Gente y habitantes de Cadiz » Alcaldes

364. EDUARDO GENOVÉS. El alcalde que dio nombre al parque

11 10 2010

genovés_1Eduardo Genovés Alcalde, presidente de la Diputación, senador del Reino, hijo adoptivo y benemérito de Cádiz y poseedor de numerosas distinciones. Sin embargo Eduardo Genovés y Puig siempre será conocido en Cádiz como el que dio nombre al antiguo parque de las Delicias.

Genovés había llegado a Cádiz siendo muy niño. Dedicado a los negocios, pronto su vida estaría dedicada a la política, ya que en 1863, con apenas veinticuatro años es nombrado regidor de la ciudad. De esa época data el primer gran proyecto de Genovés para la ciudad de Cádiz, el ensanche de la plaza de la Catedral. Esta obra, de gran trascendencia para la vida de la ciudad, la culminaría el propio Genovés cuando a finales del siglo XIX ocupó la alcaldía de Cádiz.

Militó siempre en las filas conservadoras, fundando el periódico ‘La Voz de Cádiz’. Tras el derrocamiento de Isabel II, Eduardo Genovés colaboró con Antonio Cánovas del Castillo para conseguir la restauración monárquica en la persona de Alfonso XII.

En 1885 ocupa la presidencia de la Diputación Provincial, defendiendo el mantenimiento de la Carraca como factoría naval y medio de subsistencia de multitud de obreros gaditanos. Esas gestiones hicieron que Genovés fuera nombrado hijo predilecto de la ciudad de San Fernando.

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Imagen antigua del Parque Genovés

Durante su última etapa al frente del Ayuntamiento, Genovés acometió la reforma del paseo de las Delicias. Una reforma que había iniciado el alcalde Juan Valverde, de cuya política y proyectos era fiel seguidor Eduardo Genovés.

Retirado de la política, el 5 de julio de 1897 Eduardo Genovés sufrió un ataque al corazón mientras paseaba por el parque que lleva su nombre. Tres días más tarde fallecía en su domicilio de la plaza Gaspar del Pino.



338. IMPRESO EN LA CALLE ANCHA. La primera tauromaquia a pie de la historia

10 09 2010

portada-libro-hillo“La tauromaquia ó arte de torear. Obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados y toda clase de sugetos que gusten de toros. Su autor Josef Delgado (Alias) Illo” es la primera tauromaquia a pie de la historia.

La portada lleva un escudo con las iniciales del impresor y además: “Con licencia: en Cádiz, por D. Manuel Ximenez Carreño, Calle Ancha, año de 1796″.

Se trata de un volumen en 51 menor, con 58 páginas, una de índice y el retrato del autor en una hoja colocada a continuación de la portada,  una joya para los bibliófilos taurinos.

Esta tauromaquia compartió caja de imprenta y año de tirada con el periódico “La pensadora gaditana” de Beatriz Cienfuegos.

Es sin disputa una importantísima obra en la historia de la bibliografía taurina, y vio la luz en Cádiz, una prueba más de la importancia del toreo en esta ciudad en el XVIII. Es la primera tauromaquia a pie de la historia, salvando sus dos antecedentes: el manuscrito “Cartilla en verso en que se anotan algunas reglas de torear a pie, en prosa y en verso” y “Noche phantástica, ideatico divertimento que demuestra el méthodo de torear a pie” de Eugenio García Baragaña y fechado en 1750.

cara-hillo-verticalEste libro, hoy de altísimo valor, estaba a la venta en Madrid por 6 reales en la Librería de Cerro de la calle Cedazeros, y en su puesto calle de Alcalá, frente a S. Bruno, según el anuncio publicado en Diario de Madrid el 11 de octubre de 1796.

No fue, en todo caso, mal año para el torero Pepe Illo, además de la edición de este libro, compró dos casas en Sevilla a Joaquín de Olivares, un farolero. Pagó por Ellas 46.000 reales de vellón y estaban situadas en la calle Tintes 20 y Real de San Pablo 14. De esta última no queda ni el solar, ya que hoy es vía pública por la ampliación de la calle. El torero era, además, dueño a su muerte de otra finca, la Posada de los Panaderos en Triana, en el Altozano, dando espalda a Carreteros.

El retrato del diestro que figura en el libro está dibujado por Alcántara y grabado por Bosque. Un apreciado y desaparecido bibliófilo gaditano, Federico Joly Hörh conservaba el dibujo de Cruz a partir del cuál se grabó la plancha para el libro, tesoro que existe hoy en la Fundación Joly.

