321.- LORENZO CHERBUY. Cádiz pierde a uno de sus grandes artistas
23 07 2010
Tratándose de Lorenzo Cherbuy, conocedor de mitos y filosofías y que en su escultura y pintura ha penetrado y traducido a su lenguaje todas las mitologías, no es correcto decir que ha muerto. Este luchador del arte, genio en el exilio familiar de Puntales, embarcó hacia la otra orilla en la barca de Caronte, con su moneda para pagar el viaje, porque Cherbuy, aunque nunca la buscó, se ganó la inmortalidad pincelada a pincelada.
Lorenzo Cherbuy en su casa de Puntales, verdadero refugio y sancta sanctorum de un artista que rehuyó de las glorias vanas.
Creador en el fondo y en la forma, dueño de un estilo, un lenguaje y una técnica únicas, el desaparecido artista tocado por los duendes, exploró buena parte de las bellas artes: la escenografía, la pintura, la escultura… devorador de exquisiteces literarias y poseedor de una fascinante cultura, labrada a pulso, las palabras de la periodista Virginia León en Diario de Cádiz, aportan las claves de su tránsito vital:
La historia de Lorenzo Cherbuy, apenas conocida por los gaditanos, es la historia de un prodigioso artista nacido en Cádiz, allá por 1921.
Es la vida de un autodidacta amante del arte, de la filosofía, la poesía y el ensayo.
Una muestra del genio creativo de Cherbuy, en la forma un policuadro, de técnicas y texturas creadas por él y cuyo secreto le pertenece; en la forma un verdadero “idioma” artístico y creativo.
La de un creador nato por cuyas manos ha desfilado la friolera de entre mil y cinco mil obras, de las cuales 487 ya han sido catalogadas.
De ello se ha encargado un grupo de amigos encabezados por el ceramista Alfonso Casas y el poeta y periodista Jesús Serrano, autor de la conferencia que sobre la Sensualidad, fantasía e ironía de la obra de Lorenzo Cherbuy y junto a él se han volcado en el rescate de la vida y obra de este obrero del arte Eduardo Geneiro y Juan Candón.
En una figura tan familiar como0 la de un torero, se aprecia lo diferente de la expreasión creativa de Lorenoz Cherbuy en una figura que sin perder las claves de su realidad, es distinta, única y con un juego de colores y texturas personalísimo.
Poco amigo de la notoriedad pública, la calidad de sus creaciones no han dejado impasible a estos quines tanto a nivel local como nacional se han siempre por su obra, presente en grandes empresas de Cádizy en muchas colecciones privadas, como el caso del gran mural del parking de Canalejas o el que luce en Ingrasa que describe unha fascinate historia de la imprenta, o en Aguas de Cádiz, Zona Franca, Hotel Regio 2, la arrocería “La Pepa” o el impresionante y explosivo paraíso que creó para el Consorcio Bahía de Cádiz, toda una alegoría de los hermoso que puede llegar a ser este valle de lágrimas si preservamos la naturaleza.
“Es escultor, escenógrafo de teatro, músico y un puntal de la literatura, como bien muestra su participación en las revistas Platero y El Parnaso.
De hecho, ha sido amigo de los grandes nombres de la provincia, entre ellos, Fernando Quiñones”, decía en Diario de Cádiz Jesús Serrano describiendo las amplitud de miras del artista, que exploró muchos campos en una vida artística muy productiva de unh artista creadro de un universo particular.
Y es que la necesidad de sacar adelante catorce hijos, tres de su primera mujer (que falleció muy joven) y otros once de su segunda, le hizo derrochar talento por doquier.
Entre los más apreciados apellidos de la más reciente historia de Cádiz, el de Cherbuy, desdendiente de franceses, en la entrega de la medalla del trimilenario. Lorenzo no pudo asistir por enfermedad y recogió su galardón su hijo Carlos, encuadernador artístico y músico.
A modo de anécdota, Serrano cuenta que ante la falta de tiempo que le acechaba, las reuniones de la revista Platero se hacían en la lavandería el Habanero, donde trabajaba.
A éste se sumaron otros tantos oficios que pasaban por el diseño de joyas, la recepción de hotel o el boxeo profesional.
Profesiones muy variopintas que desempeñó sin ton ni son junto a su gran pasión, el arte.
Como escenógrafo, bordó en Madrid el estreno de El racó vero de Ulises, de Soto Vergés, que desempeñó “con fragmentos viejos de lona y madera usada, sin ningún objeto marino.
Una situación ante la que el escritor Antonio Gala le comentó, con sorna, que iría al estreno para no perderse el fracaso”.
El reloj de la plaza marca las cinco de la tarde y así vio ese trascendental tránsito Lorenzo Cherbuy.
“Pero su gran labor -añade- dejó boquiabierto al respetable, que aplaudió nada más abrir el telón”.
Llama la atención que un hombre de trayectoria tan profusa no tenga un hueco de honor en el panorama artístico gaditano del siglo XX.
“Este maestro es conocido en toda España, menos aquí, y es triste que esta ciudad no le preste la atención que merece”, comenta Serrano.
Un hombre que, como diría el escritor y amigo Fernando Quiñones, “era rebelde, estallante de ocurrencias plásticas, libre de temas obligados y medidas forzosas”.
Nunca buscó la noriedad artística ni personal, rebelde o modesto, ya Lorenzo Cherbuy viaja en la barca de Caronte y ya no puede evitar que su obra le haga grande. Tan grande como su Cádiz natal que le ha perdido. Que le sea la tierra leve.
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Le gustaba decir que era el único gaditano nacido en Galicia y sin embargo vio las primeras luces en La Estrada, un pueblo cercano a Santiago de Compostela en 1926.




