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224.- TOLSÁ Y FERNÁNDEZ GUERRERO. Unidos en Cádiz (Y II)

17 04 2010

ecce-homo-verticalFueron Fernández Guerrero y el grupo de ayudantes y discípulos de Cayón los que involucraron al artista valenciano con Cádiz y, en concreto, con el templo de la calle Ancha, que estaba siendo reconstruido con gustos neoclásicos. La iglesia de San Pablo, alineada con el caserío, acogía -y acoge- a la archicofradía del Ecce-Homo, vinculada en aquellos tiempos al Hospital Real de Cádiz, que estaba bajo jurisdicción castrense. Una antigua fotografía del paso de misterio de la archicofradía del Ecce Homo.

Fernández Guerrero había recibido el encargo de tallar una dolorosa implorante para la hermandad, bajo la advocación de las Angustias. Y de Cayón -cuyos proyectos materializó después su sobrino Torcuato Benjumeda- eran los planos del nuevo templo. Faltaba el retablo del altar mayor, en el que se iba a situar -en lugar preferente- al titular de la Archicofradía, un Ecce-Homo realizado décadas atrás por el sevillano Montes de Oca.

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Tolsá trazó aquel retablo en mármol, pero jamás vio la obra terminada porque el 26 de febrero de 1791 embarcaba en la Santa Paula -una fragata de la Marina de Guerra que años antes había sido incautada a los ingleses en las Azores- rumbo al puerto de Veracruz, acompañado por su ayudante Baltasar Pombo y una sobrina de nueve años -huérfana de padres-, que había sido acogida como una hija en ese tiempo por Lucía Cruzado y Suárez, la esposa del escultor. Los planos y las instrucciones sobre el templo se quedaron en Cádiz, desde donde fueron enviados a Génova para su definitiva construcción. (Arriba Veracruz, el puerto de entrada en Nueva España y donde desembarcó Tolsá para su fructífera estancia en México).

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En México, Tolsá terminó las obras de la catedral metropolitana, diseñó cementerios y plazas de toros, reforestó alamedas y jardines, proyectó el Hospicio Cabañas, en Guadalajara, esculpió el busto de Hernán Cortés que se elevaba sobre su primitiva tumba, en el Hospital de Jesús, y realizó el baldaquino de la catedral de Puebla. Pero su legado más importante se encuentra en el centro histórico de la capital mexicana: el Palacio de la Minería, obra maestra del neoclasicismo en la América hispana. (La Catedral metropolitana de México)

Pese a que rara vez utilizaba la madera, tuvo tiempo también para emplear la gubia y, en recuerdo de la dolorosa gaditana de su amigo Fernández Guerrero, dejó para la posteridad a principios del siglo XIX en San Luis Potosí otra de hermosa estampa y de curioso parecido, hecha en cedro y de 1,80 metros de altura, que entregó a la comunidad carmelita bajo la advocación de la Soledad.

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Esta Soledad de Tolsá, inspirada en la imaginería gaditana, es contemporánea a otra Soledad que un misterioso autor, de nombre José Fernández Pomar -supuesto seudónimo del mismísimo Fernández Guerrero-, entregó en 1803 al mayordomo de la hermandad del mismo nombre de Jerez de la Frontera, con sede en la Iglesia de la Victoria. (El busto de Hernán Cortés en el hospital que fundó en la antigua Tenochtitlán).

E igualmente de corte parecido es otra talla, bajo la advocación de los Dolores, que está en depósito en la iglesia parroquial de Santa María la Blanca, de la localidad sevillana de Fuentes de Andalucía. La imagen, también de principios del siglo XIX, fue adquirida en Cádiz por un benefactor del citado pueblo, que ordenó -para su culto- levantar un retablo neoclásico bajo la supervisión del erudito académico Ceán Bermúdez, amigo personal de Fernández Guerrero y por entonces director del Archivo de Indias.

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Puedo dar fe que existe una relación más allá de lo visual entre estas cuatro imágenes, que me permite llegar al supuesto de que Tolsá y Fernández Guerrero -que nunca firmaron sus obras de imaginería religiosa- intercambiaron técnicas de estilo, aunque no sería extraño que hubiera una tercera persona en liza con influencias en ambos. (Arriba, una espléndida imágen del “caballito”, como se conoce en México a la estatua ecuestre de Carlos IV, ante el Palacio de la Minería, en la plaza Manuel Tolsá).

Sería el viejo Fernández de Pomar, maestro en el arte religioso, en cuyo taller de carpintería artística se formó Fernández Guerrero y de quien se supone recibió -antes de su muerte en 1794- bocetos y dibujos inéditos sobre este tipo de imaginería, barroca de origen pero que acoplarían ambos académicos a los cánones neoclásicos. (Del discurso de entrada de Fernando Orgambides en el Ateneo de Cádiz).


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2 respuestas a “224.- TOLSÁ Y FERNÁNDEZ GUERRERO. Unidos en Cádiz (Y II)”

18 04 2010
Mª Carmen Benjumeda (13:58:39) :

Quiero aclarar que en la noticia se dice que Torcuato Benjumeda Laguada era sobrino de Torcuato Cayón, y no es así. Torcuato Benjumeda era ahijado de Cayón.

18 04 2010
F.O. (23:59:56) :

Muchas gracias por la aclaración. Queda incorporada la correción al original.

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