Es la edición príncipe de esta tauromaquia. En España las primeras ediciones son las de Madrid de 1827, la reimpresión de 1834 y la de Madrid de 1875 a cargo de Eduardo Martínez. Hubo otra reimpresión en 1879 y la última del siglo pasado en nuestro país estuvo a cargo de Lorenzo Escribano. La edición de 1804 es aislada ya que las siguientes son fieles reflejos de la edición príncipe según análisis de Ruiz Morales. Este autor demuestra que José de la Tixera no fue el autor de este libro, sino “Un aficionado”, que la corrigió y aumentó en 1804. Este autor, además, ha elaborado su tesis a partir de un manuscrito de 1793.



285. JUAN DE DIOS MOLINA. Un alcalde en el recuerdo.

17 06 2010

Hace setenta años, en plena contienda civil, la ciudad de Cádiz sufre la falta de alimentos, medicamentos, trabajo, libertad, vivienda más una fuerte represión considerándose este periodo de la Historia Local de Cádiz uno de los más espantosos y difíciles de todo el siglo XX. Todo estos imponderables hacen que la oligarquía gaditana no quiera hacerse con el bastón de mando del Ayuntamiento de Cádiz más preocupada en mantener su status quo que en la búsqueda del bien común del conjunto de la sociedad. En este contexto espacio-temporal se va implantando un sistema administrativo de orden jerárquico y centralista, donde los Ayuntamientos van a ser los únicos entes públicos que van a gozar de un cierto grado de libertad en su gestión.

El alcalde Ramón de Carranza está en estos momentos gravemente enfermo, obligándole su débil estado de salud a presentar su dimisión como máximo dirigente de la casa consistorial de Cádiz. Una semana más tarde, Pedro Ogalla, desempeña de forma provisional este cargo municipal con la idea de encontrar lo más rápidamente posible una persona capaz de llevar a cabo la labor de la alcaldía y a la vez representar todos los valores de la España Nacional. No siendo necesario para su elección escuchar la voz del pueblo como sucedía en la II República.

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Varela con Pemán y el alcalde de Cádiz Juan de Dios Molina en Río Arillo. 1939.

Así, el 2 de Agosto de 1937, es nombrado de manera obligada al no querer nadie en estas circunstancias tan difíciles el sillón de la Casa Consistorial, a la edad de 40 años, el ingeniero, Juan de Dios Molina, Director de los servicios municipalizados del Ayuntamiento. Sus primeras palabras públicas son reivindicar su máxima atención a la urbanización, la escolaridad y la beneficencia, ocupando dicho cargo hasta el 29 de mayo de 1940.

La falta de experiencia gubernativa, más la animadversión por la vida política es suplida por el señor Molina, con su preparación técnica junto al conocimiento directo de la realidad gaditana gracias al desempeño de su profesión laboral de Director de SMAE.

A priori, uno puede pensar según su elección, que el nuevo jefe del gobierno Local va a ejecutar una administración exclusivamente orientada hacia las clases dominantes dejando fuera de su ámbito de competencia al resto de la población. Un análisis exhaustivo y objetivo de los años 1937 a 1940, permite observar que todas las acciones municipales emprendidas durante estos años por Molina, tienen como objetivo principal el conseguir un progreso igualitario y armonizado para todas las capas sociales de la ciudad, especialmente para las clases obreras. De ahí, su interés por ejecutar obras municipales que absorban la mano de obra inactiva, edificar casas dignas para que nadie viva en condiciones infrahumanas, evitar la inmigración de capital dinerario de Cádiz para fomentar el comercio y la industria en la ciudad y la edificación y rehabilitación de escuelas (El Campo del Sur, La Salle Mirandilla, La Salle Viña, Santa Teresa, Arbolí…). La enseñanza va a ser una de sus máximas preocupaciones ya que a través de ella es posible fomentar una sociedad basada en el conocimiento donde todos los individuos tengan las mismas oportunidades. Tal pensamiento no es de extrañar teniendo en cuenta que residió en la Residencia de Estudiante de Libre Enseñanza durante su vida universitaria en Madrid.

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Plaza de San Juan de Dios, en los años 30.

