Gente y habitantes de Cadiz » Polifacético

372. CARLOS SPÍNOLA. El libro de la Gastronomía Gaditana cumple 20 años.

25 11 2010

Carlos Spínola con la máquina de escribir donde confeccionó su libro. En la mano porta la primera y la última edición. (Foto: Pepe Monforte).

Gastronomía y Cocina Gaditana, el libro de Carlos Spínola, el primero que habló en su conjunto de la gastronomía de la provincia, se publicó a finales de 1990 y  ha superado ya los 20.000 ejemplares vendidos. Se escribió a máquina eléctrica y después de haber gastado muchas suelas de zapatos. No había internet y lo que se había escrito sobre la cocina gaditana era muy poco y disperso. La labor de recoger datos, recetas, sitios para comer e incluso un diccionario de vocablos llevó más de dos años y en la labor colaboró, además de la familia de Carlos Spínola y sus amigos, el Grupo Gastronómico Gaditano, del que el escritor gaditano es socio fundador.

Spínola todavía conserva la máquina en la que escribió las más de 250 páginas que componen el libro. Todavía hoy, 20 años después de que en diciembre de 1990 salieran a la calle los primeros ejemplares, la publicación sigue siendo de consulta imprescindible para el que quiera conocer a fondo la cocina de la provincia. La gastronomía de Cádiz se ha convertido, en los últimos años, en una de las que mas ha evolucionado y ha logrado captar la atención del mundillo gastronómico nacional, hasta ahora volcado a Euskadi, Cataluña y Madrid y que, gracias al trabajo de los cocineros y empresarios de la provincia, está comenzado a conocerse y ser una referencia a nivel nacional. Pero eso es ahora, en los tiempos de los pioneros, cuando Carlos Spínola preparaba su libro la historia era otra y una persona que iba por los pueblos pidiendo datos de recetas antiguas y parando a las mujeres mayores para que le contaran como hacían el puchero, era considerado un bicho raro.

Spínola acababa de pasar por entonces los 40. Estudió para aparejador pero cuando estaba a punto de terminar se decidió por ejercer la profesión que le había gustado siempre, la de diseñador publicitario. Por eso disfrutó haciendo el libro porque lo hizo hasta el último detalle. Se ocupó de las ilustraciones, de los dibujos de la portada, de maquetarlo y también de “venderlo” porque logró captar el interés de la Universidad de Cádiz que se encargó de sacarlo a la calle. El éxito fue espectacular, en pocos meses se tuvieron que sacar a la calle cuatro ediciones para atender la demanda y en la feria del libro de aquel año Gastronomía y Cocina Gaditana se convirtió en el libro más vendido del evento por encima de Paco Umbral, José Luis Coll o el conocido Habla de Cádiz del profesor Pedro Payán Sotomayor.

Este es el dibujo original del propio Spínola que serviría para la portada del libro. En la séptima edición se agregó también una botella de aceite de oliva.(Foto: Pepe Monforte).

Era la primera vez que la gastronomía de la provincia aparecía reunida en un libro. Carlos Spínola resalta que por entonces “esta palabra sonaba a médicos. Había que explicar que aquello no era simplemente un libro de recetas, sino que contaba la historia de la cocina de la zona, ordenaba los platos típicos de cada localidad y los lugares donde comerlos e incluía un diccionario de las palabras más importantes relacionadas con la gastronomía de Cádiz”. Spínola no había escrito simplemente una compilación de la gastronomía gaditana, había escrito una verdadera guía gastronómica donde comer los platos típicos que se hacían en cada localidad.

El único material con el que pudo trabajar eran los escritos gastronómicos del escritor Luis Benitez Carrasco, todo un estudioso de la gastronomía, algunas cosas del medinato Francisco Benítez Aguilar (en la imagen de la izquierda), otra persona que hacía artículos sobre el tema, la cocinera y estudiosa, sobre todo de la relación de los jereces y la cocina, Lalo Grosso y algunos escritos que aparecían sobre temas concretos. La solución era, por tanto, después de pasar meses pisando bibliotecas y hemerotecas, recorrer la provincia en busca de datos. Lo más difícil señala Spínola fue la Sierra donde había menos datos disponibles y donde el escritor gaditano encontró tanto material y tantas peculiaridades que luego hizo un libro dedicado especialmente a esta zona. Una de las curiosidades del libro, del que se han hecho 11 ediciones, es que en las primeras ediciones, en la portada, no aparecía representado el aceite de oliva virgen de la Sierra, cuya pujanza no sería hasta años después, lo que hizo que Spínola ya lo incluyera en la portada.

La Universidad de Cádiz llegó a realizar hasta seis ediciones y ya después, una editorial privada, Qadix Libros, de Rafael Quintero, fue la que ha seguido publicando las siguientes hasta llegar a completar 20.000 unidades, una cifra no alcanzada por ninguna publicación sobre este tema en la provincia.

Carlos Spínola recibe del presidente del Grupo Gastronómico Gaditano, Pepe Pérez Moreno, el premio anual del grupo por su libro. Era el año 1991. (Foto cedida por Carlos Spínola.

Luego Spínola ha seguido publicando libros sobre cocina gaditana, hasta once libros en total y tiene todavía algún proyecto en el que está trabajando y que espera que vea la luz. Spínola realizó también, en unión de Manuel Fernández Trujillo, otro miembro del Grupo Gastronómico Gaditano, una guía sobre los pescados de la provincia y una colección inolvidable de videos en los que los mejores cocineros de la provincia realizaban sus recetas más conocidas.

