Gente y habitantes de Cadiz » 223.- TOLSÁ Y FERNÁNDEZ GUERRERO. Unidos en Cádiz (I)

223.- TOLSÁ Y FERNÁNDEZ GUERRERO. Unidos en Cádiz (I)

16 04 2010

tolsaEn la calle Ancha existe una pequeña iglesia llamada de la Conversión de San Pablo, cuyo retablo mayor, de estilo neoclásico, fue diseñado sobre planos en 1790 por el escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá, de quien recientemente se han cumplido 250 años de su nacimiento.

El retrato de Manuel Tolsá, obra de Francisco de Goya.

Tolsá es el autor de la única estatua ecuestre que se conoce del Rey Carlos IV, padre de Fernando VII, monarcas ambos de triste recuerdo en la historia de España. La estatua se encuentra en la capital de México, entonces Nueva España, y nación hoy que le debe a este escultor valenciano las mejores obras monumentales -civiles y religiosas- que se levantaron en su territorio en los años previos al grito de Dolores.

caballito-verticalAmigo de Tolsá era un escultor nacido en 1748 en Ubrique, de nombre José Fernández Guerrero, que se había afincado en Cádiz en el último tercio del siglo atraído por un familiar artista, pero también por la época de esplendor que vivía la ciudad. Era éste Gonzalo Fernández de Pomar, tío-abuelo de lado paterno, nacido también en Ubrique y reconocido maestro escultor al que se le adjudica gran parte de los retablos religiosos del Cádiz de la época, entre ellos el que da culto actualmente a la popular imagen del Nazareno. (La estatua ecuestre del rey  Carlos IV que se conserva en Ciudad de México. Hoy está frente al Palacio de la Minería).

grabado-cadiz

La ciudad, dedicada exclusivamente al comercio con Ultramar y en un enclave estratégico entre el Atlántico y el Mediterráneo, vivía su siglo de oro. La decisión de Felipe V, en 1717, de trasladar a Cádiz la Casa de Contratación, elevó su prestigio, que no se mermó con la eliminación de las restricciones comerciales, ya en el último tercio del siglo, que fueron asumidas por los gaditanos como una manera distinta, pero igualmente fructífera, de hacer el negocio marítimo.

san-pablo-verticalEn el siglo XVIII la ciudad se acercaba a los 90.000 habitantes, de los cuales un diez por ciento eran franceses y genoveses. Existían tres teatros con funciones regulares y se contabilizaban más de treinta cafés y billares. En un principio salían al año dos flotas -una a Nueva España y otra a Nueva Granada-, ambas escoltadas por buques de guerra, pero pronto se sustituyó esta organización por otras y se dieron años en que la ciudad registró la entrada en sus aguas de hasta un millar de buques. (La iglesia de la Conversión de San Pablo, en la calle Ancha)

Tolsá y Fernández Guerrero se habían conocido en Madrid, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, controlada entonces por la nobleza y que en aquellos tiempos tenía su sede en la Real Casa de la Panadería, hoy dependencia del Ayuntamiento de la Villa. Y desde entonces mantenían una estrecha amistad.

Compañeros de estudio eran también Cosme Velázquez, director de Escultura de la Academia gaditana, José Sócrates Rodríguez, que años más tarde sería nombrado maestro escultor del Arsenal de la Carraca, y Miguel de Olivares y Guerrero, que llegó a ser aparejador de la Colegiata de Jerez de la Frontera y uno de los siete arquitectos que dirigieron las obras de la catedral de Cádiz.

carlos-III-verticalEn este centro enseñaban profesores franceses e italianos traídos ex profeso por los primeros Borbones, muy proclives al refinamiento y al arte en su expresión más exquisita. No sólo era la Academia un centro de enseñanza o de rigor artístico, sino también un foco receptor de nuevas corrientes, entre las que destacó el neoclasicismo, que tuvo su momento cumbre en los reinados de Carlos III y Carlos IV y que devolvía a España -como lo había hecho en Francia a partir de 1750- los gustos grecorromanos. (Un grabado del Rey Carlos III)

El escultor Fernández Guerrero, primer eslabón de la saga gaditana a la que me voy a referir, es autor -para situarnos en su legado- de las estatuas de Balbo el Menor y Columela que se encuentran en el Ayuntamiento de Cádiz, además de diferentes obras de orfebrería en plata para imágenes religiosas y otras de dorado de retablos que, con casi toda seguridad, compartió como discípulo con su pariente Pomar, que llegaría a ser maestro mayor de carpintería de la ciudad.

panaderia-horizontalTolsá había llegado a Cádiz en septiembre de 1790, con 41 años, soltero y recién nombrado director general de la nueva Academia de Bellas Artes de San Carlos, de México. Cádiz era su puerto de partida para América, pero la estancia se le hizo infinitamente larga al tener que esperar casi seis meses para embarcar en un buque capaz de albergar en sus bodegas el volumen de piezas que traía consigo: 66 cajas con moldes de figuras del Museo Vaticano y otros materiales de grandes proporciones, además de 154 quintales de yeso blanco en piedra. (En la Real Casa de Panadería de Madrid estuvo la Academia de Bellas Artes).

