Gente y habitantes de Cadiz » 105. ENRIQUEZ PÉREZ-FIGUIER GARCÍA. Las esencias gaditanas

105. ENRIQUEZ PÉREZ-FIGUIER GARCÍA. Las esencias gaditanas

14 12 2009

Enrique_1cadizDestacar en Cádiz por tener gracia e ingenio es sumamente difícil, ya que los gaditanos, por regla general, andan sobrados de ambas cualidades. Enrique Pérez Figuier, sin embargo, destaca por ser un hombre sumamente ingenioso, con extraordinario don de gentes y de una simpatía arrolladora. Conoce a toda la ciudad y su edad le permite haber compartido amistad con padres e hijos. Para todos tiene una frase y a todos da su sitio. Alterna con la misma naturalidad con el rico que con el pobre, con el intelectual y con el inculto. Dotado de una memoria prodigiosa, recuerda multitud de nombres y anécdotas y los últimos setenta años de la vida de Cádiz no tienen laguna alguna para él.

Enrique Pérez-Figuier García nació el 15 de julio de 1930 en la calle Fernández Shaw, donde su padre, el doctor Enrique Pérez Figuier tenía su domicilio y consulta. El padre de Enrique fue un médico de enorme prestigio en la ciudad y siempre puso su ciencia y su trabajo en favor de las clases más desfavorecidas.

Sus primeras letras las hizo en el colegio de la Torre Tavira, pero muy pronto fue enviado a estudiar al colegio de San Felipe, en la calle San José. La promoción de Enrique, de la que forman parte ilustres gaditanos, fue la primera que llegó al colegio marianista de los extramuros, en 1940.

Enri_2cadi

Enrique y su hermana Noemí durante un concurso de disfraces de Carnaval.

Después de terminar sus estudios de bachillerato quiso estudiar Náutica. Para ello superó el obligatorio y duro examen de ingreso. Pero tras cursar algunas asignaturas, decidió que la Marina Mercante no era lo suyo. Enrique era, y lo sigue siendo, un personaje muy inquieto y poco aficionado a los estudios. Le gustaba más la calle, salir con los amigos, conversar y divertirse.

Pero antes de buscarse un futuro profesional, como muchos chavales de su época, Enrique Pérez Figuier quiso ser torero. Eran los años de la Escuela Taurina de Cádiz. La época de los hermanos Villodres, de Pepe Manteca, de Pacorrito, de Chano Rodríguez, de Irigoyen, de García de Movellán y de muchos otros. Fueron años de capeas y tientas, de ilusiones y desengaños. Noches en el matadero de Cádiz, intentando dar un pase a alguna res. Llegó a debutar en la plaza de toros de Cádiz, pero no tuvo la necesaria continuidad. Para el día de su debut, Enrique, siempre elegante, no se conformó con uno de eso trajes de segunda mano que utilizaban los principiantes. Marchó a Sevilla y alquiló un precioso terno azul marino y oro en la mejor casa de la época: Manfredi. Tras el debut en la plaza de Cádiz, toreó en Medina, en Conil y en otras localidades de la provincia.

Enri_3cadizEnrique cuenta y no para de su época de torero. Como el día en que un ganadero lo escuchó cantar en una gañanía donde descansaba junto a otros compañeros y lo invitó a una fiesta y Enrique exigió que también entraran los demás maletillas. O el día que subió a un barco con su amigo Manteca con el pretexto de saludar a la rejoneadora Paquita Rocamora y con el verdadero propósito de sacar tabaco para revenderlo. De las bofetadas que repartieron los carabineros puede dar buena cuenta nuestro amigo Pepe Manteca.

Llegó el tiempo de cumplir con el servicio militar y Enrique, como estudiante de Náutica, fue enviado a la Marina. Después de realizar la instrucción en el correspondiente Cuartel de San Fernando, fue destinado a la Base de Lanchas Rápidas, en Puntales. Las anécdotas en la mili son infinitas, ya que alternó buenos momentos con algún que otro arresto. El día de la Virgen del Carmen de 1952 fue llamado por el segundo de la Base para preguntarle si era capaz de torear un novillo. Enrique respondió afirmativamente, y en el patio de la Base, en presencia de numerosos invitados, lidió una res, algo insólito en los anales de la Marina. En premio a su buen toreo le fueron concedidas las dos orejas y el rabo y le fue levantado el arresto que sufría. Al llegar a los calabozos, Enrique, eufórico por su triunfo, dijo al sargento que el comandante había levantado todos los arrestos y el suboficial abrió las puertas. Enterado el comandante, ratificó el levantamiento de arrestos para toda la dotación, pero el torero fue llevado de nuevo al calabozo.

