Gente y habitantes de Cadiz » Semana Santa

315.- EL HALLAZGO. Por Miguel Ángel Castellano Pavón y Francisco Manuel Ramírez León

17 07 2010

cristoLa muy sonora voz de un enorme cataclismo, interrumpío el silencio y la calma con el que acometían el delicado trabajo. Un grave y seco retumbo proveniente de la Sacristía, acababa de romper la paz, el ambiente sosegado y relajado, que acompañaba a aquel pequeño grupo que con entusiasmo, mimo y entrega, preparaban el bosque de cera que daría luz al siempre cuidadísimo altar de cultos cuaresmales que preparaban para sus Titulares. Al unísono, no pudieron evitar dar un respingo ante lo que era seguro y violento aviso de que el causante del sobresalto común, por lo aparatoso y fortísimo del estruendo, no debia de ser cosa pequeña.

Se miraron los unos a los otros, con el susto terrible aún reflejado en cada uno de los rostros, queriendo buscar que el compañero cercano le diese crédito y respuesta, a aquel estallido que provino de la Sacristía. “¡Ay, ay, ay, …, que no sea por culpa nuestra!, ¡ay, ay , …, que nos mata el Padre Germán!.”, dijo el de más edad, un cofrade veterano que a pesar de su ya larga edad, volaba mas que corría hacia la Sacristía. Con más miedo que curiosidad, adentró su cabeza en el ámbito oscuro del recinto; el temblor nervioso de sus manos le impedía atinar con la llave de la luz. Una mano más joven logró llenar de luz a aquella habitación, perfumada con el siempre grato olor del incienso quemado. No encontraron lo que más o menos llevaba cada cual en su mente: la ruina por desplome del antiguo y achacoso techo, mostrándoles como testigo unas vigas rotas ya vencidas por los siglos. Muy al contrario de lo esperado, en el suelo yacia boca abajo el enorme armario de las ropas litúrgicas: un imponente, colosal, antiguo y muy bello trabajo de ebanistería, que desde hacia por lo menos 300 años, guardaba el ajuar ceremonial y cultual de los padres de la Orden. Se acercaron todos, rodeando al rendido mueble que les mostraba sus heridas de madera: las viejas tablas rotas o desenclavadas. A pesar de la aún generalizada consternación, hubo quién suspiro de alivio: “¡Para nada hemos tocado el armario!, ¿verdad?”, interrogó el veterano cofrade.

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“¡Ha sido la carcoma, que se ha comido las patas!.¡Mira, mira,…, como está todo esto lleno de agujeritos!”, contestó uno de los presentes, que en cuclillas les mostraba al resto del grupo, una de las que ahora era desgajada y astillada pata delantera. “¡Os lo dije desde que las detectamos en el retablo del Santo Cristo, que no debian de ser las únicas!. ¡Mirad ahora!, ¡que lástima: las roidas patas no han podido soportar el peso del armario, se han quebrado y se venido para delante el mueble!. ¡Y suerte, de que no había nadie aquí, porque si no…!. “¡Anda, déjame tu navajita!”, interrumpió uno de los cofrades, ya entretenido en desprender un pequeño sobre que se encontraba fijado al envés de las maderas que formaban el suelo del armario, ahora visibles tras el vuelco. No hizo falta la navajita, pues la cola que fijaba el sobre a las maderas apenas puso resistencia: “¡Aquí dentro debe de estar, la firma del maestro que hizo el mueble!”, dijo incorporándose y mostrando el hallazgo a los demás.

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Ante la atractiva naturaleza del nuevo hecho, una más poderosa curiosidad que hasta el entonces reinante desconcierto, se apoderó del grupo. Se encaminaron hacia la mesa grande, donde había mejor luz. “¡Manéjalo tú, que estás acostumbrado a tratar con los papelotes antiguos!, le indicó el cofrade veterano a uno del grupo. Como si fuese de cristal y no de papel, con enorme cuidado, lo tomó, y sobre la mesa empezó a observarlo: no se veia huella de un sellado con lacre, ni había referencia escrita alguna, pero tampoco parecía que hubiese sido manipulado. Abrió el sobre por la solapa, despegándola; de su interior surgieron unas cuartillas primorosamente dobladas. Empezó a desdoblarlas, muy despacito y muy delicadamente, casi sin forzarlas; contaron hasta 4 hojillas, no más grandes que la mitad de un folio, coloreada la tez de amarillo por los muchos años que debían de contar. Se distinguían dos elegantes caligrafías, formadas por letras menudas y largas, escritas con una tinta que aún más ennoblecida por el transcurrir de los siglos, ya se habían tornado parda. ¡Traedme mi maletín, que deben de estar mis gafas para el cerca,… y la lupa grande!”, espetó nervioso el experto. Con el refuerzo de la más clara y blanca luz de una lámpara portátil, y al amparo de las expectativas que se abrían, iniciaron una esforzada lectura:

Notas del cuaderno de bitácora del navio que nos trajo la nueva hechura del Santo Xto. Cádiz. Abril, 1775.

