Gente y habitantes de Cadiz » Nos dejaron

284. LUIS ARROYO CRESPO. El último presidente del Mirandilla.

16 06 2010

Luis_Arroyo_careto..El último presidente de la entidad cadista bajo su antigua denominación de Mirandilla FC fue el cántabro Luis Arroyo Crespo, trabajador nato y enamorado de la cantera que dirigió la nave amarilla de 1934 a 1936, justo cuando se produce el cambio de denominación de la entidad. Luis Arroyo nace a finales del siglo XIX, el 7 de enero de 1883, en la localidad de Santibáñez, del municipio de Villacarriedo, Cantabria. Al joven Luís su pueblo se le queda pequeño, tiene ambición de conocer otras tierras, por lo que con tan sólo once años, como cientos y cientos de montañeses de su época, decide dejar el hogar familiar, la casona, los verdes prados y sus lluvias, para probar fortuna al sol de la deseada `Tacita de Plata´, en la otra punta de España. A su llegada a Cádiz se incorpora a trabajar en un ultramarino cercano a la plaza de San Antonio, donde vivirá su adolescencia y juventud como uno de los muchos `chicucos´ para los que Cádiz fue su escuela de vida, creciendo y madurando con el afecto y el cariño que los gaditanos ofrecen. Comenzó haciendo recados y atendiendo los `mandaos´, de recadista pasó a dependiente, y más tarde a encargado y con poco más de veinte años creó con unos amigos una cooperativa de panaderos en la calle Pasquín. En 1916 compra una panadería, `La Pastora´, la cual le va bien, es el fruto del esfuerzo y la constancia que Luís pone en la misma. La ampliación empresarial llega pronto y en la calle Sagasta, 108 monta una fabrica de fideos. Su último proyecto empresarial será la `Harinera San Miguel´ en la calle Diego Arias.

Todos estos años de trabajo y lucha no pasaran desapercibidos, en 1929 es nombrado presidente de la Asociación de Fabricantes de Pan; un año después será el propio rey Alfonso XIII quién le conceda la Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo. En el plano deportivo fue un entusiasta del fútbol desde sus inicios en la ciudad, siendo impulsor de varios equipos a nivel amateur, como el original `X´ Fútbol Club. El 21 de junio de 1934 es nombrado presidente del Mirandilla FC, relevando en el cargo a Tomás Alonso y Arce. El equipo había ascendido a la Primera Categoría Regional, categoría equivalente a la actual 3ª División. Luís Arroyo es un gran defensor del fútbol amateur, pero las circunstancias deportivas del momento le obligan a diseñar un equipo profesional. El nivel de exigencia para estos jugadores es muy alto. Pese a todo, Arroyo se niega a que el club se desprenda a su equipo aficionado y consigue mantener ambos equipos, el profesional para disputar las competiciones oficiales y el amateur para competir con los equipos locales y ser a su vez la cantera de la entidad.

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El equipo del Mirandilla cuando era presidente Luis Arroyo.

En la temporada 34/35 el Mirandilla consigue clasificarse subcampeón igualado a puntos con el Xerez, que dispone de mejor diferencia de goles. El equipo jerezano asciende de categoría, el Miradilla debe esperar otra oportunidad. Una reestructuración de la Segunda División propicia una promoción con el Onuba que al ser superada permite al Mirandilla participar por primera vez en su historia en Segunda División.

El presidente Arroyo es partidario de hacer un equipo con profesionales del norte del país, pues considera que son más competitivos y disciplinados que los andaluces. Los resultados no serán todo lo positivo que cabría esperar, pero lo conseguido va a marcar el futuro del Club.

