Gente y habitantes de Cadiz » Carnaval

377. FRANCISCO SERRANO SARA. Paco El Corneta.

3 01 2011

Justo 30 años después de que muriera un Beatle de los de Inglaterra, John Lennon, falleció otro ‘Beatles’, éste de Cádiz.  Francisco Serrano Sara murió el 8 de diciembre de 2010 en la Clínica San Rafael de Cádiz, a las 3,15 horas, a los 86 años de edad.

Conocido como Paco ‘el Corneta’ y con destacada voz de segunda, formó parte de la comparsa ‘Los Escarabajos Trillizos’, convertidos luego en ‘Los Beatles de Cádiz’. El Corneta participó, además en muchos coros de El Quini como ‘Los Marcianos’, ‘Los Pepelines’, o ‘Los de Pura Cepa’.

Dos hijos suyos continuaron  la tradición familiar. Francisco, conocido como ‘Paquito el Corneta’, fue componente de comparsas de renombre de Paco Alba y también salió en’Angeles y Demonios’ y ‘Agua Clara’, de Antonio Martín. Por su parte, Rafael fue batería en los famosos ‘Ye-Yes Gaditanos’.

Pasodoble ‘Con este peinado’. Los Beatles de Cádiz. 1965.



364. EDUARDO GENOVÉS. El alcalde que dio nombre al parque

11 10 2010

genovés_1Eduardo Genovés Alcalde, presidente de la Diputación, senador del Reino, hijo adoptivo y benemérito de Cádiz y poseedor de numerosas distinciones. Sin embargo Eduardo Genovés y Puig siempre será conocido en Cádiz como el que dio nombre al antiguo parque de las Delicias.

Genovés había llegado a Cádiz siendo muy niño. Dedicado a los negocios, pronto su vida estaría dedicada a la política, ya que en 1863, con apenas veinticuatro años es nombrado regidor de la ciudad. De esa época data el primer gran proyecto de Genovés para la ciudad de Cádiz, el ensanche de la plaza de la Catedral. Esta obra, de gran trascendencia para la vida de la ciudad, la culminaría el propio Genovés cuando a finales del siglo XIX ocupó la alcaldía de Cádiz.

Militó siempre en las filas conservadoras, fundando el periódico ‘La Voz de Cádiz’. Tras el derrocamiento de Isabel II, Eduardo Genovés colaboró con Antonio Cánovas del Castillo para conseguir la restauración monárquica en la persona de Alfonso XII.

En 1885 ocupa la presidencia de la Diputación Provincial, defendiendo el mantenimiento de la Carraca como factoría naval y medio de subsistencia de multitud de obreros gaditanos. Esas gestiones hicieron que Genovés fuera nombrado hijo predilecto de la ciudad de San Fernando.

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Imagen antigua del Parque Genovés

Durante su última etapa al frente del Ayuntamiento, Genovés acometió la reforma del paseo de las Delicias. Una reforma que había iniciado el alcalde Juan Valverde, de cuya política y proyectos era fiel seguidor Eduardo Genovés.

Retirado de la política, el 5 de julio de 1897 Eduardo Genovés sufrió un ataque al corazón mientras paseaba por el parque que lleva su nombre. Tres días más tarde fallecía en su domicilio de la plaza Gaspar del Pino.



343. FOTOGRAFÍAS PARA EL RECUERDO. El ‘Pay-pay’ y la plazuela del Tío de la Tiza.

16 09 2010

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307.- JOSÉ FERRADANS IGLESIAS. Pepiño el del Anteojo

9 07 2010

ferradans-portadaLe gustaba decir que era el único gaditano nacido en Galicia y sin embargo vio las primeras luces en La Estrada, un pueblo cercano a Santiago de Compostela en 1926.

La Estrada es la patria chica de la mayoría de los gallegos que magistralmente han frito el pescado en nuestra ciudad.

A fuerza de trabajo y con los ahorros, aquel simpático aprendiz que llegó a Cádiz con 13 años adquirió en 1948 un restaurante en La Alameda que ya existía desde principios de siglo: El Anteojo. (José Ferradans Pepiño, popularísimo y muy querido en Cádiz).

