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001. ADOLFO DE CASTRO Y ROSSI. Político, erudito y falsificador literario.

1 09 2009

adolfodecastro_01_cadiuzNació en Cádiz el 6 de septiembre de 1823. Desde muy joven se dedicó apasionadamente a la lectura, devorando los cuantiosos tomos de la Biblioteca del Seminario de San Bartolomé.

A los 24 años saltó a la fama al afirmar que había encontrado un manuscrito original e inédito de Cervantes, “El buscapié”. Poco más tarde, Adolfo de Castro tuvo que reconocer que dicha obra había sido escrita por él mismo. Ello le provocó el descrédito, por un lado, y la fama por otro, pues nadie dejó de reconocer el mérito que encerraba el haber engañado a los eruditos imitando la prosa de Cervantes.

Dedicado a la política, en el seno de la Unión Liberal, fue gobernador civil de Sevilla, Huelva y Cádiz. Fue alcalde de su ciudad natal durante los años 1855 y 1856, emprendiendo numerosas reformas. De su labor como alcalde destaca la reforma del nomenclator de la ciudad y el adecentamiento de la Plaza de San Antonio. También ocupó durante varios años el cargo de secretario del Ayuntamiento de Cádiz.

En 1858 publicó su monumental obra “Historia de Cádiz”, cuya consulta sigue siendo esencial para los que quieren aproximarse al conocimiento de nuestra ciudad. También publicó una monografía sobre la Guerra de la Independencia en Cádiz y otros trabajos históricos. Destacó por sus artículos periodísticos y por su labor como crítico teatral. La leyenda negra cuenta que fue expulsado de la Biblioteca Colombina de Sevilla por sustraer varios ejemplares. Académico numerario de la Real Academia de la Historia, Adolfo de Castro pasó sus últimos años con enormes apuros económicos, ocupando un modesto empleo en la Biblioteca Municipal de Cádiz.

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Lápida en la casa donde falleció Castro, en la calle Cervantes.

biblio_auto_espa_cadizMurió el 13 de octubre de 1898 en el número 37 de la calle Cervantes, donde una lápida recuerda el hecho a instancias de la Asociación de la Prensa. Poco después de morir el Ayuntamiento de Cádiz acordó dar su nombre a la calle del Molino, donde el escritor y erudito había vivido durante muchos años. (Texto: José María Otero).

En la imagen, portada de la Biblioteca de Autores Españoles.  Poetas líricos de los siglos XVI y XVII. Tomo primero, colección ordenada por Don Adolfo de Castro, Madrid, M. Rivadeneyra, 1854, (Biblioteca de Autores Españoles desde la formación del lenguaje hasta nuestros días).

OBRAS

  • Historia de Cádiz (1845)
  • Historia de Jerez (1845)
  • Examen filosófico de las principales causas de la decadencia de España (1851)
  • Gran diccionario de la lengua española (1852)
  • Poetas líricos de los siglos XVI y XVII y curiosidades bibliográficas
  • Filosofía de la muerte (1856)
  • Ernesto Renán ante la erudición sagrada y profana (1864)
  • Cádiz en la Guerra de la Independencia: cuadro histórico (1864)
  • La última novela ejemplar de Cervantes (1872)
  • Varias obras inéditas de Cervantes (1874)
  • La Epístola moral a Fabio no es de Rioja (1875)
  • Estudios prácticos de buen decir y de arcanidades del habla española (1879)
  • Una joya desconocida de Calderón (1881)
  • Libro de los galicismos (1898)
  • Curiosidades lingüísticas (1891)
  • El Quijote de Avellaneda (1899)

adfolfodecastro_2_cadizPAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA.

«A los siguientes días, horrendo era el espectáculo que el mar de Cádiz presentaba, horrendo por la tempestad, horrendo por las naves que destrozó el combate, horrendo por las que ahora la tempestad combatía… Los navíos el Santa Ana, el San Justo, el San Leandro, el Príncipe de Asturias, se veían en nuestro puerto convertidos en boyas. El Montañes, desarbolado; el Francisco de Asís y el Neptuno, que habían fondeado en la Bahía, ya perdidas las anclas, van a perecer en la costa del Puerto de Santa María; el Rayo, el Monarca, son abandonados por inútiles en Sanlúcar de Barrameda. Estos de los españoles; de los de Francia se descubrían al Plutón, al Neptune y al Heros, desarbolados; al Argonauta, al Algesiras y al Aigle, boyas en la Bahía; al Fogeuaux perdido en estas playas; el Bucentaure, sobre la relinga de piedras inmediatas a la punta de San Sebastián; al Indomtable sumergido en el mismo canal; al Berwick, abandonado en la costa; las cinco fragatas y los dos bergantines ilesos en la Bahía.» Adolfo de Castro. Historia de Cádiz.


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