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053. MANUEL MAYOL Y RUBIO. Un genio entre Cádiz y Buenos Aires (I)

23 10 2009

caricatura_autoretrato_mayol_cadizManuel Mayol y Rubio nace en Jerez de la Frontera el 9 de abril de 1867, según la fecha del principal estudio que sobre su figura se ha realizado, por parte de Francisco Higuero. El otro gran estudioso de este verdadero artista cuyo merecido reconocimiento ha estado hasta ahora limitado al ámbito de su familia y conocidos, aunque es de esperar que el tiempo e instituciones como el Ateneo de Cádiz ampliarán estas fronteras sobre su conocimiento, fue Ramón Grosso Portillo, destacado ateneísta y otra personalidad digna de la misma atención de quien fuera su suegro, y a quien este Ateneo recuerda constantemente. Viene al mundo en Jerez, en el seno de una familia humilde. Segundo hijo de Juan Manuel Mayol, natural de Calatayud, y Petra Rubio, después de haber nacido la hija mayor del matrimonio, Pilar y antecediendo a Tomás, el hermano pequeño. Junto a estas líneas, ilustrando este texto extractado de  una conferencia del periodista Jesús de Sobrino Grosso sobre su ilustre antepasado, una autocaricatura de quien fue pintor, ilustrador de prensa, periodista y editor.

bocetoestudiante_m_mayol_cadizSu padre, Juan Manuel se va trasladar a Jerez para ejercer como maestro, ciudad en la que va a nacer nuestro personaje. Manuel es un niño inquieto y menudo que crece en un ambiente humilde, pero tremendamente liberal para la época, y que muy pronto va a manifestar unas grandes dotes y una inusitada afición por el dibujo, motivo por el que su padre no duda en matricularlo, siendo muy pequeño, en la Escuela de Artes y Oficios de Jerez. Pasado este primer tramo de la infancia, Juan Manuel Mayol y su familia se mudan a Cádiz, donde Manuel asiste a la Academia Provincial de Bellas Artes para incorporarse como alumno de importantes artistas del panorama gaditano, como su maestro Ramón Rodríguez Barcaza. Manuel comparte aulas y amistad con quienes con el tiempo serían también prestigiosos representantes de una nutrida generación de artistas gaditanos: José Morillo Ferradas, Salvador Viniegra Lasso de la Vega, Antonio Accame Escassi, Federico Godoy. Al lado, un dibujo de juventud de Mayol.

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Mayor posando para un retrato fotográfico, la estampa de un caballero del cambio de siglo en forma y un artista en el fondo, no en vano le cede protagonismo a algo que no escapa a la mirada de un pintor: una naturaleza muerta.

Todos estos nombres y apellidos se van a mezclar años más tarde, como veremos, con los de otros artistas noveles o consagrados cuyas inquietudes creativas explotan al unísono en Cádiz y su entorno, como una generación antes había ocurrido con la generación de Mayol, manteniendo entre ellos vivo contacto y más vivos aún intercambios de ideas y pareceres: José Felipe de Abarzuza, Francisco Prieto Santos, José Luis Ruiz Vila o Rafael Alberti Merello. Pero mucho antes que esta generación van a mediar para Manuel Mayol unos años que marcarán su prestigioso futuro fuera de nuestras fronteras, como periodista, ilustrador, pintor, y hombre de empresa, en el sentido más amplio que quepa definir este concepto.

buenosairespintoresco_mayol_cadizRecién finalizados sus estudios, Mayol decide, en compañía de sus compañeros Antonio Accame y Figal compartir un estudio de pintura en la Alameda, muy cerca de la Iglesia del Carmen. De allí Manuel Mayol llegó a Buenos Aires solo y casi pobre, con 21 años y con el documento de autorización paterna preceptivo para los menores de 25 años para viajar al extranjero “y residir en cualquier punto de la República Argentina, según convenga a sus intereses”, según el documento celosamente custodiado entre los papeles de la familia, que permitió ubicar el viaje trasatlántico en 1888. Manuel Mayol se convertirá en una persona muy conocida en la sociedad bonaerense, imprescindible en reuniones, haciendo gala siempre de su gracejo gaditano, con su laúd, bandurria o guitarra, instrumentos que dominaba, recordando tangos de su Cádiz. En sus inicios colaboró en periódicos como “El Guerrillero” o “Don Quijote”, como caricaturista de fina sátira. Eduardo Sojo, su editor, le permite firmar con su seudónimo “Demófilo”, lo que sin duda deja más libertad a Mayol para ocuparse de otros quehaceres en la publicación, especialmente durante las largas temporadas que dirige a solas “El Quijote” por las prolongadas estancias de Sojo en España. Entre los trabajos de Mayol, estampas de Buenos Aires como la de la ilustración, publicada en su legendaria revista “Caras y caretas”.

carasycaretas_1_mayol_cadizMayol estuvo tres años en esta publicación llegando a tener un salario importante, mil pesos mensuales, casa aparte. Mayol alternará su trabajo al frente de “El Quijote” con colaboraciones muy demandadas por otros editores, caso de “El Mosquito”, “El Guerrillero” y otras. Estas y otras publicaciones van a quedar en franca desventaja en el mercado nada más a salir a la calle los primeros ejemplares de la que va ser la revista de referencia de la actualidad y la cultura de Buenos Aires de principios del siglo XX: “Caras y Caretas”, de la mano y gracias al impulso de Manuel Mayol. Mayol es a “Caras y Caretas” lo que “Caras y Caretas” es a Mayol, un espejo que saca a relucir la gran imaginación de este gaditano ingenioso y tenaz. Junto a estas líneas una creación de Mayol, la revista “Caras y caretas”, todo un hito histórico en la presa argentina.