Lo financió con sus ahorros, la hipoteca de la casa de sus padres y asociado con un amigo que trabajaba en la Cafetería Andalucía. Muy pronto José Ferradans, Pepiño , supo atraer a familias y reuniones y El Anteojo se puso de moda, albergando además bodas, botaduras, celebraciones.  Diez años después ya era único propietario.

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1963, 17 de marzo, excursión de cadistas clientes de El Anteojo a Valencia. El Cádiz juega con el Levante y estuvo durante 15 minutos en Primera División, el tiempo que fue ganando. Un grupo de cadistas, directivos y aficionados, fletó un avión de Spantax, en la foto, para el desplazamiento. El piloto también era de Cádiz: Luis Machuca Ruiz. En la foto, entre otros, el presidente Paco Márquez, Pepiño, Diego Grimaldi, Eduardo Lumpié, Rafael Grimaldi, Pepe Murillo, Ángel Íñiguez, Manolo Escalante, Eduardo San Juan, Arturo Fernández de la Puente, Rafael de la Torre, Miguel Alfaro, Juaneli Fernández y Miguel Sibón. En aquellos años la afición no se vestía de amarillo pero era de altos vuelos.

El género que servía Pepiño era el mejor de las lonjas. Fue el primero que trajo género desde Galicia: mariscos, carnes y el imprescindible lacón con grelos. A ello había que sumar el afable trato de Ferradans, verdadero número uno con los clientes de la casa. El viejo restaurante se quedó pequeño y su fama se extendió por España. Mientras derribaba el viejo restaurante para edificar otro más moderno, se trasladó a una edificación efímera en frente, junto a la desaparecida Cruz de los Caídos.

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Navidades en el primitivo Anteojo. Todavía Pepe Ferradans, el mejor restaurador de Cádiz, no había emprendido la reforma del edificio El Anteojo, en la Alameda. Detrás del mostrador, y festejando las Navidades, aparecen de izquierda a derecha: Martínez, Pepiño, Miguel Sibón, Manolo Cano-Manuel, Jesús Ascorve, Angel Benavides, Katete Durio y Valentín Lasanta.

Otro triunfo. En 1975 inauguró el nuevo restaurante ante dos mil personas, en uno de los banquetes más extraordinarios y espléndidos que se han servido en nuestra ciudad. Otra de sus pasiones fue el Cádiz CF.

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Ambiente carnavalesco en los años setenta del siglo pasado en la terraza de El Anteojo.

Buena parte del éxito del establecimiento se debe a la dependenci: nombres que permanecen y son muestra de una verdadera escuela hostelera de sello propio y que se desvivía por el cliente: los hermanos de Pepiño , Albino y Rolando; José Gil Basteiro, Papi; Daniel Loureiro; los mâitres Iglesias, Quintero, Galisteo y Emilio Martínez; cocineros como Jesús Frende, Manuel Rivadavia, Jesús Pazos y José López , además de verdaderos ases de la barra como el apreciado Ángel Benavides, el eficaz Ambrosio Gómez de Vejer; Antonio Naranjo, España; Juan Melero, Chozas; Sebastián Flor Mejías; Juan Guerrero; Diego Mena, Manuel Zarzuela; Fernando, El Cateto; Manuel Mura; José Leal, Couto; el chófer de la casa José Luis Morillo, y el imprescindible Martínez, hoy retirado en La Viña y muchos otros profesionales inolvidables que recordamos pero que no podemos citar con precisión sus nombres.Todos fueron ejemplares atendiendo al cliente. Que los imiten.



306. JOSÉ MONZÓN GUERRERO. Cuando Cádiz ganó para España.

8 07 2010

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José Monzón y sus compañeros fueron portada de Diario de Cádiz.