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Nos hizo la muda a la lengua castellana que nos es propia, el Excmo. y Muy noble Sr. Francesco Maria Enmanuel Doménico Maratta di Guidi, natural de Savona, y hermano y bienhechor de esta nuestra muy Venerable Hermandad de la Vera Cruz. Que el Stmo. Xto., Ntra. Sra. Mater Misericordae y el Sr. San Jorge, de quienes siempre fue fervoroso devoto, lo acogan.

Dia 17 de octubre de 1773. En la ciudad de Nápoles, yo Francesco Maria Cruze Nadales, hijo de Giovanni Batista Cruze Rossi y de Úrsula Nadales Guiducci, fui contratado para transportar desde dicho puerto 10 kilos de seda de Ceilán a Génova. El importe estipulado sería de 148 onzas de plata. Allí una vez que el navío Santo Spirito partió por el Mediterráneo rumbo a Génova y entregada la mencionada mercancía tomará la ayuda de Aniello Paoli Marona, para el envío de un enigmático cargamento que debería ser transportado con sumo cuidado, desde dicho puerto a la vieja ciudad de Cadice, ciudad costera del sur de la España y puerto rico donde los haya, al ser punto de embarque hacia las Indias Occidentales.

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Génova, 20 de octubre de 1773. Mercancía descargada y entregada sin tropiezo alguno. Cantidades cobradas. En la aduana se realiza las firmas pertinentes en presencia del que sería desde ahora mi acompañante el mencionado Aniello Paoli. Un bulto perfectamente embalado de unas 120 libras es embarcado para ser entregado en el puerto arriba citado.

26 de octubre. Día tranquilo. Falta un día para concluir la travesía. Durante toda la noche se celebró en cubierta el final de la singladura con una bulliciosa fiesta hasta el amanecer cuando el gallo cacareó tres veces, cantaron las ninfas del mar y bailaron los centauros. Por la ventana de la cocina se alzaba vapor de agua blanco, cuya forma recordaba la cola de algún espíritu, y se esparcía un delicioso olor a hervido. También se oían los animales, voces de los cocineros y el alegre entrechocar de los cacharros de cocina. El sol poniente hacia resaltar cuatro gigantescas columnas de mármol, dispuestas para adornar cualquier plaza de la ciudad a la que iban destinadas.

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27 de octubre. El puerto de Cádiz es avistado cuando desde lo alto del mástil de nuestra goleta se anuncia la arribada a la ciudad. Un hecho de resaltar a la llegada a la ciudad de Cádiz, que no sucede como en otras ciudades que a su llegada sobresale las torres o cúpula de su iglesia mayor o catedral; sino todo un sinfín de torres miradores que le da un aire a mi entender como de ciudad medieval. Como sucede en Siena y que yo recordaba, pues la visité con mi padre siendo yo aun un muchacho; y que aunque su llegada no se hiciera por mar, siempre me impresionó. En Cádiz, y una vez desembarcada la mercancía, desde el muelle y transportada en un carro arrastrado por dos mulos seria desviada por la Puerta de San Carlos. Otra de las cosa a destacar de esta antigua ciudad es que a no tener espacio para crecer a lo ancho lo hace hacia lo alto como le sucede a los jóvenes en llegando la edad.

escudoAl desembarcar, unos niños pedigüeños se nos ofrecen para empujar el cargamento. Deambulamos por la plaza de las Cuatro Torres, paseo de las Nieves, y por allí desembocamos a la calle del Camino que nos llevaría hasta la plaza de Loreto, en el llamado barrio de la Observancia llegando a las doce de la mañana tocando las campanas la hora del Angelus. En la puerta del convento franciscano, se encontraba Fray Benito Huerta Punsert guardián de dicha casa y una comitiva compuesta por cuatro señores y el donante de la mercancía un tal don Juan Gómez de Figueroa, según manifestó, todos entrados en años, que se hicieron cargo de la mercancía reseñada. Una vez bajada del carro y siempre llevado con sumo cuidado, fue introducida por el patio columnado hasta unos aposentos que presentaban aspecto de Sacristía, al comprobar su similitud con otros conocidos en mi ciudad natal. En el silencio del claustro se escuchaban ecos de campanillas. Un lego sacaba agua del aljibe más cercano a la puerta dando sus sones la garrucha con su continuo chirriar de abajo arriba. Tras la firma y su consiguiente entrega de la documentación reglamentaria a la entrega de la mercancía mi compañero y yo, y una vez cobrada la cuantía estipulada nos dirigimos de nuevo según nos indicaron por el camino del Baluarte de san Felipe, desde donde divisaríamos de nuevo el puerto de la ciudad.