La llegada de Juan de Dios Molina al Ayuntamiento de Cádiz supone una bocanada de aire fresco en la política municipal, en una época bastante gris de la historia de Cádiz, como es la guerra civil, al aplicar criterios técnicos, prevaleciendo por encima de los demás, de ahí que se rodee siempre de gestores con gran prestigio profesional como son los señores: Pérez y Díaz de Velasco, Martínez del Cerro y Conte Lacave. Según la forma de hacer política por parte de este personaje se le puede encuadrar como un alcalde – Tecnócrata. Se da también en su persona la circunstancia de ser por un lado el único alcalde ingeniero- industrial de Cádiz, no sólo de la dictadura franquista sino en todo el siglo XX. Y en ser tras el alzamiento del 18 de Julio de 1936, no en orden cronológico pero sí en cuanto a gestión municipal. El primer regidor franquista, él –porque- de esta afirmación se fundamenta, por un lado, en que al tomar el parámetro tiempo, exactamente, la permanencia en el cargo, se detecta que sus antecesores (Aranda y Carranza) no están entre los dos ni un año en dicho puesto público, tal circunstancia hace muy dificultoso por consiguiente analizar objetivamente la gestión municipal, desde una perspectiva puramente histórica y económica, al quedar sólo su administración al frente del municipio en su etapa inicial, no sabiendo, por tanto, si su modelo de gobierno hubiera sido ó no fructífero para la ciudad de Cádiz.

Textos: RAFAEL RAVINA RIPOLL.



282. El PRIMER GOL EN EL ESTADIO CARRANZA.

14 06 2010

1955 fue un año clave para el deporte gaditano. El Cádiz C.F. lograba el ansiado ascenso a la Segunda División y la ciudad inauguraba el estadio Carranza.

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Las obras de construccion del estadio Carranza en el año 1955

El 2 de septiembre de ese año, el obispo Tomás Gutiérrez bendice las instalaciones del nuevo estadio y los equipos del Barcelona y Cádiz disputan la ‘Copa Inauguración’. Ganaron los catalanes por cuatro goles a cero y el delantero azulgrana Villaverde anotó el primer tanto.

Al día siguiente, 3 de septiembre, tuvo lugar el ‘I Trofeo Ramón de Carranza’, disputado entre el Sevilla y el Atlético Club de Lisboa. Ganaron los sevillanos por dos goles a uno y Arza marcó el primer gol.

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La colocacion de las porterias del carranza. Al fondo la torre de preferencia

El primer partido oficial del campeonato de Liga disputado en Carranza enfrentó al Cádiz con el Jaén el 11 de septiembre de 1955. Los visitantes se impusieron por dos goles a uno y el primer gol fue marcado por el delantero gaditano Ayala de penalti.

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Pruebas de resistencia de la tribuna del estadio Carranza

Pero el primer gol en el estadio no lo marcaría un futbolista, sino el propio alcalde de la ciudad, José León de Carranza, un mes antes de la inauguración oficial. Carranza hablaba diariamente con los técnicos encargados de la construcción del estadio, a los que apremiaba para que finalizaran los trabajos. El 3 de agosto, comunicaron al Ayuntamiento que habían llegado las porterías reglamentarias y que se procedía a colocarlas. Carranza, sin avisar a nadie, marchó en automóvil hasta el estadio provisto de un balón. Lo colocó sobre el punto de penalti y disparó a puerta. El operario que presenció el ‘chut’ manifestó al redactor de este periódico que el alcalde exclamó: ” después de tantos problemas y disgustos, el primer gol lo marco yo”. (Jose Maria Otero)



260.- ¡QUE VIENE EL QUEU¡. Los urbanos de los sesenta

23 05 2010

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Era algo común a toda la chiquillería gaditana de los años sesenta del siglo pasado. Se jugaba en calles y plazas al fútbol con la pelota de trapo, al mangüiti, al contra de la patá y hasta se organizaban guerrillas a pedruscos y pelúas en los alrededores de la plaza de toros. Se jugara a la prohibida pelota en la playa, o se reuniera la tropa a fumar un cigarrito a escondidas, la reunión se disolvía al grito de ¡Qué viene el queu!

Por extensión el queu era el guardia municipal. Probablemente la expresión venga de la jerga de germanía de “dar el queo”, que era el grito o aviso que lanzaba el vigilante de la cuadrilla que estaba cometiendo una fechoría, cuando se acercaba la autoridad.

En este domingo vamos a recordar a aquellos guardias de los sesenta, que el alcalde León de Crranza uniformó con chaqueta azul azafata, se dice que influenciado por cómo vestían los guardia urbanos en un viaje que hizo a Alemania. En esta fotografía, los vemos con su impoluta uniformidad de verano, que cambiana con la llegada de la festividad del Corpus: los motoristas, con gorra de visera de hule, briches negros y botas con poláinas; los urbanos, todo de blanco, desde zapatos y calcetines hasta el freco y ligero salacot de corcho, abetunado con Kanfort blanco; y suboficiales con gorra de plato y correaje.