Finalizada la temporada la Junta Directiva, cumplido su mandato, pone sus cargos a disposición de la Asamblea para que se designe nueva directiva. El 8 de abril de 1936, en Asamblea General, se hace efectivo el cese de funciones del presidente Luís Arroyo. Durante estos casi dos años de presidencia, Luís Arroyo convirtió el despacho de su fábrica de fideos en verdadera secretaría del Club, desde donde lo dirigía y administraba sacrificando su descanso y sus partidas de mus, del cual era un verdadero maestro. De su bolsillo salió bastante dinero para cubrir los muchos gastos del equipo. Luís era una persona serena y dialogante en la vida normal y sus negocios, pero en el campo de fútbol la pasión le traicionaba y perdía el control fácilmente. En cierta ocasión hubo de retirársele a la fuerza del vestuario arbitral, no sin antes haber partido en dos su inseparable bastón tras golpearlo con fuerza contra la puerta del vestuario requiriendo una explicación del trencilla de turno. En marzo de 1938 la directiva del Cádiz FC le distingue nombrándole Presidente de Honor, título que ostenta con gran orgullo hasta su muerte en 1955. Por Juan Sevilla Revista Oficial del Cádiz C.F. “Nuestro Cádiz”.



245.- TRAGEDIA EN EL CAMPO DEL SUR. La muerte de Jaime Ballesteros

8 05 2010

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Esta espléndida fotografía ha sido conservada por José Luis Olano y durante muchos años estuvo en la pared del legendario e inolvidable establecimiento ‘El Pedrín’, abierto a la plaza de San Juan de Dios, antes, como se puede ver en la fotografía “Isabel II”
Se trata del entierro del torero aragonés Jaime Ballesteros “Herrerín” , que fue corneado por el toro Almejito, de la ganadería de López Plata, en la plaza de toros del Campo del Sur en septiembre de 1914, uno de los últimos festejos celebrados en aquel coso.
El torero falleció pese a que los doctores le aplicaron, como último recurso, “enemas de champagne helado”, según las crónicas de Diario de Cádiz. 
En la esquina de la plaza de San Juan de Dios aparece la pastelería Brun, sucursal de la situada en la calle Buenos Aires y que han conocido nuestros lectores como tal confitería, hasta convertirse en restaurante.
En 1936 este local pasaría a manos de la familia Olano y abriría sus puertas con el nombre de Bar ‘El Pedrín’, cuyos magníficos vinos de Chiclana han alimentado no pocas reuniones, tertulias y anécdotas. Los caldos se servían en pulcros vasos y medias limetas que la casa enjuagaba en un fregadero de zinc como los que hoy se ven en antañonas tabernas madrileñas, pilas hoy perdidas en nuestra ciudad.



242. DE CÁDIZ AL RÍO DE LA PLATA. En recuerdo del gaditano Francisco Álvarez Campana

5 05 2010

La localidad argentina de Campana, ubicada a la orilla del Paraná de las Palmas, a 70 kilómetros de Buenos Aires, lleva ese nombre en recuerdo del gaditano Francisco Álvarez Campana. Esta ciudad tiene hoy 90.000 habitantes y es uno de los puertos más importantes de la provincia de Buenos Aires, caracterizada por un perfil marcadamente industrial.

rio plata 3Álvarez Campana fue uno de los muchos mercaderes que, atraídos por la Carrera de Indias, cruzó el Atlántico y terminó afincándose en tierras americanas a mediados del siglo XVIII. Proveniente de una familia de comerciantes gaditana, llegó a ser uno de los más encumbrados hombres de negocios de la ciudad de Buenos Aires. Su padre, Bernardo Álvarez Campana y Montes de Oca, estaba matriculado en el Consulado de Cádiz desde 1737, y fue reemplazado por Francisco en el mando de los negocios de la familia. Desde entonces, el mayor de los nueve hermanos, emprendió varias empresas exitosas entre Cádiz y distintos puertos de Centroamérica: en 1743 para Cartagena, y en 1744 hacia La Habana y Portobelo, actuando como maestre del navío francés San Rafael. Entre los principales exportadores, aparece registrado como uno de los más importantes consignatarios y factores de Cádiz entre 1750 y 1757. En diciembre de 1750, Francisco parte con un cargamento de un millón y medio de pesos y dos naves, y firma un testamento dando poder a su padre y a su hermano, el presbítero Adulfo, para disponer de sus bienes en caso de que los peligros de la navegación lo enfrentasen a la muerte. El precio de una vivienda oscilaba entre los 3.000 y 10.000, y el de un esclavo, 200 pesos. Arriba. Plano antiguo de la estancia ubicada a orillas del Parná de las Palmas.