Al dorso de la última hoja, escrito con peor letra, se pudo leer:

Por mandato de Fray Jerónimo de la Cruz, hizo la hechura de este armario para el Convento del Sr. San Francisco de esta ciudad de Cádiz, el maestro Juan Nicolás Silva y López, con la ayuda de su hijo Pedro Juan Nicolás Silva.

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Os suplico que delante de la muy antigua hechura del Stmo. Xto. de la Vera Cruz, del cual soy fervoroso devoto y siempre así ha de ser pues jamás a otro he de reconocer, mandéis decir misas por mi alma, que por esta soberbia mía, no ha de estar limpia antes los ojos del Padre. Ni tranquila tampoco anda mi conciencia, por el hurto y extravío que he cometido de estas hojas. Os lo ruego por caridad cristiana. Que Dios Ntro. Sr. en su infinita Misericordia y su Sta. Madre me perdonen.

Ante aquellas palabras sinceras, hubo quien ya no pudo contener más la emoción ante los momentos vividos en aquella ya inolvibable y accidentada tarde. El hallazgo, corroboraba las antiguas historias que hablaban de rencillas, de unas heridas abiertas hace siglos en el seno de la decana hermandad. Traía al presente, el amor, la devoción inquebrantable, que los hermanos de los pasados siglos, le habian profesado a la dramática y tosca hechura del antiguo titular. Así pues, para muchos que no necesariamente entendían de estéticas, ni atendían a las corrientes artísticas dominantes de su tiempo, que en definitiva, solo sabían atenerse a sus devociones, únicamente aquella talla indiana, podía ser su Cristo de la Vera-Cruz. Y aún quedando en las muy malas condiciones, que el detrozo de una aciaga y lluviosa tarde de un Jueves Santo, le ocasionó a su frágil hechura de papel.

Claro estaba, que aún quedaba mucho por estudiar de aquel documento; pero, ahora, ante todo, lo que más debía de preocuparles a aquellos cofrades de su futuro más inmediato, iba a consistir en las muchísimas explicaciones que ante los sucesos acaecidos aquella tarde, tendrían necesariamente que ofrecerle al Padre Germán. ¡¡Que ya se le oía venir, llamándolos a gritos, por las naves de la Iglesia!!. CADITALIA.



314.- PREMIO LITERARIO. Semana Santa 2010

16 07 2010

MACP leyendo El hallazgo

Uno de los autores del trabajo literario prenmiado, Miguel Ángel Castellano Pavón, leyendo la obra.

El pasado lunes 31 de Mayo, y en la sede de su patrocinador, el Consejo de Hermandades y Cofradías de Cádiz, se reunió el jurado del II Certamen Literario “Semana Santa de Cádiz”, el cual eligió la obra ganadora en esta edición.

Posteriormente, y en el Restaurante “Arte Serrano”, tuvo lugar la cena de proclamación y apertura de la plica ganadora de la obra premiada con el primer premio, la cual ha correspondido a la titulada “El hallazgo”, cuyo autores son los señores Miguel Ángel Castellano Pavón y Francisco Manuel Ramírez León. El premio obtenido es de 2.500€ y placa.

La trama del interesante relato se centra en la llegada a Cádiz, en el Siglo XVIII de la imagen del Santísimo Cristo de la Veracruz. En la próxima entrega publicamos la obra premiada.



DE GUBIA GADITANA. El Resucitado de Conil

25 06 2010

resucitado-verticalPor gentileza de Miguel Ángel Castellano Pavón publicamos esta instantánea de Rovira de una de las últimas obra del brillante imaginero gaditano  Luis González Rey.

Se trata de una talla en madera de cedro con ojos de cristal para el Consejo de Hermandades de la localidad Conil. Pertenece a la segunda etapa comenzada por este joven escultor a raiz de la realización del Santísimo Cristo de las Siete Palabras donde se adentra en postulados mas clásicos dejando de lado los neobarrocos. Sin duda se trata de una obra de gran realismo y gubiado en una perfecta anatomía.



