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016. GIANNI CAMPO Y LOS ITALIANOS.

16 09 2009

giannicampo_cadizEl cruce de la calle Ancha con San José ha sido y es uno de los rincones mas sabrosos de la ciudad. Una zona, donde nunca se ubicaría la tienda para adelgazar Natur House. Allí estuvo situada la Confitería Francesa de la Viuda de Emilio de Luege, y hoy, el Salón Italiano de Gianni Campo.
La confitería pertenecía a una casa madrileña con sucursales por toda España, entre las que destacaba por su amplitud y calidad la de Cádiz.
Desde 1862 y hasta mediados de los años veinte del pasado siglo, la tienda Matías López endulzó el paladar de los gaditanos con acreditados y ricos chocolates y aromáticas infusiones. Sin olvidar otras especialidades como las empanadas de Toledo, los mantecados, alfajores y torreznos de Antequera. En ese inmueble de la calle Ancha con San José también vivió el conocido médico Antonio Gutiérrez.
Otros inquilinos de dicho edificio fueron Eusebio Rocha, con una emblemática barbería, y la Tintorería Amaya. Por su parte, el Salón Los Italianos de Gianni Campo, situado en Ancha 9, esquina con San José 11 y 13, va a cumplir 70 años, y es que la clave de la supervivencia reside en la satisfacción y el aprecio del público. La clientela asocia los helados con su vida, desde la infancia. Por tal motivo, mantiene el local, prácticamente, igual, desde hace 35 años, formando parte de Cádiz.

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Gianni, lleva más de medio siglo fabricando mantecados, con su padre, de quien lo heredó todo, en el recuerdo, especialmente la misteriosa fórmula del Èxito: la mejor materia prima, calidad, limpieza y atención al cliente. Pero, sobre todo, lo que no suelta prenda, obviamente, el arte de elaborar los ricos helados.
Por último señalamos que, antes de la Guerra Civil, en esta misma finca estaba el Banco Los Previsores del Porvenir. (Textos Diego Joly).

EL HELADO QUE NACIÓ EN CÁDIZ.

Erasé una vez un helado que nació en la calle Ancha. Es la historia del topolino, el producto que un día inventara Arturo Campo en el Salón Italiano, en la calle Ancha de Cádiz  allá por los años 50. Ahora, casi 70 años después, el helado, de alguna manera, pasa a la posteridad al recogerse en un libro sobre el chocolate en España que prepara la firma gaditana Pancracio, la empresa dedicada a la venta de chocolates de alta gama dirigida por el economista y diseñador gráfico  Pedro Alvarez.

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“Chocolate moderno” es un libro, realizado por la firma Pancracio bajo la dirección del propio Alvarez, en el que se recogen un centenar de recetas memorables de chocolate, entre ellas algunas realizadas especialmente para la publicación por cocineros gaditanos como Fernando Córdoba de El Faro de El Puerto, Pepi Martínez, de Tres Martínez de Barbate o Teresa Blázquez, del complejo Montenmedio de Vejer.

El Topolino aparece como una de estas creaciones memorables. El homenaje le llega al helado casi 70 años después de su creación. Gianni Campo alcanza ya los 65 años. A pesar de su nombre italiano y su cierto aspecto de galán de las películas, Gianni nació en Cádiz y se bautizó en la iglesia de San Antonio. El, junto a sus hijos Arturo y Joaquín, son ahora los encargados de que el cucurucho “de barquillo español”, que soporta una bola de nata recubierta de chocolate crujiente siga haciéndose casi igual que el primer día, cuando lo inventó Arturo Campo, padre de Gianni y abuelo de Arturo y Joaquín. Arturo Campo estaba en la década de los 30 en Italia. Se dedicaba a la construcción y estaba casado con Iole Mosena. Ella había trabajado en varias heladerías y conocía el negocio. Los dos estaban hartos del trabajo en Italia porque les permitía estar poco tiempo juntos. Así que se liaron la manta a la cabeza y se plantaron en España. Corría el año 1935 y se instalaron en la calle Fuencarral donde pusieron en marcha un despacho de helados. Vino la guerra y se volvieron para Italia, pero cuando todo pasó, en 1939 volvieron y recuperaron el local que regentaban.

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Primero por la izquierda, Giani Campo, junto al personal del Salón Italiano de Cádiz. Delante de ellos pueden verse los topolinos dispuestos para la venta.

El matrimonio decidió venir unos días a Cádiz. A cargo del negocio de Madrid se quedó Bruno Mosena. A los Campo Mosena les encantó un local en la calle Ancha, donde había estado un banco bajo el significativo nombre de “Los Previsores del Porvenir”. Decidieron abrir un nuevo negocio, el constructor y la heladera, inauguraban 1940 el salón italiano, un local innovador por aquellos tiempos ya que combinaba el despacho de helados con unas mesas donde estos se servían y se podían degustar. De ahí, la denominación de salón. La familia decide dejar a cargo de Bruno el negocio de Madrid, que se mantendría durante muchos años. Aún hoy en el mismo local se mantiene una heladería aunque regentada por otros empresarios.

