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015. ANA DE VIYA. La benefactora de la avenida.

15 09 2009

anadeviya_cadizEn el número 8 de  la plaza de  Mina vivía Ana de Viya  Jáuregui (1838-1919), una generosa mujer que donó a la ciudad de  Cádiz el colegio de  los Salesianos. Era hija de  Ignacio de Viya  y Cossío y de  Josefa Jáuregui, que fueron igualmente enterrados como ella en la Catedral de  Cádiz.

A comienzos del siglo XIX, Ana de Viya  emprende un largo viaje hasta Turín para conocer a Don Bosco. Estuvo acompañada por el canónigo de  la catedral de  Cádiz, Félix Soto y Mancera. Entusiasmada con la obra de  los salesianos, Ana de Viya  consigue que los religiosos de  esa orden se establezcan en Cádiz y dona el capital necesario para la construcción en 1904 del colegio San Ignacio. (En la imagen de la izquierda,  una  fotografía antigua de Ana de Viya, obtenida de un Diario de Cádiz de la época).

custodia_anadeviya_cadizMuchos años antes de  esa contribución, en 1884, Ana de Viya  y sus hermanos donaron en usufructo a la Catedral de  Cádiz una impresionante custodia. Según Diario de Cádiz, “es una primorosa obra artística, honroso triunfo de  la industria española, pues está labrada por el prestigioso orfebre de  Barcelona, Raimundo Oñós entre abril y diciembre de  1883. Como modelo han servido al artista varias iglesias góticas de  Barcelona y de  los pueblos cercanos. Tiene un metro de  alto y el receptáculo del Sacramento está flanqueado por cuatro elegantes torres, dominadas por otra central. En el pie tiene inscripciones que exponen la intención piadosa”. (En la imagen, la Custodia de Ana de Viya, de estilo neogótico, fue creada en 1890 por el artista joyero Manuel Ramírez Serrano. La Custodia está creada en plata dorada y rematada con perlas naturales, diamantes y esmeraldas. Fue restaurada en el taller de Juan José Rivera Podestá, en 2007).

Se puenden observar los trabajos de restauración de la custodia en la web de la Custodia de Ana de Viya, donde aparecen minuciosos detalles de la majestuosa reliquia.

obispocalvoyvalero_cadizLas obras del seminario de  Cádiz también contaron con la ayuda generosa de Ana de Viya , que entregó al obispo Vicente Calvo y Valero (en la imagen de la izquierda) la suma de  un millón de  reales.

Casi todo su capital fue destinado a obras de  caridad y a socorrer a los gaditanos más necesitados. Falleció el 27 de  diciembre de  1919 cuando contaba 81 años de  edad.
El Ayuntamiento hizo constar oficialmente en acta su pesar y acudió corporativamente a su entierro. (Textos: José María Otero).

DOS LÁPIDAS.
«A la insigne fundadora de estas escuelas profesionales salesianas doña Ana de Viya y Jáuregui, en el cincuentenario de la fundación, con filial gratitud, los antiguos alumnos. Cádiz 1904-1954». Así reza una lápida colocada a la derecha de la puerta de entrada de la capilla del Colegio Salesiano de Cádiz.

«En el centenario de la llegada de los primeros salesianos a España por Cádiz y en su 75 aniversario, se restauró este colegio San Ignacio fundado por doña Ana de Viya. Cádiz, febrero 1981». Así reza una lápida colocada a la izquierda de la puerta de entrada de la capilla del Colegio Salesiano de Cádiz. (En la imagen inferior, Iglesia de los Salesianos).

iglesiasalesianos_cadiz“Era un 17 de marzo de 1904 cuando el coche de caballos de doña Ana de Viya esperaba en la estación de Cádiz, junto con su administrador don Emilio Beltrami, a los primeros salesianos que se harían cargo de la nueva obra gaditana. Eran un sacerdote y tres jóvenes clérigos; el sacerdote, don Joaquín Bressan, un italiano que había conocido de niño a San Juan Bosco, y aquel primer trío de jovencitos salesianos se pusieron manos a la obra con cincuenta chicos internos y un buen número de externos. El Diario de Cádiz de 1903 se hacía eco de la grata noticia y en sus páginas de efemérides centenarias de octubre de 2003 nos lo recordaba con el titular «La benéfica influencia de los Salesianos». La gaditana, nacida en 1838 y fallecida en 1919, era una mujer dotada con una de las más bellas virtudes que pueden adornar a un ser humano: la generosidad. La bienhechora doña Ana de Viya perseguía un fin ambicioso: atender a la educación y a la enseñanza de artes y oficios de los hijos de los obreros. La Escuela de Puerta Tierra fue un gran acontecimiento en el Cádiz de 1904, por lo que suponía de conquista social.” (Juan M. Andrades Almenara).


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