José Monzón Guerrero logró hace 31 años, junto a Antonio Flor y José Luis Guerrero, el Festival de la Canción Infantil Iberoamericana con ‘La canción del Marinero’. Un auténtico ‘bombazo’ en España. José Monzón Guerrero salió en el Diario de Cádiz y en grandes titulares en primera página. Su gesta, junto a Antonio Flor y José Luis Guerrero de la Mota, dio la vuelta a toda Europa. Estos tres chavales lograron el triunfo, rotundo e inapelable, a España y a Cádiz en el I Festival de la Canción Infantil Iberoamericana celebrado en el Teatro Real de Madrid. 1979 fue el Año Internacional del Niño. Para celebrar tal acontecimiento el entonces Ministerio de Educación convocó el concurso, al que acudió Cádiz, representada por alumnos del Colegio Salesiano. “Cádiz ganó para España”, apuntaba el Diario, ilustrando la noticia con una gran fotografía de los niños cantando la “Canción del Marinero”, con letra del propio director de la escolanía del Colegio Salesiano de Cádiz, José Antonio Galiana, y música del maestro Escobar, que obtuvo el reconocimiento a la mejor composición, la cual decía “no en el din, din, din, din, din de tu dinero. / Ni en el tan, tan, tan, tan, tan de los motores. / Ni en el humo, ni en la espuma de los vientos hallarás marinerito tus amores”.

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Recieron una calurosa bienvenida en el colegio Salesianos.

José Monzón recuerda como si fuera ayer el acontecimiento, que se convirtió en el Operación triunfo o el Eurojunior de la época. “Me acuerdo que el festival fue televisado por la primera y única cadena. En Cádiz fue un auténtico bombazo. El recibimiento en la ciudad fue apoteósico”, señaló José, que en la actualidad trabaja en Telefónica y que no emprendió una carrera musical después de aquello. “Ahora formo parte del coro de San Francisco. Ah, y también canto en la ducha”. Aficionado al Carnaval, fue en 1980 con la comparsa infantil ‘carnavalito Chino’, consiguiendo el primer premio. Al año siguiente, la mayoría de agrupaciones carnavalescas que participaron en el Falla incluyeron en su popurrí ‘La canción del marinero’. Como anécdota, José cuenta que tras la celebración de la última edición del concurso Eurojunior, sus hijas Rosa y Celia, le dijeron que la representante de España, María Isabel, con ‘Antes muerta que sencilla’ había ganado el certamen: -”Papá, papá, la niña de Ayamonte ha ganado el Eurojunior”. -”Mira Celia, tu padre, hace 31 años, ganó también un concurso del mismo o más nivel y con más repercusión que el Eurojunior”. José Monzón no quiere dejar pasar la oportunidad de enviar un fuerte abrazo a Antonio Flor y José Luis Guerrero de la Mota, compañeros y ex alumnos del colegio Salesianos.



269. El BUITRE.

1 06 2010

buitre_1Estamos próximos a celebrar el segundo Centenario de las Cortes y Sitio de Cádiz y el monumento de la plaza de San antonio, a buen seguro, se convertirá en lugar propicio para recuerdos y homenajes. Una buena ocasión para que recordemos ahora al visitante más famoso que ha tenido esta bonita construcción en sus casi cien años de historia y que no fue otro que el célebre buitre que allí se instaló en octubre de 1956.

En la imagen aparece un reprioducción de Diario de Cádiz de 1956 con la fotografía del buitre en lo más alto del Monumento a las Cortes

Paco Alba, con Los Sarracenos, inmortalizaría al buitre en las Fiestas Típicas de 1957. José María Pemán escribiría un extraordinario artículo sobre el animalito y sobre las peripecias de los gaditanos ante tan extraño visitante.

Pero fue un periodista de Diario de Cádiz, el recordado Fernando Fernández, el primero que, al relatar la noticia, añadió unas notas de ironía y buen humor que aún hoy se recuerdan.

En efecto, Fernández no se limitó a contar a sus lectores que un buitre estaba posado sobre el Monumento a las Cortes. Añadió que las madres de la plaza de España estaban asustadas con el pájaro y que hasta las palomas “viven con el miedo metido en el buche”. El periodista aseguraba muy seriamente que los padres, al salir hacia el trabajo, ordenaban a sus esposas que no salieran a la calle y que “cerraran las ventanas para que no se colara el buitre”.

Ironías y bromas aparte, lo cierto es que las autoridades de la época, en colaboración con la Peña de Cazadores, decidieron abatir al buitre. A las 7,40 horas de la mañana del 18 de octubre de 1956, unas perdigonadas de aire comprimido “para no estropear el Monumento” obligaban al pájaro a levantar el vuelo. Manuel González Allely, de un certero tiro, se encargó de matar al buitre. Ese mismo día, cientos de gaditanos desfilaron por la Peña de Cazadores para ver el cadáver del bicho y felicitar al ‘buitricida’.



