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350.- FRANCISCO SÁNCHEZ DEL ARCO. El primer periodista gaditano corresponsal de guerra

24 09 2010

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Francisco Sánchez del Arco nació en Cádiz en 1816. Periodista y autor teatral de éxito, fue el editor-responsable del periódico “El Constitucional” y de su suplemento: “Fray Gerundio y su Lego Tirabeque”. Dio a la imprenta en Cádiz obras para teatro entre 1847 y 1851 como “La sal de Jesús”, “La Serrana”, “¡Es la chachi!” y “Tal para cuál o Lola la gaditana”, ésta última, con otras de otros autores, fue el antecedente del arquetipo de nuestra Lola la Piconera. Arriba, el teatro de operaciones de la Guerra de África 1859-1960 donde además de Sánchez del Arco fue corresponsal de guerra Pedro Antonio de Alarcón.

También fue el autor de “Abenabó”, drama histórico; “El cuerno de oro”, ópera cómica; “El rey de Andalucía y guapo Francisco Esteban”, drama o “Urganda la desconocida”, comedia de magia. Además fue durante dos años diputado a Cortes.

prim-verticalMurió en Ceuta en 1860, ejerciendo de corresponsal de guerra para el periódico “El Constitucional” que hemos dicho que dirigía. La fama de iniciar este género en combate, precisamente en esa guerra de Marruecos de 1860, le corresponde a Pedro Antonio de Alarcón, pero se olvida que allí se dejó la piel este periodista gaditano, primero de la larga lista de quienes han perdido la vida a consecuencia de informar desde la peligrosa línea de fuego. Su fallecimiento no fue debido a un hecho de armas sino al cólera que azotó al contingente español en aquella contienda hispano-marroquí, que se desencadenó a finales de 1859. O’Donell estaba en el poder desde el verano anterior y fue la campaña de la toma de Tetuán y la batalla de Los Castillejos. Al lado el general prim, héroe de la batalla de Los Castillejos.

El Comercio, en su número de 8 de abril de 1860, daba noticia del fallecimiento del director del otro periódico gaditano con el que mantenía una reñida competencia y entablado agrias polémicas: “Falleció en Ceuta… el dos de abril de un ataque de cólera fulminante… durante 18 años fue periodista en Cádiz… su pobreza fue hija de su honradez”. Ahí queda eso. Poco después se le rindió un homenaje literario en nuestra ciudad con elogiosas obras de diversos autores, promovido por Adolfo de Castro y el Ateneo, pero tal vez el mejor elogio se lo hizo la competencia. Que no se olvide.



340. FRANCISCO FLORES ARENAS. Director de La Moda

13 09 2010

Militar, ingeniero, catedrático de Medicina y periodista. Francisco Flores Arenas fue director de la famosa revista La Moda, una publicación muy del gusto de la sociedad gaditana de la segunda mitad del siglo XIX.

Flores nació en Cádiz el 4 de septiembre de 1801. Ingresa, con dieciséis años, como cadete en el regimiento de zapadores minadores. Poco después pasa al cuerpo de Ingenieros, saliendo teniente en 1823. Según una biografía realizada por Enrique Moresco, Flores Arenas fue hecho prisionero por la escuadra francesa que bloqueaba el puerto de Cádiz en 1823 cuando se dirigía a nuestra ciudad para prestar sus servicios. Al año siguiente decide pedir el retiro y comenzar a estudiar la carrera de Medicina.

Su paso por la Facultad fue brillantísimo, obteniendo sobresaliente en todas las asignaturas y consiguiendo el premio anual al alumno más destacado.

En 1837, Flores Arenas gana por oposición la cátedra de Terapéutica, Materia Médica, Arte de Recetar y Elementos de Química. Posteriormente obtuvo la cátedra de Fisiología e Higiene privada.

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La vieja Facultad de Medicina de Cádiz, en la plaza de Fragela.

Desde 1871 hasta su fallecimiento fue decano de la Facultad de Medicina.

En el campo literario, Flores Arenas escribió numerosas obras, destacando la novela `La Alameda del Perejil’ y la comedia `Coquetismo y presunción’, que fue estrenada con éxito en Madrid.