205. LA BANDA GADITANA DE TROMPETAS. Un deseo de Ramón de Carranza

29 03 2010

En el año 1929 el entonces alcalde de la ciudad de Cádiz, Ramón de Carranza, tenía un deseo: organizar una Banda de Trompetas, al objeto de dar mayor esplendor a las fiestas de Semana Santa.Por este motivo, encargó la preparación y formación necesaria de la misma al empleado municipal Emilio García Rodríguez, subalterno clarinero del Ayuntamiento, el cual dando un alto ejemplo de laboriosidad y tesón, puso todo su empeño y entusiasmo en la tarea encomendada a su persona. Emilio García consiguió con solamente un plazo de 15 días dar forma y realidad plena a los deseos del alcalde Carranza.

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Llegado el día y la hora convenida para la presentación, la ciudad entera acogió con gran entusiasmo la puesta de largo de esta recién constituida Banda. Frente a la Casa Consistorial se situó como saludo obligado a la Corporación y, en particular, al alcalde.Más tarde, durante el recorrido de las cofradías, la actuación de la Banda era premiada constantemente con los aplausos de un público muy respetuoso que religiosamente admiraba su paso y veía con orgullo tener dentro de casa este conjunto verdaderamente admirable.

C_1En el año 1935, además de García Rodríguez, los componentes de la banda eran otros once: Narciso Camacho, Salvador Seoane López, Aurelio Monterde, Manuel Otero, Felipe Helmo Torre, Pedro Requejo, José Guerrero Puyana, Manuel Arjona García, José Rodríguez Sergio, Agustín Díaz Collantes y Francisco Háñez Miranda.

(Ramón de Carranza, alcalde de Cádiz)

Los señores componentes de la banda se comprometieron con el organizador de la misma, Emilio García Rodríguez, para la salida precediendo a las cofradías que veían la luz pública, los días 17, 18 y 19 de abril de 1935 y por lo cual percibirían los honorarios anteriormente pactados.

Dos horas antes de la salida procesional debían de estar en el lugar donde habían de recoger los caballos. Los honorarios por los tres días de salida ascendieron a 1.185 pesetas para los componentes de la banda a excepción de García Rodríguez. De estos honorarios existe el documento original firmado por cada uno de los componentes de la banda.

Pasaron los años y después de un lapsus de tiempo obligado por las circunstancias, fue otro hombre, incansable y enamorado de su Cádiz, el que poniendo toda su alma al servicio de su ciudad quiso dar a las fiestas religiosas (así la denominaban algunos antes) toda la grandeza, solemnidad y auge que se merecían. Este hombre era Eladio Campe. Venciendo dificultades varias, también solicitó la ayuda del inestimable García Rodríguez y éste, al igual que hiciera con Ramón de Carranza, pone cuanto tiene y recorriendo un calvario logra reorganizar la Banda con un mayor número de componentes y consiguiendo la gran colaboración de otro valor destacadísimo, Narciso Camacho.

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Honorarios que recibieron los miembros de la banda (Colección Juan Torres)

La presentación de la recién organizada Banda se celebró en el marco incomparable del Gran Teatro Falla, en el cual Camacho, unido a Requejo, Seoane y otros tuvieron una actuación destacadísima. Durante las solemnidades en la Semana Santa y a su paso por las calles de los recorridos serían acogidos como se merecen y como sabe hacerlo el pueblo de Cádiz. También fue parte importante en el resurgir de esta Banda el alcalde Joaquín Fernández Repeto, que desde un primer momento dio toda clase de facilidades y puso cuanto estuvo en su mano al jefe de la Guardia Municipal de Cádiz, Manuel Baras Artes, y a todo el personal de oficinas de la Comandancia de la Guardia Municipal, que se superaron y cooperaron grandemente a fin de que la Banda alcanzara el mayor esplendor posible.

(TEXTOS: JUAN TORRES GARCÍA)



205- SUBASTA DE LA BUENA MUERTE EN LA PLAZA DE SAN JUAN DE DIOS.