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Firma de Francisco Álvarez Campana.

El prestigioso historiador Óscar José Trujillo, profesor de Historia de la Universidad Nacional de Luján (Argentina) señaló que desde su llegada al Río de la Plata, “la ciudad de Campana tuvo una impresionante y destacada participación social”. Puso en marcha una fábrica de telas que sorprendió a sus contemporáneos.”Un ingenio de un torno donde podían hilar cincuenta mujeres a la vuelta de una rueda que movía una mula”, señala Trujillo. Además fue propietario de una empresa dedicada al cuero, donde se procesaba pieles de vacas, toros, becerros, lobos marinos, tigres y hasta perros. A su llegada al Río de la Plata, se convierte en Hermano Mayor de la Hermandad de la Caridad, institución a la que da un impulso notable, financiando él mismo la creación del Colegio de Niñas Huérfanas y el Hospital de Mujeres.

rio plata 2Para financiar estas actividades llegó a proponer al Cabildo la construcción de un curioso sistema para almacenar el granizo del invierno y venderlo en verano, así como la creación de una recova y una galería cubierta donde se realizaría el Mercado. Al año de llegar a Buenos Aires, comienzan los reclamos de sus acreedores, arrepentidos de haberle entregado poderes tan amplios, y condiciones tan favorables. Campana, inserto en un contexto mercantil caracterizado por una crónica escasez de metálico circulante y fácil de saturar de productos importados, además de haber dilapidado una parte sustancial de la negociación, se ve agobiado por un número importante de deudas difíciles de cobrar.Los litigios entre mercaderes demuestran la fragilidad de sus fortunas, y la facilidad con que una riqueza considerable podía esfumarse y arrastrar a su dueño a la más escandalosa ruina. Su fama no logró hacerle remontar de una tremenda bancarrota.Una vez preso, sus bienes fueron embargados y murió poco después. En conclusión, uno de sus campos, una estancia situada a orillas del Paramá dedicada al cultivo del trigo y pastoreo de vacas, ovejas y caballos, perpetuó su nombre, conociéndose esos terrenos con el nombre de Rincón de Campana. Fue allí donde los últimos dueños de las tierras, los hermanos Luis y Eduardo Costa, fundaron un pueblo en 1875 al que llamaron Campana.(D.J.P.)




239.- CÁDIZ, PUERTA DEL TOREO MEXICANO. La llegada de Ponciano Díaz (y III).

2 05 2010

corrida-mexico-vConcluye la serie sobre la llegada a España del primer torero mexicano con esta entrega donde se reseñan algunas curiosidades de su visita a Jerez y de su debut en la plaza de toros de El Puerto.

En el número del 18 de agosto siguiente, la noticia fue que Ponciano había visitado en Jerez de la Frontera las bodegas de Carrasco Hermanos y de Mr. Buck, antes Pemartín. También estuvo en el museo taurino de Iñigo Ruiz y en la bodega de González Byass. Al día siguiente el torero debutó en la plaza de El Puerto de Santa María, recién estrenada en 1880. Se jugaron novillos de Ibarra que mataron diez caballos. El Tortero fue uno de los novilleros, y estuvo desgraciado; el otro fue Torerito, que tuvo una buena tarde. Oropesa y González picaron muy bien al segundo astado. En una vara el novillo le quitó los arreos al caballo y el charro -no aclara el diario cuál de ellos- picó a pelo. Ponciano, vestido de azul y plata, solamente salió a picar a caballo. (Al lado una antigua fotografía de la lidia en México. Los picadores todavía iban ataviados a la usanza de la charrería).

corrido-vEsa fue la actuación en El Puerto de una de las figuras históricas del toreo mexicano, más tarde, en octubre, Frascuelo le confirmaría la alternativa a Díaz, el protagonista junto con Bonilla de un raro folleto que vio la luz en una imprenta de Cádiz en esta orilla del toreo. (Francisco Orgambides).