El autor destaca que en estos 20 años la gastronomía de la provincia ha cambiado mucho “y para mejor. Hoy en día los profesionales están mucho mejor preparados tanto en el servicio como en los fogones. Todavía nos quedan cosas por ajustar pero se ha avanzado mucho”. Para el, la receta que mejor resume la cocina gaditana “es el puchero” porque todo el mundo termina hablando de él y es verdad que en la provincia, tiene rasgos diferenciados sobre los que se hacen en otras zonas del país. (Texto: Pepe Monforte).



353.- LAS DELICIAS DE MARTÍNEZ

28 09 2010

Así llamaban los gaditanos a lo que luego sería el parque Genovés. Hasta que llegaron las grandes desamortizaciones, en el siglo XIX, la ciudad de Cádiz apenas contaba entre sus murallas con amplios espacios para el paseo. Uno de estos lugares era el jardín de las Delicias, una pequeña alameda con asientos de mampostería situada al final de la plaza del Mentidero. La escasa vegetación de ese lugar hacía que los gaditanos lo conocieran despectivamente con el nombre de ‘paseo del Perejil’.

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Imagen antigua del actual parque Genovés

Malo o bueno, lo cierto es que hasta 1749 la alameda o paseo del Perejil era el único lugar de esparcimiento para los gaditanos. Pero ese año, un grupo de vecinos propone la construcción de la Alameda, entre la caletilla de Rota y la iglesia del Carmen. Para sufragar los gastos se emplean las recaudaciones de las corridas de toros celebradas en la plaza de San Roque. La ciudad se vuelca con el nuevo paseo y se olvida del Perejil.

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En la imagen, cedida por Juan Torres, puede verse el teatro existente en el interior del parque

En 1852 se nombra comisario de jardines, arbolado y paseos a José Antonio Martínez, un hombre dinámico y emprendedor. Martínez acomete la reforma del Perejil para transformarlo en un jardín digno de Cádiz. Coloca árboles, siembra especies de toda clase, instala bancos y arregla el piso. Amplía el paseo hasta llegar casi a la Caleta y, en pocos años, convierte ese lugar en un sitio encantador. En justa correspondencia, los gaditanos comenzaron a llamar al jardín ‘las Delicias de Martínez’.

Este lugar sería el elegido por el alcalde Valverde para celebrar la Velada de los Ángeles. Más tarde, el alcalde Genovés, emprendería su reforma hasta levantar el parque que lleva su nombre.

(José María Otero)



321.- LORENZO CHERBUY. Cádiz pierde a uno de sus grandes artistas

23 07 2010

busto-verticalTratándose de Lorenzo Cherbuy, conocedor de mitos y filosofías y que en su escultura y pintura ha penetrado y traducido a su lenguaje todas las mitologías, no es correcto decir que ha muerto. Este luchador del arte, genio en el exilio familiar de Puntales, embarcó hacia la otra orilla en la barca de Caronte, con su moneda para pagar el viaje, porque Cherbuy, aunque nunca la buscó, se ganó la inmortalidad pincelada a pincelada.

Lorenzo Cherbuy en su casa de Puntales, verdadero refugio y sancta sanctorum de un artista que rehuyó de las glorias vanas.

Creador en el fondo y en la forma, dueño de un estilo, un lenguaje y una técnica únicas, el desaparecido artista tocado por los duendes, exploró buena parte de las bellas artes: la escenografía, la pintura, la escultura… devorador de exquisiteces literarias y poseedor de una fascinante cultura, labrada a pulso, las palabras de la periodista Virginia León en Diario de Cádiz, aportan las claves de su tránsito vital:

La historia de Lorenzo Cherbuy, apenas conocida por los gaditanos, es la historia de un prodigioso artista nacido en Cádiz, allá por 1921.
Es la vida de un autodidacta amante del arte, de la filosofía, la poesía y el ensayo.
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Una muestra del genio creativo de Cherbuy, en la forma un policuadro, de técnicas y texturas creadas por él y cuyo secreto le pertenece; en la forma un verdadero “idioma” artístico y creativo.

La de un creador nato por cuyas manos ha desfilado la friolera de entre mil y cinco mil obras, de las cuales 487 ya han sido catalogadas.
torero-verticalDe ello se ha encargado un grupo de amigos encabezados por el ceramista Alfonso Casas y el poeta y periodista Jesús Serrano, autor de la conferencia que sobre la Sensualidad, fantasía e ironía de la obra de Lorenzo Cherbuy y junto a él se han volcado en el rescate de la vida y obra de este obrero del arte Eduardo Geneiro y Juan Candón.

En una figura tan familiar como0 la de un torero, se aprecia lo diferente de la expreasión creativa de Lorenoz Cherbuy en una figura que sin perder las claves de su realidad, es distinta, única y con un juego de colores y texturas personalísimo.


Poco amigo de la notoriedad pública, la calidad de sus creaciones no han dejado impasible a estos quines tanto a nivel local como nacional se han siempre por su obra, presente en  grandes empresas de Cádizy en muchas colecciones privadas, como el caso del gran mural del parking de Canalejas o el que luce en Ingrasa que describe unha fascinate historia de la imprenta, o en Aguas de Cádiz, Zona Franca,  Hotel Regio 2, la arrocería “La Pepa” o el impresionante y explosivo paraíso que creó para el Consorcio Bahía de Cádiz, toda una alegoría de los hermoso que puede llegar a ser este valle de lágrimas si preservamos la naturaleza.
“Es escultor, escenógrafo de teatro, músico y un puntal de la literatura, como bien muestra su participación en las revistas Platero y El Parnaso.
De hecho, ha sido amigo de los grandes nombres de la provincia, entre ellos, Fernando Quiñones”, decía en Diario de Cádiz Jesús Serrano describiendo las amplitud de miras del artista, que exploró muchos campos en una vida artística muy productiva de unh artista creadro de un universo particular.
Y es que la necesidad de sacar adelante catorce hijos, tres de su primera mujer (que falleció muy joven) y otros once de su segunda, le hizo derrochar talento por doquier.
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Entre los más apreciados apellidos de la más reciente historia de Cádiz, el de Cherbuy, desdendiente de franceses, en la entrega de la medalla del trimilenario. Lorenzo no pudo asistir por enfermedad y recogió su galardón su hijo Carlos, encuadernador artístico y músico.

