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103.- MANUEL CANTERO. El barbero de la taquilla de la calle Marconi

12 12 2009

 

barberillohoy_cadizManuel Cantero Granero es un gaditano nacido en Medina Sidonia que vive en Cádiz desde los seis años y es muy popular en la ciudad. Un hombre polifacético que reúne uno de los mitos andaluces desde los tiempos de Fígaro ya que es barbero de profesión y aficionado a los toros por devoción. Hoy un barbero es”rara avis”, eso de saber tirar de navaja en el más correcto sentido de la navaja es algo desconocido para los modernos peluqueros. Pero tal vez en Manuel Cantero vino antes la devoción que la profesión. Esta es la historia de un aprendiz de barbero que quiso ser torero y que fue un personaje muy conocido por la venta de entradas para todo tipo de espectáculos en su taquilla autorizada en el popular Bar Marconi. (Manuel Cantero Granero, un personaje muy popular en la ciudad, una figura familiar para todos a bordo de su motocicleta).

Un día fue a los toros en Cádiz y la desaparecida plaza la suministró el veneno de la afición. Toreaba aquel día Mondeño, Curro Girón y Emilio Oliva. Aquella tarde nació “Barberillo de Cádiz”, un apodo de verídica raíz: “Yo era aprendiz de barbero en la calle Sacramento esquina a San José, donde estaba el Niño de Vejer”. Y empezó una carrera que pretendía cambiar toallas y navajas barberas por muletas y los afilados estoques del valenciano Luna: “Muchos tentaderos desde el año 1958. Toreé mucho con Platerito y también iba al matadero. También hice el hatillo y fui mucho por las capeas de Cáceres toreando en Hinojal, Garrovillas, Navas del Madroño, Galisteo…muchos sitios”. Con aquellas tremendas vacas resabiadas y boyancones correosos escuchó unos clarines del miedo que, ni mucho menos, mitigaron su afición y ganas de ser torero: “entrenaba en la plaza de toros de Cádiz con Manolo Aibar, Jiménez Márquez, Giraldeño… Me puse a pedir la oportunidad en Cádiz dos veces y de ahí me fui a Vista Alegre. Estuve cinco años luchando en Madrid”.

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(Manolo Cantero en los tiempos en que era “El Barberillo de Cádiz” y buscaba abrirse paso como otros aficionados, en la plaza de toros madrileña de Carabachel. “Vista Alegre” fue un sueño para muchos. En la foto el gaditano posa con otros amigos ante la puerta grande de al desaparecida plaza, hoy sustituida por un moderno palacio cubierto multiusos).

Eso sí, en la corte trabajaba de peluquero porque no quería estar en la calle. Por fin pudo torear una novillada en San Fernando: “me costó 12.000 pesetas. No tenía dinero pero me ayudaron aficionados como Antonio Molinero, Juan Sepúlveda o Eduardo Tovar, el constructor, con las propinas. Corté una oreja y me repitieron”. Fue el 2 de junio de 1968 y toreó con Joselito Marín, Andrés Rodríguez, Paquito Alcántara, Jacinto Cano, José Delgado y otros. Luego repitió con José Luis Durán de Puerto Real, el inolvidable Joselito Cañas de El Puerto, Diego Valderrama, Jacinto Cano y otro aficionado no menos querido: Manuel Gómez Bello de Puerto Real.

barberotorero_cadizPidió más oportunidades en Fuengirola, luego toreó en El Gastor…Pero vino la mili y tuvo que seguir trabajando: se embarcó en el “Satrústegui” donde conoció a Rafael Chacarte y se colocó en Astilleros. Pero no se desvinculó: fue algunas veces de ayuda con Paco Ragel, mozo de espadas de Galloso y le sirvió los estoques alguna vez a Platerito hasta que fue titular de una taquilla autorizada en el Bar Marconi, en Santo Tomás entre 1982 y 2000. (Manuel cantero cuando cambio la blanca bata de aprendiz de maestro barbero por el traje de luces)

“Hoy es difícil ser torero -dice Barberillo- pero tienen las escuelas. Antes nada más que ir a un tentadero era muy difícil. Yo me orientaba porque paraba en Alcalá de los Gazules y pelaba a Andrés Vázquez y el matador me decía dónde había tentadero y allí me decía que bajara de la tapia. Julio Aparicio también me dejaba mucho torear. Hoy por lo menos experimenta uno si vale o si no con las escuelas”. Eran otros tiempos, más difíciles para todo: “íbamos andando a los tentaderos. Una vez Andrés Vázquez me dijo que me iba a meter en los toros en Sevilla y cuando llegué a verlo me dice ¡Qué te crees! ¿Qué soy, el taquillero? y otra vez andando para Cádiz. Sin embargo Antonio Ordóñez, una vez que fui a Valcargado y se suspendió la faena y me dio 500 pesetas para que me volviera a Cádiz diciéndome no te dejo dormir aquí porque no dejo a nadie para que no me toreen los novillos por la noche”. Ahora nuestro Barberillo disfruta de su afición y guarda muy buenos recuerdos: “A mí me cortó el paso la mili, no lo de ser un torero bajito. Por esas capeas he matado muchos toros altos y ninguno se me ha ido al corral”. (Francisco Orgambides).-


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