265.- NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD. Titular de la Hermandad de la Vera-Cruz

28 05 2010

Soleda-segunda-de-vera-vertLa Soledad de la Vera-Cruz es una obra realizada por el escultor de Higuera de la Sierra Sebastian Santos Rojas, cuya localidad natal era llamada en otros tiempos “Higuera cercana de Aracena” e “Higuera junto a Aracena”. (La segunda imagen de la Soledad de Vera-Cruz)

Vivió el escultor sus primeros años, deambulando por las callejas y por la exuberante belleza de su pueblo natal, siendo éstas, sus primeras experiencias, según nos cuenta su hijo y biógrafo Sebastian Santos Calero.

Entra como aprendiz en la fábrica del escultor ceramista Pedro Navia, en donde desarrolla una gran labor, sobre todo en la técnica del vaciado. Posteriormente, acude a la “Escuela del Museo”, que es como se nombraba familiarmente a la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y Bellas Artes. Tras diferentes puestos como docente, termina por montar su propio taller, comenzando desde ese preciso momento, una vida personal y artística que podríamos calificar de plena.

En su trayectoria podemos destacar tres periodos: un primer periodo, comprendido entre los años 1929 a 1936; el segundo, entre los años 1937 a 1950; y finalmente, una tercera etapa comprendida entre los años 1951 a 1965.

autorEl primer periodo se caracteriza por la simplicidad en el concepto del volumen, una marcada estilización de las formas y de las líneas compositivas, y por la utilización de una policromía suave, casi veladuras sobre un modelado de sentida plasticidad. Consideraba a su maestro al valenciano Francisco Marcos Díaz Pintado, heredando su serenidad neoclásica, que se deja ver en su primera etapa escultórica. Después de la guerra se arrastra a un mayor barroquismo, la Soledad aunque posterior creemos encaja dentro de estos postulados. Como obras señeras de esta etapa podemos señalar las siguientes obras, todas localizadas en la provincia de Huelva: la Virgen del Socorro de la Ermita de Nuestra Señora del Valle y la Virgen de los Dolores de la Parroquia de San Juan Bautista, ambas obras para la localidad de la Palma del Condado, y por último, un Sagrado Corazón de Jesús para la Iglesia Parroquial de Almonte. (El imaginero Sebastián Santos Rojas).

La segunda etapa, entre 1937 a 1950, esta marcada por la labor desarrollada con motivo de la gran pérdida de imágenes durante la contienda incivil, principalmente por la reposición de Patronas perdidas durante la misma. Obras destacadas son, la Divina Pastora de la Iglesia del Convento de Padres Capuchinos, y Nuestra Señora del Refugio de la Hermandad de San Bernardo, en donde el autor fija los postulados para sus Dolorosas.

Es en este periodo en el cual, Sebastian Santos realiza nuestra Dolorosa de la Soledad, en concreto en el año 1944, y seis años después, la talla de la Santa Marta para el extraordinario grupo del Traslado, conjunto que realizara el sanroqueño Ortega Bru. Ambas obras se encuentran claramente conectadas en cuanto a policromía y composición de rasgos. Fue en esta faceta en la que el escultor supo captar y reflejar “el dolor de la Virgen” con mayor exactitud; en palabras del propio autor: “Su rostro levanta la mirada al frente”.

atenea01-verticalObservamos como el escultor prescinde del fruncimiento de cejas, que será, junto al suave dibujo de la nariz, una característica de esta época y aún de la futura. Asi mismo, facilitan la serena expresión del rostro, el uso de la simetría y de las exactas proporciones en su modelado.

La boca entreabierta deja ver los dientes superiores y la lengua. Las manos, como todas las que el escultor talla, son de exquisito modelado y dibujo. La encarnación es ligeramente más tostada, sin abusar de los tonos acarminados en la zona de las mejillas, parte inferior de la nariz y párpados superiores.

Una prima de su mujer, Juana Lorca Sánchez que todavía vive a sus 80 años y pico de edad, tiene unas manos preciosas que le sirvieron, en muchas ocasiones, para juegos de manos de sus Dolorosas. La diosa Palas Atenea, un clásico que a juicio del autor fue fuente de inspiración en el trabajo del imaginero de Higuera de la Sierra.

La talla de nuestra Dolorosa de la Soledad, fue encargada por Mariano Muñoz Blanco y Ramón Grosso Portillo, Prioste y Segundo Mayordomo, respectivamente, de la Ilustre Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera- Cruz y Nuestra Señora de la Soledad. El precio de la obra fue de 5.000 pesetas. (Ap. Doc. Nº 16).