259.- LOS PIRATAS DEL CALLEJÓN. La huella de los amotinados del “Defensor de Pedro”

22 05 2010

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La calle que une la plaza de Fray Félix con la de la Catedral Nueva recibe el tradicional nombre de Callejón de los Piratas, tras varios años denominándose del Chantre. Aunque es discutible el origen del nombre de esta calle, la versión más verosímil es que allí encontraron refugio los piratas del ‘Defensor de Pedro’, que hace casi dos siglos años fueron ajusticiados en nuestra ciudad.

El ‘Defensor de Pedro’ era un buque brasileño que se dedicaba al tráfico de esclavos. En 1828 los tripulantes se sublevaron y mataron a su capitán, dedicándose a partir de entonces a la piratería bajo el mando de un sanguinario gallego llamado Benito de Soto. El piloto del barco filibustero, Manuel Antonio Rodríguez, por rencillas con su capitán pirata, encalló el barco en la playa de Cortadura, frente al ventorrillo de El Chato. En la arena ocultaron el botín que llevaban a bordo y caminaron hacia el interior de la ciudad haciéndose pasar por pacíficos marineros, alojándose en una pensión de la calle Chantre.

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En el año 2003 salió en los carnavales de Cádiz el coro “Defensor de Pedro”, agrupación gaditana con letra y música de Francisco Javier Díaz Quintana. El tipo representaba a los piratas que ocuparon el barco de esta historia y que dio nombre a la calle Chantre. El tipo de esclavos negros formaba la orquesta. Otra huella de un siceso que conmovió a la ciudad.

benito-de-sotoPero tuvieron mala suerte. Un inglés que se encontraba de paso en Cádiz los reconoció por la calle y dio cuenta a las autoridades. Tras un largo y ruidoso juicio, los piratas fueron condenados a diferentes penas. El jefe de los piratas, Benito de Soto, fue ahorcado, arrastrado, descuartizado y su cabeza colocada a orillas del mar para público escarmiento. José Dos Santos y Nicolás Fernández se libraron de ser arrastrados, pero fueron ahorcados, descuartizados y sus cabezas expuestas igualmente. Antonio de Saida y Víctor Sain Ciz de Barbacin solo fueron ahorcados y sus cabezas cortadas, para ser expuestas al público. Guillermo Tato, Federico Larreada, Niño Pereira, Francisco Gorvin, Pedro Antonio de Uloaza, Domingo Herráez y Joaquín Francisco Muro no se libraron de la horca, aunque sí de que su cabeza se colocara a orillas de la mar. (Al lado, Benito de Soto).

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El resto de los piratas, Manuel Antonio Rodríguez, Manuel José de Freitas, José Antonio de Silva, Noel Grondon, Francisco Vivien, José Martín y Cayetano Sánchez fueron condenados a años de presidio. El lugar de las ejecuciones fue los terrenos de la Punta de la Vaca, hoy Astilleros Españoles. Años más tarde, en 1904, aparecieron los llamados ‘duros antiguos’. Entre las teorías que se barajan sobre la procedencia de estas monedas una de ellas afirma que se trataba del tesoro escondido por los piratas del ‘Defensor de Pedro’.



178. PASCUAL GARCÍA DE QUIRÓS (MACARTY). El catedrático del cadismo.

25 02 2010

macarty-cara-cafePascual García, conocido mundialmente como Macarty, falleció en 2007 a los 63 años. Macarty fue un viñero nacido en Cáceres que revolucionó las costumbres populares hace más de medio siglo y que puso la primera piedra al sueño de la afición cadista. Fue el ‘repartidor oficial’ de cafés en la plaza de abastos.

Pascual Macarty fue una persona irrepetible, que se hizo famoso no tanto repartiendo cafés en el Andalucía como por ser el hincha número uno del Cádiz C. F.  Se apasionó con el equipo amarillo en una época complicada, cuando Francisco Márquez Veiga y su directiva viajaban por esos campos de Dios y aún no se había saboreado la gloria de Primera División.

