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179.- AGUSTÍN FERNÁNDEZ “MELU”. Un aristócrata flamenco

26 02 2010

meluverticalportadaTodavía hay quien espera encontrar a Agustín el Melu en la barra del Manteca -con su melancólica mirada escondida detrás de esas gafas que le traspasó nada menos que Aristóteles Onassis en un muelle de La Guaira- y aventurando de qué barriga se había escapado ese gato que siempre se encaramaba al saco de papas viejas de al lado de la puerta.  Aristocracia flamenca pura. Una melancólica mirada perdida en el Cádiz de otro tiempo porque Agustín fue el último de una estirpe en la que los cuatro puntos cardinales eran el cante, los gallos, el toreo y un puesto en la plaza con Cádiz en el norte magnético. (La última imagen de Agustín “El Melu”, una personalidad entrañable en el Cádiz del Siglo XX, flamenco de estirpe y un gaditano muy querido a quien se echa de menos).

melujovenverticalA los 16 años quiso ser torero y hay una historia confusa de sus andanzas en los ruedos entre 1929 y 1933. No se sabe si es cierta su famosa actuación que en una sola frase resume cartel y el resultado: “¡Camará! ¡Que rebujina formó el Melu!” o aquel toro vivo de Tetuán de las Victorias que hablaba y se comía los toreros a bocados: “todavía está padreando el cabrón” contaba Agustín cuarenta años después. Ese era Agustín evocando sus andanzas en los ruedos. Lo que sí que fue es aficionado y bueno, que no dudaba en levantarse en el tendido sevillano y dirigirse al palquito ganadero: “¡Si es que a los toros de Domecq hay que empujarlos por atrás para que embistan!”. Y gallos. (Agustín en su juventud, cuando quiso ser torero y protagonizó la famosa anécdota)

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(Pansequito, Agustín, el legendario José Luis Maldonado “Cubanito” y el no menos apreciado Ignacio Bravo Lama, hijo de otro gaditano paradigmático como fue Rafael Bravo)

En 1929 fue por vez primera a América, embarcado en el “Horacio” para abastecer de pollos ingleses al insaciable mercado caribeño. Agustín se quedaba por allí hasta que vendía el último gallo, campeones todos, en un universo de anécdotas y vivencias que terminaban todas con una esmeralda como un garbanzo, una guajira o un tarareo “¡Ay gavilán colorao!”. Cante.

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(Una histórica fotografía: Juan Vargas, uno de los puntales de otra familia flamenca gaditana como la de Manuel Ortega padre de Manolo Caracol y que fue mozo de espadas de su pariente Joselito “El Gallo” y tío Agustín “El Melu”.

Concuñado de Pastora Imperio, nunca decía que cantaba, solamente “cantiñeaba”. Muy joven actuó en Barcelona en el cuadro de Carmen Amaya y también militó en la compañía de Manolo Caracol, mucho más que primo suyo: “las personas que tiene arte se ponen feas cuando lo ejecutan”, sentencia indubitada para el cante y en el toro. Y un puesto en la plaza. Los Melu fueron carniceros toda la vida, el oficio de los gitanos emancipados, tablajero en Cádiz, una ciudad en la que el matadero era víscera principal. Daba gloria ver la blanca elegancia de este aventurero de la vida, socarrón con las marchantas. Cambió la tabla por una barra en “El Burladero” un bar que ha entrado en la leyenda de Cádiz. Algún día no se sabrá si Agustín existió o no pero hoy le echamos mucho de menos. (Francisco Orgambides).


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2 respuestas a “179.- AGUSTÍN FERNÁNDEZ “MELU”. Un aristócrata flamenco”

26 02 2010
Ignacio Moreno Aparicio (09:30:34) :

Personaje imprescindible de la segunda mitad del siglo XX gaditano. Amigo de casi todo el mundo y elegante y pulcro como él sólo.
Se tiene en falta su arte, sus increibles historias adobadas con su peculiar fantasia, su cariño y su señorio.

4 07 2010
LSA (21:12:32) :

EL MELU

Cuando Federico García Lorca dijo, en 1935, en una entrevista que le hicieron el “El Mercantil Valenciano” que “Desde Jerez a Cádiz, diez familias de las más impenetrable casta pura guardan con avaricia la gloriosa tradición de lo flamenco…” seguramente se estaba refiriendo a una de las familias como la de Agustín “El Melu”. Agustín Fernández López, natural de Cádiz, nacido con el siglo XX, por Fernández nieto de “El Viejo de la Isla” y sobrinonieto de “María Borrico”, dos clásicos siguiriyeros del XIX, nacidos en San Fernando, hermano de Perico, de José y de Milagros, bailaora, casada con Victor Rojas Monge, hermano de Pastora Imperio. Por Fernández, también primo de Ramón Medrano, impresionante cantaor de la escuela sanluqueña; por López, Agustín estaba emparentado con los “Tabares”, López, matarifes y carniceros de El Puerto de Santa María, de los mismos López que Juan José Niño López, el mayor romancista andaluz gitano nacido en El Puerto en 1859 y de Manuel Sacramento Niño López, bisabuelo de Miguel Niño Rodríguez “El Bengala”, a su vez abuelo de Josemi el de los “Ketama”…
Toda la familia de “El Melu” fueron tablajeros, carniceros, matarifes, jiferos y, además Agustín, novillero, criador y exportador de pollos de pelea, cantaor y dueño de una taberna –”El Burladero”–, santo lugar común de la flamenquería gaditana.
Agustín una vez, por lo que fuera, se quedó más tieso que Paco Sanchís y un amigo suyo le ofreció trabajo: embarcarse en la “Trasmediterránea”. Agustín, que no quería porque no había estado nunca embarcado, cedió, ante la presión de un amigo suyo, marinero, y se embarcó. El viaje era para Génova. A Agustín nada más embarcar, le pusieron un cinturón lleno de herramientas, alicates, destornilladores, voltímetros, etc. Sorprendido, se le dijo que era el electricista del barco. Agustín manifestó que no sabía nada de electricidad. Su amigo le dijo que no importaba, porque nunca había habido una avería. Pero ocurrió que en medio del Mediterráneo se fue la luz del barco. -¡Agustín, Agustín!… Todo el mundo llamaba a Agustín y Agustín quería, en esos momentos, que se lo tragara la tierra o la mar. El capitán, a la hora y media, después de estar Agustín escaqueándose, diciendo que los plomillos estaban bien, que toda la instalación estaba en orden, le preguntó qué era lo que pasaba y cómo iba a arreglar la avería. Y Agustín, sin salida posible, pero con un aplomo digno de mejor empresa, respondió: -”Mi capitán, ésto no es del barco, ésto es de la “Sevillana”. Y el capitán, en vez de enfadarse, se revolcaba, porque esas cosas nada más que ocurren por aquí o en territorio gaditano, que al fin y al cabo, un barco es, con la Ley en la mano, territorio nacional.

Luis Suárez Ávila

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