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221. ARMANDO PALACIO VALDÉS. Un asturiano en Cádiz.

14 04 2010

1 Palacio ValdesEra domingo de Carnaval. Las calles rebosaban de gente. En los balcones de las casas se apiñaban lindas muchachas de ojos negros para ver desfilar los coches ocupados por jóvenes enmascarados que les arrojaban puñados de almendras, anises y caramelos. Desde los coches a los balcones entablábanse animados diálogos, cambiábanse requiebros por donaires, confites por sonrisas; arrojábanse sonoros besos que, en alas del viento, iban a posarse tímidamente sobre alguna tersa mejilla ruborizada. Y la gente de a pie, desde la acera, hacía coro a aquellos diálogos batiendo las palmas, celebrando con igual algazara los requiebros picarescos de los mancebos que las respuestas saladas de las niñas. Cruzaban numerosas comparsas ataviadas con trajes originales, unas de majos, otras de trovadores, otras de fraile, etc., todas tocando y cantando muy concertadamente. Pero la que excitaba la admiración y el aplauso de la muchedumbre era la denominada de “Las viejas ricas”, compuesta de veinte o treinta muchachos disfrazados de viejas con espléndidos trajes de seda, peluca blanca, media negra y zapato de raso, cuyos cantos deliciosos, impregnados de toda la sal de la Bética,pronto iban a dar la vuelta a España.” [Fragmento de “Los majos de Cádiz”]

Esta es la descripción que en 1896 realizaba el asturiano Armando Palacio Valdés sobre el carnaval gaditano. Este escritor publicó con bastante éxito muchas novelas de distintos ambientes españoles: desde las novelas de paisaje asturiano (como “Marta y María”, “José”, “La aldea perdida”…), hasta las ambientadas en Madrid (en “La Espuma” o “La Fé”) o en Valencia (en “La alegría del capitán Ribot”). Entre sus novelas más famosas destaca “La hermana San Sulpicio” que en 1889 inaugura sus novelas de ambiente andaluz; más tarde continuaría el tema andaluz en “Los majos de Cádiz” (de 1896) y en “Los cármenes de Granada” (de 1927). No haremos ahora una valoración crítica de la extensa obra narrativa de este autor, que llegó a competir con su maestro Benito Pérez Galdós, con el cántabro José María de Pereda (al que sustituyó en su sillón de la Real Academia de la Lengua) y con su gran amigo Leopoldo Alas, más conocido como Clarín.

Armando Palacio Valdés nació en el pueblo de Entralgo (Asturias) el 4 de octubre de 1853 y se crió en Avilés, en donde se le recuerda aún con varias placas y esculturas, además de conservar su hermosa tumba en el cementerio de la Carriona. Realizó el Bachillerato en Oviedo y los estudios universitarios de Leyes en Madrid, en donde participó de la vida literaria junto a su paisano Clarín. Su breve matrimonio con la asturiana Luisa Maximina Prendes acabó en 1885 con la temprana muerte de su mujer al dar a luz a su único hijo. Durante toda su vida, Palacio Valdés se dedicó a su labor novelística y también a su afición periodística.

2 Tumba Palacio Valdes

Tumba de Armando Palacio Valdés en el cementerio de la Carriona (Avilés).

En 1899, tres años después de la publicación de su novela “Los majos de Cádiz”, se casa por segunda vez con la isleña Manuela Vega y Gil que le acompañará hasta sus últimos días en Madrid, cuando fallece en 1938 durante la guerra civil española. Es sorprendente que se haya ignorado la circunstancia de su segundo matrimonio con una gaditana, nacida en San Fernando, con la que realizó varias visitas a Cádiz y a Sevilla durante los felices años 20. Don Armando, acompañado de doña Manuela, veraneaba durante estos años en una casa que compraron en la antigua plaza del Cristo en San Fernando y en aquellos años recibieron el homenaje de los sevillanos (en 1925 fue nombrado hijo adoptivo de Sevilla) y de los gaditanos.

4 Pelicula 1946 Majos-Cadiz

Cartel de la película de 1946 sobre “Los majos de Cádiz”.

Se cuenta en algunos periódicos de la época, que, cuando el novelista visitó la azotea del magnífico ayuntamiento de San Fernando, exclamó que La Isla parecía “la ciudad de la luz”, al contemplar los reflejos del agua de sus caños y la luz blanca del sol en los saleros de sus salinas. Hace algunos años pude hablar con un sobrino nieto de doña Manuela que me contaba los pocos detalles que recordaban de su antepasada, injustamente olvidada. Por desgracia, no conservamos tampoco esta casa isleña de don Armando que fue demolida hace pocos años.

Recomendamos la lectura de su única obra de ambiente gaditano, “Los Majos de Cádiz”, para poder saborear las descripciones del Cádiz de finales del siglo XIX. Terminemos con la lectura de otro fragmento en el que se describe una boda gaditana de aquella época:

Se preparó la comida en una de las tiendas de Puerta de Tierra.[…] Salieron al fin de la ciudad por la famosa puerta, siguieron buen trecho la angosta lengua que la une a la tierra y pararon delante de una de las más nombradas tiendas de vinos en que la juventud gaditana acostumbraba a solazarse.[…] Los demás recalaron todos a la tienda de Crisanto, en la calle de Pedro Conde, levantaron al montañés, que se había acostado…” (Texto: Carlos Sánchez Ruiz).


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