Según el Acta 190.- 6 de febreo de 1945.- El mayordomo, señor Grosso, presenta a la Junta de gobierno la nueva imagen de la Virgen de la Soledad, obra del escultor don Sebastian Santos, manifestando que dicho señor ha sido tan escrupuloso en su trabajo, que ha tallado dos imágenes, pues no quedó del todo satisfecho con la primera que hizo.

demeter_statue_cnidus-vertiAquí el escultor realiza el juego de manos más portentoso dentro de su creación, flexionándo los metacarpos meñique y anular repetido tan sólo en la Amargura de Jerez de los Caballeros y en Nuestra Señora de los Dolores de Ronda.

Nos encontramos pues ante una de sus Dolorosas más genuína y particular, dentro todavía de sus postulados clásicos. De la que podemos afirmar, sin duda alguna, que el autor se inspira en modelos clásicos representando a una diosa griega, autentica Palas Atenea. De mirada frontal y perdida, presta a la locura en un llanto contenido ante el inminente sacrificio de su Hijo. Encontrando su precedente en la Inmaculada Concepción de la colección de Antonio Plata de Sevilla, fechada hacia hacia 1931. Modelo que repetira posteriormente en la santa Marta de san Andrés fechada en 1950 y en la Soledad de Ronda en 1954, aunque con rasgos más dramáticos esta última que conecta con su producción posterior. Otra de las fuentes de inspiración del arte clásico, en la obra de Santos Rojas

El último periodo, de 1951 a 1965, conlleva la superación de imposiciones y modelos predeterminados. Obras destacadas de esta etapa son, el Nazareno de la Parroquia de San Sebastian de Huelva; para Sevilla, la Concepción del Silencio, Cristo de la Cena, los Dolores del Cerro del Águila, y la Merced y el Cirineo de Pasión; y para Cádiz, la Amargura de Humildad y Paciencia.

Por mediación de su hija Pilar Santos Calero sabemos que se sentía orgulloso de la Concepción del Silencio y de la Virgen del Refugio de la hermandad de San Bernardo, imagen que dejó escapar la hermandad de la Vera- Cruz de Huelva por resultarle demasiado cara.

Hasta aquí este pequeño acercamiento a este gran maestro, hombre de costumbres sencillas y austeras, cuyo nombre forma ya parte indispensable dentro de la nómina de los grandes imagineros. (Miguel Ángel Castellano Pavón).

Para este trabajo el autor se ha documentado en: Sebastian Santos Calero : “ Sebastian Santos Rojas. Escultor- Imaginero. Caja San Fernando, Sevilla 1995. Alvaro Picardo y Gómez : “ Datos sobre la Muy Ilustre, Antigua y Venerable Cofradía de la Vera- Cruz “, Talleres tipográficos Repeto, Cádiz 1946.



211. EL EPISODIO MÁS IMPORTANTE DE LA SEMANA SANTA: LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.

4 04 2010

resu1_cadizEl episodio más importante de la Semana Santa, la Resurrección de Cristo, es hoy el protagonista en numerosos municipios de Cádiz, la provincia, Andalucía y el resto de España. Son muchas las ciudades que cuentan con procesiones de Resurrección acordes con la relevancia del hecho. Pero no todas. En los últimos años en Cádiz se ha hablado más de si la imagen de Cristo Resucitado debe ir o no en furgoneta desde la iglesia de San Antonio (pertenece a la cofradía de Columna) hasta la Catedral que de realzar una procesión que clausura la Semana Santa. Estos años se ha cambiado el horario del desfile y el templo inicialmente previsto para enfriar una polémica que el año próximo posiblemente volverá a ver la luz. Mientras en la capital gaditana se discute sobre este asunto y el mundillo cofrade se conforma con un sencillo desfile que se ciñe prácticamente a representaciones de todas las hermandades y al paso del Resucitado, en otras ciudades la evolución que ha experimentado esta celebración es más que notable y se ve reflejada en la calle con procesiones que están a la altura del acontecimiento que se conmemora. En la Bahía de Cádiz, el caso más llamativo de evolución es el de El Puerto de Santa María, que cuenta con una hermandad del Resucitado propia fundada a principios del siglo XXI que suma ya más de trescientos hermanos, y que además de la imagen de Cristo Resucitado dispone de otra con nombre adecuado para el hecho que se celebra: la Virgen de la Alegría.

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La procesión a su paso por el castillo, en el Puerto de Santa María.