Junto a estas líneas un pliego de cordel, editado en México y contemporáneo al éxito profesional del torero Charro, donde se recoge la letra de uno de los muchos corridos que cantaron las vicisitudes de la vida de un torero que en México amasó una fortuna y que fue propietario de una plaza de toros.



237.- CÁDIZ, PUERTA DEL TOREO MEXICANO. La llegada de Ponciano Díaz (I)

30 04 2010

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Por este puerto entró el toreo mexicano en España, toreo de ida y vuelta. Ese viaje de retorno lo protagonizó el diestro Ponciano Díaz, y la arribada a nuestra ciudad se puede rastrear por una pequeña joya, un libro que es muy buscado por los bibliófilos de tema taurino.

banderillas-dos-manos-vEn 1889 se publicó en Cádiz, en la tipografía de Díez y Sánchez, un folleto de 14 páginas en octava titulado “Biografía del célebre torero mexicano  Ponciano Díaz, con todos sus hechos muy notables y las cogidas que ha tenido”. Esta figura histórica de la lidia llegó a España el mismo año de esta edición, presentándose en Madrid el 28 de julio de 1889. Ponciano Díaz Salinas fue el primer diestro de verdadera fama procedente de América y uno de los primeros matadores extranjeros que actuaron en Madrid. (Las banderillas a dos manos a caballo era una suerte de la charrería que practicó Ponciano en los ruedos españoles, aunque toreaba a pie. Durante la lidia montaba a caballo en el tercio de banderillas y ejecutaba alguna de las suertes del rodeo mexicano). 

Practicando la moderna lidia a pie, fue uno de los primeros matadores mexicanos que actuaron en Europa. Más tarde vendrían el torero millonario Vicente Segura y Rodolfo Gaona, pero ya en el Siglo XX. Este volumen editado en Cádiz puede ser el primero dedicado exclusivamente a este legendario torero mexicano, discípulo del portorrealeño Bernardo Gaviño y que en 1889 tenía diez años de alternativa. Desconozco una monografía más antigua dedicada al primer torero mexicano con categoría de figur del toreo.

brindis vEl folleto, que se vendía a diez céntimos de peseta, abre con un elogio del éxito alcanzado en las corridas de Madrid por el toreo mexicano con el “jarifeo” (Sic.) y Manganeo, así como la suerte de banderillear a caballo,  poniéndolas a la altura de las suertes que puedan ejecutar Lagartijo y Frascuelo. (Una viñeta de la época representando a Ponciano,el torero de Atenco, en un brindis. Es una figura muy popular aún en México, donde todavía se cantan corridos relatando sus hazañas en el ruedo).

El autor es un histórico del periodismo taurino mexicano Este pequeño texto, se publicó sin firma de autor. El título, nos arroja la primera aunque pobre luz de que quien lo escribió bien pudiera ser mexicano, ya que emplea la palabra mexicano con la grafía “x” del castellano antiguo, fórmula muy desusada en España en la época, donde siempre se utilizaba la forma Méjico y mejicano. Sigue la biografía breve de Ponciano con léxico mexicano como “caporal” o expresiones que conducen a la sospecha como “Del celebre Bernardo Gaviño” -el torero muerto en Texcoco no era tan conocido en España entonces como en México- o “Hay motivos para que este torero sea simpático a los españoles”.

ponciano-retrato-vTal vez la respuesta al enigma de la autoría del folleto está en que la tercera parte de esta breve obra está dedicada a Julio Bonilla. El escritor jalapeño contaba entonces 34 años, y era propietario, fundador y director de “El arte de la lidia” que se publicaba en México sin interrupción desde 1884. Esta revista taurina fue según mis datos la primera que se publicó en el  continente, o mejor dicho, en tierra firme, porque en 1883 apareció en Cuba la revista “La lidia en La Habana”, a la que seguirían en la misma década “La revista de toros”, “El tío Camama”, “El Puntillero”, “Toros en La Habana”, “La Muleta”, “La Garrocha” y “La Bronca”. “El arte de la lidia” sí que fue una revista duradera, no como las cubanas que apenas vivían una temporada. Bonilla la dirigió hasta este año de 1889 en que le sucedería Antonio Calvo, lógico si iba a emprender un viaje largo a España, ya que acompañó a Ponciano a Europa. (Ponciano, puro México, vestido de charro, el atavío que utilizaba en su periplo español).

