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241. LA FUNDACIÓN DEL HOSPITAL DE MUJERES

4 05 2010

En 1909 el techo de la capilla del Hospital de Mujeres se vino abajo. Afortunadamente los daños fueron escasos y el cuadro del Greco que allí existe quedó intacto. El obispo, José María Rancés, ordenó la restauración de la capilla, encargando a Felipe Abárzuza las pinturas y decoración del techo.

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La esplándida iglesia del Hospital de Mujeres, decorada por Abárzuza en 1910.

Abárzuza, en su estudio del Olivillo y con la colaboración de su discípulo Julio Moisés, pintó cuatro medallones al óleo para el techo de la capilla con los retratos de fundadores y patronos del Hospital de Mujeres.

Están dedicados a Pedro Antonio de la Just, al obispo Lorenzo Armengual, al prebendado y constructor Alejandro Pavía y el último al entonces prelado de la diócesis gaditana, Rancés y Villanueva.

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La fachada del Hospital de Mujeres, en la calle del mismo nombre

Con motivo de la colocación de estos retratos, el cronista de la ciudad, Santiago Casanova, recordaba que la Hermandad de la Santa Caridad, al entregar en 1614 el hospital al cuidado de los hermanos de San Juan de Dios, impuso la condición de que una sala debía estar dedicada a las mujeres enfermas y al cuidado de una beata. Esta disposición comenzó a cumplirse a rajatabla, pero en pocos años calló en el olvido. Una pobre mujer, moribunda, se acercó una noche al Hospital de San Juan de Dios para pedir asistencia. Los frailes solamente le pudieron dar los últimos sacramentos ya que no disponían de lugar adecuado para recogerla. La mujer salió a la calle y falleció en uno de los soportales de la actual plaza de San Juan de Dios.

Al parecer Pedro Antonio de la Just presenció o conoció el hecho de primera mano y ello le impulsó a crear un hospital para mujeres. En 1634 dispuso mediante testamento la adquisición de unas fincas situadas en la calle de la Carne (hoy Columela) y Comedias (hoy Feduchy) con el fin de destinarlas al cuidado de mujeres enfermas. De cumplir su voluntad encargó al capitán Manuel de Iliberri y, al fallecimiento de éste, a quien fuese mayordomo de la Hermandad de los Vizcaínos.

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La original escalera del establecimiento religioso

El obispo Quesada bendijo el hospitalito y lo bautizó con el nombre de Nuestra Señora del Carmen. Según Casanova, los administradores del hospital fueron en extremo dispendiosos y el establecimiento quedó en la miseria y sin poder atender a las mujeres enfermas.

El obispo Armengual de la Mota convenció a su hermana Jacinta, marquesa de Campo Alegre, para que arreglara la situación del hospital. La donación de 12.000 duros hizo posible la compra de unos terrenos en la entonces llamada calle del Herrón, junto a unos grande huertos y la construcción de lo que hoy conocemos como Hospital de Mujeres.

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El cuadro del Greco que se conserva en la capilla delñ hospital de Mujeres

En las obras de edificación ocupa un lugar destacado el canónigo Alejandro de Pavía. Este religioso entró muy niño en la servidumbre del obispo Armengual, que lo mandó a estudiar a Sevilla para graduarse en Sagrada Teología. El obispo observó en su protegido especiales dotes para la arquitectura y las Bellas Artes y lo envió a estudiar extranjero. De regreso a Cádiz, además de dirigir las obras del Hospital de Mujeres, el canónigo Pavía diseñó, según Casanova, la original escalera de este benéfico establecimiento.


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