162. LAS DECORACIONES DE ACCAME PARA EL CARNAVAL (I)
9 02 2010Tradicionalmente la plaza de San Antonio era el centro de la animación del Carnaval. El Ayuntamiento encargaba la decoración de esta plaza al artista gaditano Antonio Accame, que realizó auténticas maravillas. En algunos de estos trabajo de decoración Accame contó con la colaboración de los extraordinarios pintores gaditanos Godoy y Abárzuza. No es extraño, habida cuenta la calidad de los aryistas, que las decoraciones del Carnaval causaran admiración entre propios y extraños.

Carnaval de 1907 y 1908 en la plaza de San Antonio. Sombrilla japonesa obra de Antonio Accame.
Una de las primeras fue la monumental sombrilla. Fue instalada para el Carnaval de 107 y también se colocó en el del año siguiente. Contaba con una pasarela de tres metros de altura y la sombrilla alcanzaba los quince metros de altura, con un diámetro de ocho metros. Para la noche se contó con una iluminación eléctrica realizada por el ingeniero Gatell. Debido a la calidad del adorno, quedó prohibido bailar en la pasarela, como hasta entonces ocurría.

El ingeniero Gatell, de la compañía del Gas Lebón, fue el encargado de la iluminación nocturna de la sombrilla japonesa.
En 1911, Antonio Accame decoró la plaza de San Antonio con un artísitico templete sostenido por cuatro enormes elefantes. Godoy colaboró en la realización de este fantástico adorno.

Carnaval de 1911. Templete sobre cuatro elefantes.
Otra artística y extraordinaria decoración fue el pavo real colocado por Accame en el centro de la plaza de San Antonio en1927

Decoración carnavalesca de primeros del siglo XX.
Las decoraciones de Accame duraron hasta la llegada de la Guerra civil y la supresión de las fiestas de Carnaval.

El pavo real instalado por Accame en 1927 en la plaza de San Antonio. Los coros y comparsas ofrecían su repertorio desde el templete.
Categorias : Antiguos, Artes, Carnaval, Cultura, General, Historia




Luis Alberto y Miriam Conde Fernández.

Del uniforme al pañuelo blanco porque Eduardo, toda su vida laboral, ha sido un popular guardia municipal en Cádiz, pero siempre tenía muy cerca del corazón el pañuelo blanco que guardan todos los aficionados a los toros para pedir las orejas, porque su natal barrio de Santa María, el flamenco y los toros han sido sus ilusiones, que ha conservado siendo un activo miembro vecinal de la barriada de Loreto, donde todos le conocen por su nombre. 

Paco Sánchez Sanchís fue un hombre que supo ganarse la admiración y el respeto de sus paisanos al soportar con valentía una parálisis progresiva que lo tuvo atado largos años a una silla de ruedas. Con su minusvalía a cuestas desarrolló múltiples ocupaciones y aficiones y sobre todo fue un gran cultivador de amigos, fieles y queridos. Un hombre que tuvo a Cádiz como pasión principal y luego su Cádiz Club de Fútbo, el cante, la canción española y los toros. (Francisco Sánchez Sanchís, un gaditano muy recordado y que sentó sus reales en el Arco de Garaicochea)
También fue amigo de Rafael Ortega y seguidor de los rejoneadores Luis y Antonio Domecq. El flamenco era otra sus grandes aficiones y era habitual verlo en compañía del Beni de Cádiz, del Cojo Peroche, de Eugenio Salas Niño de los Rizos o el pianista Felipe Campuzano, y no había espectáculo flamenco donde no acudiera. Acudía a todos los actos culturales que podía, con sus acolitos que se encargaban de colocarlo en primera fila y de llevarlo a todas partes en su furgoneta. La inmovilidad de Paco nunca fue un obstñaculo para estar presente en todas partes y por supuesto para visitar y apoyar a sus amigos. Con Paco era totalmente cierto eso de que la amistad mueve montañas. (El Cádiz fue una de las grandes pasiones de Paco, que aparece en la foto con tres grandes amigos, los futbolistas Hugo Vaca y Mané y el inefable gaditano de la diáspora Miguel Polanco “Pelón de Cádiz”).
El gran ‘Noly’ asegura no tener una fórmula magistral para componer sus pasodobles. Cuando suenan sus pasodobles un silencio sepulcral reina en el Falla. Considerado uno de los mejores músicos del Carnaval contemporáneo, sus creaciones son fijas en el repertorio de las reuniones de aficionados. 



En 1810, durante la Guerra de la Independencia, es hecho prisionero por los franceses en Arguillos y permanece preso en Valladolid, convirtiéndose poco después en un oficial del gobierno del rey José Bonaparte. Años después, recuperó todos sus despachos, al acogerse a la amnistía que en 1833 otorgó el Marqués de las Amarillas a la muerte del rey Fernando VII. Según su expediente militar, fue amnistiado de su condena por su “conducta militar y política que observó ausente su permanencia con los enemigos de la guerra de la Independencia, por lo que fue privado de su empleo.” Mateo Hurtado fue, pues, un afrancesado o josefino que consiguió su “purificación” definitiva a la muerte del rey Fernando VII.

























Últimos Comentarios