar el afable trato de Ferradans, verdadero número uno con los clientes de la casa. El viejo restaurante se quedó pequeño y su fama se extendió por España. Mientras derribaba el viejo restaurante para edificar otro más moderno, se trasladó a una edificación efímera en frente, junto a la desaparecida Cruz de los Caídos.

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Navidades en el primitivo Anteojo. Todavía Pepe Ferradans, el mejor restaurador de Cádiz, no había emprendido la reforma del edificio El Anteojo, en la Alameda. Detrás del mostrador, y festejando las Navidades, aparecen de izquierda a derecha: Martínez, Pepiño, Miguel Sibón, Manolo Cano-Manuel, Jesús Ascorve, Angel Benavides, Katete Durio y Valentín Lasanta.

Otro triunfo. En 1975 inauguró el nuevo restaurante ante dos mil personas, en uno de los banquetes más extraordinarios y espléndidos que se han servido en nuestra ciudad. Otra de sus pasiones fue el Cádiz CF.

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Ambiente carnavalesco en los años setenta del siglo pasado en la terraza de El Anteojo.

Buena parte del éxito del establecimiento se debe a la dependenci: nombres que permanecen y son muestra de una verdadera escuela hostelera de sello propio y que se desvivía por el cliente: los hermanos de Pepiño , Albino y Rolando; José Gil Basteiro, Papi; Daniel Loureiro; los mâitres Iglesias, Quintero, Galisteo y Emilio Martínez; cocineros como Jesús Frende, Manuel Rivadavia, Jesús Pazos y José López , además de verdaderos ases de la barra como el apreciado Ángel Benavides, el eficaz Ambrosio Gómez de Vejer; Antonio Naranjo, España; Juan Melero, Chozas; Sebastián Flor Mejías; Juan Guerrero; Diego Mena, Manuel Zarzuela; Fernando, El Cateto; Manuel Mura; José Leal, Couto; el chófer de la casa José Luis Morillo, y el imprescindible Martínez, hoy retirado en La Viña y muchos otros profesionales inolvidables que recordamos pero que no podemos citar con precisión sus nombres.Todos fueron ejemplares atendiendo al cliente. Que los imiten.



302.- ¡A LA PLAYA! La ciudad se tiende al sol del verano

4 07 2010

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“Cádiz, la mejor playa del sur”  fue famoso eslogan que surgió en nuestra ciudad merced a las Sociedad de Fomento, en los años cincuenta del siglo pasado. Se trataba de vender las excelencias de nuestras playas, pero sobre todo la del Balneario o Playa Victoria, antes playa del Sur.

Había otras playas en la ciudad, otros espacios para baños: La Caleta, popularísima pero ciudadana y poco destinada al turismo; Puerto Piojo, donde se bañaba la chiquillería, muchas veces sin bañador siquiera; Los Corrales, baños con fango, la lejan e inhóspita Cortadura con sus historias de ahogados,  o Puntales. La más peligrosa era la de Las Mujeres, bautizada como Santa María del Mar, de peligrosas corrientes, rompientes y resacoso oleaje. Se instaló allí un balneario que no sobrevivió a los temporales de invierno de la zona del Vendaval.

Hoy todo ha cambiado y hay banderas azules para nuestras playas y aquella recoleta cala al pie del Camino del Blanco ya no es tan peligrosa como anunciaba esta antigua fotografía.



301.- DEL RUEDO A LA ARENA POLÍTICA. Consecuencias parlamentarias de una corrida en Cádiz

3 07 2010

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Se discutía en el parlamento el artículo 33 de la futura Constitución Española de 1869, la que surgió de la revolución antidinástica que iniciaron, entre otros, Topete y Prim, en nuestra Bahía, en septiembre del año anterior. El ministro de Ultramar, López de Ayala, atacó despiadadamente a sus adversarios políticos de la minoría republicana. Dijo que cuando el gobierno que presidía el gaditano González Bravo -que con los criterios de hoy sería considerado como tránsfuga- desterró a Canarias a los liberales contrarios a Isabel II y a la monarquía, en el momento de embarcar en nuestra ciudad en el vapor “Vulcano”, lo hicieron con la indiferencia de los gaditanos, y eso que se les presumía de demócratas. López de Ayala exasperó a un buen número de curules poniendo como ejemplo la indiferencia de los republicanos de nuestra ciudad, y dijo que quienes luego abordaron el cambio dinástico que se consumó con la batalla de Alcolea, fueron objeto del silencio de los gaditanos, solamente roto por los entusiastas aplausos y olés procedentes de la plaza de toros del Campo del Sur. (El Palacio de las Cortes).

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En lugar de despedir a los desterrados, la masa llenó las 11.500 localidades de la plaza de toros. No era para menos si se comprende la afición que había en la ciudad a la fiesta nacional, y que en ese 25 de julio de 1868 en que, entre otros, embarcaba para el exilio el general Serrano, había otro enfrentamiento, además del de los partidarios de los Borbones con los demócratas: competía en nuestro ruedo Antonio Carmona “El Gordito” y Antonio Sánchez “El Tato”, quienes con máxima rivalidad y máximo cartel dividían a la afición gaditana. (La plaza de toros de Cádiz a la que se hace referencia en este artículo)

tatoComo si torearan José Tomás y Perera. La bronca en la cámara fue tal que tuvo que dimitir el ministro, que antes en política no se podía decir cualquier cosa. Por desgracia El Tato resultaría cogido en Madrid, precisamente en la corrida que se ofreció por la aprobación de aquella Constitución. Perdió una pierna, y tuvo que dejar los ruedos. (Antonio Sánchez “El Tato”, torero del barrio de San Bernardo de Sevilla que contó con dos toreros gaditanos, hermanos, en su cuadrilla: Manuel y Francisco Ortega Díez , Lillo y Cuco. El Tato fue yerno de Cúchares).