Gente y habitantes de Cadiz » Turismo

364. EDUARDO GENOVÉS. El alcalde que dio nombre al parque

11 10 2010

genovés_1Eduardo Genovés Alcalde, presidente de la Diputación, senador del Reino, hijo adoptivo y benemérito de Cádiz y poseedor de numerosas distinciones. Sin embargo Eduardo Genovés y Puig siempre será conocido en Cádiz como el que dio nombre al antiguo parque de las Delicias.

Genovés había llegado a Cádiz siendo muy niño. Dedicado a los negocios, pronto su vida estaría dedicada a la política, ya que en 1863, con apenas veinticuatro años es nombrado regidor de la ciudad. De esa época data el primer gran proyecto de Genovés para la ciudad de Cádiz, el ensanche de la plaza de la Catedral. Esta obra, de gran trascendencia para la vida de la ciudad, la culminaría el propio Genovés cuando a finales del siglo XIX ocupó la alcaldía de Cádiz.

Militó siempre en las filas conservadoras, fundando el periódico ‘La Voz de Cádiz’. Tras el derrocamiento de Isabel II, Eduardo Genovés colaboró con Antonio Cánovas del Castillo para conseguir la restauración monárquica en la persona de Alfonso XII.

En 1885 ocupa la presidencia de la Diputación Provincial, defendiendo el mantenimiento de la Carraca como factoría naval y medio de subsistencia de multitud de obreros gaditanos. Esas gestiones hicieron que Genovés fuera nombrado hijo predilecto de la ciudad de San Fernando.

genovés_2

Imagen antigua del Parque Genovés

Durante su última etapa al frente del Ayuntamiento, Genovés acometió la reforma del paseo de las Delicias. Una reforma que había iniciado el alcalde Juan Valverde, de cuya política y proyectos era fiel seguidor Eduardo Genovés.

Retirado de la política, el 5 de julio de 1897 Eduardo Genovés sufrió un ataque al corazón mientras paseaba por el parque que lleva su nombre. Tres días más tarde fallecía en su domicilio de la plaza Gaspar del Pino.



349. IMÁGENES PARA EL RECUERDO. Niños pescando y el restaurante Cantábrico.

23 09 2010

1958-niños-pintando

1959-el-cantabrico



344.- DESDE LA CASA DE LAS CUATRO TORRES.

17 09 2010

1-HORIZONTAL

Ahora que ya se van acortando los días, palidece el Sol y se presiente cercana la llegada de la estación más bonita del ciclo, comenzamos a añorar los momentos despreocupados y de asueto que se disfrutaron en los días largos y calurosos del verano. Y hay quién los recordamos con intensa melancolía, pues ya la sentimos en el justo instante que fueron vividos, cuando constituyeron nuestro tiempo presente. La casa de las Cuatro Torres desde la plaza de Argüelles.

Y esto nos sucede cuando sentimos que lo que estamos disfrutando es único, feliz y seguramente por desgracia, irrepetible; ya sea por el sitio en el cual nos vimos ubicado, por la compañía que nos envolvía, o simplemente por que lo transcurre ante nuestros ojos, que aunque sea sencillo el asunto, quizás hasta tan simple como una amena conversación, nos colma como poquitas cosas pueden hacerlo en esta vida nuestra que nos ha tocado.

2-verticalY han sido de las jornadas estivales, dos las más afortunadas, las que más nos saciaron. Y las dos transcurrieron en un barroco caserón de los más bonitos, de los que todavía saben lucir en el rico y singular caserío gaditano, su un tanto achacoso traje de siglo XVIII: la Casa de las cuatro torres. Y si le debemos la suerte de haber conocido las intimidades de tan imponente edificio al que hasta hace pocas fechas ha sido su último inquilino, Manuel Miraut, -amigo de los de ya hace años, que nos abrió su torre, su hogar-, dos mujeres fueron, una por jornada, las que gobernaron con su presencia en aquellas muy evocadoras por americanistas, vivencias de unas tardes de verano. Detalle de los esgrafiados en almagra, de la garita de la torre nordeste iluminada por el Sol poniente.