Durmiendo y soñando con su Cádiz, con su Caleta, con su plaza de las Flores. Probablemente así se marchó Pascual García de Quirós Caballero, Macarty, la primera persona de este mundo que se volvió loco por el cadismo.

Pascual nació en Cáceres, aunque a los pocos meses de nacer su familia se trasladó a Cádiz, donde creció como un viñero más, enamorándose de cuanto le rodeaba, de su playa escondida entre castillos, de sus fiestas, de la que fue protagonista por su buen humor y descaro, formando parte como postulante del coro de la Salle Viña o la chirigota de Manolo Santander, que en vida le dedicó un pasodoble extraordinario. “Cada vez que ganaba el Cádiz había que enviarle un ramo de flores a la Patrona. Tenía la cabeza muy bien y lo había dejado todo preparado. Los floreros de la plaza de Abastos tenían esa orden y Pascual les había dejado dinero para ello”, comentaba un amigo íntimo tras su falleciento.

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Macarty, acompañado por Mágico González y la plantilla del Cádiz. Miren la cara de felicidad.

Pascual era un apasionado de Cádiz pero nunca olvidó sus raíces, de hecho, era socio de la Casa de Extremadura en la ciudad, con la que colaboraba activamente. Su prima no podía dejar de insistir en que “por ponerse una camiseta de su equipo, el Cádiz y una bufanda y acudir al fútbol dispuesto a animar a su equipo lo llamaban loco”. Esa locura, bendita locura, ha germinado ahora en un sentimiento que va más allá del fútbol y que casi puede considerarse una religión, una religión que perdió a uno de sus principales correligionarios, uno de esos que lloraba de emoción o de rabia, de los buenos.

macarty carnavalAllí, libre ya de sus ataduras, podrá volver a dar saltos de alegría en el marcador de la torre de Preferencia, disfrazarse de masajista del Atlético Agujetas o encender velas a su Virgen de la Palma. “Gracias a Macarty y a su bendita locura, es posible que un día, dentro de algún tiempo, le cuente a mi hijo que la primera vez que lo llevé al fútbol, con apenas dos años, fue un Domingo de Ramos en que Cádiz y Sporting de Gijón empataron a uno en un feo partido. Y puede que le diga que si nadie le miró con cara de asombro mientras observaba la camiseta del Cádiz que vestía fue porque medio siglo antes un ser enorme, pese a su poco más de metro y medio de estatura, desafió las costumbres recatadas de su querida ciudad y puso la primera piedra al sueño de una afición. Ese mismo día, Pascual atravesó los umbrales de la memoria para hacerse inmortal”, señaló un amigo de verdad. Macarty, en los años setenta, haciendo feliz a la gente.

LA FINAL JAMÁS CONTADA. Por Jorge Bezares.

Pocos días antes de morir, el fotógrafo gaditano Juan Martínez Neto, Juman para todo Cádiz, me citó en una esquina de la barra del Pedrín. Llegó repartiendo besos a diestro y siniestro y con la cámara a cuestas a pesar de que gozaba de una más que merecida jubilación. Se acomodó en un taburete resoplando, me pidió tabaco y me lanzó una diatriba sobre los estancos, establecimientos que nunca frecuentó por una cuestión de principios aun siendo un fumador empedernido.

Con esa media voz que Dios le dio, un hablar tan pausado como desesperante y tras un rodeo de varias horas que comenzó en el Cádiz fenicio de Pericón y acabó justo en la plaza de San Antonio, con El Cojo Peroche y El Beni frente a la casa de Pemán, Juman me aseguró, entre susurros, que su padre, el gran Pericón de Cádiz, le legó en el lecho de muerte una historia póstuma sobre lo que aconteció en una final del Trofeo Carranza, jamás contada por orden expresa de la autoridad competente. Eso sí, antes de contármela, me hizo repetir 666 veces el equipo que logró el ascenso a Primera con Enrique Mateo y jurar sobre el gol que Mágico González le metió en 1986 al racinguista Pedro Alba que sólo haría pública la historia póstuma de Pericón cuando Saturno confluyera con Venus en el cielo de La Caleta, una extrañísima alineación que sólo se da una vez cada 69 años, cuando las mojarritas copulan con las caballas.