Fue fundador y presidente de la Asociación de Cervantistas de Cádiz y miembro de diversas entidades culturales y literarias de nuestra ciudad.

Desde las páginas de La Moda, Francisco Flores mantuvo numerosas polémicas, destacando por su oposición al Carnaval y a la fiesta de los toros. Falleció el 28 de octubre de 1877.



338. IMPRESO EN LA CALLE ANCHA. La primera tauromaquia a pie de la historia

10 09 2010

portada-libro-hillo“La tauromaquia ó arte de torear. Obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados y toda clase de sugetos que gusten de toros. Su autor Josef Delgado (Alias) Illo” es la primera tauromaquia a pie de la historia.

La portada lleva un escudo con las iniciales del impresor y además: “Con licencia: en Cádiz, por D. Manuel Ximenez Carreño, Calle Ancha, año de 1796″.

Se trata de un volumen en 51 menor, con 58 páginas, una de índice y el retrato del autor en una hoja colocada a continuación de la portada,  una joya para los bibliófilos taurinos.

Esta tauromaquia compartió caja de imprenta y año de tirada con el periódico “La pensadora gaditana” de Beatriz Cienfuegos.

Es sin disputa una importantísima obra en la historia de la bibliografía taurina, y vio la luz en Cádiz, una prueba más de la importancia del toreo en esta ciudad en el XVIII. Es la primera tauromaquia a pie de la historia, salvando sus dos antecedentes: el manuscrito “Cartilla en verso en que se anotan algunas reglas de torear a pie, en prosa y en verso” y “Noche phantástica, ideatico divertimento que demuestra el méthodo de torear a pie” de Eugenio García Baragaña y fechado en 1750.

cara-hillo-verticalEste libro, hoy de altísimo valor, estaba a la venta en Madrid por 6 reales en la Librería de Cerro de la calle Cedazeros, y en su puesto calle de Alcalá, frente a S. Bruno, según el anuncio publicado en Diario de Madrid el 11 de octubre de 1796.

No fue, en todo caso, mal año para el torero Pepe Illo, además de la edición de este libro, compró dos casas en Sevilla a Joaquín de Olivares, un farolero. Pagó por Ellas 46.000 reales de vellón y estaban situadas en la calle Tintes 20 y Real de San Pablo 14. De esta última no queda ni el solar, ya que hoy es vía pública por la ampliación de la calle. El torero era, además, dueño a su muerte de otra finca, la Posada de los Panaderos en Triana, en el Altozano, dando espalda a Carreteros.

El retrato del diestro que figura en el libro está dibujado por Alcántara y grabado por Bosque. Un apreciado y desaparecido bibliófilo gaditano, Federico Joly Hörh conservaba el dibujo de Cruz a partir del cuál se grabó la plancha para el libro, tesoro que existe hoy en la Fundación Joly.

Es la edición príncipe de esta tauromaquia. En España las primeras ediciones son las de Madrid de 1827, la reimpresión de 1834 y la de Madrid de 1875 a cargo de Eduardo Martínez. Hubo otra reimpresión en 1879 y la última del siglo pasado en nuestro país estuvo a cargo de Lorenzo Escribano. La edición de 1804 es aislada ya que las siguientes son fieles reflejos de la edición príncipe según análisis de Ruiz Morales. Este autor demuestra que José de la Tixera no fue el autor de este libro, sino “Un aficionado”, que la corrigió y aumentó en 1804. Este autor, además, ha elaborado su tesis a partir de un manuscrito de 1793.



334. MIGUEL AYLLÓN ALTOLAGUIRRE. Presidente del Ateneo de Cádiz

6 09 2010

AyllónMiguel Ayllón Altolaguirre (1824-1885/86?)

Presidente del Ateneo de Cádiz de julio 1858 a 1862

Miguel Ayllón Altolaguirre nace en Gibraltar en la primavera de 1824 hijo de Mateo Miguel Ayllón Alonso, diputado en las Cortes Extraordinarias que se encontraban en la roca.