Para paladear un buen cante flamenco impregnado de Mar Caribe, no hay mejor escenario en el mundo que las torres miradores de Cádiz, desde dónde se otea por todos lados el Atlántico que los trajo. Y posiblemente no haya garganta más curtida y preparada para esos menesteres de saberlos bien interpretar, que la voz flamenca, dulce y sabia en los cantes de Cádiz, de Doña Carmen de la Jara. Coincidimos con la cantaora en la torre de Lolo, invitados junto con otros afortunados a contemplar unas vistas dominadas por la mole de la Catedral de las Américas, y el espectáculo enorme de la puesta del Sol sobre el mar tranquilo de la Alameda gaditana.

3-horizontal

Así cuando ya se nos había ido el Sol despidiéndose con un guiño verde en su último rayo, -que según nos dicen es raro de ver, y por tanto generoso donador de anhelados deseos y portador de buenas venturas-, quiso una inspiradísima artista, simplemente por que le salió del alma, regalarnos sin más música que su voz, unos cantes de los llamados de ida y vuelta, rumbas y otros sones latino-americanos mecidos por la cadencia de un compás flamenco. Y en un íntimo recital flamenco al amparo de la garita de la torre, se hizo la noche, avanzó la madrugada, que fue fresca, y se nos cayó del almanaque un día grato.Detalles de la torre nordeste de la Casa de las cuatro torres.

Durante el verano siempre ha sido normal la asistencia a Cádiz de personajes vinculadas con el mundo de la cultura, dando fe de ello los afamados Cursos de Verano en figuras como Marañón o Coctau, y tantos otros que se dieron cita en nuestra siempre querida ciudad. No ha sido este el motivo para la persona que ahora nos va a ocupar, pero si ha coincidido con ello.

Durante varios días estuvo con nosotros Clara Bargellini Cioni, profesora del Instituto de Investigaciones Estética de la UNAM de México, de cuna italiana y mexicana de adopción. Como toda persona ilustre y sin afán de notoriedad, pasó desapercibida para la prensa local. La profesora Bargellini recibió su licenciatura de la Universidad de Pennsylvania en Philadelphia, y su doctorado en Historia del Arte en la Universidad de Harvard. Además, Catedrática de Historia del Arte en el Colegio de Historia, y en el Posgrado de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma UNAM. Ha sido profesora visitante en las universidades de Zacatecas y Chihuahua, y en el Institute of Fine Arts de la Universidad de Nueva York, así como en las Universidades de Chicago y Pennsylvania, entre otras.

4-horizontal

De izquierda a derecha: Lorenzo Alonso de la Sierra, Clara Bargellini, Miguel Ángel Castellano.

Entre libros y artículos, ya sea en solitario o en colaboraciones, numerosas son sus publicaciones sobre el mundo del Arte y la Historia en la Nueva España: “La catedral de Chihuahua” (1984), “La arquitectura de la plata: iglesias monumentales del centro-norte de México, 1640-1752” (1991), “La Catedral de Saltillo: tiempo y espacio de un acervo”, “Historia y arte en un pueblo rural: San Bartolomé, hoy Valle de Allende, Chihuahua” (1998), “Chihuahua, caminos del pasado, el sur del estado” (2000), y “Misiones para Chihuahua” (2004). Persona preocupada en la conservación del Patrimonio Universal, -fue becada por la Fundación Kress en Florencia después de la inundación de 1966-, y miembro fundador del Comité asesor del Laboratorio de Diagnóstico de Obras de Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas.

5-horizontal

Vista de Cádiz desde la torre nordeste de la Casa de las cuatro torres. De izquierda a derecha: La Torre de la Contaduría (campanario de la Catedral Vieja), Torre del Sagrario de la Catedral Vieja, la Catedral Nueva. En primer término, la torre sureste de la Casa de las cuatro torres.

Tan ilustre personaje no ha tenido mejor cicerone que el Dr. Lorenzo Alonso de la Sierra quien ha sabido, como siempre y de forma magistral, guiar por todos los rincones de nuestra ciudad a la afamada profesora. Tenía Doña Clara curiosidad por conocer el antiguo titular de la Cofradía de la Vera-Cruz, por ser éste de factura mexicana, de los llamado de papelón. Y de la Casa de la decana hermandad y siempre orientados por la labia sabia del Dr. Lorenzo, acabamos por subir a la Casa de las cuatro torres, para que conociese nuestra tan particular manera de entender la Arquitectura, nacida allá por las centurias en las que fuimos Emporio, de las necesidades y conveniencias de aquellos Cargadores a Indias, además de ser reflejo de sus vanidades, de prestigio social, y de la riqueza enorme que atesoraron.