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Ese Cadi, oé…

Hoy, después de recibir la confirmación de la mismísima NASA, a través de un primo mío de Medina Sidonia, de que este fenómeno planetario se produjo el pasado 1 de julio, estoy en disposición de liberarme de esta pesada carga que he llevado con una discreción de Carmelitas Descalzas por la sagrada promesa que hice a Juman y, sobre todo, por la obra de arte que dejó el salvadoreño en la memoria colectiva cadista a costa del portero y la defensa del Racing de Santander.

A continuación, como un mero escribano, paso a relatar con pelos y señales en primerísima persona de Juman esa increíble final del Trofeo Carranza y pido a Dios que me ilumine en el que, sin duda, será en el mayor trance de mi vida profesional y personal.

Mi padre me contó que en un año bisiesto que ni siquiera se recoge en los calendarios y en una noche de luna, el Cádiz derrotó al Real Madrid por cuatro goles a tres en una final del Trofeo Carranza. Los cadistas habían dejado en la cuneta, en la primera semifinal, a un equipo brasileño muy conocido pero que desapareció para siempre tras el partido. Los madridistas habían pasado por encima del Inter de Luisito Suárez, con Di Stéfano, Puskas, Gento y Kopa como estrellas.

José Luis Riera, entrenador del Cádiz, había emprendido aquel año una profunda renovación del equipo apostando firmemente por la cantera por orden del presidente, don Francisco Márquez Veiga, y había reclutado en las plazas de Cádiz, en una especie de casting como el de las películas, a varios chavales que apuntaban buenas maneras y que lo demostraban a diario a costa del mobiliario municipal. En la plaza de las Flores, el técnico hizo un descubrimiento inesperado: un chicuco que vendía papeletas clandestinas y daba cafés del bar Alhambra se coló en un partidillo de selección y sin derramar una gota de siete largos de leche, cuatro cortados y tres solos que llevaba en una bandeja de latón metió, en carrera, la pelota por la escuadra de la puerta de Correos ante el asombro de todos, incluido el cartero de guardia. El mocito se llamaba Pascual García de Quirós. Medía menos de un metro sesenta y 18 años lo contemplaban. Días más tarde, Riera lo citó de forma clandestina en el antiguo campo del Mirandilla para hacerle una prueba más seria una semana antes de Trofeo Carranza. Allí descubrió que, además de golpear la pelota con precisión de francotirador, era tan rápido como Gento y un marcador insuperable a pesar de su propensión a perderse tácticamente.

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Macarty, en plena Caleta, luciendo su escultural figura y ataviado con sombrerito blanco para protegerse del sol y bañador estampado en tonos paste.

En fin, el entrenador lo convocó para el Carranza, pero lo ocultó a todo el mundo por temor a que su osadía de convertir a un chicuco en futbolista pasara a la historia en forma de una letra de Carnaval y fuera tildado para siempre de entrenador majarón. Lo rebautizó como Macarty para darle más empaque al muchacho y lo instaló en un trastero cercano al vestuario, custodiado por un acomodador de Puntales muy discreto, sordo y con la vista cansada.

En el primer partido, el Cádiz se paseó ante el combinado brasileño, que, sin duda, llegó sin fuelle tras conocer en profundidad la noche gaditana, con parada y fonda en el Pay-pay, donde, como es sabido, las mujeres fumaban y daban besos por dinero. Dos horas después de que hubiera terminado el encuentro, el entrenador cadista recuperó al chicuco, que yacía adormilado en el suelo del trastero, y sin darle ninguna explicación lo envió de vuelta a su casa.

Dos días después, el Cádiz se enfrentaba en la final al Real Madrid. Riera repitió la jugada y volvió a convocar al muchacho en el trastero. En el descanso, los cadistas perdían por 3-0, con dos goles de Di Stéfano y uno de Puskas. El saco parecía estar servido para satisfacción de los gaditanos llegados de la provincia y para disgustos de los nativos cadistas. En el minuto 7 de la segunda parte, el entrenador amarillo salió disparado del banquillo, se adentró en el vestuario e instantes después apareció en el campo con Macarty. El muchacho portaba una camiseta que casi le cubría las rodillas y llevaba el número 13. De inmediato, Riera pidió el cambio: el sustituido era Adolfo Bolea. Cuando el chicuco saltó al campo una gran carcajada explotó en el Carranza y algunos pescadores de Rota dedicados a la pesca de la urta juraron que se escuchó al otro lado de la Bahía como cuando la explosión de Cádiz. Acto seguido, un silencio sepulcral se adueñó el estadio, y un carnicero de Chiclana aficionado a la ópera aprovechó su momento de gloria y, a modo de reproche, espetó con una voz atronadora: “¡Este Cádiz, joé, Riera!”.