Licenciado en Derecho en 1846, llega a nuestra ciudad a finales de 1857. Forma parte de la directiva que funda el Ateneo el 15 de julio de 1858 siendo elegido como presidente. La sede del Ateneo se sitúa en la calle Arbolí, nº5. Ese mismo verano crea el semanario Ateneo de Cádiz, Científico, Artístico y Literario, publicación que se editará hasta octubre de 1860.

Don Miguel se había abierto paso en la administración local: desde 1859 era vocal de la Comisión permanente de Estadística de la Provincia y, desde el año siguiente, regidor-síndico del Ayuntamiento Constitucional presidido por Juan Valverde. Desde 1860 perteneció a la Sociedad Económica Gaditana de Amigos del País.

A finales de 1859 el Ateneo de Cádiz sufraga la Medalla de Oro para premiar un acto de heroísmo y piedad que se produjera en la Guerra de África. Se le concede a Francisco López Conejero. Miguel Ayllón publica “El héroe de Anghera” (Imprenta Revista Médica, 1860).

Abandona Cádiz en el año 1865. En este tiempo Miguel había venido librando una incesante lucha contra la apatía de una ciudad languideciente.

Los siguientes años los pasa entre Zaragoza y Madrid militando en el republicanismo democrático federal publicando varias obras de carácter jurídico, entre ellas destaca el “Proyecto de Constitución democrático-federal de la República española (1875)”.

(Ignacio Moreno Aparicio, presidente del Ateneo de Cádiz)



295. CONTRASTES . Los antiguos kioscos de prensa.

27 06 2010

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Como dos gotas de agua. Instantáneas de los kioscos en la plaza de San Juan de Dios, con 90 años de diferencia. Como si de una máquina del tiempo se tratase, el Ayuntamiento de Cádiz recuperó el encanto del kiosco de prensa que durante muchos años fue testigo del transcurrir cotidiano del gaditano, instalando varias réplicas. La plaza de San Juan de Dios cuenta desde hace unos años con un nuevo inquilino, una réplica exacta del antiguo kiosco que estuvo ubicado en la calle Isaac Peral, hoy paseo de Canalejas, frente a la desaparecida Puerta del Mar. Con el derribo de las murallas a principio de siglo, en los tiempos del alcalde Cayetano del Toro, esta garita desapareció del paisaje urbano. En un principio el Ayuntamiento quiso mantener la estructura del viejo kiosco de prensa, pero tenía oxidado el alma.  Estos templetes modernos están fabricados en madera y tienen un tratamiento de poliéster para impermeabilizar la madera de la lluvia. Sus cúpulas tienen una bola de aluminio similar a los originales y cuentan con rejas para su protección, ya que últimamente “está de moda” destrozar el inmobiliario urbano. (D.J.P).



287.- CÁDIZ EN EL PALACIO DE BUCKINGHAM. Una famosa partitura

19 06 2010

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La zarzuela Cádiz fue estrenada por los compositores Joaquín Valverde y Federico Chueca sobre un libreto de Javier de Burgos, en noviembre de 1886 en el teatro Apolo de Madrid, con un éxito espectacular. El palacio lodinense donde reside la familia real del Imperio Británico.

El argumento, ya se sabe, es una trama con mucho tinte patriótico, en el Cádiz del sitio francés y las Cortes de Cádiz en el periodo de 1810 a 1812.

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Entre los pasacalles de esta obra, en la que juegan un papel muy importante los coros, hay uno que se ha popularizado como La marcha de Cádiz, una pieza que es el número más famoso de la obra. (La Orquesta Manuel de Falla y la Corald e la Universidad de Cádiz representaron brillantemente esta zarzuela, que fue muy popular).

burgosEse pasacalle cierra el primer acto y, al parecer, se basa en un himno que había dedicado el propio Chueca a Prim en 1868, con motivo del protagonismo del militar de Reus en la revolución de 1868, que destronó a la reina Isabel de Borbón, segunda de España. (El portuense Javier de Burgos).

No se olvide que Chueca fue un exaltado liberal cuyas ideas incluso le llevaron a la cárcel, donde se inspiró para una composición sobre las tribulaciones de un preso.