A modo de anécdota, Serrano cuenta que ante la falta de tiempo que le acechaba, las reuniones de la revista Platero se hacían en la lavandería el Habanero, donde trabajaba.
reloj-verticalA éste se sumaron otros tantos oficios que pasaban por el diseño de joyas, la recepción de hotel o el boxeo profesional.
Profesiones muy variopintas que desempeñó sin ton ni son junto a su gran pasión, el arte.
Como escenógrafo, bordó en Madrid el estreno de El racó vero de Ulises, de Soto Vergés, que desempeñó “con fragmentos viejos de lona y madera usada, sin ningún objeto marino.
Una situación ante la que el escritor Antonio Gala le comentó, con sorna, que iría al estreno para no perderse el fracaso”.

El reloj de la plaza marca las cinco de la tarde y así vio ese trascendental tránsito Lorenzo Cherbuy.
“Pero su gran labor -añade- dejó boquiabierto al respetable, que aplaudió nada más abrir el telón”.
Llama la atención que un hombre de trayectoria tan profusa no tenga un hueco de honor en el panorama artístico gaditano del siglo XX.
“Este maestro es conocido en toda España, menos aquí, y es triste que esta ciudad no le preste la atención que merece”, comenta Serrano.
Un hombre que, como diría el escritor y amigo Fernando Quiñones, “era rebelde, estallante de ocurrencias plásticas, libre de temas obligados y medidas forzosas”.

Nunca buscó la noriedad artística ni personal, rebelde o modesto, ya Lorenzo Cherbuy viaja en la barca de Caronte y ya no puede evitar que su obra le haga grande. Tan grande como su Cádiz natal que le ha perdido. Que le sea la tierra leve.



271- JOSÉ MARÍA GÓMEZ DEL CASTILLO. Una trastienda con ‘bodega’ particular

3 06 2010

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Una reliquia. José María Gómez enseña una botella que tiene grabado el nombre de su padre.

El gaditano José María Gómez del Castillo posee una colección de más de 11.000 botellas de vino, de éstas, 7.000 contienen el preciado líquido elemento.  José María lleva más de 45 años recopilando botellas en la trastienda de su almacén de ultramarinos, situado en la calle Torre esquina con Santa Inés. La mezcla de aromas, que produce el muestrario de botellas provenientes de todos los rincones del mundo, es un deleite para los cinco sentidos. “Empecé con la colección hace aproximadamente cuarenta y tantos años. Siendo un ‘chavalito’ compré los primeros botellines, pero tenía un dependiente que se le las bebía todas”, recuerda con una sonrisa Gómez del Castillo.

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Parte de su impresionante colección.

En toda colección que se aprecie, siempre hay una pieza con un especial valor sentimental. Esta ocasión, relata José María con el ejemplar en la mano. “A esta, le tengo un especial cariño; es una botella de Domecq grabada con el nombre de mi padre y acompañada de dos copas”.  Otra de las joyas, que tiene un lugar destacado en el almacén, es una botella ‘cebolla’ del siglo XVII sacada del mar. ¿Quién no se acuerda de los viñedos de la cruel Angela Channing? Pues en la colección de este gaditano no falta un vidrio de la cosecha de Falcon Crest. “Esa botella la compré en Londres y es un ‘Cabernet-Savignon”.”La botella llena más antigua es del año 1869, de arrope, lo que hoy en día sería un Pedro Ximénez y pertenece a las bodegas gaditanas de Álvaro Picardo”, apunta el coleccionista.

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Desde una botella del año 1600 hasta una muñeca que llora cuando bebe leche y sonríe al tacto de una botella de vino.

Por la ‘bodega particular’ de José María Gómez han desfilado un sinfín de personajes populares, y sus autógrafos se han quedado grabados en las etiquetas de las botellas. “Carlos Cano, Carlos Díaz, ‘El Perro de Paterna’, Carmen Romero… han dejado sus firmas en distintos frascos. También tengo envases embotellados especialmente para Franco, el Rey, la Reina y los Príncipes”.  En la trastienda de la calle Torre se puede observar la botella  de coñac  “Napoleón” (número 73) , de porcelana de Camus, de una serie limitada de 200 envases.  Igualmente posee una de las 50 primeras botellas de brandy “Fabuloso” , toda una reliquia.Un Vega Sicilia de 1929, de la Ribera del Duero, uno de los vinos más famoso del mundo, no falta en este paraíso vitivinícola. Salud. (D.J.P)



218.- GADITANOS POR EL TOREO. Una apuesta por la fiesta

11 04 2010

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Un grupo de aficionados se ha reunido esta semana en un almuerzo en el casino gaditano para reivindicar el toreo, en una época en la que a la fiesta no le vienen nada mal estos gestos. La intención, promovida por el profesor garcía león, era lanzar una llamada en favor de la fiesta en una ciudad en la que la lidia ya se da por perdida, pero que ha sido su seña de identidad y que conserva a muchos aficionados que forman buiena parte del contingente de abonados a plazas como Jerez y El Puerto.

