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243. UNA EMPRESA CHAPADA A LA ANTIGUA. Los talleres del gaditano Rafael Manzano.

6 05 2010

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La fachada principal de la fundición estaba situada en el Campo del Sur, sobre el Teatro Romano.

La historia de la industria gaditana ha estado siempre vinculada a la mar, un claro ejemplo de ello lo constituyen los talleres de fundición del gaditano Rafael Manzano y Bazán que durante más de 40 años estuvieron trabajando en la construcción de toda clase de maquinarias y, en particular, de las navales. Rafael Manzano fue un reconocido oficial en el taller de Ajuste y Maquinaria de los Astilleros gaditanos a finales del siglo XIX, ascendiendo por sus méritos en el trabajo a capataz de la factoría, siendo el responsable del montaje de la maquinaria del vapor Filipinas. También formó parte en la colocación de las máquinas, calderas y aparatos del crucero Carlos V, así como todos los servicios auxiliares del buque. Ya con la máxima categoría de maestro de taller se encargó de la propulsión y calderería en cobre para buques, ejecutando en los Astilleros su labor en los barcos Extremadura, Udala y Pedro Luis Lacave.

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Imagen del interior de los talleres.

Se especializó en servicios de lanchas, cañoneras, vapores de pescas, dragas y otros trabajos de importancia en barcos de guerra y comercio. Para perfeccionar sus conocimientos, formó parte en distintas comisiones de maestros en los principales astilleros de Inglaterra y Holanda. Estos talleres de fundición giraban bajo la denominación social de El Sur de Cádiz, y estaban instalados en el Campo del Sur, sobre el solar donde está ubicado el Teatro Romano. Concretamente, la entrada principal de la empresa de hierros y bronce estaba situada por la calle Silencio, frente al colegio de la Mirandilla.Tras formarse como experto maestro de taller en los Astilleros gaditanos, en 1905 abrió las puertas del negocio. En los comienzos, el taller de Manzano y de su hermanastro José Bustelo Bazán, también empleado de Astilleros y que había formado parte de la Compañía de Tabaco de Filipinas, se dedicaba exclusivamente a la fundición de material relacionado con la industrial naval, sobre todo, hélices, anclas y boyas. El buen hacer y laboriosidad de la sociedad El Sur de Cádiz, que llegó a contar con una plantilla de más de medio centenar de operarios, motivó a la empresa a ampliar nuevos horizontes, y parte de las naves se habilitaron para la construcción de maquinaria para barcos, volcándose en las elaboraciones metálicas y aparatos auxiliares de acorazados, así como multitud de piezas para submarinos y torpederos. Intervino activamente en el plan de modernización de la flota española, conocido como Plan Ferrandis. Durante la Guerra Civil española, el taller de Rafael Manzano también fabricó bombas para la aviación. Por aquel entonces, El Sur de Cádiz disponía de máquinas de última tecnología para la época, que le permitían presentarse a los construcciones navales más exigentes.

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Una de las boyas fabricadas en el taller del Campo del Sur, frente a la Iglesia de San Juan de Dios, camino del muelle.

Todavía en Cádiz quedan huellas del buen hacer de esta fundición. En alguna que otra calle pueden verse losetas de alcantarillas fabricadas en la calle Silencio. En 1909, y a petición del armador Ildefonso Fuentes, en los talleres de Manzano se procedió a la construcción del pequeño carguero Covadonga, propulsado por máquina alternativa de vapor. El día de su botadura, el barco fue arrastrado por caballerías hasta la plaza de San Juan de Dios, recorriendo las calles de la ciudad dirección el muelle, donde fue botado. El 18 de mayo de 1923, Diario de Cádiz recogía esta noticia: “Prosiguen las obras de construcción del edificio de La Casa de Correos y Telégrafos, del que es contratista Rafael Levenfeld.Su estructura metálica será construida en los talleres de don Rafael Manzano. Se trata de un verdadero alarde de ingeniería, en la que se emplearán más de 275 tonelada de hierro. Será la primera construcción por este sistema que se lleva a cabo en Andalucía”. Hasta el Carnaval gaditano supo reconocer la importancia de la fundición dedicando varias coplas al industrial gaditano y a su meritorio trabajo. Fue en febrero de 1931 cuando falleció Rafael Manzano, haciéndose cargo del taller su hijo Isaac Manzano Trujillo. Tras concluir la Guerra Civil, se inició el declive del taller, ya que los buques comenzaron a contar con menos piezas de fundición. Se impone la soldadura. Y años más tarde, en 1947, se vende la empresa a la familia Vigorito. (D.J.P.)


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