La pieza tuvo tanto o más éxito que la propia zarzuela, y de inmediato pasó a ser ejecutada por las bandas militares de muchos regimientos hasta el punto de que hubo quien la propuso como himno nacional en 1898, año de desastres en el que el fervor patriótico paliaba tantos cataclismos.

chuecaHasta en Londres llegó a ser popular esta música genuinamente española.

En 1890 vivía en la metrópoli la marquesa de Santurce, embajadora oficiosa de todo lo español en la capital del Imperio Británico.

La aristócrata española, poco después del estreno, llevó a Londres las partituras de Cádiz y rogó nada menos que al príncipe de Gales que la banda de música de la Guardia Real interpretara la marcha. (Federico Chueca).

También tuvo éxito la pieza en Londres y pasó al repertorio de otras muchas bandas militares inglesas.

En esa zarzuela hay otra marcha menos popular, la llamada Marcha de la Constitución, solemne y no con tanto brío como la que se ejecutaba en Londres, que esperemos que suene en el próximo bicentenario



263. EL PROGRESO CON RETRASO. La telegrafía óptica en Cuenca y en Cádiz.

26 05 2010

Días pasados, el arqueólogo Jesús López Requena presentó en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, que está instalado en Cuenca, su libro “El progreso con retraso. La telegrafía óptica en la provincia de Cuenca”. El acto de presentación contó con la presencia del gaditano y profesor Carlos Sánchez, autor de libro “La telegrafía óptica en Andalucía”, Juan Ávila, (presidente de la Diputación), Santiago Palomero (subdirector general de Museos Estatales, del Ministerio de Cultura), Sebastián Olivé (presidente de la Asociación de Amigos del Telégrafo) y el autor del libro. El director del Museo de las Ciencias, Jesús Madero, inició el acto dando la bienvenida al numeroso público asistente. Entre los invitados también estaban: Manuel Bueno (de la Asociación de Amigos del Telégrafo), Olga Pérez (del Colegio de Ingenieros de Telecomunicación de Madrid), Julio Cerdá (Archivero municipal de Arganda), Emilio Borque (experto en telecomunicación).

1 Autor y amigos

Jesús López Requena, con su libro, acompañado por algunos telegrafistas, Jesús Madero y Carlos Sánchez.

Juan Ávila anunció que iba a solicitar al Gobierno de Castilla-La Mancha que las torres telegráficas de Cuenca fueran reconocidas como Bien de Interés Cultural para promover su conservación y su probable uso social. Sebastián Olivé manifestó su alegría por la publicación de otro libro sobre las torres de telégrafo óptico y recordó el apoyo que su asociación de telegrafistas ha prestado al autor en este proyecto. Santiago Palomero leyó su interesante prólogo en el que detallaba las características de este completo estudio de las torres ópticas de Cuenca

Por su parte, el gaditano Carlos Sánchez destacó que “debemos alegrarnos de que se siga investigando sobre la telegrafía óptica con ésta y otras publicaciones para mejorar nuestro conocimiento de algunas torres gaditanas, como el Torreón de Puerta Tierra, que podía establecer una comunicación más rápida con Madrid y desde allí con Cuenca a mediados del siglo XIX. A pesar de los kilómetros, Cuenca y Cádiz se dan la mano en esta nueva publicación que nos permite saber más sobre el funcionamiento de la llamada “Torre Mathé” de las murallas de Puerta Tierra.

4  Taller

Taller didáctico con la colaboración del Archivo de Arganda.

Más tarde, el profesor Jesús López Requena desarrolló una simpática explicación de los principales motivos por los que decidió emprender hace cuatro años este trabajo exhaustivo de investigación del patrimonio conquense de la telegrafía óptica, que contaba con el mayor número de torres por provincia y se han conservado también la mayor cantidad de este patrimonio, en comparación con otras comunidades. Además de realizar una breve historia de la telegrafía óptica, Jesús López Requena confirmó que su libro había conseguido un inventario definitivo de las torres telegráficas de Cuenca, en dos líneas diferentes: en la de Madrid a Valencia (que continuaba después a Cataluña) y en el Ramal de Cuenca (desde Tarancón). El autor destacó la aportación de otros capítulos dedicados a los torreros-telegrafistas que trabajaron en estas torres y al final de la telegrafía óptica, que fue sustituida en pocos años por la moderna telegrafía eléctrica.