Desde luego, hoy en día no se comercia en Cádiz con las riquezas americanas; ya contamos por siglos que esto no pasa. Disfrutamos de la herencia de una época sublime que modeló gran parte de la ciudad: fijó su perfil urbanístico, y en cierta forma, nuestra manera de entender y gustar de algunas de las disciplinas del Arte, y el carácter de su gente. Reconocemos los de aquí la importancia del impacto americano, y gustamos y mucho de ello, aún en asuntos que pueden parecer menos graves: el habla y el folclore propio, ya sea en el flamenco o el del nuestro sonoro Carnaval. Y los que nos vienen de tierras americanas, verán reflejadas por cualquier rincón de nuestra vieja ciudad, maneras y formas de un lenguaje Barroco y aún del Neoclásico, que son también las suyas propias.

detalles-última

Izquierda, detalle ornamental que fecha la Casa en 1745. Derecha, detalle de la portada de una de las entradas de la Casa por la calle Manuel Rancés, una cartela de rocallas de buena labra, con los anagramas de Jesús, María y José.

Son Carmen y Clara, dos mujeres que recrean de muy distintas maneras con sus respectivas ocupaciones, los evidentes testigos de un todavía cercano pasado común: la una, ejercitándose con un cante gitano-andaluz que vino de vuelta felizmente contaminado de sones antillanos; la otra, con sus valiosos estudios sobre un Arte desarrollado en la Norteamérica más hispánica, que partió de ida de estas tierras meridionales netamente europeo, para enriquecerse en las Indias con la mezcla de autóctonos gustos indígenas. Una es de este rincón, y siempre lo tiene presente, y la foránea seguro que lo recordará; pues es nuestro Cádiz trayéndonos siempre al presente la grandeza de un pasado que fue mejor, una esquina del Mundo que cobija a la nostalgia, y la contagia bien pronto.

En este final del estío, inmersos como ya estamos en la rutina de la vida ordinaria, acudimos a la memoria. Y con el consuelo de los buenos recuerdos, se conforma un pensamiento: quizás no haya manera más agradable y sencilla de rememorar los tiempos ricos del comercio americano, que en una desocupada tarde de verano disfrutar del ocaso, desde la Casa de las cuatro torres.

Miguel Ángel Castellano Pavón y Francisco Manuel Ramírez León.

Fotografías: de los autores y de Manuel Miraut.



343. FOTOGRAFÍAS PARA EL RECUERDO. El ‘Pay-pay’ y la plazuela del Tío de la Tiza.

16 09 2010

1961-pay-pay

1974-plaza-del-tio-de-la-ti



336. RECUERDOS DE VERANO (I).

8 09 2010

1941-playa-victoria8-de-julio-terraza-del-muel



329.- PICOS Y TARZAN. ¡Vamos al cine de verano!

31 07 2010

cine-1 

Para los nostágicos, del verano perdido: el Cine de Verano. Más típico no lo había: los cines Mar, Delicias, Brunete, España, Maravillas… Familias y pandillas a las dos sesiones, muchos paquetes de pipas y películas de Tarzán, Fantomas, Louis de Funes o de uno al que le seguían llamando Trinidad. Para combatir los atracones de pipas en el ambigú el encargado de la barra se guarnecía de una batería de vasos de agua y cuando la película era aburrida los más “golfos” ensayaban diabluras y gritos jocosos para martirio de los acomodadores, y los más pacíficos miraban esas salamanquesas grandes que se movían por los encalados muros.

 cine-2

El Caleta y el Brunete fueron los últimos de Filipinas de esta larga lista de cines que comenzó con los cines La Palma en la Caleta y San Carlos en las Murallas, dos sesiones calurosas en los días de levante y frescas y de rebequita en los días de poniente. Algún lector se habrá fumado el primer Píper o el primer Bonanza en estas cines sin nevería, con las localidades de general, preferencia o butaca, sillas de madera con brazos.