24 03 2010

Con la desamortización de Mendizábal en 1835, las dos imágenes titulares de la cofradía de San Agustín fueron subastadas públicamente en la plaza de San Juan de Dios. El Cristo fue adquirido por la familia Casanova. Fue fundada en 1895 por el conocido oftalmólogo gaditano Cayetano del Toro. La cofradía había ya salido en procesión aquel mismo año, antes de ser ratificada su fundación. Hasta el día de hoy, la Hermandad ha sufrido una serie de vicisitudes, con más de una reorganización, destacando la realizada en 1921 cuando solo quedaban en ella 24 hermanos, con la intervención decisiva de César Pemán. Los estatutos fueron reformados en 1928 y 1947. En el año 1835, y a raíz de la desamortización de los bienes eclesiásticos, llevada a cabo por Mendizábal, el Cristo de la Buena Muerte, que recibía cultos en la iglesia de San Agustín, fue vendido en subasta pública en la plaza de San Juan de Dios. Fue adquirido por la familia gaditana Casanova, que, transcurrido algunos años, lo devolvió a la citada iglesia. La Virgen del Mayor Dolor fue también subastada en esa ocasión y adquirida por Dolores García Sucre, que la tuvo en su domicilio particular, en un oratorio donde se le rendía culto. Posteriormente lo recibió en Puerto Real, en casa de su hijo político, Francisco de Asís Lacoste, que luego la donó a la cofradía, saliendo en el desfile procesional de 1939. El Santísimo Cristo de la Buena Muerte salió por primera vez en procesión el 23 de abril de 1894. Dos años antes, a iniciativa de Cayetano del Toro, entonces presidente de Diputación, se creo la Junta Administrativa para las procesiones de Semana Santa, logrando que las cofradías gaditanas adquirieran de nuevo la importancia que tuvieron cuarenta años atrás.

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El restaurador José Miguel Sánchez Peña mientras restauraba el Cristo de la Buena Muerte en 1987.

El Cristo de la Buena Muerte fue sometido hace 23 años a un importante trabajo de restauración que corrió a cargo del gaditano José Miguel Sánchez Peña, que en su momento declaró a Diario de Cádiz que “la responsabilidad de la restauración llegó a producirme miedo” El trabajo consistió en una limpieza de toda la talla, en la reposición de unas pequeñas piezas localizadas en el sudario y en la restauración de los dorsos de las manos. También se eliminaron los repintados de la parte trasera del sudario, lo que hizo posible ver la sangre que lo mancha al chorrear por la espalda. Asimismo, en el sudario se repusieron trozos de cuerda que estaban prácticamente perdidos. La talla del Cristo de la Buena Muerte es de cedro, una madera que soporta bien el paso del tiempo, teniendo en cuenta que antiguamente se exigía mucho a la hora de encargar una escultura, de forma que se indicaba que la madera fuese cortada en invierno o en otoño, incluso teniendo en cuenta las fases de la luna. “Antiguamente lo ideal era trabajar con maderas transportadas por los ríos, pues el agua dulce eliminaba la resina de un modo totalmente natural, dejándolas secar luego a aire libre”, señaló Sánchez Peña a este periódico hace 20 años. Cuenta que cuando se le encomendó el trabajo los aceptó con gran interés, a pesar de la carga de responsabilidad que conllevaba. “Lo acepté, pero a los responsables de la cofradía les dije que lo mas oportuno era constituir una comisión de restauración, de forma que la responsabilidad estuviera más repartida. No pudo ser. Lo cierto es que acepté el trabajo, y no oculto que al principio, cuando tuve la talla delante sentí miedo, pero esa sensación fue desapareciendo”, dijo el escultor y restaurador gaditano.



192- PRIMER CENSO DE COFRADÍAS Y HERMANDADES. De la apatía a la seriedad del cortejo.