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Una joven ciudadana toma un helado delante del salón en la calle Ancha de Cádiz

Gianni siente admiración por su padre. Recuerda sus palabras sobre la conveniencia de que el artesano sepa de arreglar máquinas y de mecánica “–porque nunca se sabe cuando se van a estropear”, enseña orgulloso las puertas del local que fueron construidas por el, destaca lo buenas que estaban sus cassatas y narra con detalle como fue él, el que creó el topolino. Hasta entonces se habían hecho algunos bombones helados, pero era la primera vez que se hacía uno de estas características, en que el helado se soportaba sobre un barquillo y no sobre obleas como se ponía en Italia. Arturo había ideado un helado de nata recubierto de chocolate crujiente que se comía comodamente gracias al barquillo en el que iba metido. Iole lo vendía con facilidad en el despacho. Incluso llegaron a hacer una variante para una heladería que abrieron en Jerez y que regentó Antonio Vigorito, amigo de la familia, y que denominaron “Panchito”, aunque este, en vez del picorucho de barquillo, llevaba para sostener el bombón helado un palito de madera.

cucuruchos_cadizEl primer trabajo de Gianni en la heladería tuvo que ver con los topolinos ya que su padre le encargó que hiciera los barquillos. El trabajo, que su padre le pagaba a 10 céntimos la unidad, era de lo más laborioso y difícil. El barquillo había que envolverlo en caliente y se quemaban los dedos. La fuerte producción hizo que Arturo decidiera encargar el trabajo a un panadero y Gianni pasó a fregar platos en la heladería. Pero al joven Campo lo que le gustaba era despachar al público en unión de su madre y sus dos hermanas, Aida y Marina. Su padre le colocó finalmente una caja de refrescos en el suelo para que Giani, subido en ella, pudiera atender a los clientes y servirle el helado.

Aunque el sueño de Giani era ser ingeniero industrial y llegó a comenzar la carrera se dio cuenta de que lo suyo eran los helados y allí se quedó. Sus hermanas se casaron y dejaron de atender el negocio y el más joven de los Campo terminó haciéndose cargo de todo. El salón italiano se había convertido ya en una institución de la ciudad y sus “mantecaos” se degustaban desde comienzos de marzo hasta finales de octubre. Giani recuerda, como si de una alineación de un equipo de fútbol se tratara, la primera lista de helados que ofrecieron: vainilla, chocolate, avellana, fresa, limón, nata, tutifruti y café… ”–pero café de verdad, resalta el heladero. Para que tenga sabor”.

helado_cucuTodos los sabores se mantienen en la actualidad. Giani distingue entre el “mantecao” y el “helado”. El primero se llama así porque lleva yema de huevo y el segundo, que suele ser de frutas, no la lleva. Destaca que en Los Italianos se hacen a diario “–y con fruta de verdad, ingredientes naturales y de primera calidad, porque el chocolate lo traemos de Bélgica. A los dos o tres días ya no es lo mismo, por eso es importante que la producción se haga diariamente, para que permanezca poco tiempo en el expositor”. Destaca que el topolino sigue siendo uno de los líderes en venta y que el máximo número de estos helados se vende durante la Semana Santa. En un Jueves Santo “–hemos llegado a vender hasta 1200 topolinos” recuerda.

Dentro de poco más de un més la heladería cumplirá su tradición. El 31 de octubre, cuando se instala el puesto de castañas asadas en la esquina con San Antonio, cerrará sus puertas hasta la primera semana de marzo, cuando Giani y sus hijos volverán a abrir las puertas del Salón Italiano. Como dice Pedro Alvarez al hablar del topolino en su libro “Chocolate Moderno”, Tutti Contenti. (Texto: Pepe Monforte)


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Una respuesta a “016. GIANNI CAMPO Y LOS ITALIANOS.”

19 05 2010
José (21:53:35) :

Me ha encantado leer esta crónica de “Los Italianos”, del Cádiz de mi juventud. Yo era un alumno de Milicias Universitarias en la Escuela de Suboficiales de San Fernando, y mi amiga favorita era Aída, la hermana de Gianni, con la que salíamos algunas tardes. La había conocido cuando yo, viviendo en Barcelona, puse un anuncio para mantener correspondencia con una chica italiana y poder practicar el italiano (que estaba estudiando). Ella era de Forno di Zoldo, un lugar paradisíaco en los Alpes Dolomitas, donde pasaban los inviernos, y los veranos (o estación de los helados) los pasaban en Cádiz, donde su padre tenía la Heladería. Recuerdo lo guapísima que era, y las interminables recomendaciones que su padre me daba, desde la puerta del establecimiento, cuando iba a recoger por unas horas a su hija. Lo recuerdo con su bata blanca de trabajo y sus fornidos brazos arremangados, diciéndome, una y otra vez: “José, ti raccomando… ¡Fai attenzione!”. Y cuando Aída y yo nos alejábamos dos metros, me llamaba (“Prego, vieni quá…) y volvía a recomendarme lo mismo. Nunca me olvidaré de Aída (una italiana formal y super agradable, como las italianas y las españolas de antes)…ni de su formidable padre… ni de sus maravillosos helados. Terminado aquel curso de verano en San Fernando, regresé a Barcelona, y… lo que pasa cuando se tienen 18 años, conocí a otras muchachas y dejé de saber de ella.
Pero nunca la he olvidado. Se que tuvo hijos (varios), que su padre falleció hace muchos años y que su Familia – y la Heladería – son hoy una parte importante de la “tacita de plata”. Desde aquí le envío mi cariñoso saludo, por si llega a leerlo. Esperando que haya sido muy feliz, y que siga siéndolo largo tiempo. Pepe.

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