091. FRANCISCO CHICÓN LÓPEZ. Un industrial en la calle Veedor
30 11 2009
Paco Chicón nació en El Burgo (Málaga), el 20 de enero de 1946. Sus padres, unos sencillos agricultores, estimaron que en el pueblo no habría futuro para los hermanos y decidieron que marcharan a Cádiz en busca de una mejor situación.
Paco llegó a nuestra ciudad con apenas doce años. Un chiquitín que apenas levantaba dos palmos del suelo. Fue enviado a un ultramarinos situado en la calle Santo Domingo número 26 y que era conocido como La casa de las Flores. El establecimiento era propiedad de Francisco Sepúlveda Rivas, natural de Yunquera, y allí también trabajaba un hermano de Paco.
En ese ultramarinos del barrio de Santa María, el niño de El Burgo aprendió la crudeza del trabajo en un almacén de comestibles. Un horario de 7,30 de la mañana a 12 de la noche y un catre para dormir en el interior del ultramarinos. Un jornal de 15 pesetas diarias y unas alpargatas a la semana. A pesar de ello, Paco nunca se quejó y poco a poco, tras muchas horas de mostrador llegó a aprender ese duro oficio. Estuvo 17 meses sin volver a su casa, pero cuando regresó a El Burgo había conseguido ahorrar mil pesetas.

Chicón recuerda con mucho agrado su estancia en el almacén de la calle Santo Domingo. Todavía recuerda el nombre de algunos parroquianos y el cariño con el que le trataban por ser muy pequeño. Mercedes la Gallega, Emilia y Eduardo Cerviño, vecinos que siempre tuvieron una frase amable y que, incluso, le enseñaron a guisar y a dar sus primeros pasos por la ciudad.
Paco recuerda entre risas algunas anécdotas sobre sus primeros tiempos en Cádiz. Era muy aficionado al cante de Marifé de Triana y se sabía todas sus canciones. Cierto día estaba cantiñeando en el almacén y escuchó a un vecino decir: ‘qué venazo tiene el chicuco’. Paco quedó intrigado hasta que descubrió lo que significaba ‘venazo’ y ‘chicuco’. Desde entonces, asegura que no ha vuelto a cantar por Marifé de Triana. También recuerda el día que se comió seis huevos fritos
Paco Chicón, soldado de la Agrupación de Tropas Nómadas en Aargub, cerca de Villa Cisneros
del tirón y que lo dejaron saciado para un tiempo.
Después de una larga temporada, Francisco Chicón regresó a El Burgo. Su hermano había enfermado y sus padres estimaron que lo mejor era enviarlo a trabajar a Bilbao. Paco estuvo trabajando varios años en Zubeldia S.A., una fábrica de curtidos para zapatos que estaba situada en el pueblo de Lemona.
En 1968, Paco, que no había querido empadronarse en Bilbao, tiene que regresar a Málaga para cumplir con el servicio militar. El sorteo lo destina a realizar la instrucción a la Brigada de Instrucción de Reclutas en El Aaiún. Posteriormente es destinado a la Agrupación de Tropas Nómadas, en Aargub, muy cerca de Villa Cisneros.

Con su madre y su hijo en la población malagueña de El Burgo
De la mili guarda Paco infinidad de recuerdos agradables. Fue destinado a Aprovisionamiento, encargándose del suministro y compras de la Agrupación. Los soldados estaban autorizados a enviar a la península buenas colchas y tapices que les proporcionaban algún dinero extra. Chicón era el encargado de enviar esas prendas y recibía buenas propinas. ‘Boquerón’ , como era llamado Paco en la mili por su ascendencia malagueña, recuerda los múltiples encargos y labores realizadas durante la mili, de la que aún conserva amistades entre sus jefes y compañeros.

En los toros de El Puerto. Con Manuel Saez Capitán, José Antonio Canales, Enrique Morenos, Curro Ríos, Paco Merlo y el ganadero Juan Torres.
Finalizado el servicio militar y tras una breve temporada en El Burgo, Chicón decide emprender una nueva aventura en la ciudad de Cádiz. Así que marcha al ultramarinos de Facundo Revuelta Manteca, en la calle Vea Murguía número 18. Primero estuvo como empleado cobrando 4.000 pesetas al mes. Posteriormente quedó como encargado, primero al 40 % y después al 50%. Por último quedó como arrendatario de ese almacén de la calle Vea Murguía con 14.000 pesetas de renta.
Por fin llega el 21 de noviembre de 1976. Es la fecha en la que Paco Chicón decide hacerse con el ultramarinos situado en la calle Veedor esquina a Vea Murguía y que pertenecía a Vicente Gómez de Barreda. Una decisión arriesgada. Pero Chicón estaba seguro que a base de trabajo podría salir adelante.

