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250. LA MALDICIÓN DE LA TÉRMICA.

13 05 2010

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Imagen de la Central Térmica, en los años ochenta del pasado siglo.

La Central Térmica de Cádiz tuvo en 2001 un trágico final con la muerte de un operario. 200 toneladas de amasijos de hierro cayeron sobre el cuerpo del trabajador Luis Hortelano, valenciano de 45 años, causándole la muerte. Hortelano era el oficial que coordinaba las labores de demolición de la central térmica, propiedad de Sevillana de Electricidad/Grupo Endesa. Junto a él se encontraba un grupo de trabajadores, cinco, que abandonó el lugar minutos antes del derrumbe. Los bomberos tardaron 20 horas en el rescate del cadáver, un tarea complicada que entrañó un gran riesgo.

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La esquela con los nombres de los trabajadores que se publicó en DIARIO DE CADIZ.

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Compañeros de los fallecidos llevaron sus féretros a hombros a la Iglesia Mayor. de San Fernando. Los inicios de la Central Térmica fueron aún peores. Siete trabajadores fallecieron sepultados, cuatro de Chiclana y dos de San Fernando y uno de Cádiz, el 19 de septiembre de 1956 cuando el edificio todavía no estaba terminado. A las dos y media de la tarde de aquel día se encontraban trabajando sobre la construcción de la Central Térmica numerosos operarios y por causas no determinadas se hundió parte de la techumbre de cubierta en una extensión aproximada de 300 metros cuadrados, arrastrando a los obreros que trabajaban en aquel sector. El accidente también produjo serias lesiones a varios operarios presente en la obra. Tras el triste suceso acudieron a la Zona Franca el gobernador civil accidental y presidente de la Diputación, Juan Luis Martínez del Cerro; el comisario jefe de la Policía, José Rodríguez Guerrero; el teniente de alcalde, Pedro Lahera; el comandante militar de Marina, Manuel de la Puente y el delegado del Sindicato, Martín Romero. Asimismo se personó a los terrenos de la Zona Franca el párroco del Rosario, Luis Rodríguez Varga, quién prestó los auxilios espirituales a los heridos más graves, que desgraciadamente fallecieron más tarde. El ministro de Trabajo por aquel entonces, José Antonio Girón, envió un telegrama solidarizándose y dando el pésame a los familiares de las víctimas. Al día siguiente, a las diez y media de la mañana, se efectuó el sepelio de seis de las víctimas y el traslado desde la Residencia “Fernando Zamacola”, en la que había sido instalada la capilla ardiente. Un numeroso público se congregó en los alrededores de Zamacola, especialmente trabajadores de la empresa siniestrada, y de todos los centro fabriles de la bahía gaditana, como de la Empresa nacional Bazán, Factoría Naval de Matagorda, Dique Seco, y del Instituto Nacional de Industria.

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Derrumbe de la caldera que provocó la muerte a un operario, en 2001.

La tragedia provocó que la gran mayoría de los comercios de la ciudad cerraran ese día en señal de luto. A las once de la mañana se puso en marcha la fúnebre comitiva; en primer lugar iban en coche los féretros de los fallecidos de San Fernando y, a continuación, los de Chiclana. El trayecto fue acompañado por millares de obreros. Los habitantes de la Isla y Chiclana se echaron a la calle para recibir a las comitivas fúnebres. El vecindario en masa acompañó a los resto hasta su última morada. Dos día más tarde, falleció uno de los operarios heridos en el accidente de la Central Térmica: el gaditano José María Serrano Rodríguez, de 18 años de edad. (D.J.P.)



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