Asistieron, en la imagen, el escritor Enrique Montiel; el apreciado aficionado Salvador Navarro Villegas; el directivo del Casino Gaditano que hizo de anfitrión Juan Lamet Dornaleteche; el profesor de Instituto Blas Molina; el médico y flamencólogo Germán López; los profesores de la UCA José Almenara Barrios y José María García León;  Federico Sahagún Martín de Mora, del cuerpo consular; el doctor y académico Juan García Cubillana; el presidente de los autores carnavalescos Miguel Villanueva Iradi; el farmacéutico y antiguo alcalde de Vejer Antonio Morillo; el antiguo torero Enrique Pérez Figuier; el médico e historiador taurino Guillermo Boto y el letrado y apreciado cofrade José Luis Suárez Villar. También asistió el pintor Luis Gonzalo González.



217.- MANUEL IRIGOYEN ROLDÁN. Pasión cadista

10 04 2010

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En estos días ya cae la tribuna del Cádiz y su histórica visera, que pese a su corta vida ha sido testigo de momentos difíciles y de grandes éxitos. Buen momento para recordar a quien impulsó esa visera “para los que más se gastan en el Carranza, han puesto una visera la mar de gansa” que diría la famosa chirigota de las momias de juguete: “a los de preferencia que es más barato, les van a dar un paraguas pa tres o cuatro”. Aquella visera vino de la mano de Manuel de Irigoyen Roldán, y tres ascensos. Arriba Irigoyen con otro presidente histórico del fútbol español, Jesús Gil, con quien mantuvo una cordial y estrecha relación que tuvo su rendimiento para nuestro primer equipo.

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Hubo un tiempo en que los goles del Cádiz se marcaban lejos del Carranza. Eran los tiempos en los que el mejor delantero del equipo cadista se llamaba Manuel Irigoyen Roldán y no vestía precisamente la camiseta amarilla. Con traje y corbata conseguía que el Cádiz C.F., sin apenas socios ni presupuesto, permaneciera un año tras otro en la Primera División del fútbol nacional. Y si alguno lo duda que se lo pregunte al Santander. Irigoyen celebrabdo con una botella de cava uno de los tres ascensoso que se consioguieron bajo su mandato.

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Irigoyen nunca perdió su afición a los toros. Asistía habitualmente a los festejos tauirinos y pertenecía a la peña de seguidores del matador gaditano José Antonio Canales Rivera. En la foto aparece junto al aficionado Guillermo Boto y el ganadero Gabriel Rojas.

Corría el año 1987 y el Cádiz llevaba toda la temporada ocupando la última posición en la tabla. La afición culpaba de esta situación a un jugador que se llamaba “Mágico González”, por entonces muy discutido. Y llega el milagro. La Federación decide reestructurar las categorías y que en vez de tres equipos sólo uno descienda a Segunda. Ni por esas. El Cádiz ocupa la última posición. Irigoyen lanza entonces una curiosa propuesta; ya que han cambiado las reglas, los tres equipos que ocupen los últimos lugares deben luchar entre ellos para decidir el que baje a Segunda. Ante la sorpresa general, la Federación acepta la propuesta del mandatario cadista y se disputa la llamada “liguilla de la muerte”. El Cádiz y el Osasuna salvan la categoría y desciende un indignado Santander, en cuya ciudad aún no saben lo que realmente sucedió.

cartel_cadizManuel Irigoyen había accedido a la presidencia del Cádiz en la temporada 78/79, con el equipo en Segunda y tras la etapa del presidente Manuel de Diego. Durante su presidencia, quince años, el equipo de la ciudad militó diez temporadas en Primera, ocho de ellas de manera consecutiva.Estas permanencias del Cádiz en la máxima categoría era siempre objeto de comentarios en toda España y origen de la simpatía que despierta. Un cartel del torneo de fútbol que recuerda a esta figura del cadismo.

toreros_cadizOtra faceta de la vida de Irigoyen fue la de torero. Se inició en la Escuela Taurina de la calle Mateo de Alba, junto a otros jóvenes como Chano Rodríguez, Pacorrito, Manteca o los hermanos Villodres. Manuel Irigoyen, que debutó en la plaza de toros de Cádiz, fue un fino y valiente banderillero que estuvo varios años intentando abrirse camino en la profesión Lejos del fútbol, Manuel de Irigoyen fue un constructor de prestigio que alcanzó muchos éxitos profesionales y que ocupó cargos representativos entre los empresarios del sector de la construcción. El recordado presidente cadista falleció a los 65 años, víctima de un accidente cardíaco cuando conducía su automóvil en la autovía de Chiclana. Irigoyen en la cuadrilla del exraordinario muletero gaditano Chano Rodríguez. De perfil, el matador granadino afincado en Alcalá de los Gazules Curro Montenegro.



186.- FALLA, LORCA, PICARDO.

5 03 2010

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Publicamos un fragmento de un espléndido trabajo del escritor portuense Luis Suárez Ávila, al hilo de la reciente nótula de Agustin “El Melu”. Suárez escribió este trabajo en 1998, que contiene no pocas referencias de Agustín Fernández y de la tradición flamenca de Cádiz y los puertos. Luis Sárez guardó gran amistad con quine fue figura clave en la cultura urbana de la ciudad en el siglo XX. (En la foto, Manuel de Falla y Matheu)

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Federico García Lorca 

Quedó demostrado que Granada no era la cuna. Falla, Lorca, y todos los intelectuales que promovieron el Concurso de Cante Jondo, se equivocaron. Ni Granada era la cuna, ni Granada tenía nada que decir en cuestión de cante. La misma preparación del concurso estuvo orientada a salvar del alma popular, algo que no era popular. Ya lo había dicho, en 1881, “Demófilo”. Entre los muchos errores estuvo el de tratar de enseñar a cantar, unas semanas antes del Concurso, mediante placas de gramófono, a los aficionados granadinos. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: que ganaron los premios el casi niño Manolo Caracol, que llevaba a sus espaldas toda la genealogía cantaora de Cádiz y de Sevilla que fueron los Ortega, y Diego Bermúdez Cala, “El Tenazas”, natural de Morón de la Frontera, viejecito, cuarterón por Bermúdez, aquejado de un dolencia de pulmón por mor de una antigua puñalada, cantaor que había bebido en las fuentes de Silverio y, a través de él, de las de El Fillo.