2 Presentacion (2)

Acto de presentación del libro: Juan Ávila, Santiago Palomero, Sebastián Olivé y el autor del libro.

Finalmente se realizó un taller didáctico, organizado por el Archivo municipal de Arganda, para el montaje de maquetas de torres telegráficas que permitían el envío de mensajes codificados. El delegado de la Asociación de Amigos del Telégrafo en Cuenca, Benjamín Prieto, transmitió varios mensajes en código Morse, por medio de señales luminosas, entre dos puntos distantes de Cuenca (el Centro de la Naturaleza Ars Natura y el propio Museo de las Ciencias). (Texto: Carlos Sánchez Ruiz)



249. EL CANAL DE LERENA. Para el vapor de Cádiz a Chiclana.

12 05 2010

El marino y brigadier honorario Juan José de Lerena y Barry emprendió al final de su vida (que ya presentamos hace unos meses) su último proyecto, después de ser el director de los telégrafos de los Reales Sitios (1831-1836) y de su gran labor como comisionado regio en la primera expedición a Guinea (1843). El emprendedor Lerena intentó sin éxito la creación de un canal de navegación desde la Bahía de Cádiz a Chiclana, atravesando en línea recta el término municipal de San Fernando. En su Memoria de 1848 lo expresaba así:  “Toda persona que tenga alguna idea de la situación topográfica de Cádiz y sus cercanías se penetrará a primera vista de las muchas ventajas que han de producirse facilitando la navegación hasta la hermosa villa de Chiclana, que la pondrá en comunicación pronta y económica con las ricas poblaciones de Medina [Sidonia], Vejer [de la Frontera], Alcalá [de los Gazules], Tarifa, Algeciras, Jimena [de la Frontera], y demás puntos comarcanos, cuya mayor parte de cereales, frutos y otras útiles producciones se consumen en aquella ciudad [Cádiz] y la de San Fernando. Chiclana será entonces lo que su posición topográfica permite: será, pues, un muelle avanzado de la ciudad de Cádiz para tan feraz y rica parte de la provincia.” “Memoria presentada al gobierno por D. Juan José de Lerena sobre el canal que ha proyectado desde la Bahía de Cádiz hasta la Alameda del puente de Chiclana.” Pubicada en el libro “Canal entre la Bahía de Cádiz y Chiclana”. Cádiz: 1848. Imprenta de D. José Mª. Guerrero).

1-Canal-1884-SFdo El Canal de Lerena aparecía en este mapa municipal de San Fernando en 1884. Se observa que Lerena casi alcanzó la calle Real. El 5 de diciembre de 1845 el gaditano Juan José de Lerena realiza una exposición al gobierno sobre este proyecto. El 15 de diciembre de 1845 presenta una memoria en la que planea seis meses para el inicio de las obras y dos años para su terminación. Por la real orden de 19 de octubre de 1847 se concede autorización provisional a Juan José de Lerena. La real cédula de 30 de agosto de 1848, se le da la concesión definitiva y ejecutoria por considerarse una obra de utilidad pública. El ministro Bravo Murillo le concede el privilegio exclusivo, con fecha 28 de octubre de 1848, para su explotación durante 80 años. El Boletín Oficial de la provincia de Cádiz termina publicando la concesión el 20 de noviembre de 1848.

En 1848 en Cádiz y en 1849 en Madrid, se publican sendos libros para ofrecer a los futuros accionistas o suscriptores los detalles de este novedoso canal marítimo para el transporte de personas y mercancías desde Cádiz a Chiclana, con tres muelles previstos: en San Fernando, en Chiclana y también en el Trocadero (en Puerto Real). El “Canal de Lerena” se iniciaba con la entrada de los vapores por el caño de San Agustín, próximo al del caño Herrera (y a la actual Bahía Sur), hasta llegar al manchón de San Agustín y a la calle Real, a la altura del Patio Cambiazo (y del actual IES Jorge Juan). Junto a esta emblemática casa isleña, se había proyectado el muelle o embarcadero en el que atracaban los vapores que venían de Cádiz. Esta primera fase fue la única que Lerena casi completó llegando a pocos metros de la calle Real.