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Su revista fue el vivero de posteriores publicaciones mexicanas de tema taurino, ya que nada menos que siete se contabilizaban en la ciudad de México en 1887: “La banderilla”, “La voz del toreo”, “El toro”, “El Correo de los toros”, “El monosabio”, “La muleta” y “La divisa”. Bonilla murió en 1909.



223.- TOLSÁ Y FERNÁNDEZ GUERRERO. Unidos en Cádiz (I)

16 04 2010

tolsaEn la calle Ancha existe una pequeña iglesia llamada de la Conversión de San Pablo, cuyo retablo mayor, de estilo neoclásico, fue diseñado sobre planos en 1790 por el escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá, de quien recientemente se han cumplido 250 años de su nacimiento.

El retrato de Manuel Tolsá, obra de Francisco de Goya.

Tolsá es el autor de la única estatua ecuestre que se conoce del Rey Carlos IV, padre de Fernando VII, monarcas ambos de triste recuerdo en la historia de España. La estatua se encuentra en la capital de México, entonces Nueva España, y nación hoy que le debe a este escultor valenciano las mejores obras monumentales -civiles y religiosas- que se levantaron en su territorio en los años previos al grito de Dolores.

caballito-verticalAmigo de Tolsá era un escultor nacido en 1748 en Ubrique, de nombre José Fernández Guerrero, que se había afincado en Cádiz en el último tercio del siglo atraído por un familiar artista, pero también por la época de esplendor que vivía la ciudad. Era éste Gonzalo Fernández de Pomar, tío-abuelo de lado paterno, nacido también en Ubrique y reconocido maestro escultor al que se le adjudica gran parte de los retablos religiosos del Cádiz de la época, entre ellos el que da culto actualmente a la popular imagen del Nazareno. (La estatua ecuestre del rey  Carlos IV que se conserva en Ciudad de México. Hoy está frente al Palacio de la Minería).

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La ciudad, dedicada exclusivamente al comercio con Ultramar y en un enclave estratégico entre el Atlántico y el Mediterráneo, vivía su siglo de oro. La decisión de Felipe V, en 1717, de trasladar a Cádiz la Casa de Contratación, elevó su prestigio, que no se mermó con la eliminación de las restricciones comerciales, ya en el último tercio del siglo, que fueron asumidas por los gaditanos como una manera distinta, pero igualmente fructífera, de hacer el negocio marítimo.

san-pablo-verticalEn el siglo XVIII la ciudad se acercaba a los 90.000 habitantes, de los cuales un diez por ciento eran franceses y genoveses. Existían tres teatros con funciones regulares y se contabilizaban más de treinta cafés y billares. En un principio salían al año dos flotas -una a Nueva España y otra a Nueva Granada-, ambas escoltadas por buques de guerra, pero pronto se sustituyó esta organización por otras y se dieron años en que la ciudad registró la entrada en sus aguas de hasta un millar de buques. (La iglesia de la Conversión de San Pablo, en la calle Ancha)

Tolsá y Fernández Guerrero se habían conocido en Madrid, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, controlada entonces por la nobleza y que en aquellos tiempos tenía su sede en la Real Casa de la Panadería, hoy dependencia del Ayuntamiento de la Villa. Y desde entonces mantenían una estrecha amistad.