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Manolo Caracol con su padre, Manuel Ortega, que fue el Napoleón de los mozos de espadas, y que le sirvió los estoques a José Gómez Ortega “Gallito”.

Lo de Frasquito Yerbabuena, o lo de “La Gazpacha” no fueron más que unas anécdotas. Don Francisco de Paula Valladar, cronista oficial de la provincia de Granada, ya lo había advertido en la revista “Alhambra”, en febrero de 1922: “Soy entusiasta de la fiesta de los cantos populares granadinos, pero dejémonos del cante jondo. Corremos, no lo olvide el Centro, el peligro gravísimo de que esa fiesta pueda convertirse en una españolada”. Pero el Centro Artístico Granadino, anunciaba en el Defensor de Granada, el 11 de mayo de 1922, el establecimiento de una “Escuela de Cante Jondo”, con toda urgencia, que “había comenzado a funcionar con gran animación…contándose para las enseñanzas con un excelente gramófono y una rica colección de discos del clásico cante”. ¡Buena forma de resucitar lo tradicional!.

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Álvaro Picardo con José María Pemán, en las carreras de caballos de la playa Victoria.

Falla, para apoyar al concurso de Granada, se puso en contacto con su amigo el mecenas, erudito y bibliófilo gaditano Álvaro Picardo Gómez y le sugirió organizar en Cádiz un Concierto de Cante Jondo. Éste se celebró en la Academia de Santa Cecilia el 18 de junio de 1922 y comenzó a las nueve de la noche. Picardo organizó y costeó el “concierto” y, como es lógico, no tuvo que enseñar a cantar a nadie.

mellizo-vSe limitó a buscar a quienes eran portadores de la tradición: a los hijos de Enrique “El Mellizo”, a Antonio Jiménez y a Enrique Jiménez “Er Morsilla”. El tocaor fue Manuel Pérez “El Pollo”, discípulo de Patiño el famoso maestro gaditano. Alvaro Picardo tuvo de dónde escoger. En cualquier rincón de los barrios de Santa María, del arrabal del Matadero, del Pópulo, de la Viña… Estaban vivos, además, Soléa la de Juanelo, Diego Antúnez, Enrique y Luisa Butrón, Ignacio Espeleta y su hermano El Pollo Rubio, Rosa La Papera, Juan El Caoba, Chele Fateta, Aurelio, Manuel Ortega, Chiclanita, Macandé, Charol, Remedios Fernández, Joseíco, Pepe El Límpio, Luis El Compare… todo el estado mayor del cante y del baile de Cádiz. E iba despuntando, en la intimidad de las casas gitanas, toda una constelación que iluminaría, con los años, el firmamento flamenco. En el “concierto” gaditano surgieron, como por ensalmo, cantes que habían estado soterrados, pero que pertenecían a líneas familiares de sus intérpretes y se habían forjado en el solar donde se estaban produciendo: las siguiriyas del portuense Tomás El Nitri, las de los gaditanos Curro Dulce, Andrés “El Loro” y Enrique “El Mellizo”; soleares de Cádiz y de Paquirri “El Guanté”, serranas por el estilo de Tomás “El Nitri”, polos, la caña de “El Fillo”, saetas viejas, martinetes, el romance de Bernardo del Carpio y el del Moro Alcaide (Moro Tarfe) que fue el apoyo literario del enigmático cante por “gilianas”. (Enrique el Mellizo).

chorrojumo-vAquí, en Cádiz, sí que estuvo presente la llama viva de la tradición oral, casera, doméstica, hermética. Por eso, Lorca , al cabo del tiempo, cuando quiere decir algo sobre el cante o sobre los gitanos–se ha escrito– abandona la Andalucía de guardarropía romántica y equívoca de un “Chorrojumo” esperpéntico (autoproclamado Rey de los Gitanos que vendía sus fotos a los turistas de la Alhambra, vestido con marsellés, calzonas abotonadas, catite y polainas de becerro) y el Sacromonte refocilado en mantener una farsa a tono con los visitantes basada en la parodia y en el mercadeo del remedo, y se planta en la Andalucía real, viva y “verdadera” del Observatorio de San Fernando. Su conversión se operó lentamente, pero no cerró en falso. Por lo pronto, la Semana Santa del año 21, la pasan, en Sevilla, Falla, Federico y su hermano Francisco. Allí es donde conocen a Manuel Torre que será luego “el hombre con mayor cultura en la sangre que he conocido” y que sorpende a Falla cuando afirmó que “todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”. En Granada, durante el Concurso del año 22, Manuel Torre, prosigue su amistad con Falla y Lorca, porque interviene en algunas fiestas privadas que organizan. Luego, el 27, en “Pino Montano”, el cortijo sevillano de Sánchez Mejías, con la excusa de Gongora, se desemboca en juergas nocturnas a las que acude el cantaor jerezano. (El legendario Chorrojumo, príncipe gitano).