La procesión que la hermandad portuense celebra el domingo tiene todos los ingredientes de un desfile digno de la Semana Santa: penitentes con atuendo de color blanco y dos pasos, además de las correspondientes representaciones, cuerpos de acólitos y bandas musicales que marcan el caminar de los costaleros en su esfuerzo matutino. Después de un intento frustrado a mediados del siglo pasado, en San Fernando ha brotado con fuerza en los últimos años la hermandad del Resucitado que ha sabido adaptarse a los tiempos. Lleva penitentes en su procesión con un único paso que en el futuro pretende que sean dos, ya cuenta con la imagen de la Virgen de la Victoria que fue bendecida el año pasado por el obispo de Cádiz y Ceuta Antonio Ceballos. En Sevilla, la hermandad de la Sagrada Resurrección vive de manera especial la fiesta que pone fin a la Semana Santa. Sale en procesión la madrugada del domingo con extensas hileras de penitentes y dos pasos: el de Cristo y de palio con la Virgen de la Aurora.

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En la imagen el Resucitado sevillano atraviesa la Plaza de la Pescadería camino de la Alfalfa.

Los sevillanos despiden por todo lo alto su Semana Santa acudiendo en masa al último desfile que se recoge pasado el mediodía. La hermandad de la capital hispalense ha tratado en los últimos años, sin éxito, procesionar el Sábado Santo. Este intento ha originado una viva polémica en la que se han visto implicados el Arzobispado de Sevilla, el Consejo Local de Hermandades y Cofradías de esta ciudad y propia hermandad, que no ha logrado su propósito y debe comenzar su desfile ya en domingo. En Córdoba, la procesión del Resucitado goza de una salud excelente y de una tradición consolidada. La hermandad de Nuestro Señor Resucitado y María Santísima Reina de Nuestra Alegría data de 1927 y cada año recorre a tempranas horas las calles de la ciudad de la Mezquita con una procesión compuesta de dos pasos y un elevado número de nazarenos. La presencia de público para presenciar el cortejo está más que garantizada. En Granada es la cofradía del Santísimo Cristo Resucitado y Nuestra Señora de la Alegría la encargada de organizar la procesión del domingo de Pascua. Fundada a mediados de los años 80, es cita ineludible de los granadinos en un cortejo procesional compuesto por dos pasos y en el que no faltan las filas de penitentes. En Huelva, la hermandad del Resucitado y la Virgen de la Luz está creciendo en los últimos años con el objetivo de ofrecer una procesión que cada vez arrastra a más público que no pierde detalle en las calles de la capital onubense. En otras ciudades andaluzas como Málaga y Almería, con excelentes procesiones durante toda la Semana Santa, no se ha vivido la misma evolución que otros municipios y limitan sus desfiles de Jesús Resucitado, que organizan sus respectivas agrupaciones de cofradías, a representaciones de todas las hermandades acompañando al paso y poco más. (Jesús Jaques Nuche).



205. LA BANDA GADITANA DE TROMPETAS. Un deseo de Ramón de Carranza

29 03 2010

En el año 1929 el entonces alcalde de la ciudad de Cádiz, Ramón de Carranza, tenía un deseo: organizar una Banda de Trompetas, al objeto de dar mayor esplendor a las fiestas de Semana Santa.Por este motivo, encargó la preparación y formación necesaria de la misma al empleado municipal Emilio García Rodríguez, subalterno clarinero del Ayuntamiento, el cual dando un alto ejemplo de laboriosidad y tesón, puso todo su empeño y entusiasmo en la tarea encomendada a su persona. Emilio García consiguió con solamente un plazo de 15 días dar forma y realidad plena a los deseos del alcalde Carranza.

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Llegado el día y la hora convenida para la presentación, la ciudad entera acogió con gran entusiasmo la puesta de largo de esta recién constituida Banda. Frente a la Casa Consistorial se situó como saludo obligado a la Corporación y, en particular, al alcalde.Más tarde, durante el recorrido de las cofradías, la actuación de la Banda era premiada constantemente con los aplausos de un público muy respetuoso que religiosamente admiraba su paso y veía con orgullo tener dentro de casa este conjunto verdaderamente admirable.

C_1En el año 1935, además de García Rodríguez, los componentes de la banda eran otros once: Narciso Camacho, Salvador Seoane López, Aurelio Monterde, Manuel Otero, Felipe Helmo Torre, Pedro Requejo, José Guerrero Puyana, Manuel Arjona García, José Rodríguez Sergio, Agustín Díaz Collantes y Francisco Háñez Miranda.