Durante sus primeros años de Manuel en Argentina va a conocer a un amigo de su padre, un andaluz también emigrado, Alejando María Riaño y Cáceres, casado con María de los Angeles González Montero, con seis hijas y un hijo, una de ellas, Rafaela, de la que se enamorará y casará. El enlace entre Manuel y su Rafaelilla, como la llamaba cariñosamente, tendrá lugar en 1896, en 20 de enero, en el Registro Civil de Buenos Aires y cinco días más tarde se celebrará la ceremonia religiosa en la parroquia de San Telmo de Buenos Aires. Mayol es un artista plenamente integrado en Argentina y uno de los muchos creadores que dan impulso a un movimiento intelectual que hasta entonces no había tenido la dimensión que alcanza con aportaciones como las de nuestro protagonista. En Argentina, a este elenco de poetas, escritores, pintores, políticos y militares se les llamó los de la generación del 80, y con ellos convivió, departió, colaboró y trabajó, como un patriota más.

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En 1990, según referencia de Diario de Cádiz, su esposa y su hija Pilar, de corta edad, viajan a España a visitar a la familia. En esa ausencia, Manuel Mayol ingresa como director del Area de Dibujo del Colegio Nacional Sud, de la capital. Por ello, el tránsito entre los dos siglos coge a Manuel Mayol inmerso en una actividad incesante, desarrollando su trabajo docente, pintando, con su proyecto de revista necesitando plena dedicación y, además, atendiendo a su familia. Arriba Mayol en su estudio bonaerense. Abajo, una muestra del sentido del humor del editor de “Caras y caretas”, revista donde se plasmó su personalidad.

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En 1902 va a viajar a Cádiz. Leo un recorte de “El Correo Español” de Buenos Aires: “Nuestro estimado amigo, el señor Mayol, director artístico de la apreciada colega Caras y Caretas, embarcará mañana en el trasatlántico Reina María Cristina, acompañado de su familia y en viaje de recreo para la Patria. Después de largos años de permanencia y de continua labor, vuelve este querido amigo a España en busca de un reposo bien ganado, y con la satisfacción de un éxito lisonjero en sus esfuerzos como artista y como perseverante trabajador.

manuelmayol_02_cadizMayol, que ha sido en esta República el precursor de la caricatura fina, artística, así como también el primer pintor que dedicó su talento a la ornamentación artística de establecimientos comerciales, obteniendo un verdadero éxito, como se recordará, sancionado por toda la prensa de la capital, con los lienzos que aún se exhiben en la casa seminario de la calle Cangallo, y que en aquella época marcaron una verdadera revolución en el adorno de los establecimientos de este género de esta población, no ha descuidado por eso su trabajo de estudio, y en varias exposiciones pictóricas hemos visto figurar lienzos con su firma que atestiguaban su perseverancia. Pero su último éxito, su reciente y empeñosa campaña en la creación del próspero semanario Caras y Caretas es la más palmaria demostración de la vena artística y de la ruda tarea que Manolillo (como cariñosamente le llaman sus íntimos) ha sabido sostener con tanta perseverancia como arte, saliendo vencedor gracias a su talento, que le ha sabido inspirar el justo medio tan necesario para mantener la nota humorística sin caer en lo chocante o en la obscenidad del género burdo de esta difícil tarea artística. Le deseamos al querido amigo un feliz viaje, una grata permanencia en la Patria y que su regreso no se alargue demasiado”. El pintor gustaba de tocar la bandurria, compañera en sus primeros días de su fructñifera estancia en Argentina.

carasycaretas_02_cadizDurante aproximadamente seis meses Mayol y su familia se hospedan en el hotel de Francia de la plaza de San Francisco, donde va a recibir a numerosos amigos, entre ellos a Manuel Grosso, director de una acreditada agencia de aduanas en Cádiz y que años más tarde va llegar a ser su consuegro. Pero hay que regresar a Buenos Aires y continuar con la expansión de “Caras y Caretas”. Su siguiente viaje a España habrá de esperar cuatro años, naciendo en Cádiz su segunda hija, Mercedes, conocida en la familia como “Melele. Por aquel entonces, Manuel y Rafaela alquilan un piso en la calle Novena. La agilidad del trazo y el humorismo, constantes en la obra americana de Mayol. (Continuará…)

 


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