espeleta-vPara mí que es Ignacio Sánchez Mejías quien transfigura a Lorca y lo pone definitiva y visceralmente en contacto con Andalucía La Baja. En Cádiz, Lorca intima con Pastora Pavón, “La Niña de los Peines, “sombrío genio hispánico, equivalente en capacidad de fantasía a Goya o a Rafael El Gallo”, que cantaba en una tabernilla gaditana. En Cádiz, se oficia una reunión flamenca a la que asiste Lorca y “allí estaba Ignacio Espeleta, hermoso como una tortuga romana,…Allí Eloisa, la caliente aristócrata, ramera de Sevilla, descendiente directa de Soledad Vargas, que en el treinta no se quiso casar con un Rothschild porque no la igualaba en sangre. Allí estaban los Florida que la gente cree carniceros, pero que en realidad son sacerdotes milenarios que siguen sacrificando toros a Gerión, y en un ángulo, el imponente ganadero Don Pablo Murube, con aire de máscara cretense”. Por cierto que el inefable Juan Antonio Campuzano, el poeta de Puerto Real muerto hace unos veinte años, afirmaba que los Florida no son otros que los “Melu” de Cádiz, según confesión del propio “Perico El Melu”, y que Joaquín Romero Murube decía que el don Pablo Murube, no existió, que era Don Felipe Murube, el ganadero, el que ya, en el año 21, proporcionó un balcón, en la calle Sierpes de Sevilla, a Falla y a Federico y a Francisco García Lorca para presenciar el paso de la cofradías de la Semana Santa. Años después, el ganadero estuvo en la reunión de Cádiz. (Ignacio Espeleta).

melu-vNo podía ser otro que Felipe Murube, el único que, por sus facciones, podía tener aire de máscara cretense. El mismo Don Felipe Murube que Fernando el de Triana cita como uno de los entendidos en cante en su “Arte y artistas flamencos”, en 1935. Federico va atando cabos y sacando conclusiones, después de lo ocurrido en Granada, después de su conocimiento de Manuel Torre, de Pastora Pavón, de “La Macarrona”, de Chacón… que anduvieron, inexplicablemente, por fuera del Concurso del año 22. Va convenciéndose de aquello que, por fin, dice en una entrevista que le hacen en el “Mercantil Valenciano” en 1935: “Desde Jerez a Cádiz, diez familias de la más impenetrable casta pura guardan con avaricia la gloriosa tradición de lo flamenco…” Ha caído de su peso: diez familias, de Jerez a Cádiz. Lo demás, es abandono ominoso del propio folklore, rico y antiguo, en las otras Andalucías, para pretender, miméticamente, cantar por siguiriyas o soleares, desde que Silverio hace sus giras, o desde que hay placas de gramófono. Dejaron en la cuneta sus rancios fandangos locales, sus “roás”, sus “moscas”, sus “cachuchas” granadinas, sus “chacarrá”, sus “zambras” …–¿Por qué?– para querer tener el atractivo de la Andalucía menos islamizada y más real. (Agustín el Melu con Francisco Jiménez Nondedeu “Pacorro”).

villalon-vYa, en 1862, con motivo del viaje de Isabel II a Andalucía, se aprecia la diferencia. En la “Crónica del viaje de SS.MM. y AA.RR. a las Provincias Andaluzas…”por Don Francisco María Turino, se escribe que, durante la estancia de Isabel II en Granada: “A eso de las diez de la mañana una comparsa de gitanos estuvo bailando frente a palacio, ofreciendo cuadros y escenas características que marcan la debida distinción entre los zíngaros (?) de la Andalucía baja y los de las Alpujarras”. Antoñito el Camborio es un nombre verdadero; “El Amargo” es un apodo oído. Pertenecen ambos a personas que han sido transculturadas poéticamente por Lorca. Son, Antoñito el Camborio y “El Amargo”, nombres sonoros, poetizables. Como escriben Allen Josephs y Juan Caballero, “cuando el poeta precisa que su Antoñito el Camborio es el prototipus del veritable gitano, no es porque ha poetizado al gitano verídico de ese nombre que vivió en Chauchina, un pueblo cerca de Fuentevaqueros, sino porque ha dado su nombre de Antoñito el Camborio a una personificación poética de algún miembro de una de esas diez familias”. Caso parecido sucede con “El Amargo”. Federico recordaba y dejó escrito: “Teniendo yo ocho años y mientras jugaba en mi casa de Fuente Vaqueros se asomó a la ventana un muchacho que a mí me pareció un gigante y que me miró con un desprecio y un odio que nunca olvidaré y escupió dentro al retirarse. A lo lejos una voz lo llamó: “”¡Amargo, ven!””…Esta figura es una obsesión en mi obra poética. Ahora ya no sé si la vi o se me apareció, si me la imaginé o ha estado a punto de ahogarme con las manos…” Y Lorca se venga de esta obsesión, emplazándolo, como los Carvajales a Fernando IV. Sin embargo cuando recurre, en sus Viñetas flamencas, a Silverio Franconetti o a Manuel Torre, está tratando nombres y personajes reales, estantes y oficiantes en su medio natural. “De Jerez a Cádiz”, que es lo mismo que han acuñado los flamencos en el dicho de que “De El Cuervo para abajo está el ajo”. O el exabrupto del ganadero, poeta, espiritista y teósofo, Fernando Villalón-Daoiz Halcón, Conde de Miraflores de los Angeles: “El mundo se divide en dos partes: Cádiz y Sevilla”. Evidentemente eran el horizonte de su espacio vital y el perímetro donde se forjan las manifestaciones que, con razón o sin ella, llegan a ser la carátula tópica de la españolidad. No debe olvidarse la amistad entrañable de Villalón con Lorca, desde que fueron presentados por Ignacio Sánchez Mejías: “Federico, aquí te presento a Fernando Villalón, el mejor poeta novel de Andalucía”. ((Fernando Villalón).

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Coches de caballo en la antigua parada de la estación. En Cádiz las reuniones de aficionaddos al cante iban de venta en venta en estos oches, con los artistas.

