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147. LOS DUROS ANTIGUOS. La inspiración del Tío de la Tiza

25 01 2010

TizaEl jueves 2 de junio de 1904, la ciudad de Cádiz celebraba un espléndido día de Corpus. Numerosos forasteros habían llegado en trenes especiales para contemplar la procesión y asistir a la novillada en la que «El Camisero», «Ostión» y «El Gordito» se enfrentaron a astados de Adalid. La víspera de la festividad resultó animadísima. Los ultramarinos y comercios aparecieron iluminados y por todas las calles donde iba a procesionar el Santísimo lucían los balcones colgaduras y guirnaldas de yedra y flores. La alegría y el cante se prolongó hasta bien entrada la noche e incluso despúes de que fuera apagado el alumbrado público.

Antonio Rodríguez, el Tío de la Tiza

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Numerosas personas se dedican en la playa del Sur a buscar los duros de plata

Pero mientras la procesión transcurría por el centro de la ciudad, lejos de allí, en la almadraba situada al final del barrio de San José -frente a lo que hoy es la cochera de Comes- unos trabajadores se ocupaban de enterrar las cabezas y demás desperdicios de los atunes capturados. A las once de la mañana, cuando tenían ahondado poco más de medio metro, encontraron varios duros. Un trabajador, gallego por más señas, avisó a uno de los socios de la almadraba, José Zarandieta, y a los carabineros. Pero el resto de los trabajadores junto a vecinos del barrio que se enteraron del hallazgo, comenzaron a abrir frenéticamente zanjas hacia la orilla.

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Los trabajadores de la almadraba buscando duros en la playa de Cádiz

Durante aquella jornada de Corpus, fueron muchas las personas que encontraron lo que llamaron duros, y resultaron ser monedas de curso legal de la época de Fernando VI, llamadas «de ambos mundos» porque en la cruz figuraban dos esferas terráqueas. Corrió el rumor de que una de las buscadoras acopió 500 duros. La cantidad exacta de monedas aparecidas nunca se supo, ya que los vecinos, temerosos de que se las quitara el fisco, las escondieron. Las estimaciones cifraban que entre las arenas de la playa afloraron un total de 1500 duros que comenzaron a venderse en la propia playa al precio de tres pesetas.

Corrió la voz por Cádiz y al amanecer del día siguiente la playa es una feria repleta de personas que, provistas de palas y cribas, escarbaban con entusiasmo. Los dueños de la almadraba intentaron prohibir la búsqueda requiriendo a la guardia municipal del barrio de San José y a una pareja de la Guardia Civil. Los agentes no pudieron contener a los buscadores de tesoros, que llegaron a interrumpir los trabajos de la almadraba. El DIARIO publicó que el filón no estaba agotado, creciendo la animación. A las dos de la madrugada del día cuatro ya había una multitud de hombres, mujeres y niños haciendo zanjas en la concurrida playa, con toda clase de herramientas. Ese mismo día comenzaron a escasear las apariciones -solo 30 monedas- y el precio de venta era ya de 18 reales. Pero a mediodía corre el rumor de que quedaban aún 60.000 duros enterrados y de nuevo la playa se cubrió de buscadores.

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El coro Los Anticuarios, que salió a la calle durante el Carnaval de 1905

La búsqueda fue cada vez menos provechosa, hasta el día seis en que aparecieron unos pocos. El público comenzó a aburrirse y a interesarse más en contemplar las faenas de la almadraba que en cavar con espiochas. Aquella almadraba había capturado en lo que iba de temporada casi 12.000 atunes, y cuando reanudó su actividad pescó cuatrocientos más. Poco a poco decrece la expectación, aunque los trabajadores de las bodegas vinateras por allí situadas, al final de su jornada acudían a escarbar a la playa.

Fueron muchas las discusiones que surgieron sobre el origen de los duros. Unos opinaban que procedían del «Defiance», navío francés hundido tras la batalla de Trafalgar en 1805. Otros afirmaban que era el botín de un barco pirata, el «Defensor de Pedro».

Al año siguiente, Antonio rodríguez, conocido como El Tío de la Tiza, presntó un coro llamado Los Anticuarios, con un tango que hacía referencia a la aparición de los duros en la playa. La presentación de este coro tuvo lugar en el Círculo Modernista de la calle Arbolí en la noche del 4 de marzo de 1905.

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Libreto de Los anticuarios, que se conserva en la Fundación Federico Joly.

Al día siguiente tendría lugar el concurso en el teatro del parque Genovés. Apenas transcurridos dos días, Diario de Cádiz informaba que “todo Cádiz se sabe de memoria los tangos de “Los Anticuarios” y pronto serán del dominio público en toda España”. El Tío de la Tiza puso a la venta una edición del tango con arreglos para piano efectuados por el pianista Paspatti y lo presentó al público en forma de tarjeta postal.

El éxito de Rodríguez tuvo su reflejo el domingo de Piñata. “Los Anticuarios” después de recorrer las calles en carroza rodeados de numeroso público fueron contratados para ofrecer su repertorio en el Círculo Mercantil y en el Teatro Cómico de la calle San Miguel. A partir de aquí, la letra y música de Los duros antiguos pasarían a ser considerados el himno oficioso de los Carnavales de Cádiz y, desde luego, su composición más conocida y popular.


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