Compañeros de estudio eran también Cosme Velázquez, director de Escultura de la Academia gaditana, José Sócrates Rodríguez, que años más tarde sería nombrado maestro escultor del Arsenal de la Carraca, y Miguel de Olivares y Guerrero, que llegó a ser aparejador de la Colegiata de Jerez de la Frontera y uno de los siete arquitectos que dirigieron las obras de la catedral de Cádiz.

carlos-III-verticalEn este centro enseñaban profesores franceses e italianos traídos ex profeso por los primeros Borbones, muy proclives al refinamiento y al arte en su expresión más exquisita. No sólo era la Academia un centro de enseñanza o de rigor artístico, sino también un foco receptor de nuevas corrientes, entre las que destacó el neoclasicismo, que tuvo su momento cumbre en los reinados de Carlos III y Carlos IV y que devolvía a España -como lo había hecho en Francia a partir de 1750- los gustos grecorromanos. (Un grabado del Rey Carlos III)

El escultor Fernández Guerrero, primer eslabón de la saga gaditana a la que me voy a referir, es autor -para situarnos en su legado- de las estatuas de Balbo el Menor y Columela que se encuentran en el Ayuntamiento de Cádiz, además de diferentes obras de orfebrería en plata para imágenes religiosas y otras de dorado de retablos que, con casi toda seguridad, compartió como discípulo con su pariente Pomar, que llegaría a ser maestro mayor de carpintería de la ciudad.

panaderia-horizontalTolsá había llegado a Cádiz en septiembre de 1790, con 41 años, soltero y recién nombrado director general de la nueva Academia de Bellas Artes de San Carlos, de México. Cádiz era su puerto de partida para América, pero la estancia se le hizo infinitamente larga al tener que esperar casi seis meses para embarcar en un buque capaz de albergar en sus bodegas el volumen de piezas que traía consigo: 66 cajas con moldes de figuras del Museo Vaticano y otros materiales de grandes proporciones, además de 154 quintales de yeso blanco en piedra. (En la Real Casa de Panadería de Madrid estuvo la Academia de Bellas Artes).

Durante el tiempo de espera, Tolsá se reencuentra en la capital gaditana -disparada en cuanto a construcciones civiles- con varios compañeros de estudios de Madrid, en su mayoría agrupados en torno al taller del que fuera maestro mayor de la ciudad, Torcuato José Cayón, fallecido unos años antes y en ese momento reemplazado por su sobrino, Torcuato Benjumeda.A ese grupo pertenecía Fernández Guerrero, académico por la rama escultórica como Tolsá y teniente director de la Escuela de Nobles Artes -luego Academia- de la ciudad, creada años antes a instancia del gobernador Alexander O’Reilly, el hombre del Rey en Cádiz.

balbo-menorEn aquel tiempo, España vivía un momento de apogeo artístico. Lucía ya esplendorosa en Madrid la Puerta de Alcalá, obra de Sabatini. Acababan de ser instaladas las fuentes de Cibeles y Neptuno, obras de Francisco Gutiérrez y Juan Pascual de Mena, respectivamente. Y en la Isla de León se ultimaban los trabajos que iban a configurar la nueva población naval de San Carlos, bautizada así en honor del rey arquitecto y sobre la que trabajaban ya en algunos proyectos el marqués de Ureña y el propio Sabatini. balbo el Menor. Su estatatu, que se conserva en el Ayuntamiento, es obra de Tolsá)

En Cádiz, la mano de Carlos III también se había hecho notar. Y la ciudad incrementaba, por deseo del monarca, su patrimonio arquitectónico con el nuevo Palacio de la Aduana, obra del ingeniero Juan Caballero, el baluarte de San Carlos y el barrio de su mismo nombre, que se levantaron siguiendo los cánones del neoclasicismo reinante. A ello uniríamos la Cárcel Real, una catedral en construcción y el deseo -más tarde materializado- de levantar un nuevo consistorio.

Antes de obtener el título de académico, Fernández Guerrero combinaba sus trabajos artísticos con la enseñanza. De hecho, durante un tiempo fue profesor de una escuela privada de dibujo, aritmética y geometría – a la que asistían los plateros de la ciudad-, cuyo director era el propio Torcuato José Cayón, por otra parte suegro de Ventura Rodríguez, el arquitecto que terminó las obras de la Basílica del Pilar.

columela-verticalCayón tenía mando sobre la Milicia de Cádiz y unió en torno a este batallón de civiles -que hacía la instrucción los domingos- a la mayoría de sus discípulos y colaboradores. Fernández Guerrero no fue la excepción e ingresó como oficial de mérito, lo que le permitió alcanzar estatus militar, lucir uniforme en actos oficiales y pasar a depender eclesiásticamente de la parroquia castrense. Una réplica de la estatua de Columela, obra de Tolsá, se instaló en la plaza de las Flores)

Esta vinculación al estamento militar no sólo le proporcionó acomodo social sino también cercanía en la toma de decisiones del Ejército y la Marina borbónica en cuanto a la plaza gaditana y su departamento, necesitados en aquellos tiempos de maestros artistas. Era el caso de los profesores de dibujo con conocimientos de geometría, a los que se solían encargar trabajos topográficos.