(Ramón de Carranza, alcalde de Cádiz)

Los señores componentes de la banda se comprometieron con el organizador de la misma, Emilio García Rodríguez, para la salida precediendo a las cofradías que veían la luz pública, los días 17, 18 y 19 de abril de 1935 y por lo cual percibirían los honorarios anteriormente pactados.

Dos horas antes de la salida procesional debían de estar en el lugar donde habían de recoger los caballos. Los honorarios por los tres días de salida ascendieron a 1.185 pesetas para los componentes de la banda a excepción de García Rodríguez. De estos honorarios existe el documento original firmado por cada uno de los componentes de la banda.

Pasaron los años y después de un lapsus de tiempo obligado por las circunstancias, fue otro hombre, incansable y enamorado de su Cádiz, el que poniendo toda su alma al servicio de su ciudad quiso dar a las fiestas religiosas (así la denominaban algunos antes) toda la grandeza, solemnidad y auge que se merecían. Este hombre era Eladio Campe. Venciendo dificultades varias, también solicitó la ayuda del inestimable García Rodríguez y éste, al igual que hiciera con Ramón de Carranza, pone cuanto tiene y recorriendo un calvario logra reorganizar la Banda con un mayor número de componentes y consiguiendo la gran colaboración de otro valor destacadísimo, Narciso Camacho.

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Honorarios que recibieron los miembros de la banda (Colección Juan Torres)

La presentación de la recién organizada Banda se celebró en el marco incomparable del Gran Teatro Falla, en el cual Camacho, unido a Requejo, Seoane y otros tuvieron una actuación destacadísima. Durante las solemnidades en la Semana Santa y a su paso por las calles de los recorridos serían acogidos como se merecen y como sabe hacerlo el pueblo de Cádiz. También fue parte importante en el resurgir de esta Banda el alcalde Joaquín Fernández Repeto, que desde un primer momento dio toda clase de facilidades y puso cuanto estuvo en su mano al jefe de la Guardia Municipal de Cádiz, Manuel Baras Artes, y a todo el personal de oficinas de la Comandancia de la Guardia Municipal, que se superaron y cooperaron grandemente a fin de que la Banda alcanzara el mayor esplendor posible.

(TEXTOS: JUAN TORRES GARCÍA)



203.- SANTÍSIMO CRISTO DE LA VERACRUZ. Una imagen restaurada por Sánchez Peña

27 03 2010

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Miguel Ángel Castellano Pavón nos remite estas imágenes del Cristo de la Vera-Cruz restaurado de la mano de José Miguel Sánchez Peña, que acompañamos con una breve ficha de esta excepcional cofradía gaditana. 

veracruz-verticalLa Muy Ilustre, Antigua, Venerable y Franciscana Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y Nuestra Señora de la Soledad radica en la Iglesia Conventual de San Francisco y procesiona con dos pasos. Cuenta con unos setecientos hermanos, procesionando entre doscientos y trescientos penitentes. Su hábito ha sido una sotana con cola y antifaz de lino negro, cinturón ancho de esparto, calcetines y zapatos o sandalias negras en todas las secciones.

Cristo muerto en la Cruz va solo en su paso. En el segundo, una Dolorosa bajo palio. En cuanto a los autores de las imágenes, El Señor se atribuye a Giusseppe Picano (1773). La Virgen es obra de Sebastián Santos Rojas. El paso del Cristo está realizado en estilo rococó. Lleva cuatro tallas que van situadas en las esquinas del canasto, que son Santos relacionados con la Pasión de Cristo y la Advocación de la Vera Cruz: Santa María Magdalena, Santa Elena, San Andrés y San Longinos, algunos de ellos reproducidos de los existentes en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Esta obra es de los artistas sevillanos Antonio Martín y Manuel Carmona, entre 1985 y 1994. El dorado es de Manuel Calvo.

El paso de la Virgen de la Soledad es de estilo rocalla, con respiraderos formando perfil en el alzado, basándose en piezas de orfebrería del templo de San Juan de Dios de Cádiz. Los bordados del palio, en plata sobre terciopelo negro, fueron realizados en 1948 por Adela Medina, bajo diseño de Aurora Mingo. El manto es del siglo XIX, completando el bordado las anteriores artistas.La mesa y los respiraderos son característicos de Cádiz por el llamado pecho de paloma. 42 cargadores miman el desfile del Cristo y 46 el de la Virgen.