macarty-alcaldesaMacarty salió con instrucciones precisas de no dejar vivir a la delantera madridista, que se tomó a chanza su presencia en el campo, y de disparar a puerta sin pensárselo. Después de unos primeros momentos atenazado por los nervios, el chicuco se centró cuando Riera le ordenó: “¡Niño, como en la plaza de las Flores, sin derramar el café! En ésas se encontró en la banda izquierda con Paco Gento, que le tiró larga la pelota por la derecha y arrancó por la izquierda, casi fuera del terreno de juego, para intentar plantarse ante el portal cadista. Macarty se revolvió como un trompo, corrió como alma que lleva al diablo y dejó a la Galerna del Cantábrico en calma chicha. Los aplausos y una risa nerviosa se apoderaron del Carranza, y el carnicero de Chiclana soltó entonces: “¡Ese Cádiz, oé!”, que perdura hasta nuestros días como el grito de guerra por antonomasia del cadismo. Pero lo mejor, según me contó mi padre, estaba por llegar. La alcaldesa entrega una placa a Pascual.

En el minuto 15, ni un segundo más ni uno menos, Macarty le robó la cartera a Di Stéfano en el círculo central, avanzó unos metros y lanzó un zapatazo que se coló por toda la escuadra . El delirio llegó a las gradas. El astro argentino perdió la compostura tras recibir una reprimenda de Miguel Muñoz -la primera de su carrera deportiva-. Fue el inicio de su declive deportivo. Cinco minutos más tardes, el damnificado fue Puskas. El húngaro dribló a la defensa y al portero cadista, pero cuando iba a marcar a puerta vacía, Marcarty se lanzó al suelo, le rebañó la pelota e inició el contragolpe saliendo como un rayo por la banda derecha. Su centro-chut se coló de nuevo por la escuadra larga del portero. Sus compañeros se abalanzaron sobre el chicuco, que se vio sepultado por una montaña de gachones que lo estaban matando a besos y a abrazos. El Real Madrid de Di Stéfano empezó a temer lo peor y a conocer el amargo sabor del miedo escénico del Carranza.

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Pascual García de Quirós ‘Macarty’ fue nombrado socio de honor de la peña La Salle-Viña.

Según mi padre, desde los duros antiguos no se veía en Cádiz tal derroche de euforia colectiva. En el minuto treinta, el Madrid, con el mono de trabajo puesto, empezó a apretar y Kopa remató un cornet en el área chica a bocajarro. La pelota se fue a estrellar en la cabeza de Macarty, que se golpeó con el poste y se hizo una brecha por la que sangraba como un cerdito. La suerte de los campeones, pobre mío. El colegiado interrumpió el partido. Y el chicuco fue atendido por un jovencísimo Rovira, que le cosió sin anestesia- siete puntos y medio de sutura- y le puso una venda blanca que le cubría toda la cabeza. El Cádiz se rearmó y Macarty remató de cabeza en plancha un centro medido que acabó, cómo no, entrando por la escuadra. Ojú, el estadio entero lloraba: unos de alegría y otros, los de la provincia, de pena. 3-3, y el héroe de la remontada volvió a sangrar tras el testarazo pero continuó en el terreno de juego.

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Rodeado siempre de símbolos cadistas.