2-Patio-CambiazoA la izquierda, el el Patio Cambiazo en San Fernando, junto a la calle Real.  Después, el canal navegable continuaba por debajo de la calle Real hasta el manchón de Hidalgo, en el actual caño del Carrascón, en donde estaba el segundo muelle o embarcadero para los vapores con destino a Chiclana. Desde allí partían los barcos hacia Gallineras y el caño principal de Sancti Petri. Desde este caño principal, Lerena tenía proyectada una prolongación en línea recta hasta el centro de Chiclana, ya que desde la Segunda Boca Seca (posiblemente un caño cortado) enlazaba con otros caños como el de Ortiz y el recodo Calera, para alcanzar el cauce antiguo del río Iro de Chiclana.

Muchos periódicos de la época (El Nacional, El Comercio, La Tertulia…) difunden este proyecto que necesitaba el apoyo de socios capitalistas. El 9 de mayo de 1850 se comunica en la prensa que la suscripción se ha cerrado y el inicio de las obras es inminente. Sin embargo en diciembre del mismo año, la Armada pide explicaciones al concesionario Lerena para que garantice que su canal no afectará al Arsenal de la Carraca; más tarde una comisión de Marina acepta los informes técnicos que confirman la viabilidad del proyecto. Ante la demora de las obras, por real orden de 25 de enero de 1854, el gobierno central de Madrid declara vigente la concesión del canal navegable a Lerena, prorrogando las obras de la siguiente forma:

“Deberá estar navegable la primera sección desde San Fernando a la Bahía en diez meses, y en el mismo período se construirá un muelle en el Trocadero. La segunda [sección] desde Chiclana a Bocaseca en 18 [meses], y la [sección] central o la totalidad del canal, al concluir los dos años [el 25 de enero de 1856].”

Todavía en marzo de 1854 la prensa hablaba de la continuación de las obras: “Hace días se nota gran actividad en los trabajos del canal que ha de abrirse hasta Chiclana. Así lo esperamos el público del señor concesionario don Juan José de Lerena, y en todos tiempos se tendrá aquel presente a quien se debe una obra de tanta utilidad.”

Sin embargo nuestro olvidado Juan José de Lerena no tuvo suerte con este ambicioso proyecto que le llevó a la ruina económica. La llegada del ferrocarril a la Bahía de Cádiz, la escasa rentabilidad de los canales navegables a mediados del siglo XIX, o el terreno fangoso que encontró en San Fernando, podrían ser algunas de las múltiples causas que impidieron este atractivo canal.

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Vista de San Fernando, en su antigua salida hacia Cádiz. El Canal estaba situado entre la calle Real y la Bahía, a la izquierda de la foto.

Hace poco tiempo, en el 2008, el profesor Gilles Multigner nos ha ofrecido una espléndida biografía de este gaditano tan olvidado: “Lerena, ese ignorado pionero de las comunicaciones” (descargable en el Foro Histórico de las Telecomunicaciones, del Colegio Oficial y Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación, en Madrid). En el XI Congreso de la Sociedad Española de Historia de la Ciencia y de la Técnica (Badajoz, 2008), los ingenieros Sebastián Olivé Roig y Jesús Sánchez Miñana aportaron nuevos datos sobre la importancia de los sistemas telegráficos de Lerena, ya que fueron esenciales para otros continuadores como Mathé. Estamos esperando con mucho interés el próximo libro del canario (y medio isleño) Francisco Bustos que nos aclarará las causas del abandono de este fracasado canal marítimo que hubiera cambiado las comunicaciones entre Cádiz, San Fernando y Chiclana.

Finalmente, nos parece sorprendente que nadie recordara aquí, en Cádiz o en San Fernando, que aquel camino tan recto y ancho que los mariscadores isleños tomaban para ir desde el Patio Cambiazo (que muchos conocían como “El Canal”) era en realidad un viejo sueño de un olvidado gaditano que intentó modernizar las comunicaciones marítimas de la Bahía de Cádiz.

(Texto: Carlos Sánchez Ruiz)