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La Comunidad Franciscana inició los trabajos de edificación de su convento en el año 1566. Al parecer, esta cofradía estaba fundada ese mismo año. Los estatutos de la inicial hermandad de la Santa Vera Cruz desaparecieron en el saqueo inglés a Cádiz en 1596. Unos nuevos estatutos fueron aprobados 170 años más tardes, por Fray Tomás del Valle, obispo de la diócesis. Ya en este siglo, su mayor auge se produce a partir del año 1974, cuando las veneradas imágenes volvieron a salir desde San Francisco cargadas por sus propios hermanos. Cuenta con marchas procesionales propias como ”Santísimo Cristo de la Vera Cruz”, de Roberto Domínguez, “Nuestra Señora de la Soledad”, del maestro Escobar, y “Virgen de la Soledad”, de Roberto Domínguez.



205- SUBASTA DE LA BUENA MUERTE EN LA PLAZA DE SAN JUAN DE DIOS.

24 03 2010

Con la desamortización de Mendizábal en 1835, las dos imágenes titulares de la cofradía de San Agustín fueron subastadas públicamente en la plaza de San Juan de Dios. El Cristo fue adquirido por la familia Casanova. Fue fundada en 1895 por el conocido oftalmólogo gaditano Cayetano del Toro. La cofradía había ya salido en procesión aquel mismo año, antes de ser ratificada su fundación. Hasta el día de hoy, la Hermandad ha sufrido una serie de vicisitudes, con más de una reorganización, destacando la realizada en 1921 cuando solo quedaban en ella 24 hermanos, con la intervención decisiva de César Pemán. Los estatutos fueron reformados en 1928 y 1947. En el año 1835, y a raíz de la desamortización de los bienes eclesiásticos, llevada a cabo por Mendizábal, el Cristo de la Buena Muerte, que recibía cultos en la iglesia de San Agustín, fue vendido en subasta pública en la plaza de San Juan de Dios. Fue adquirido por la familia gaditana Casanova, que, transcurrido algunos años, lo devolvió a la citada iglesia. La Virgen del Mayor Dolor fue también subastada en esa ocasión y adquirida por Dolores García Sucre, que la tuvo en su domicilio particular, en un oratorio donde se le rendía culto. Posteriormente lo recibió en Puerto Real, en casa de su hijo político, Francisco de Asís Lacoste, que luego la donó a la cofradía, saliendo en el desfile procesional de 1939. El Santísimo Cristo de la Buena Muerte salió por primera vez en procesión el 23 de abril de 1894. Dos años antes, a iniciativa de Cayetano del Toro, entonces presidente de Diputación, se creo la Junta Administrativa para las procesiones de Semana Santa, logrando que las cofradías gaditanas adquirieran de nuevo la importancia que tuvieron cuarenta años atrás.

Buena-muerte

El restaurador José Miguel Sánchez Peña mientras restauraba el Cristo de la Buena Muerte en 1987.

El Cristo de la Buena Muerte fue sometido hace 23 años a un importante trabajo de restauración que corrió a cargo del gaditano José Miguel Sánchez Peña, que en su momento declaró a Diario de Cádiz que “la responsabilidad de la restauración llegó a producirme miedo” El trabajo consistió en una limpieza de toda la talla, en la reposición de unas pequeñas piezas localizadas en el sudario y en la restauración de los dorsos de las manos. También se eliminaron los repintados de la parte trasera del sudario, lo que hizo posible ver la sangre que lo mancha al chorrear por la espalda. Asimismo, en el sudario se repusieron trozos de cuerda que estaban prácticamente perdidos. La talla del Cristo de la Buena Muerte es de cedro, una madera que soporta bien el paso del tiempo, teniendo en cuenta que antiguamente se exigía mucho a la hora de encargar una escultura, de forma que se indicaba que la madera fuese cortada en invierno o en otoño, incluso teniendo en cuenta las fases de la luna. “Antiguamente lo ideal era trabajar con maderas transportadas por los ríos, pues el agua dulce eliminaba la resina de un modo totalmente natural, dejándolas secar luego a aire libre”, señaló Sánchez Peña a este periódico hace 20 años. Cuenta que cuando se le encomendó el trabajo los aceptó con gran interés, a pesar de la carga de responsabilidad que conllevaba. “Lo acepté, pero a los responsables de la cofradía les dije que lo mas oportuno era constituir una comisión de restauración, de forma que la responsabilidad estuviera más repartida. No pudo ser. Lo cierto es que acepté el trabajo, y no oculto que al principio, cuando tuve la talla delante sentí miedo, pero esa sensación fue desapareciendo”, dijo el escultor y restaurador gaditano.