El tiempo reglamentario se cumplió, y los jugadores de ambos equipos afrontaron la prórroga muertos. Tras unos treinta minutos complementarios marcados por un toma y daca permanente, sin tregua, el empate seguía en el marcador. Y a un aficionado cadista, de profesión inventor, se le ocurrió que el triunfo se dirimiera desde el punto de penalti -por primera vez en la historia del fútbol mundial- y el alcalde de Cádiz, José León de Carranza, le dio el visto bueno por parecerle ingenioso: un jugador de cada equipo lanzaría desde los once metros, más o menos. Di Stéfano hizo una paradiña y mandó el balón al travesaño. Como no podía ser de otra forma, Macarty era el encargado de lanzar por parte de Cádiz. Riera le dijo que tirara fuerte y a la escuadra, pero cuando se encaminó hacia la pelota tropezó, se rehizo como pudo y sólo acertó a picar el balón con suavidad por el centro de la portería. Gol a lo Macarty y no a lo Panenka. El jugador checo lo ejecutó igual pero 20 años después. El Carranza se caía mientras los jugadores del Cádiz volvían a sepultar a Macarty y los del Madrid, abatidos, yacían llorando sobre el terreno de juego.

El alcalde de Cádiz no cabía en su orondo cuerpo. Pero la alegría iba a durar poco. Según me contó mi padre en su lecho de muerte, un número de la Guardia Civil requirió en plena jarana al primer edil gaditano. Tenia una llamada telefónica muy importante. La conversación fue corta pero muy clarita: -“Buenas noches, José León, te llamo para ordenarte que ese partido no lo puede ganar el Cádiz por una cuestión de Estado, por España. Así que lo mejor es que digáis que no se pudo celebrar al inundarse el campo por una tormenta de verano. Conviértelo en una piscina y la agencia EFE hará el resto“, le ordenó su interlocutor a Carranza. -“Pero cómo se lo explico al pueblo de Cádiz, excelencia“, acertó a contestarle el alcalde gaditano. -“Pues dile que os voy a hacer ese puente que me vienes pidiendo de forma tan insistente“, concluyó la autoridad competente tras un viva a España.

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Macarty y Luque bailan en el vestuario del Martínez Valero tras el ascenso de 1981.

Al día siguiente, DIARIO DE CÁDIZ informó a toda plana que Franco había ordenado la construcción de un puente sobre la Bahía. Y, como segunda noticia, que la final del Trofeo Carranza no se había podido jugar por una tormenta de verano. Una foto, con el campo convertido en una piscina, justificaba la decisión. Además, comunicó que la edición de este año bisiesto había quedado anulada en su totalidad por orden gubernativa. Así, el Cádiz, que participaba por primera vez, no debutaría oficialmente en el Trofeo de Trofeos hasta muchos años después.

Cádiz entero asumió el trato como bueno pero a regañadientes, y Macarty, decepcionado, volvió al trajín diario del mercado y nunca más jugó profesionalmente al fútbol. Pero dicen que en la plaza de las Flores de madrugada montaba partidos clandestinos. Allí, entre sus cuatro esquinas y con la puerta de Correos como portería, se hicieron peloteros o mejoraron Machicha, Juanito Mariana, Monolín Bueno, los hermanos Mejías, Juan José, Mágico González, Quevedo, Barla, Jose, Cortijo, Calderón y Kiko, con Macarty como maestro.

El chicuco tiene una prueba irrefutable de aquel glorioso partido: la camiseta que lució Di Stéfano manchada de sangre, con una dedicatoria de puño y letra del astro argentino: “Para Macarty, el mejor jugador del mundo. Cádiz, 4; Real Madrid, 3. Final Trofeo Carranza“. Palabra de Pericón”.

Tras esta increíble historia que me contó Juman, años más tarde supe que el cajonazo que le dio el jurado a ‘Los Cubatas’ -por orden de Carlos Díaz- en las semifinales de 1986 del concurso del Falla se debió a que la chirigota de Paco Rosado amenazó con cantar un cuplé revelando la final jamás contada. Decía así: “Llevo tantos años queriendo contarlo/que esta noche no me calla nadie a mí./Un Trofeo a mi Cai le mangaron./¡Le hizo cuatro en la final al Madrid!/ Macarty fue la bomba que puso Riera pá destrozarlos/ y pá acallar las bocas/tuvo que hablar hasta el mismo Franco:/ “Si ahí nunca hubo Trofeo,/ yo te construyo el puente que falta”./ Y se imagina usted ya/ lo que contestó Carranza./ Si te sientan mal los cubatas,/no te pongas metepatas./¡Ay, acuéstate!/¡Ay, acuéstate!/¡Ay, acuéstate!”. (Texto JORGE BEZARES).