Nada mejor que irse al cine de verano en aquellos años en los que estas salas competían con las primeras discotecas, el Cortijo de los Rosales o los bailes y veladas. Una imagen tan nostálgica como de Cádiz de aquellas vacaciones añoradas, con las primeras novias y que nos sirven para despedirnos hasta septiembre porque “gentedecadiz.c0m” se va de vacaciones.

Hasta septiembre, disfruten del verano y no nos olviden, les esperamos en Gente de Cádiz.



328.- LAS MAREAS DE SANTIAGO. Aquella playa de las casetas

30 07 2010

marea-horizontal

En la memoria de muchos gaditanos y veraneantes hay imágenes como esta: la antigua playa Victoria con el andén de cemento separando las casetas de madera, de rayas rojas y blancas, de las llamadas de “mampostería”, bajo el Pase Marítimo o las “olitas”.

Los bares de sardinas y tortillones de papas, que expendían tinto con casera a pasto; los puestos de las “bañeras”, aquellas serviciales mujeres que limpiaban las casetas, le echaban un ojito a los niños y suminstraban el agua para barreños y botijos. El inevitable bidón de pedtróleo, pintado de rojo y blanco, los municipales con salacot , el atavío muy blanco y el inevitable talonario de multas para denunciar a quienes jugaban al fútbol, en base al famoso “artículo pelota”.

Y la banda sonora. No el rumor de las olas sino aquella megafonía de Castro Y Gutiérrez de niños perdidos y horas en punto de la tarde; aquellos “¡Camarones, cangrejo bo-o-caaa!” o el del pico y la papa. En la foto las traviesas olas suben hasta el cemento, mojan las precarias instalaciones familiares, una demarcación que marcaba la sombrilla. Es la marea de Santiago, el día del verano con más olas, que la chavalería disfrutaba con colchones inflables y los inevitables salvavidas de cámas de automóvil. Una forma de playa perdida hoy, con otro ambiente y los mismos bañistas… pero más modernos. ¡Cuidado con la resaca!



325. LA INAUGURACIÓN DEL BALNEARIO VICTORIA

27 07 2010

El tranvía, inaugurado en 1905 y el Balneario Victoria, abierto al público en 1907 fueron los dos principakles acontecimientos que hicieron que los gaditanos salieran del recinto de sus murallas y que la ciudad se extendiera hacia los extramuros.

La inauguración del Balneario Victoria tuvo lugar el 2 de agosto de 1907 a las cuatro y media de la tarde. Pese a los numerosos detalles previstos, la inauguración quedó deslucida. A finales de julio llegaron a Cádiz noticias de que las obras de construcción del puerto sufrirían un nuevo retraso debido a la falta de empresas constructoras. El alcalde, el gobernador civil, el presidente de la Diputación y las llamadas ‘fuerzas vivas’ de la ciudad’ decidieron trasladarse a Madrid para presionar al Gobierno para que las obras del puerto no sufrieran un nuevo retraso.

Balneario_1

La terraza del Balneario Victoria en 1907

De esta manera la ceremonia de inauguración del Balneario Victoria quedó deslucida. A pesar de ello a las puertas del magnífico establecimiento se contaron hasta 16 carruajes y un automóvil, propiedad de la familia Pemartín.

Las obras de construcción del Balneario Victoria dieron comienzo en enero de 1907 y para la cimentación del edificio se utilizaron piedras procedentes de las antiguas murallas situadas en lo que hoy es el paseo de Canalejas. La compañía del tranvía preparó una vagonetas especiales para trasladar la piedra desde el interior de la ciudasd hasta la playa.

Balneario_2

El Balneario Victoria en los años veinte del pasado siglo XX

Inaugurado el Balneario, cuya sociedad propietaria estaba presidida por Fernando García de Arboleya, miles de gaditanos acudieron a conocer sus instalaciones utilizando para ello un servicio especial de tranvías. De esta manera los habitantes de Cádiz comenzaron a frecuentar una zona hasta entonces desconocida, la playa de la Victoria.