11 03 2010

cartel-semana-santaEl primer censo de cofradías y hermandades de la ciudad realizado por el Ayuntamiento se realizó en 1834 y contribuyó a que la Semana Santa gaditana saliera a comienzos del siglo XIX de una época de decaimiento. Los desfiles procesionales han ido pasando por diversas situaciones: de la apatía al fervor popular cofrade. A comienzos del siglo XIX, la Semana Santa entró en una época de decaimiento, ya que todo el entusiasmo de que estaban provistas las diversas juntas de gobierno de las distintas cofradías pasó a transformarse en desánimo y apatía. Muchas dejaron de hacer sus desfiles procesionales y otras que por fuerza de costumbre lo siguieron haciendo, debieron de efectuarlo con tal mal gusto y ofreciendo un espectáculo tan poco edificante, que más de una llegó a ser objeto de escándalo público, dando lugar a la intervención de la autoridad eclesiástica, que llegó incluso a prohibir la salida de algunas de ellas. A partir de la segunda mitad del XIX fue cuando a la Semana Santa se le dio una nueva organización relativa al culto externo, en la que tuvo una destacada labor el Ayuntamiento de Cádiz. Los pormenores relativos a las autorizaciones de los desfiles, modos de financiarlos, reconocimiento de las calles del itinerario y el crear un clima adecuado en los cortejos, mediante un control de las cofradías, bandos y medidas severas por parte del alcalde, contribuyeron a darle una mejor organización y un nuevo planteamiento a esta conmemoración religiosa. El primer censo de cofradías y hermandades de la ciudad se realizó en 1834 y así aparece recogido en las páginas de Diario de Cádiz con documentos que se conservan en el Archivo Municipal. Con fecha del 27 de agosto de 1834, el secretario del Ayuntamiento de Cádiz dirigió la siguiente comunicación a las autoridades civiles y religiosas de la ciudad: “Don Cipriano González Espinosa, caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.Certifico que en el Boletín Oficial número 67, consta la circular siguiente: es un deber de la Administración tomar un conocimiento exacto de las Hermandades y Cofradías que existen. Al intento me dirijo a ustedes para que en el término preciso de quince días pasen a mi poder una razón circunstanciada de cuantas asociaciones de estas clases hay, manifestándome las que han obtenido autorización superior, cuál es ésta, en qué año y bajo qué estatutos fue aprobada, los fondos con que cuenta cada una, en qué consisten y los gravámenes o cargas que pesan sobre ellos para que reunidos todos estos antecedentes pueden tenerse a la vista todos a los fines que correspondan. Yo confío en el acreditado celo de ustedes que no retardarán este servicio y no darán lugar a reiterar esta Orden”.

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La procesión de la Vera Cruz , saliendo de la calle Columela, en la Semana Santa de 1954.

A esta circular contestaron enviando los datos solicitados las cofradías de penitencia de Cádiz que se encontraban establecidas en los templos que se indican: Jesús Nazareno, Nuestra Señora de la Soledad (Santa María), Señor de la Columna (San Antonio), Santísimo Cristo de la Piedad (Convento del Carmen), Vera Cruz (San Francisco), Nuestra Señora de los Dolores y Nuestro Padre Jesús de los Afligidos (San Lorenzo), Ecce Homo (San Pablo), Humildad y Paciencia (San Agustín), Descendimiento (Convento de la Candelaria), Nuestro padre Jesús de la Salud (Parroquia del Rosario). De estas cofradías de penitencia, la Inmemorable, Ilustre y Venerable del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y Nuestra Señora de la Soledad, con sede en el Convento de San Francisco, es la más veterana de todas. Su fecha de institución canónica se remonta al siglo XVI, concretamente al año 1566. A partir de entonces, cada siglo ha conocido la fundación de alguna hermandad, de tal forma que ya son varias las centenarias. bandos municipales Información severa y prohibiciones La intención que tenían los bandos municipales era crear una armonía en la calle en consonancia con el tradicional espíritu religioso del pueblo durante esta celebración religiosa.

a de c Debido a las borracheras de algunos individuos, en 1856, Adolfo de Castro, ordenó el cierre de las tiendas de vinos. “Al contrastar abiertamente con la cultura y religiosidad del vecindario, se prohíben estén abiertas al público, desde la 10 de la mañana del Jueves Santo hasta igual hora del Sábado, todas las tabernas y tiendas en que se expendan bebidas espirituosas. Los infractores de esta disposición serán penados con toda la severidad a que se hicieran acreedores por su desobediencia”. Dos décadas después, los bandos ampliaron notablemente el número de prohibiciones con el objeto de cortar algunas prácticas impropias.Algunas de estas normas son realmente anecdóticas. Desde el toque de Gloria el Jueves Santo hasta el Sábado Santo no se permitía el tránsito de caballerías ni carruajes en la ciudad, excepto los servicios de Correos y conducción de cadáveres, ni que se den voces por las calles para la venta de comestibles. Tampoco se podía pedir limosna. Ni antes ni después ni fuera de las procesiones de Semana Santa nadie podía andar por las calles vestido de penitente. El Jueves y Viernes Santo no se permitía en los cafés o establecimientos los juegos, ni que se tocasen instrumentos, como tampoco cantar. Por último, no se podía fumar desde que empezaba y hasta que acababa de pasar las procesiones. En la imagen superior, retrato de Adolfo de Castro.