O de los Astilleros de La Carraca, donde se botaban con regularidad buques de gran tonelaje para la ruta de Indias. En ellos se empleaban maestros carpinteros, de jarcia y de lona, pero también imagineros y ensambladores, que eran los encargados de diseñar los mascarones de proa, además de otras ornamentaciones externas e internas.  (Del discurso de entrada de Fernando Orgambides en el Ateneo de Cádiz).



217.- MANUEL IRIGOYEN ROLDÁN. Pasión cadista

10 04 2010

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En estos días ya cae la tribuna del Cádiz y su histórica visera, que pese a su corta vida ha sido testigo de momentos difíciles y de grandes éxitos. Buen momento para recordar a quien impulsó esa visera “para los que más se gastan en el Carranza, han puesto una visera la mar de gansa” que diría la famosa chirigota de las momias de juguete: “a los de preferencia que es más barato, les van a dar un paraguas pa tres o cuatro”. Aquella visera vino de la mano de Manuel de Irigoyen Roldán, y tres ascensos. Arriba Irigoyen con otro presidente histórico del fútbol español, Jesús Gil, con quien mantuvo una cordial y estrecha relación que tuvo su rendimiento para nuestro primer equipo.

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Hubo un tiempo en que los goles del Cádiz se marcaban lejos del Carranza. Eran los tiempos en los que el mejor delantero del equipo cadista se llamaba Manuel Irigoyen Roldán y no vestía precisamente la camiseta amarilla. Con traje y corbata conseguía que el Cádiz C.F., sin apenas socios ni presupuesto, permaneciera un año tras otro en la Primera División del fútbol nacional. Y si alguno lo duda que se lo pregunte al Santander. Irigoyen celebrabdo con una botella de cava uno de los tres ascensoso que se consioguieron bajo su mandato.

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Irigoyen nunca perdió su afición a los toros. Asistía habitualmente a los festejos tauirinos y pertenecía a la peña de seguidores del matador gaditano José Antonio Canales Rivera. En la foto aparece junto al aficionado Guillermo Boto y el ganadero Gabriel Rojas.

Corría el año 1987 y el Cádiz llevaba toda la temporada ocupando la última posición en la tabla. La afición culpaba de esta situación a un jugador que se llamaba “Mágico González”, por entonces muy discutido. Y llega el milagro. La Federación decide reestructurar las categorías y que en vez de tres equipos sólo uno descienda a Segunda. Ni por esas. El Cádiz ocupa la última posición. Irigoyen lanza entonces una curiosa propuesta; ya que han cambiado las reglas, los tres equipos que ocupen los últimos lugares deben luchar entre ellos para decidir el que baje a Segunda. Ante la sorpresa general, la Federación acepta la propuesta del mandatario cadista y se disputa la llamada “liguilla de la muerte”. El Cádiz y el Osasuna salvan la categoría y desciende un indignado Santander, en cuya ciudad aún no saben lo que realmente sucedió.

cartel_cadizManuel Irigoyen había accedido a la presidencia del Cádiz en la temporada 78/79, con el equipo en Segunda y tras la etapa del presidente Manuel de Diego. Durante su presidencia, quince años, el equipo de la ciudad militó diez temporadas en Primera, ocho de ellas de manera consecutiva.Estas permanencias del Cádiz en la máxima categoría era siempre objeto de comentarios en toda España y origen de la simpatía que despierta. Un cartel del torneo de fútbol que recuerda a esta figura del cadismo.