El último presidente de la entidad cadista bajo su antigua denominación de Mirandilla FC fue el cántabro Luis Arroyo Crespo, trabajador nato y enamorado de la cantera que dirigió la nave amarilla de 1934 a 1936, justo cuando se produce el cambio de denominación de la entidad. Luis Arroyo nace a finales del siglo XIX, el 7 de enero de 1883, en la localidad de Santibáñez, del municipio de Villacarriedo, Cantabria. Al joven Luís su pueblo se le queda pequeño, tiene ambición de conocer otras tierras, por lo que con tan sólo once años, como cientos y cientos de montañeses de su época, decide dejar el hogar familiar, la casona, los verdes prados y sus lluvias, para probar fortuna al sol de la deseada `Tacita de Plata´, en la otra punta de España. A su llegada a Cádiz se incorpora a trabajar en un ultramarino cercano a la plaza de San Antonio, donde vivirá su adolescencia y juventud como uno de los muchos `chicucos´ para los que Cádiz fue su escuela de vida, creciendo y madurando con el afecto y el cariño que los gaditanos ofrecen. Comenzó haciendo recados y atendiendo los `mandaos´, de recadista pasó a dependiente, y más tarde a encargado y con poco más de veinte años creó con unos amigos una cooperativa de panaderos en la calle Pasquín. En 1916 compra una panadería, `La Pastora´, la cual le va bien, es el fruto del esfuerzo y la constancia que Luís pone en la misma. La ampliación empresarial llega pronto y en la calle Sagasta, 108 monta una fabrica de fideos. Su último proyecto empresarial será la `Harinera San Miguel´ en la calle Diego Arias.

Álvarez Campana fue uno de los muchos mercaderes que, atraídos por la Carrera de Indias, cruzó el Atlántico y terminó afincándose en tierras americanas a mediados del siglo XVIII. Proveniente de una familia de comerciantes gaditana, llegó a ser uno de los más encumbrados hombres de negocios de la ciudad de Buenos Aires. Su padre, Bernardo Álvarez Campana y Montes de Oca, estaba matriculado en el Consulado de Cádiz desde 1737, y fue reemplazado por Francisco en el mando de los negocios de la familia. Desde entonces, el mayor de los nueve hermanos, emprendió varias empresas exitosas entre Cádiz y distintos puertos de Centroamérica: en 1743 para Cartagena, y en 1744 hacia La Habana y Portobelo, actuando como maestre del navío francés San Rafael. Entre los principales exportadores, aparece registrado como uno de los más importantes consignatarios y factores de Cádiz entre 1750 y 1757. En diciembre de 1750, Francisco parte con un cargamento de un millón y medio de pesos y dos naves, y firma un testamento dando poder a su padre y a su hermano, el presbítero Adulfo, para disponer de sus bienes en caso de que los peligros de la navegación lo enfrentasen a la muerte. El precio de una vivienda oscilaba entre los 3.000 y 10.000, y el de un esclavo, 200 pesos. Arriba. 
Para financiar estas actividades llegó a proponer al Cabildo la construcción de un curioso sistema para almacenar el granizo del invierno y venderlo en verano, así como la creación de una recova y una galería cubierta donde se realizaría el Mercado. Al año de llegar a Buenos Aires, comienzan los reclamos de sus acreedores, arrepentidos de haberle entregado poderes tan amplios, y condiciones tan favorables. Campana, inserto en un contexto mercantil caracterizado por una crónica escasez de metálico circulante y fácil de saturar de productos importados, además de haber dilapidado una parte sustancial de la negociación, se ve agobiado por un número importante de deudas difíciles de cobrar.Los litigios entre mercaderes demuestran la fragilidad de sus fortunas, y la facilidad con que una riqueza considerable podía esfumarse y arrastrar a su dueño a la más escandalosa ruina. Su fama no logró hacerle remontar de una tremenda bancarrota.Una vez preso, sus bienes fueron embargados y murió poco después. En conclusión, uno de sus campos, una estancia situada a orillas del Paramá dedicada al cultivo del trigo y pastoreo de vacas, ovejas y caballos, perpetuó su nombre, conociéndose esos terrenos con el nombre de Rincón de Campana. Fue allí donde los últimos dueños de las tierras, los hermanos Luis y Eduardo Costa, fundaron un pueblo en 1875 al que llamaron Campana.(D.J.P.)
Concluye la serie sobre la llegada a España del primer torero mexicano con esta entrega donde se reseñan algunas curiosidades de su visita a Jerez y de su debut en la plaza de toros de El Puerto.
Esa fue la actuación en El Puerto de una de las figuras históricas del toreo mexicano, más tarde, en octubre, Frascuelo le confirmaría la alternativa a Díaz, el protagonista junto con Bonilla de un raro folleto que vio la luz en una imprenta de Cádiz en esta orilla del toreo. (Francisco Orgambides).






















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