Porque, a raíz de todo eso, para Lorca, la “ciudad de los gitanos” es Jerez de la Frontera y lo tiene grabado, indeleblemente, en su memoria (”Que te busquen en mi frente”), y el “locus” flamenco por excelencia, “Las calles de Cádiz”. Las juergas, en Cádiz, eran ambulantes, en coches de caballo, por las calles, con paradas señaladas, puntuales y gloriosas en tabernas, colmados y ventorrilos de extramuros. Así, “Las calles de Cádiz”, titula el espectáculo que, con Ignacio Sánchez Mejías, estrenan en el Teatro Español de Madrid, el año 32. En él figuran nada menos que Ignacio Espeleta, El Niño Gloria, Rafael Ortega, Juana La Macarrona, La Malena, La Geroma, Manolita Maora, Pablito y Gineto de Cádiz, Adelita la de Chaqueta… la flor y nata del flamenquerío bajoandaluz. Y la Argentinita y Pilar López.

LORCA Y AGUSTIN EL MELU

Agustín decía que conoció a Lorca. Su hermano Perico afirmaba que los “Florida” eran ellos mismos, los “Melu”, a quienes Federico había conocido en un fiesta que se organizó en Cádiz. Juan Antonio Campuzano decía lo mismo. Yo no sé si sería verdad o no. Agustín Fernández López, “El Melu”, por los años 60, era ya sexagenario. Es decir que iba más o menos con el siglo. Había nacido en Cádiz, en una familia gitana, como Dios manda. Por Fernández descendía de su abuelo Pedro Fernández Piña, “El Viejo de la Isla”, y su tía abuela fue María Fernández Piña, “María Borrico”, dos impresionantes siguiriyeros. Por Fernández, era primo segundo de Ramón Medrano Fernández, gitano, concesionario del carro de la carne, que conocía toda la escuela de cantes de Sanlúcar. Por López, Agustín descendía de los López de El Puerto de Santa María, una familia gitana apodada “Tabares”, matarifes y carniceros, de los mismos López que el de Juan José Niño López, el mayor romancista andaluz, gitano, nacido en El Puerto en 1859 y hermano de otro romancista y rancio cantaor: Manuel Sacramento Niño López, tatarabuelo –¡lo que son las cosas!– de Josemi Carmona Niño, el de “Ketama”. Toda la familia de Agustín, su padre y sus hermanos, José y Perico, fueron tablajeros, carniceros, y además, Agustín, novillero, sobresaliente en numerosos “mano a manos”, criador y exportador de gallos de pelea, cantaor y dueño de una taberna, santo lugar gaditano de la flamenquería, llamada “El Burladero”. Su hermana Milagros, bailaora, se casó con el guitarrista Víctor Rojas Monje, hermano de Pastora Imperio. ¡Qué razón tuvo Federico cuando concluyó con que sólo son diez familias de la más impenetrable casta pura…! ¡Desde Jerez a Cádiz!. Ahí, en Agustín, hay una muestra de la endogamia y de la avaricia con que han guardado la tradición de lo flamenco. Pues Agustín decía haber conocido a Lorca, cosa que pude averiguar, e impartía, como he escrito ya, en otra ocasión, su “edición crítica oral” del “Romancero gitano”, en su cátedra de la calle Columela, en el Bar Andalucía, dentro, al lado de una de las ventanas, la de la izquierda, según se mira la fachada, en la tertulia que mantenía con José Brea, que había sido novillero, gallero de postín y buen aficionado al cante, con otros cuantos no menos aficionados y los que por allí recalábamos.

gineto-vEn el Bar Andalucía, en la terraza, se sentaba también José Espeleta, hijo de Ignacio, que tenía por oficio pegar carteles de toros o de lo que fuera y rezaba en las tarjetas que repartía, como su profesión: “Fijador de propaganda mural”. Digno hijo de su padre, porque, para más identidad, cantaba con gracia y sabor inenarrables las cosas de Ignacio. (Pablito de Cádiz y Gineto, que actuaron en el espectáculo “Las calles de Cádiz” que promovió Ignacio Sánchez Mejías).

Agustín “El Melu”– no se sabe de dónde lo había aprendido–, decía que el “Romancero gitano” era un libro “mitológico y arcano”. Y lo decía con propiedad. Afirmaba conocer el secreto de muchas imágenes y metáforas del “Romancero” de Lorca que habían escapado a la crítica literaria más circunspecta. Y lo acreditaba. Por ejemplo, después de hacer un breve discurso sobre el culto a la virginidad de las muchachas de su raza, de la ceremonia ancestral de la boda, en que, de madrugada, una vieja gitana, la torera o matadora, doblando sobre un dedo un pañuelo blanco de seda, comprobaba la doncellez de la desposada, la desfloraba y, los restos sanguinolentos del himen, quedaban, tal cual tres rosas, en el pañuelo desplegado; después de contar el júbilo de la comunidad gitana, por la comprobación de la virginidad de la novia, a la que se le subía en volandas, se le vitoreaba, se le aclamaba y se le colgaban las toronjas en el cuello y se le echaban cantidades verdaderamente industriales de almendras peladillas.