toreros_cadizOtra faceta de la vida de Irigoyen fue la de torero. Se inició en la Escuela Taurina de la calle Mateo de Alba, junto a otros jóvenes como Chano Rodríguez, Pacorrito, Manteca o los hermanos Villodres. Manuel Irigoyen, que debutó en la plaza de toros de Cádiz, fue un fino y valiente banderillero que estuvo varios años intentando abrirse camino en la profesión Lejos del fútbol, Manuel de Irigoyen fue un constructor de prestigio que alcanzó muchos éxitos profesionales y que ocupó cargos representativos entre los empresarios del sector de la construcción. El recordado presidente cadista falleció a los 65 años, víctima de un accidente cardíaco cuando conducía su automóvil en la autovía de Chiclana. Irigoyen en la cuadrilla del exraordinario muletero gaditano Chano Rodríguez. De perfil, el matador granadino afincado en Alcalá de los Gazules Curro Montenegro.



201.- SANTIAGO DONDAY. Fraguando el cante

20 03 2010

portada-VSantiago Sánchez Macías ha sido uno de los grandes del flamenco, figura histórica del cante de Cádiz, una personalidad irrepetible que nos dejó en mayo de 2004. Nacido en 1932, un 11 de enero, fue bautizado en la Catedral vieja y muy pronto comenzó a trabajar en la fragua paterna, en el barrio de San José, muy cerca del cementerio. En la fragua, en un local de la familia Sánchez Rodríguez, cosario de Puerta Tierra, aprendió el cante a compás de sudor y trabajo. Sus padres, Seis Reales y María la Sabina también cantaron por derecho los antiguos aires flamenco. La sangre del mítico siguiriyero jerezano Farrabú, su tío abuelo, alimentaba el incipiente cante de Donday que ya con doce años formó una minúscula compañía con Conchita Aranda y Cascarilla, haciendo giras por la Cuesta de la Jabonería. Entonces Santiago tenía un nombre artístico con raíz en el Matadero: El Cohete. La voz de aquel niño rompió en un eco afillao y flamenquisimo, precioso. Aficionados y artístas nunca han dejado de reconocer la belleza del rajo de Donday. (El recordado genio del cante, en una de sus últimas actuaciones. A la guitarra, otro artista que siempre tuvo gran devoción a los cantaores gaditanos y que apostó por Santiago: Paco Cepero).

Morrongo-VCon esa cuna, con esa sangre vieja regando sus venas, con esa escuela de la fragua y con la tradición flamenca de Cádiz mamada en los adoquines del barrio, por fuerza tenía que surgir un genio y llegar a las máximas alturas del flamenco. Pero Donday, que se había licenciado cum laude en el arte flamenco en las aulas de El Mentidero oyendo a Rosa la Papera y a Antonio Guerrero nuca quiso dar el paso a profesional, prefirió la seguridad del trabajo en la fragua escarmentado en cabeza ajena, según contaba, de algunos cantaores que habían terminado en la miseria en aquellos difíciles años: “Antes casi todos los que vivían del cante se morían de hambre en una esquina. Yo lo tenía seguro” dijo. En casa doce hijos que alimentar le irían dando la razón. (El disco “Morrongo”, la gran obra final de Santiago Donday, colofón de su trayectoria y un verdadero tesoro para los aficionados al flamenco).

puroyjondo2-VContumaz, renunció a muchas ofertas, incluso una ya legendaria del marido de Concha Piquer, el matador de toros Antonio Márquez. Pero como el decía, de vez en cuando se quitaba la tizne y se iba de juerga, a los cuartos. Comenzó un culto secretista a su figura, de aficionados muy cabales y su figura, la pureza de su cante y los viejos sonidos y estilos que afloraban de su garganta fue cobrando un relieve singular. En su madurez por fin, comenzaron sus contadas actuaciones en público, escasas apariciones televisivas y circulaban como alhajas cintas y vídeos de Santiago. Por fin un disco, en 2003, “Morrongo”, poco antes de su muerte. (Otra de las huellas del cante de este artista fraguero, dueño de una de las voces más flamencas de la historia del cante gaditano).