El 10 de Veedor, el segundo de los establecimientos de hostelería montado por Paco Chicón en la misma calle que el ultramarinos.
Y lo consiguió. A base de trabajo y de muchas horas detrás del mostrador. Poco a poco, Paco Chicón fue transformando el viejo ultramarinos hasta conseguir llegar al establecimiento actual, uno de los favoritos de los gaditanos y donde la calidad de los productos y la atención del personal lo han situado en lugar muy destacado.
En el Ultramarinos El Veedor se han efectuado numerosas reformas, destacando la realizada en 2002. Paco Chicón abrió en 1999 otro negocio de hostelería en el número 10 de la calle Veedor y que denominó ‘El 10 de Veedor’. Se trata de un establecimiento decorado con mucho gusto, con una cocina más elaborada y en la que se nota la influencia de Tina, la mujer de Paco. Como el ultramarinos, ‘El 10 de Veedor’ ha gozado desde su apertura del favor de los gaditanos y su clientela es numerosa.
En este duro caminar, Paco Chicón ha contado con el apoyo constante de una extraordinaria mujer, su esposa Agustina Morales, que le ha dado dos hijos de los que puede estar legítimamente orgulloso. La mayor, Laura, que tras estudiar en Sevilla se encuentra trabajando en una productora de televisión. Y el segundo, Juan, con estudios de empresariales y que hoy lleva on gran eficacia la administración de los negocios de su padre.
En la marcha del negocio y a la hora de mirar hacia atrás, Paco Chicón no duda en afirmar rotundamente que gran parte de ese éxito también corresponde al personal que allí trabaja. Empezando por Rafael y Jesús, para seguir con Ambrosio, Juan y todos los demás. Siguiendo las directrices de Paco, se puede asegurar que el Ultramarinos El Veedor cuenta con una personal extraordinario, que sabe tratar al cliente y al que ofrecen confianza y amabilidad sin familiaridades enojosas.
Chicón también agradece la fidelidad de su numerosa clientela, con muchos de los cuales guarda relaciones de gran amistad. Sin embargo, siempre profesional, no quiere hacer mención particular de nadie por temor a algún olvido involuntario. No obstante hay que hacer referencia a su primo y amigo Curro Ríos Chicón, también industrial de la plaza, y con el que siempre ha compartido penas y alegrías.

Jesús y Rafael, dos de los principales puntales del éxito del Ultramarinos El Veedor.
En los últimos tiempos, Paco Chicón está algo alejado del ajetreo diario de la barra, aunque sigue diariamente al pie del cañón y pendiente de todo lo que ocurre en su establecimiento. Dispone de algo más de tiempo para dedicarlo a sus aficiones, la caza, la recogida de setas y las buenas tertulias en torno a un buen vino.
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“Vienen del mismo árbol, el toreo es una rama y el cante otra y en el barrio de Santa María se ha cuajado todo”. La pena es que hoy se está perdiendo: “del toreo no te digo nada. Del cante ya lo decía yo hace tiempo, en el año 83. El cante se está acabando”. Siempre maqueado y pulcro, El Piti de Cádiz hace del agrado una virtud y es personaje muy querido en las tertulias que paran en Casa Manteca o en el establecimiento viñero de Joselito Rebujina, donde acude a diario desde su natal barrio de Santa María.
José fue aprendiendo en las fiestas de su casa y de los patios del barrio, con los descendientes de los Mellizo y en casa de La Perla o en la del puntillero Bruno Charol, tío de la Perla: “A esas fiestas venía Gitanillo de Triana, Cagancho…” Hasta llegar a ser un artista: “El eco mío era el que más se parecía a Caracol, dicho por Lola Flores y el propio Caracol”. Piti de Cádiz junto a Manolo Caracol, en cuya compañía actuó. También perteneció muchos años al cuadro flamenco del tablao “Los Canasteros” en la calle Barbieri de Madrid, donde tuvo su cuartel ese monstruo del cante que fue Manolo Caracol, de la saga de los Ortega de Cádiz, una dinastía que guardó estrecho parentesco con los Jiménez, también de Cádiz, del barrio de Santa María.










En los últimos años, languidece la opinión a favor de la plaza tan duramente conseguida por este grupo de luchadores aunque, sin duda, todo lo alcanzado en el plano cultural en El Palillero y llegara comprometer a 25.000 gaditanos en algo ha sido su logro más importante, comandados por presidentes como Pepe Berenguer o Juan Nondedeu Saldaña.


El 28 de noviembre de 1926, Diario de Cádiz publicó una información que hacía referencia al presupuesto destinado para rehabilitar la Plaza. “A las 5.30 de la tarde de ayer se reunió la Permanente Municipal, en sesión extraordinaria, convocada para la apertura de pliegos presentados para las grandes obras proyectadas en la ciudad. Preside el alcalde, señor Blázquez. Se lee el acta de entrega del único pliego presentado, que es suscrito por José Fariña Farreño y Juan Giral y Mimó, quienes concurren a la subasta de las obras y al suministro de fondos para las mismas que en la convocatoria se indicaba, con la colaboración de la Empresa General de Construcciones, S.A. El concursante se compromete a ejecutar las obras en las condiciones que previene el concurso y que importan la cantidad de 10.607.247,68 pesetas para la reforma del Mercado de Abastos”. Una vez iniciada la obra, la zona exterior del edificio quedó completamente reformada el 1 de noviembre de 1927 y el edificio completo a finales de 1929. “Próximamente habrán de acometerse nuevas obras de reforma en el Mercado de la Libertad. Entre otras, se establecerá matadero de aves, y los actuales kioscos donde se expenden churros desaparecerán de la vía pública, instalándose en puestos fijos del Mercado a los cuales se les darán entrada por la calle de la Libertad. El delegado señor Sánchez Cossio lleva este asunto con su acostumbrada actividad y acierto”, publicaba este periódico el 26 de julio de 1929.



Fuertemente unido a Cádiz y a sus tradiciones. Emilio López Mompell nació en Cádiz en 1954. Es redactor de Diario de Cádiz desde 1979. Pertenece a tres hermandades y fue pregonero de la Semana Santa de Cádiz en 2003.



































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