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087. MERCADO DE LA LIBERTAD.

26 11 2009

ABAST 1888

La plaza del mercado porticada, tal y como la diseñó Juan Daura.

La plaza de Abastos ha sufrido su segunda gran transformación, tras la realizada durante el año 1928 por el arquitecto sevillano Juan de Talavera durante el mandato del alcalde Ramón de Carranza, que materializó los proyectos de su antecesor en el cargo, Agustín Blázquez. Se limitó Carranza a disponer que se aceleraran para evitar molestias a los usuarios y dentro de la campaña quepusoenmarchaparalamejora de las condiciones higiénicas de los servicios de abastos que el Ayuntamiento tenía bajo su jurisdicción, además de la decisión de construir un nuevo matadero, se encontraba la reforma del edificio del Mercado de la Libertad.

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Plaza de San Juan de Dios. Mercado de Abastos en 1850.

El histórico mercado fue inaugurado en 1838. Durante cerca de un siglo apenas se realizaron mejoras en el mismo. Juan Talavera fue el encargado de dirigir estos trabajos, que habían comenzado el 11 de diciembre de 1926 y en los que se respetó la antigua estructura del edificio con columnas dóricas de cuatro metros. Las obras comenzaron en el exterior del edificio y posteriormente al inmueble en sí. El retraso vino motivado porque varios de los nuevos cimientos a colocar coincidieron con aljibes todavía en uso, según cuenta en su libro sobre Carranza el historiador Joaquín María Piñeiro. Este proyecto de rehabilitación se enmarcaba dentro del programa que el Ayuntamiento denominó “grandes obras” para Cádiz, que impulsó Ramón de Carranza. Un programa que se inició con la colocación de la primera piedra del Grupo Escolar de la calle San Rafael y que llevaba el nombre del La Plaza del Mercado de Abastos porticada, tal y como la diseñó Juan Daura, cubierta de tenderetes y toldos.

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Foto antigua del mercado de Abastos, vista de la antigua Harinera Castro, de la Calle Abreu.

La reforma esencial de Carranza consistió en construir naves para carne y pescado dentro del recinto porticado presidente del Gobierno, Miguel Primo de Rivera. Las grandes obras emprendidas por el Ayuntamiento de Cádiz en los años veinte se complementaban con la reforma de la Alameda Apodaca, la reanudación de los trabajos del monumento a las Cortes de Cádiz, la Casa de Correos y el Dique Seco, entre otras.

plaza4El 28 de noviembre de 1926, Diario de Cádiz publicó una información que hacía referencia al presupuesto destinado para rehabilitar la Plaza. “A las 5.30 de la tarde de ayer se reunió la Permanente Municipal, en sesión extraordinaria, convocada para la apertura de pliegos presentados para las grandes obras proyectadas en la ciudad. Preside el alcalde, señor Blázquez. Se lee el acta de entrega del único pliego presentado, que es suscrito por José Fariña Farreño y Juan Giral y Mimó, quienes concurren a la subasta de las obras y al suministro de fondos para las mismas que en la convocatoria se indicaba, con la colaboración de la Empresa General de Construcciones, S.A. El concursante se compromete a ejecutar las obras en las condiciones que previene el concurso y que importan la cantidad de 10.607.247,68 pesetas para la reforma del Mercado de Abastos”. Una vez iniciada la obra, la zona exterior del edificio quedó completamente reformada el 1 de noviembre de 1927 y el edificio completo a finales de 1929. “Próximamente habrán de acometerse nuevas obras de reforma en el Mercado de la Libertad. Entre otras, se establecerá matadero de aves, y los actuales kioscos donde se expenden churros desaparecerán de la vía pública, instalándose en puestos fijos del Mercado a los cuales se les darán entrada por la calle de la Libertad. El delegado señor Sánchez Cossio lleva este asunto con su acostumbrada actividad y acierto”, publicaba este periódico el 26 de julio de 1929.

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Originalmente, la zona central, donde se encontraban los puestos dedicados a la venta de pescado,estaba sin construiry en la misma se colocaban tenderetes para la venta de los artículos.

Ese mismo día, según recoge la hemeroteca del Diario, se vendieron al público en la plaza de abastos los siguientes pescados: acedías, almejas, anguilas, bogas, brecas, aserruchos, caballas, cazón, cigalas, cachuchos, dentones, cavetes, huevas, jureles, langostinos, lenguados, lisas, marrajo, morrallas, pescadas, pescadillas, pez de plata, pijotas, rapes, rubios, salmonetes y zapatillas. El pescado más caro, los langostinos a ocho pesetas el kilo; mientras que el más barato, la caballa, se vendió a diez céntimos la unidad. Las anguilas se vendieron más caras que las cigalas. A partir de esa fecha, todos los establecimientos de venta de carne, frutas y verduras de aquella zona de Cádiz pasaron a este mercado con rigurosos controles higiénicos, una medida que provocó polémica entre usuarios y dueños de los establecimientos, pero que finalmente fue controlada. Es más, el alcalde Ramón de Carranza contrató a un veterinario para controlar y analizar la calidad de las frutas y hortalizas. Incluso, por razones estéticas y de sanidad se obligó a los vendedores del Mercado de Abastos a llevar una determinada indumentaria: blanca y con manguitos. Lo que fue motivo de un tango de Carnaval.

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Las naves del interior del mercado correspondiente a las zonas de carnes y pescados, fueron derribadas en 2007, quedando convertido el recinto en un espacio abierto.

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Anuncio de propietarios de puestos, en los años ochenta.

OR IGEN

 El primitivo Mercado Central se construyó en los primeros años del siglo XIX, en los terrenos de una antigua huerta existente en el convento de los Franciscanos Descalzos. Estos vendieron el solar al Ayuntamiento en 1824 por 15.000 reales anuales durante la primera década, aumentados luego a 20.000 reales. Ambas partes mantendrían durante años un litigio al reconsiderar los religiosos la propuesta y plantear la reversión de su antigua huerta. Los Descalzos jamás hubieran imaginado que la tierra de cultivo que alimentó durante años a su comunidad religiosa se convertiría, siglo y medio después, en una moderna plaza de Abastos y en un sofisticado mercado integrado en la ciudad.

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Indumentaria impuesta por Carranza a los vendedores del mercado en 1928.

Los primeros puestos comenzaron a funcionar en 1837, aunque la zona hoy ocupada por las naves de pescado y carne no existía entonces. Concretamente, el 27 de abril de 1837 se colocó la primera piedra, efectuándose las obras bajo la dirección y planos del arquitecto don Juan Daura, las que se concluyeron en el mes de diciembre del año siguiente. El importe de esta construcción se elevó a 371.447 pesetas y, para poder su Indumentaria impuesta por Carranza a los vendedores del mercado en 1928. fragar el costo de la misma sin tener que imponer arbitrios, el Ayuntamiento concibió la idea de ir rifando los puestos entre los solicitantes a medida que estos se iban terminando. La plaza, porticada de estilo neoclásico, fue edificada por Juan Daura, siguiendo los planos de Torcuato Benjumeda. Por aquel entonces sólo existían 72 puestos y cada uno de ellos disponía de sótano, almacén, tienda y altillo. El amplio espacio central se utilizaba para fiestas y representaciones circenses.  ( D.J.P.)

 


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