lorcaEntonces se entonaba el canto cuasi sagrado de la alboreá: “En un verde prado/ tendí mi pañuelo;/ nacieron tres rosas/ como tres luceros”; “Esta noche mando yo/ mañana, mande quien quiera,/ esta noche voy a poner/ por las esquinas banderas”. Después de explicar todo eso, Agustín decía: “Verde que te quiero verde”, equivale a decir “Virgen que te quiero virgen”. Sagaz interpretación de quien, como los de su raza, compara la virginidad de sus mocitas con el verdor de un prado. Y continuaba: “El barco sobre la mar/ y el caballo en la montaña, porque la virginidad es que cada cosa esté en su sitio”. A renglón seguido, por ejemplo, la emprendía con el romance de “San Gabriel”, donde Lorca escribe: “El niño canta en el seno/ de Anunciación sorprendida./ Tres balas de almendra verde/ tiemblan en su vocecita”, porque, decía “El Melu”, “las almendras que se le tiran a las novias gitanas son símbolo de la fecundidad”. Verdad, le dije yo, que había leído, por aquellos entonces, “La rama dorada” de Frazer que decía que “la almedra hace concebir a las vírgenes; basta con ponerlas en su regazo”. O que “los frigios representaban al padre de todas las cosas en forma de almendro. El almendro es el símbolo de la virilidad fecundante que engendró a Atis”. Cuando la emprendía con los versos “¡Oh ciudad de los gitanos!/por las esquinas, banderas…”, sacaba a colación la letra de la alboreá “…/…/esta noche voy a poner/ por las esquinas banderas”. Volvía con lo de “Alrededor de Thamar/ gritan vírgenes gitanas/ y otras recogen las gotas/ de su flor martirizada./ Paños blancos enrojecen/ en las alcobas cerradas…” Y explicaba cómo Tamar era una mártir de la virginidad, como Santa María Goreti, y que las gitanas recogieron su virgo en un pañuelo blanco, en la alcoba, sin que los extraños pudieran entrar, como en las bodas gitanas. Una vez, decía “El Melu”, vino aquí, a Cádiz, un doctor del Instituto Pasteur, de Francia, y confirmó que la saliva es el mejor curativo para las heridas, los rasguños y los eczemas. Fíjate que a los niños las madres les ponen saliva y le dicen: “Sana, sana/culito de rana;/ si no sanas hoy,/ sanarás mañana”. Pues Lorca coge eso y dice: ” La Virgen cura a los niños/ con salivilla de estrella”, porque la saliva, mojada, da reflejitos, como estrellas y porque la saliva es de la Virgen, es saliva del cielo, como las estrellas. De “las altas barandas” y “los barandales de la luna”, decía Agustín que había que tener en cuenta que en el cielo hay barandas y balcones, como se desprende del romance de Santa Catalina, “Por las barandas del cielo/ se pasea una zagala…” y el villancico de que “En el cielo se alquilan balcones/ para una boda que se va a hacé;/ que se casa la Virgen María/ con el Patriarca Señó San José”. Agustín todo esto lo decía con autoridad, remarcando las frases, dándole el son al verso, creyendo lo que contaba, misteriosamente. (Luis Suárez Ávila).



179.- AGUSTÍN FERNÁNDEZ “MELU”. Un aristócrata flamenco

26 02 2010

meluverticalportadaTodavía hay quien espera encontrar a Agustín el Melu en la barra del Manteca -con su melancólica mirada escondida detrás de esas gafas que le traspasó nada menos que Aristóteles Onassis en un muelle de La Guaira- y aventurando de qué barriga se había escapado ese gato que siempre se encaramaba al saco de papas viejas de al lado de la puerta.  Aristocracia flamenca pura. Una melancólica mirada perdida en el Cádiz de otro tiempo porque Agustín fue el último de una estirpe en la que los cuatro puntos cardinales eran el cante, los gallos, el toreo y un puesto en la plaza con Cádiz en el norte magnético. (La última imagen de Agustín “El Melu”, una personalidad entrañable en el Cádiz del Siglo XX, flamenco de estirpe y un gaditano muy querido a quien se echa de menos).

melujovenverticalA los 16 años quiso ser torero y hay una historia confusa de sus andanzas en los ruedos entre 1929 y 1933. No se sabe si es cierta su famosa actuación que en una sola frase resume cartel y el resultado: “¡Camará! ¡Que rebujina formó el Melu!” o aquel toro vivo de Tetuán de las Victorias que hablaba y se comía los toreros a bocados: “todavía está padreando el cabrón” contaba Agustín cuarenta años después. Ese era Agustín evocando sus andanzas en los ruedos. Lo que sí que fue es aficionado y bueno, que no dudaba en levantarse en el tendido sevillano y dirigirse al palquito ganadero: “¡Si es que a los toros de Domecq hay que empujarlos por atrás para que embistan!”. Y gallos. (Agustín en su juventud, cuando quiso ser torero y protagonizó la famosa anécdota)

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(Pansequito, Agustín, el legendario José Luis Maldonado “Cubanito” y el no menos apreciado Ignacio Bravo Lama, hijo de otro gaditano paradigmático como fue Rafael Bravo)

En 1929 fue por vez primera a América, embarcado en el “Horacio” para abastecer de pollos ingleses al insaciable mercado caribeño. Agustín se quedaba por allí hasta que vendía el último gallo, campeones todos, en un universo de anécdotas y vivencias que terminaban todas con una esmeralda como un garbanzo, una guajira o un tarareo “¡Ay gavilán colorao!”. Cante.

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(Una histórica fotografía: Juan Vargas, uno de los puntales de otra familia flamenca gaditana como la de Manuel Ortega padre de Manolo Caracol y que fue mozo de espadas de su pariente Joselito “El Gallo” y tío Agustín “El Melu”.

Concuñado de Pastora Imperio, nunca decía que cantaba, solamente “cantiñeaba”. Muy joven actuó en Barcelona en el cuadro de Carmen Amaya y también militó en la compañía de Manolo Caracol, mucho más que primo suyo: “las personas que tiene arte se ponen feas cuando lo ejecutan”, sentencia indubitada para el cante y en el toro. Y un puesto en la plaza. Los Melu fueron carniceros toda la vida, el oficio de los gitanos emancipados, tablajero en Cádiz, una ciudad en la que el matadero era víscera principal. Daba gloria ver la blanca elegancia de este aventurero de la vida, socarrón con las marchantas. Cambió la tabla por una barra en “El Burladero” un bar que ha entrado en la leyenda de Cádiz. Algún día no se sabrá si Agustín existió o no pero hoy le echamos mucho de menos. (Francisco Orgambides).