Enri_4cadi

Enrique Pérez Figuier toreando un novillo en el patio de la Base Naval de Puntales, durante su servicio militar

Terminada la mili, sin ganas de seguir los estudios y abandonada la afición taurina, Enrique entró a trabajar en PROASA, una empresa de protección y asesoramiento inmobiliario que estaba situada en la calle Churruca.

Después de una temporada, decide abrir una joyería en la calle San José. ‘Joyería Figuier’ decía el rótulo. Contrae matrimonio con la cordobesa María del Pilar Osuna, con la que tiene diez hijos, Pilar, Carlos, Jesús, Enrique, María, Fátima. Nacho, Lourdes, Sergio y Noemí.

La joyería fue transformada después de unos años en perfumería.

Después de esa aventura comercial entra a trabajar con la casa Sigma, de máquinas de coser, donde estuvo otra buena temporada.

Enri_5cadizPor fin pasa a trabajar en la casa Seat, en el Garaje América, propiedad de José Pérez-Herrera Sahagún. En unión de Ignacio Otero, Enrique consiguió vender cientos de coches. Eran los años de la expansión económica de España y casi toda la población pretendía tener su utilitario. Pérez Figuier también recuerda con cariño esos años, en los que reconoce que ganó buenas comisiones y consiguió sacar adelante a su numerosa familia. Tratándose de Enrique siempre hay multitud de anécdotas. Cierto día un comprador de Chiclana exigía un regalo para adquirir un vehículo. Enrique, con mucha teatralidad y sigilo, le dijo que le iba a regalar la rueda de repuesto, pero que no lo comentara con nadie. . Cuando el comprador se dio cuenta de la tomadura de pelo montó el cólera y el propietario del Garaje América tuvo que obligar a Pérez Figuier a regalar al cliente una caja de luces de repuesto. (En la imagen, Capataz del paso del Cristo de la Misericordia).

Después de muchos años en la casa Seat, pasa como apoderado al Banco de Vizcaya. Esta entidad bancaria había destinado como director a Cádiz a un canario apellidado Godoy. Al llegar a Cádiz, Godoy indagó por la persona adecuada, que por sus conocimientos de la ciudad y de sus gentes pudiera colaborar con el. Esa persona sin duda alguna era Enrique y así ingresó en el Banco.

Sus años en el Banco de Vizcaya, al lado de Godoy, fueron extraordinarios. Pérez Figuier gozaba de la amistad y de la confianza absoluta de su jefe, un hombre muy dado a las relaciones sociales. Enrique permaneció en el Banco hasta su jubilación, pasando por la absorción de la entidad por otras entidades financieras.

La Semana Santa ha ocupado un lugar importante en la vida de Pérez Figuier. Recuerda que su padre fue secretario de la junta de gobierno de la Buena Muerte y que en esa cofradía salió de monaguillo con diez años. A los diecisiete comenzó a salir de cargador y también en las cofradías de la Piedad y la Misericordia. En los años 70, José Barreiro, mayordomo de la Buena Muerte, le encargó formar una cuadrilla de hermanos para llevar el paso de Misterio, lo que hizo como capataz durante varios años.

Enrique también fue capataz durante varios años del paso del Cristo de la Misericordia y del paso de la Virgen de la Palma.

Enri_6cadiz

Durante un acto de la Peña Canales Rivera, con el torero y el presidente, Juan Macías

En su opinión, la Semana Santa de Cádiz está perdiendo sus costumbres características.El clásico mecido y las horquillas se están olvidando en los últimos años para dar paso a novedades foráneas. También se queja de la falta de respeto del público hacia las hermandades y hacia los que están haciendo su estacuiíon penitencial.

Otra de las grandes aficiones de Enrique Pérez Figuier es el flamenco, heredada de su abuelo materno. Es amigo de todos los cantaores actuales y él mismo toca algunos palos con singular maestría. Concretamente canta admirablemente por alegrías, llegando a cantar en Televisión unas letras dedicadas a su amigo el torero gaditano Canales Rivera. Figuier fue íntimo amigo de El Beni de Cádiz, con el que llegó a montar una caseta flamenca durante las desparecidas Fiestas Típicas.

Hoy Enrique goza de una merecida jubilación. Vive en San Fernando, pero todos los días viene a Cádiz. Suele pasar un rato de tertulia en el Casino Gaditano y sigue siendo un habitual de todos los espectáculos flamencos. A los toros acude con regularidad y es un habitual de los tendidos de las plaza de la provincia.


Acciones

Informacion

Deje un comentario

usted puede usar estos tags : <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>