Durante el tiempo de espera, Tolsá se reencuentra en la capital gaditana -disparada en cuanto a construcciones civiles- con varios compañeros de estudios de Madrid, en su mayoría agrupados en torno al taller del que fuera maestro mayor de la ciudad, Torcuato José Cayón, fallecido unos años antes y en ese momento reemplazado por su sobrino, Torcuato Benjumeda.A ese grupo pertenecía Fernández Guerrero, académico por la rama escultórica como Tolsá y teniente director de la Escuela de Nobles Artes -luego Academia- de la ciudad, creada años antes a instancia del gobernador Alexander O’Reilly, el hombre del Rey en Cádiz.

balbo-menorEn aquel tiempo, España vivía un momento de apogeo artístico. Lucía ya esplendorosa en Madrid la Puerta de Alcalá, obra de Sabatini. Acababan de ser instaladas las fuentes de Cibeles y Neptuno, obras de Francisco Gutiérrez y Juan Pascual de Mena, respectivamente. Y en la Isla de León se ultimaban los trabajos que iban a configurar la nueva población naval de San Carlos, bautizada así en honor del rey arquitecto y sobre la que trabajaban ya en algunos proyectos el marqués de Ureña y el propio Sabatini. balbo el Menor. Su estatatu, que se conserva en el Ayuntamiento, es obra de Tolsá)

En Cádiz, la mano de Carlos III también se había hecho notar. Y la ciudad incrementaba, por deseo del monarca, su patrimonio arquitectónico con el nuevo Palacio de la Aduana, obra del ingeniero Juan Caballero, el baluarte de San Carlos y el barrio de su mismo nombre, que se levantaron siguiendo los cánones del neoclasicismo reinante. A ello uniríamos la Cárcel Real, una catedral en construcción y el deseo -más tarde materializado- de levantar un nuevo consistorio.

Antes de obtener el título de académico, Fernández Guerrero combinaba sus trabajos artísticos con la enseñanza. De hecho, durante un tiempo fue profesor de una escuela privada de dibujo, aritmética y geometría – a la que asistían los plateros de la ciudad-, cuyo director era el propio Torcuato José Cayón, por otra parte suegro de Ventura Rodríguez, el arquitecto que terminó las obras de la Basílica del Pilar.

columela-verticalCayón tenía mando sobre la Milicia de Cádiz y unió en torno a este batallón de civiles -que hacía la instrucción los domingos- a la mayoría de sus discípulos y colaboradores. Fernández Guerrero no fue la excepción e ingresó como oficial de mérito, lo que le permitió alcanzar estatus militar, lucir uniforme en actos oficiales y pasar a depender eclesiásticamente de la parroquia castrense. Una réplica de la estatua de Columela, obra de Tolsá, se instaló en la plaza de las Flores)

Esta vinculación al estamento militar no sólo le proporcionó acomodo social sino también cercanía en la toma de decisiones del Ejército y la Marina borbónica en cuanto a la plaza gaditana y su departamento, necesitados en aquellos tiempos de maestros artistas. Era el caso de los profesores de dibujo con conocimientos de geometría, a los que se solían encargar trabajos topográficos.

O de los Astilleros de La Carraca, donde se botaban con regularidad buques de gran tonelaje para la ruta de Indias. En ellos se empleaban maestros carpinteros, de jarcia y de lona, pero también imagineros y ensambladores, que eran los encargados de diseñar los mascarones de proa, además de otras ornamentaciones externas e internas.  (Del discurso de entrada de Fernando Orgambides en el Ateneo de Cádiz).


Acciones

Informacion

2 respuestas a “223.- TOLSÁ Y FERNÁNDEZ GUERRERO. Unidos en Cádiz (I)”

16 04 2010
Ignacio Moreno Aparicio (09:31:15) :

Documentado e interesante discurso de ingreso en el Ateneo del viejo amigo F.O.G.

4 09 2010
Eloisa Uribe (08:41:11) :

Me parece excelente esta publicación, me ha reportado conocimientos sobre Manuel Tolsá de los que no tenía noticia.
Soy historiadora del arte, mexicana y he estudiado la obra de Manuel Tolsa, me gustaria saber más sobre estos asuntos relacionados con su estancia en Cádiz. Por lo mismo, entablar un contacto vía email para intercambiar información.
Me permito informarle que el retrato de Manuel Tolsá no se debe a la autoria de Francisco de Goya. Si bien es muy “goyezco” el autor es el valenciano Rafael Ximeno y Planes, quien tambien vino a la Real Academia de San Carlos de la Nueva España en el siglo XVIII, para encargarse de la dirección de pintura. Pintor de otros retratos de gran valía, entre ellos el del zamorano Gerónimo Antonio Gil, uno de los fundadores de la Academia y el de Alejandro de Humboldt, retratado por Ximeno y Planes durante su estancia en la ciudad de México a principios del siglo XIX.
Esta información se encuentra datada en documentos que se conservan en el Archivo de la Antigua Academia de San Carlos, Biblioteca Lino Picaseño, Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autonoma de México. Gracias por leer estas líneas.

Deje un comentario

usted puede usar estos tags : <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>